dissabte, 24 de setembre de 2011

Ayer en el metro, camino de Sant Andreu, metí la mano en el bolso y no había libro. Lo que sí había era mi libreta, la de las cosas sueltas: un caos de apuntes de trabajo, agenda, parrafadas anotadas tal cual me pasaban por la cabeza... Y me puse a leer.

Joder. No intenten hacerlo en sus casas.

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Come swim w/me