dilluns, 11 de juliol de 2011

Dietario de la tienda. Día 9

Segundo sábado de rebajas. Ni la mitad de gente que el día 2, primer sábado de rebajas. Los precios son los mismos, tenemos las mismas prendas (hicimos una reposición a mediados de semana), pero una semana más tarde, la fiebre compradora desatada por el 15% de descuento anunciado en el escaparate parece haber remitido.

El público responde a estímulos inmediatos preestablecidos, está claro. Todo el mundo sabe que el 1 de julio empiezan las rebajas igual que todo el mundo sabe que desde días antes la mayoría de las tiendas se han sacado ya de la manga ofertas que, por normativa, no pueden llamarse rebajas pero lo son. La realidad es que para cuando se cuelga el cartelito en el escaparate, el mundo lleva ya un par de semanas con los precios reducidos un 15% por lo menos pero la masa hace como si no lo supiera.

Así que llega el día, se cuelga el cartel, se sube la persiana y venga todo el mundo como loco a comprar para histeria del personal y engorde de la caja. No les digo en cuántos euros cerramos aquel día pero sí les digo que fue el doble que el día siguiente (segundo día de rebajas) y cuatro veces más que todos los días que vinieron después.

Como este sábado pasado (segundo sábado de rebajas) la cosa fue más calmada y muchos sancugatinos que entraban nos anunciaban contentos que empezaban ya a hacer la maleta para irse de vacaciones, mi hermano calculó que esta semana la afluencia de clientes no sería para tanto. Calculó además también cuántas horas había trabajado servidora y cuánto me tenía que pagar -dato este último que creo que le asustó un poco- y muy empresarialmente, tuvo a bien decirme que no hacía falta que fuera esta semana por la tarde, que si veía que un día se complicaba la cosa, ya me llamaría.

Yo le dije que vale y, arrugando un poco la americana que en ese momento tenía entre las manos por aquello de ser consciente de repente de que aquella era mi última tarde en la tienda hasta nuevo aviso, reprimiendo un suspiro de os voy a echar de menos, bajos por coger, tallas por buscar, agujas con las que pincharme por clavar, me puse a pensar que la vida solo es soportable porque está llena de cosas que se hacen por última vez pero uno no lo sabe.

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