dimarts, 14 de desembre de 2010

Un poco de dietario.

Viernes.
Reunión para preparar esta cosa que se hace el jueves en la librería Alibri. ¿Reunión? Yo digo: oye, ¿preparamos algo o la cosa será un impromptu total? Miquel dice: venid a cenar a mi casa. Marina dice: Llevo vino. Yo digo: Llevo vino también. Miquel dice: Luego vendrán otros amigos. Yo digo: Llevo dos de vino entonces. Marina dice: Llevo dos de vino yo también.
Cenamos, hablamos un rato de lo del jueves. La cosa va de Dovlatov. Si a Víctor Amela le pasa que mientras entrevista se enamora de absolutamente todos sus entrevistados, a mí me pasa que mientras me documento me enamoro de mis documentados (¿se diría así?). La diferencia es que lo mío es pre y selectivo de una manera muy aleatoria (me enamoro antes de conocer pero no de todos). Me he enamorado de Kirmen Uribe, de Leonard Cohen, de Abel Cutillas, de Steve McQueen el blanco (y del negro un poco también) de Jonathan Millán, por ejemplo. Y, últimamente, de Bambino y de Dovlatov. Así que sentarse con Miquel y con Marina a hablar de Dovlatov es como contarles cómo de fascinada me tiene ese pedazo de ruso y por qué. Así, entre amigos y con cuatro botellas de vino y otra de whisky que apareció por allí por vaciar. Una fiesta, vaya. Acabamos poniendo Sarri, Sarri, de Kortatu, cantando canciones de Albert Pla. Al pobre Roger le debimos de poner la cabeza como un bombo, que ya venía tocado. También hicimos la escaleta de un programa de televisión en el que se fumará mucho. No les digo más. Y ¿lo del jueves? Pues simplemente intentaré remitirme a los datos y ponerme lo menos metafísica que pueda, o sea tan metafísica como pudiera esperar de mí alguien que dice cosas como "Toda la gente con una percepción confusa y nebulosa de la vida sueña con dedicarse a la filosofía", o sea nada.

Sábado.
Me despierto de un buen humor increíble que mejora después de un chute vital de iburprofeno. Que Jaume me proponga ir al Tahití a tomar un cóctel sin alcohol, me parece una idea estupenda, sólo que yo me tomo dos cervezas, que el iburprofeno no es tan antibiótico como lo que se había tomado él. Aparecen Víctor y Jordi. Ver a Jordi siempre está bien. Ver a Víctor es fantástico por cosas que no voy a explicar ahora. Y sólo por verlos a los dos (y a mi vecino, claro) me voy a dormir encantada de la vida.

Domingo.
Paso gran parte del día dándole vueltas a una conversación que tuvimos Miquel, Marina y yo el viernes por la noche. El tema, a saber: pasarlo o no pasarlo bien escribiendo. Yo no escribo si no me apetece o, lo que es lo mismo, sólo escribo cuando me apetece. Así no se va a ninguna parte, creo yo a veces. Otras veces creo que simplemente no quiero ir a ninguna parte. Otras veces creo que eso de pensar que no quiero ir a ninguna parte es sólo una excusa como cualquier otra para no trabajar.
La pereza.
¿Les he dicho que era domingo? Eso cuadra con lo de la pereza.
Sí, la pereza: Hela aquí.

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