dilluns, 20 de setembre de 2010

Volvía hoy a casa desde el trabajo paseando, cuando me ha venido a la cabeza el Estadístico Ramón. Cuando digo que me ha venido a la cabeza no quiero decir que el Estadístico Ramón sea una persona a la que conozco y de la que de repente me he acordado, sino que la imagen de un señor que es estadístico y a quien no conozco de nada ha aparecido en mi cabeza y me ha empezado a contar de la preocupación que le ronda desde que salió de la escuela de estadísticos y se puso a trabajar en lo suyo.

Le he puesto de nombre Ramón porque he sentido la necesidad de titular este acontecimiento y me ha hecho gracia hacerlo con una rima, así: "La gran preocupación del Estadístico Ramón".
Ya ven.

El Estadístico Ramón me ha contado que enseguida de empezar a ejercer, se dio cuenta de que el gran problema de la estadística era que la gente no se sentía implicada, que, por ejemplo, cuando un ciudadano X leía en el periódico que el 0,003% de la población española moría al año por cáncer de pulmón, no sólo no se imaginaba que él podría formar parte de ese 0,003% sino que ni tan sólo llegaba a imaginarse que podría formar parte del 99,997% restante y que incluso era posible que dicho ciudadano X, especialmente en zonas como Catalunya, Euskadi y Galicia, ni siquiera se sintiera parte del conjunto de la población española y entonces, ya, sí que no había nada que hacer.

Iba diciendo Ramón todo esto y cuando a mí se me ha escapado un bostezo que a él no le ha pasado por alto y que le ha dado pie a decirme que se daba perfecta cuenta de que me estaba aburriendo pero que no me sintiera culpable por ello, que aburrir a la gente era la historia de su vida y que eso era precisamente lo que quería dejar de hacer dándole un giro total a la ciencia de la estadística, que llevaba años repensando la teoría centrándose exclusivamente en la formulación de los resultados (el método para conseguirlos consideraba que funcionaba bien) y que si quería me lo explicaba. Le he dicho que sí porque, aunque aunque había intentado eximirme de toda culpa, sí que me sentía un poco mal (por lo del bostezo).

Entonces me ha explicado que la solución, a su modo de ver, era en vez de coger a 100 personas por el todo, coger sólo a una para convertirla en el objeto paciente de la información que se le quería hacer llegar. Por ejemplo: ¿que se quiere que yo sienta en mis carnes el peligro de morir de cáncer de pulmón? pues se titula el resultado del estudio de la siguiente manera: "Este año, en España, la uña derecha del pie izquierdo de Isabel Sucunza morirá de cáncer de pulmón": Isabel Sucunza es el 100 y la uña de su pie izquierdo es el 0,003 por ciento de ese 100.

Me tenía medio convencida de que aquello podría funcionar cuando he recordado una conversación que tuve hace unos días con Pau y Enric: los dos me dijeron que había adelgazado, a lo que yo contesté que no eran los primeros que me lo decían últimamente pero que a mí los pantalones me quedaban igual de justos que siempre, que a lo mejor sólo había adelgazado de cara. La conversación terminó ahí pero yo me quedé aún un rato pensando en lo extraño que podría ser que una persona adelgazara sólo de cara o de rodilla o de pie. Por eso me ha venido aquella conversación a la cabeza al hilo de las explicaciones del Estadístico Ramón: si de magnitudes y porcentajes se trata, que la uña del dedo meñique de un pie flaco muera de cáncer de pulmón no supone tanto como que muera de cáncer de pulmón la uña del dedo meñique de un pie obeso. He pensado en preguntarle al Estadístico Ramón si había tenido en cuenta esta variable, pero ya estaba llegando a casa y tenía la sensación de que sólo conseguiría complicar mucho las cosas y aburrirme aún más.

El Estadístico Ramón ha desaparecido de mi cabeza en el momento en el que yo abría la puerta de mi portal. Supongo que ha notado que estaba a punto de volver a bostezar.

2 comentaris:

  1. Gente como el estadístico Ramón es la que decidió que la pasta de dientes de la recomendaran ocho de cada nueve dentistas.

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  2. No me des pie, Héctor, que lo de los ocho de cada nueve dentistas me puede provocar otro chorizo de reflexiones.

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