dilluns, 27 de setembre de 2010

Refugiados en un bar del Eixample de las hordas de postadolescentes enloquecidos que cantaban a voz en grito absolutamente todos los temas de Els Amics de les Arts (como dijo Xavi: "Que alguien me lo explique"), hablamos sobre el peligro de que desaparezca el alfabeto. No de que desaparezcan las letras sino el alfabeto: la relación de todas las letras dichas por orden, de la A a la Z. Llegamos a este tema tras una cerveza a lo largo de cuya ingesta, Xavi nos había ido haciendo la lista de todos los problemas nuevos, provocados por la implantación de ordenadores en las aulas, con los que se ha encontrado al volver después del verano a su trabajo de profe de secundaria. Venía a decir algo así como que ahora, a las dificultades de siempre, se suman las tecnológicas (las económicas también, pobretes, que tienen racionadas las fotocopias) y que de qué sirve conseguir la atención de toda la clase si, cuando ya los tienes calladitos y dispuestos a escuchar, enchufas el cañón para proyectar lo que va saliendo en tu ordenador con el objetivo de que ellos también puedan ir siguiendo las explicaciones y el cañón no funciona.

Xavi nos dijo que echa mucho de menos los libros.

Pero ¿cómo? ¿no tienen libros?, pregunté yo. Y me dijo que cada vez menos. Que seguían las lecciones cada uno en su ordenador y que los ejercicios también lo hacían en el ordenador y que el ordenador les iba diciendo "¡¡¡¡BIEEEEEN!!!!" si lo hacían bien y "¡¡¡¡OOOOOHHHH!!!!" si lo hacían mal: como en los concursos de la tele; con pulgares hacia arriba para lo correcto y sonidos desagradables para lo incorrecto. Entonces yo pensé que si los libros de texto están desapareciendo, los diccionarios y enciclopedias deben de estar extinguidos ya, y fue en ese momento en el que pensé en el alfabeto.

¿Saberse el alfabeto sirve para algo más que para buscar palabras en diccionarios y enciclopedias? Saber cómo se leen las letras sirve para deletrear, eso sí, pero para eso no hace falta aprenderse el alfabeto en orden. Para aprender a escribir y a leer, tampoco hace falta saber el orden del alfabeto: uno aprende a juntar vocales con consonantes y lo primero que suele escribirse y leerse son palabras como papa o mama (sin acentos, que los acentos vienen luego), que están formadas por las letras decimoctava y primera (bis) y decimocuarta y primera (bis) respectivamente; para hacer exámenes tipo test, tampoco hace falta saberse el alfabeto: bastaría en todo caso con llegar a la "d", a la "e" a lo sumo, pero ni eso: normalmente las respuestas vienen ya ordenadas (sería un lío hacer un examen tipo test ofreciendo las respuestas de la primera pregunta ordenadas así: a) b) c) d); las de la segunda, así: c) d) b) a); las de la tercera así: a) c) b) d)...) y en cualquier caso, podrían substituirse por números. Para hacer listas ordenadas por las iniciales de los apellidos, sí sirve el alfabeto, pero eso ahora te lo hace en un momento el ordenador. A la hora de buscar in situ la mesa electoral en la que tienes que votar, también sirve el alfabeto, pero si no te lo sabes, tampoco pasa nada: ya debe de haber llegado a tu casa la tarjetita del censo y ahí están todas las indicaciones, además, lo de las mesas electorales tal como las conocemos debe de tener los días más contados aún que el alfabeto, creo yo.

Total, que el alfabeto ya no se utiliza para nada y todos sabemos que lo que no se utiliza, como el amor, por ejemplo (Inciso: esto último que he dicho del amor es por otra cosa que tengo en la cabeza, que me preocupa casi tanto como lo del alfabeto), acaba olvidándose. Y eso me da un poco de miedo porque recitar el alfabeto, en mis tiempos, era tan importante como recitar los números por orden (¿a que ahora ya no lo parece tanto?).

La consecuencia lógica de saberse las letras por orden era ponerse a jugar con ellas, mezclarlas todas, a ver qué palabras salían (igual que la consecuencia lógica de saber los números por orden era ponerse a sumarlos y a restarlos entre ellos), y de lo primero (igual que de lo segundo salen las matemáticas) salía la literatura... Igual me he pasado un poco con esta última analogía: el orden de los números es más importante por una cuestión de competencia entre ellos (unos representan más que otros); cosa que no pasa con las letras.

Claro, al final va a ser lo de siempre: en una sociedad competitiva como esta que nos hemos montado, a dónde va una panda de tontas letritas carentes de toda intercompetitividad.

Me caía bien el alfabeto. Me da mucha pena que nos olvidemos de él.

2 comentaris:

  1. Me quedo con tu frase: "Me caía bien el alfabeto". Me has hecho reír en un día triste.

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  2. Parece una especie de premonición apocalíptica lo tuyo. Muy bueno.

    Aunque yo soy de esas que se sabe todas las canciones de 'els amics de les arts', ¡salvemos el alfabeto!

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