dissabte, 19 de juny de 2010

(De cómo cada vez estoy más a favor de la gente que quiere (del verbo amar) sin hacer demasiado ruido)

No conozco demasiado a Roc -es amigo de un amigo- pero, por lo que he visto, Roc aparece y desaparece a menudo. Y cuando aparece, ves enseguida que es más majo que las pesetas, que cena contigo y habla y te cuenta y te escucha y le cuentas y te acaba acompañando a casa, como aquel día de la famosa cena mexicana, y por el camino, te sigue hablando y te sigue escuchando y se desvía y te deja en el portal y te planta dos besos y dice "Adiós!" sonriendo y se va. Y no sabes cuándo lo vas a volver a ver pero sólo tienes la sensación de que se había ido de verdad y para una temporada larga cuando, como ayer, aparece por sorpresa en un bar y te paras a contar los meses que hacía que no lo veías.

Entonces, le hablas de otra gente que sí que parece que se ha ido de verdad. Y él te escucha y cuando acabas de hablar, sonriendo, te dice: "No puedo decir nada porque yo también soy así".

Roc es así, sí, pero su mérito es la ausencia de drama tanto en los momentos de su partida como en los de su vuelta. El gran mérito de Roc es que hace que te sientas feliz cuando marcha porque él es feliz cuando marcha, y también cuando vuelve porque él también parece feliz de volver a verte. Aunque sólo sea un amigo de un amigo y tú no lo conozcas demasiado.

Lo mejor de tener amigos tan diferentes unos de otros es que te ayudan, muchísimo, a entender. (A enteder qué? Pues a entender! Entender! Y ya está!!).

2 comentaris:

  1. Todo el mundo tiene dramas. Si eres disperso socialmente se notan menos. A menos que seas un movidas.

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  2. Sí, sí: seguro que Roc tiene sus dramas. Lo que quiero decir es que no los crea cuando no los hay.

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