Una novedad literaria cuesta lo que cuesta -al rededor de quince, veinte euros- sea de García Márquez, sea de E.L. James (he tenido que buscar su nombre en el google); así que la cosa está clara: para hacer más caja con un libro, no hay que hacer un libro mejor; no hay que ser cada vez mejor escritor; simplemente hay que venderlo a más gente. Esto se consigue de dos maneras: adaptándose, tanto en el fondo como en la forma, a lo que quiere la mayoría de la gente; y haciendo que el libro llegue a los oídos de cuanta más gente mejor. La combinación ganadora de estas últimas dos maneras se la inventó hace años la publicidad: la gente no sabe lo que quiere, hay que decírselo, crear la necesidad. Nadie tuvo nunca necesidad de beber coca-cola hasta que nació la coca-cola, mejor dicho: hasta que nació la campaña de marketing de la coca-cola.
Nadie necesita leer un libro para estar entretenido: hay el fútbol, hay la temporada de setas, hay el parchís y las cartas. Y, por supuesto, nadie, nadie necesita un libro para preocuparse, para plantearse cosas que le hagan reflexionar sobre su propia existencia: hay las hipotecas, hay los hijos, hay los abuelos y hay los telediarios, aunque estos hayan caído últimamente en el campo del entretenimiento también.
Cuento todo esto porque acabo de ver en el diario una foto de Ildefonso Falcones y me ha venido a la cabeza la supercampaña que le hicieron hace unos años a Ruiz Zafón. Esto me ha hecho pensar en que lo que da pasta en el mundo del libro, no es la calidad literaria ni el prestigio como escritor sino la coca-cola. También he pensado en lo distinto que es este mundo del mundo del arte, y eso me ha llevado a concluir que es como si, siendo García Marquez (o a Kafka o a Beckett o a Joyce) a la literatura lo que Dalí es al arte; Dolores Redondo sería lo que Hello Kitty; ¿se imaginan ahora que el mundo del arte decidiera que es Hello Kitty lo que necesita la gente, que es Hello Kitty el valor por el que apostar? Yo pensaría que nos están timando.
Ya está: Eso ando pensando hoy.
dimecres, 27 de febrer del 2013
dilluns, 25 de febrer del 2013
Ayer, en el sofá, con un gato a cada lado, muy metida en mi papel de calefacción central, me distraje un momento de la lectura al comprobar divertida que soltaba una mano del libro, apretaba un dedo contra el lomo de Koldo y Koldo ronroneaba. Volvía a coger con la mano el libro y Koldo dejaba de ronronear. Soltaba la otra mano del libro, apretaba un dedo contra el lomo de Kika, y Kika ronroneaba. Retiraba la mano y Kika dejaba de ronronear. Estuvimos haciendo esto unos cinco minutos al cabo de los cuales, me puse el libro en las pantorrillas, llevé una mano a cada gato y agitándolas -agitándolos a ellos enteros- dije: gateteeeees; los dos se estiraron, cambiaron de postura y siguieron durmiendo. Volví a coger el libro e intenté seguir leyendo, pero me puse a pensar en Etxauri. Pensar en Etxauri es pensar también en su contrario, y el contrario que más a mano tengo, el que me viene a la cabeza siempre que pienso en los animalicos, es aquella persona que conocí una vez, que trataba a los gatos de mi casa, y a todos, supongo, como si fueran cosas: ni los veía y, si los veía, era para apartarlos porque le molestaban. Me decía que eso que hacía yo de tratar a los bichos "como a personas" era porque no era de pueblo. Yo pensaba: pues igual tiene razón pero, como no soy de pueblo, no podía entenderlo del todo.
Luego conocí a alguien de pueblo. Oyó ronronear a Koldo, oyó ronronear a Kika, y me hizo alucinar cuando me dijo todo lo contrario de lo que me habían explicado antes; me dijo: ostras, cómo se nota que estos gatos no son de pueblo. Zas. Ahí estaba la clave. El asunto no era la persona, el asunto no era el pueblo. El asunto era el gato: El gato para el cual la vida es el pueblo o la vida es la persona.
La cosa se complica para el gato cuya vida es la persona, cuando se encuentra con que, si bien todos los pueblos son iguales, con las personas, en cambio, pasa que las hay que lo son, persona, aunque vivan en el pueblo más perdido; y las hay que no lo son, por mucho que hayan dejado de vivir en el pueblo y ahora vivan en una ciudad de tres millones de habitantes.
Etxauri está lleno de animales cuya vida ha sido la persona, no el pueblo. Lo que no está, no puede estarlo, es lleno de personas que sean personas; debe de haber sólo cuatro o cinco, que bastante hacen, pero no tienen manos suficientes para hacerles ronronear, estirarse y cambiar de postura a todos. Y hace frío. Y si llueve, las pasan canutas, pero pasarlas canutas de morirse, no de ay, qué susto me he dado.
Como Etxauri, hay unos cuantos -demasiados- sitios más, pero Etxauri es lo que tengo a mano, lo primero que también me viene a la cabeza, para compensar la idea de aquella persona que se creía que el pueblo, no la gente, es el problema para los gatos. Así que os pongo aquí su dirección de facebook, la de Etxauri, ahí encontraréis todos sus contactos y, de paso, la oportunidad de ser un poco más personas.
Luego conocí a alguien de pueblo. Oyó ronronear a Koldo, oyó ronronear a Kika, y me hizo alucinar cuando me dijo todo lo contrario de lo que me habían explicado antes; me dijo: ostras, cómo se nota que estos gatos no son de pueblo. Zas. Ahí estaba la clave. El asunto no era la persona, el asunto no era el pueblo. El asunto era el gato: El gato para el cual la vida es el pueblo o la vida es la persona.
La cosa se complica para el gato cuya vida es la persona, cuando se encuentra con que, si bien todos los pueblos son iguales, con las personas, en cambio, pasa que las hay que lo son, persona, aunque vivan en el pueblo más perdido; y las hay que no lo son, por mucho que hayan dejado de vivir en el pueblo y ahora vivan en una ciudad de tres millones de habitantes.
Etxauri está lleno de animales cuya vida ha sido la persona, no el pueblo. Lo que no está, no puede estarlo, es lleno de personas que sean personas; debe de haber sólo cuatro o cinco, que bastante hacen, pero no tienen manos suficientes para hacerles ronronear, estirarse y cambiar de postura a todos. Y hace frío. Y si llueve, las pasan canutas, pero pasarlas canutas de morirse, no de ay, qué susto me he dado.
Como Etxauri, hay unos cuantos -demasiados- sitios más, pero Etxauri es lo que tengo a mano, lo primero que también me viene a la cabeza, para compensar la idea de aquella persona que se creía que el pueblo, no la gente, es el problema para los gatos. Así que os pongo aquí su dirección de facebook, la de Etxauri, ahí encontraréis todos sus contactos y, de paso, la oportunidad de ser un poco más personas.
diumenge, 24 de febrer del 2013
Un diario que presenta en portada, con gran titular y foto, una conclusión a la que quizás ha podido llegar la gente a base de leer la información fragmentada e incompleta a la que tiene acceso el ciudadano de a pie, es un diario que no está haciendo su trabajo o que lo está haciendo muy mal.
Presentar como información de portada la conclusión errónea de que a Urdangarín le han dejado solo, es caer de cuatro patas en lo que nos están intentando hacer creer, cuando, además, ya nadie se cree que la Casa Real no esté detrás -o encima- de todo esto. Si alguien puede tirar de la manta ahora, es Urdangarín; si Urdangarín no tira ahora de la manta es, precisamente, porque está menos solo que nunca.
El titular que ofrece hoy el Ara en portada es es la conclusión a la que llega una mente mínimamente formada y muy poco informada; una mente poco ingenua que se conforma con que le entreguen en bandeja la cabeza del chivo expiatorio. ¿Que hay gente a quien ya le bastaría ver a un miembro de la familia real en la cárcel? Claro: es la gente que, cuando les sale una gotera en el salón, se conforma con darle una manita de pintura por no meterse en el lío de tener una semana al paleta en casa, subido a una escalera. Chapuceros.
La portada del diario Ara de hoy es una chapuza digna de un tipo de periodismo que ha caído en un populismo tan salvaje que, cuando hay una manifestación (¿dónde está la de ayer, por cierto?), en vez de abrir con los datos que permitan al lector llegar a sus propias conclusiones, planta en cuerpo 80 titulares propios de manual de coaching, de librito de autoayuda, de partido de vuelta que hay que remontar. I think I can.
Lo que exime, lo que podría eximir de cierta culpa, lo que podría hacer mirarse con cierto cariño, si eso fuera posible, la negligencia casi constante del diario Ara, es que parece que quienes lo hacen son víctimas de su propia estulticia: parece que son los primeros en creerse lo que van pregonando: no hay más que echar un vistazo a su director haciendo juegos de palabras nivel letra de canción de P3 con emprenedor y emprenyador; no hay más que haber seguido la chiripirifláutica aventura parlamentaria de su cronista estrella, aquella que ha querido hacer un guardiola saltándose toda la parte del picar piedra que te legitima para acabar haciendo un guardiola; no hay más que ver todo esto para comprobar que viven en la conclusión fácil, en la equivocada, y te la venden como información.
La única manera de querer al diario Ara es la manera especial con la que se quiere al hijo tonto, siempre sin perder de vista su condición de 'especialito', ojo, el gran error sería caer en que el hijo tonto tiene razón para acabar siendo tan tonto como él.
Presentar como información de portada la conclusión errónea de que a Urdangarín le han dejado solo, es caer de cuatro patas en lo que nos están intentando hacer creer, cuando, además, ya nadie se cree que la Casa Real no esté detrás -o encima- de todo esto. Si alguien puede tirar de la manta ahora, es Urdangarín; si Urdangarín no tira ahora de la manta es, precisamente, porque está menos solo que nunca.
El titular que ofrece hoy el Ara en portada es es la conclusión a la que llega una mente mínimamente formada y muy poco informada; una mente poco ingenua que se conforma con que le entreguen en bandeja la cabeza del chivo expiatorio. ¿Que hay gente a quien ya le bastaría ver a un miembro de la familia real en la cárcel? Claro: es la gente que, cuando les sale una gotera en el salón, se conforma con darle una manita de pintura por no meterse en el lío de tener una semana al paleta en casa, subido a una escalera. Chapuceros.
La portada del diario Ara de hoy es una chapuza digna de un tipo de periodismo que ha caído en un populismo tan salvaje que, cuando hay una manifestación (¿dónde está la de ayer, por cierto?), en vez de abrir con los datos que permitan al lector llegar a sus propias conclusiones, planta en cuerpo 80 titulares propios de manual de coaching, de librito de autoayuda, de partido de vuelta que hay que remontar. I think I can.
Lo que exime, lo que podría eximir de cierta culpa, lo que podría hacer mirarse con cierto cariño, si eso fuera posible, la negligencia casi constante del diario Ara, es que parece que quienes lo hacen son víctimas de su propia estulticia: parece que son los primeros en creerse lo que van pregonando: no hay más que echar un vistazo a su director haciendo juegos de palabras nivel letra de canción de P3 con emprenedor y emprenyador; no hay más que haber seguido la chiripirifláutica aventura parlamentaria de su cronista estrella, aquella que ha querido hacer un guardiola saltándose toda la parte del picar piedra que te legitima para acabar haciendo un guardiola; no hay más que ver todo esto para comprobar que viven en la conclusión fácil, en la equivocada, y te la venden como información.
La única manera de querer al diario Ara es la manera especial con la que se quiere al hijo tonto, siempre sin perder de vista su condición de 'especialito', ojo, el gran error sería caer en que el hijo tonto tiene razón para acabar siendo tan tonto como él.
divendres, 22 de febrer del 2013
El primer Verkami en el que fuimos educados fue la campaña del Domund. Puede que antes estuviera otra campaña que se hacía los domingos: la del cepillo de la iglesia, pero de ésa tampoco se veían demasiado los resultados, quiero decir, la iglesia del pueblo seguía ahí mismo como llevaba tantos años: sin ir para alante ni ir para atrás; no hacía sufrir nada ni proporcionaba pena ni gloria; no, al menos, en este mundo.
Así que el primer Verkami directo, decía, el que se hacía en el en el cole, aunque fuéramos pequeños, aunque fueran nuestros padres quienes ponían la pasta, era el del Domund. En mi escuela, ya lo he explicado alguna vez, ponían un par de termómetros: uno para los chicos y otro para las chicas -escuela pública y mixta como era, explotando las posibilidades de la competitividad intersexual desde pequeñitos- dibujados, en blanco, que se iban pintando hasta cien, hasta quinientos, hasta mil, de rojo el de las chicas, de azul el de los chicos. El dinero lo guardaba el profe; era dinero para finaciar proyectos de comida y escuela para los pobres niños etíopes. Luego mirábamos el telediario y yo, al menos, no entendía nada porque los pobres etíopes, que no eran niños y niñas, que no se podían ni distinguir, seguían muriéndose de hambre. La conclusión de mi mente de no más de diez años era fácil: había que poner más dinero en la siguiente campaña del Domund porque aquello estaba claro que no acababa de funcionar. Lo que nunca, de ninguna manera, podía hacerse era suspender la campaña del Domund: aunque no fuera suficiente, aquellos cinco duros eran absolutamente necesarios, ya fuera para sentirse un poco menos peor al ver en las noticias cómo la cosa se quedaba corta, ya fuera para ganar a los chicos; para que hubiera más rojo en el termómetro rojo que azul en el azul.
Más rojo en el rojo que azul en el azul. Más Catalunya en Catalunya que España en España, que ellos no tienen documental. Ja. Isona Passola tiene abierta desde hace unos días una campaña del Domund. Ahora que la independencia ha pasado a ser casi un tema de conciencia -y perdonen la rima-, nos vienen con los gadgets de esta historia. Igual que, cuando las campañas del Domund, nadie se preguntaba por la historia de Etiopía -la colonial, la explotadora- y todo el mundo se quedaba más tranquilo poniendo cinco duricos, hoy poca gente se pregunta por la historia que ha parido el movimiento independentista; ponen los cinco duricos y, venga, Isona Passola te hace un documental. ¿Hacía falta que Isona Passola hiciera este documental? Bueno, sí, precisamente para que se conociera más la historia de toda esta historia. Hacía falta que recurriera a la financiación de la gente para ello. No. No hacía falta y es feo además; es feísimo hacer números sobre el colchón de los cientos de miles que sabes, porque lo has visto en el telediario también, que podrían estar dispuestos a financiarte, aunque sea simbólicamente, aunque sea por figurar, aunque sea por sentirse parte de una cosa que no es un documental, que es un sentimiento mucho mayor. Mucha gente que está poniendo pasta para el documental de Isona Passola, se va a dormir tranquila pensando que han puesto pasta para la independencia de Catalunya, bueno, sabiendo que no, que la gente no es tonta, pero pensando que simbólicamente sí. Y eso es una mierda porque Isona Passola podía haber hecho el documental igual sin necesidad de acudir a los bolsillos de la gente; es una mierda porque toda esta gente luego va mirar el telediario también y a lo peor descubre que el documental era solo eso: un documental, un gadget para el recuerdo, como la camiseta del Cobi, como la bufanda de la Champions 2010, que para lo único que habrá servido habrá sido para que Isona Passola se posicionara en el momento que más fácil y más guay resultaba posicionarse, y para que parezca que la independencia de Catalunya cuenta con un respaldo popular; un clamor de la gente es, vamos que sí, según el documental. ¿Y no demostraría eso mejor un referendum? ¿No quedó ya demostrado en aquella manifestación o en las últimas elecciones?
Pues no: la Passola quiere su documental, la Passola quiere tener una idea calentita en el mullidito clamor popular. La Passola quiere ir por los festivales diciendo: hey, esta es la voz del pueblo: cómprenmela. Si a mí ya había algo que me escamaba de este proyecto desde el principio; ahora hay algo que me escama todavía más: el Verkami del documental ha conseguido ya casi 29.000 euros más de los que decían que necesitaban para su puesta en marcha, quedan 22 días para poder seguir poniendo pasta y la Passola no da muestras que plantarse ya: hoy mismo ha tuiteado de nuevo la dirección del Verkami en cuestión animando a la gente a seguir invirtiendo.
Yo no pienso poner un duro, claro, que la tendencia a la inflación de los simbolismos suele ser clara, y uno acaba mirando el telediario, pensando ¿pero cómo puede ser?
(Otros que también trabajan por un "modelo social más justo" (que es para lo que dice, textualmente, que trabaja ella), fueron mucho más legales, creo yo. Miren aquí.)
Así que el primer Verkami directo, decía, el que se hacía en el en el cole, aunque fuéramos pequeños, aunque fueran nuestros padres quienes ponían la pasta, era el del Domund. En mi escuela, ya lo he explicado alguna vez, ponían un par de termómetros: uno para los chicos y otro para las chicas -escuela pública y mixta como era, explotando las posibilidades de la competitividad intersexual desde pequeñitos- dibujados, en blanco, que se iban pintando hasta cien, hasta quinientos, hasta mil, de rojo el de las chicas, de azul el de los chicos. El dinero lo guardaba el profe; era dinero para finaciar proyectos de comida y escuela para los pobres niños etíopes. Luego mirábamos el telediario y yo, al menos, no entendía nada porque los pobres etíopes, que no eran niños y niñas, que no se podían ni distinguir, seguían muriéndose de hambre. La conclusión de mi mente de no más de diez años era fácil: había que poner más dinero en la siguiente campaña del Domund porque aquello estaba claro que no acababa de funcionar. Lo que nunca, de ninguna manera, podía hacerse era suspender la campaña del Domund: aunque no fuera suficiente, aquellos cinco duros eran absolutamente necesarios, ya fuera para sentirse un poco menos peor al ver en las noticias cómo la cosa se quedaba corta, ya fuera para ganar a los chicos; para que hubiera más rojo en el termómetro rojo que azul en el azul.
Más rojo en el rojo que azul en el azul. Más Catalunya en Catalunya que España en España, que ellos no tienen documental. Ja. Isona Passola tiene abierta desde hace unos días una campaña del Domund. Ahora que la independencia ha pasado a ser casi un tema de conciencia -y perdonen la rima-, nos vienen con los gadgets de esta historia. Igual que, cuando las campañas del Domund, nadie se preguntaba por la historia de Etiopía -la colonial, la explotadora- y todo el mundo se quedaba más tranquilo poniendo cinco duricos, hoy poca gente se pregunta por la historia que ha parido el movimiento independentista; ponen los cinco duricos y, venga, Isona Passola te hace un documental. ¿Hacía falta que Isona Passola hiciera este documental? Bueno, sí, precisamente para que se conociera más la historia de toda esta historia. Hacía falta que recurriera a la financiación de la gente para ello. No. No hacía falta y es feo además; es feísimo hacer números sobre el colchón de los cientos de miles que sabes, porque lo has visto en el telediario también, que podrían estar dispuestos a financiarte, aunque sea simbólicamente, aunque sea por figurar, aunque sea por sentirse parte de una cosa que no es un documental, que es un sentimiento mucho mayor. Mucha gente que está poniendo pasta para el documental de Isona Passola, se va a dormir tranquila pensando que han puesto pasta para la independencia de Catalunya, bueno, sabiendo que no, que la gente no es tonta, pero pensando que simbólicamente sí. Y eso es una mierda porque Isona Passola podía haber hecho el documental igual sin necesidad de acudir a los bolsillos de la gente; es una mierda porque toda esta gente luego va mirar el telediario también y a lo peor descubre que el documental era solo eso: un documental, un gadget para el recuerdo, como la camiseta del Cobi, como la bufanda de la Champions 2010, que para lo único que habrá servido habrá sido para que Isona Passola se posicionara en el momento que más fácil y más guay resultaba posicionarse, y para que parezca que la independencia de Catalunya cuenta con un respaldo popular; un clamor de la gente es, vamos que sí, según el documental. ¿Y no demostraría eso mejor un referendum? ¿No quedó ya demostrado en aquella manifestación o en las últimas elecciones?
Pues no: la Passola quiere su documental, la Passola quiere tener una idea calentita en el mullidito clamor popular. La Passola quiere ir por los festivales diciendo: hey, esta es la voz del pueblo: cómprenmela. Si a mí ya había algo que me escamaba de este proyecto desde el principio; ahora hay algo que me escama todavía más: el Verkami del documental ha conseguido ya casi 29.000 euros más de los que decían que necesitaban para su puesta en marcha, quedan 22 días para poder seguir poniendo pasta y la Passola no da muestras que plantarse ya: hoy mismo ha tuiteado de nuevo la dirección del Verkami en cuestión animando a la gente a seguir invirtiendo.
Yo no pienso poner un duro, claro, que la tendencia a la inflación de los simbolismos suele ser clara, y uno acaba mirando el telediario, pensando ¿pero cómo puede ser?
(Otros que también trabajan por un "modelo social más justo" (que es para lo que dice, textualmente, que trabaja ella), fueron mucho más legales, creo yo. Miren aquí.)
Hoy linko aquí la entrada del blog de Javier Ortiz, en la que reexplica la historia del cierre del Egunkaria detalladamente.
Ahora hace diez años de aquello y no se ha demostrado que los motivos del cierre fueran ciertos.
Lo que se ha demostrado, de hecho, es que eran falsos.
Creo que es importante no olvidarlo.
Ahora hace diez años de aquello y no se ha demostrado que los motivos del cierre fueran ciertos.
Lo que se ha demostrado, de hecho, es que eran falsos.
Creo que es importante no olvidarlo.
dijous, 21 de febrer del 2013
Hoy voy a prestarle a alguien un libro que empieza así:
Mi hipótesis rigurosamente provisional es la siguiente: la posmodernidad es el folklore de la sociedad postindustrial.
Lo apunto aquí para que quede constancia, porque me gusta mucho dejarle este libro a este alguien, y para hacer un poco de ceremonia, igual que otros hicieron serie de televisión (que es lo más parecido a la misa semanal en estos tiempos que corren), en torno a aquello de compartir sabiduría; para recuperar el cuídamelo bien, que esto no ya se encuentra, pequeño saltamontes; y para que se sepa que no hay como dejar un libro a quien sabes que va a leerlo como quien corre entre los bloques de edificios y sacude los troncos de los árboles empapados de lluvia y caza a las arañas en sus telas y recoge los cascos de botellas de leche y de botellas de champán, y busca cobre, bobinas de cobre caídas entre las matas que crecen en los solares, y junto a los huertos, y al sol de las escombreras que hay al lado de cualquier obra.
Vamos a ser, con este libro, mi amigo y yo mirándolo todo, igual que explica en la primera página el otro libro que también le voy a dejar.
(Son 'Contra la modernidad', de Fernando Poblet, y 'Los príncipes valientes', de Pérez Andújar.
Van a hacer maravillas en tu cabeza, Joan Todó.
Estoy muy contenta de verte y de dejártelos, porque creo que tener amigos es esto y veo que nosotros vamos sobraos.)
Mi hipótesis rigurosamente provisional es la siguiente: la posmodernidad es el folklore de la sociedad postindustrial.
Lo apunto aquí para que quede constancia, porque me gusta mucho dejarle este libro a este alguien, y para hacer un poco de ceremonia, igual que otros hicieron serie de televisión (que es lo más parecido a la misa semanal en estos tiempos que corren), en torno a aquello de compartir sabiduría; para recuperar el cuídamelo bien, que esto no ya se encuentra, pequeño saltamontes; y para que se sepa que no hay como dejar un libro a quien sabes que va a leerlo como quien corre entre los bloques de edificios y sacude los troncos de los árboles empapados de lluvia y caza a las arañas en sus telas y recoge los cascos de botellas de leche y de botellas de champán, y busca cobre, bobinas de cobre caídas entre las matas que crecen en los solares, y junto a los huertos, y al sol de las escombreras que hay al lado de cualquier obra.
Vamos a ser, con este libro, mi amigo y yo mirándolo todo, igual que explica en la primera página el otro libro que también le voy a dejar.
(Son 'Contra la modernidad', de Fernando Poblet, y 'Los príncipes valientes', de Pérez Andújar.
Van a hacer maravillas en tu cabeza, Joan Todó.
Estoy muy contenta de verte y de dejártelos, porque creo que tener amigos es esto y veo que nosotros vamos sobraos.)
dimecres, 20 de febrer del 2013
He entrado aquí y he votado Coscubiela, sin haber visto el debate.
Luego he pensado en las elecciones.
Ahora me voy a ir a dormir pensando que las afinidades que genera el fútbol, por ejemplo, tienen más razón de ser.
Luego he pensado en las elecciones.
Ahora me voy a ir a dormir pensando que las afinidades que genera el fútbol, por ejemplo, tienen más razón de ser.
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