dimecres, 5 de desembre del 2012

Wert, en su discurso sobre las reformas en educación, de hace dos años, en la FAES, empieza diciendo que es un líder:

La sociedad en cuanto tal propiamente no demanda reformas (en el sentido
fuerte de la expresión, es decir como algo articulado y coherente). No es su
papel. La definición de una agenda reformista es una cuestión de liderazgo .


Continúa diciendo esto otro:

... no es un tema menor el del restablecimiento de
una visión positiva de la identidad nacional. Lo sucedido en las últimas
semanas nos muestra que hay una demanda implícita de recuperación de ese
orgullo de pertenencia.


Y acaba con un dibujico:



Es muy de la broma Wert.
"Joselito, ¿tú todo lo mides en kilos?", le preguntaba Raphael al pequeño ruiseñor ante la atónita mirada de Inés Ballester, que hacía de presentadora, en un momento del programa homenaje que hace años reunió a los dos cantantes en Canal 9. Joselito no respondía pero ni falta que hacía: ¿en qué iba a medir la vida alguien que siempre había sido medido en kilos? Porque Joselito siempre había ido al peso, al poco peso, tanto es así que parece que hubo un día en el dijo stop y paró de crecer: hubiera sido muy raro que no le cambiara la voz pero sí le cambiara el cuerpo, casi tan raro como fue que no le cambiara el cuerpo pero sí la voz. Joselitó se empeñó en aferrarse al valor extra de ser pequeño, al de pesar poco. Eso acabó haciendo monstruoso a Joselito; monstruoso de monstruo de los que dan pena, que es el mismo tipo de monstruosidad que lucen las poetas que van de marginadas cuando ya no queda marginación y solo debería quedar poesía; el mismo que luce el grupo de judíos que eligen vivir bajo la sombra de la llegada de un tren que ya hace décadas ha dejado de circular.

Ayer volvieron a preguntarme por lo de la reticencia de la gente a recomendarme grandes obras de la literatura catalana. La respuesta es Joselito, son los judíos, son las poetas feministas; es el toma un gramito, cuando lo que estoy pidiendo es un quintal. Hasta que no nos creamos que el catalán pesa toneladas, el catalán no será más que la papelina que se nos cae del bolsillo cuando vamos borrachos al váter a mear, la que nos da la excusa para publicar un Pla lleno de erratas, la que pensamos que cualquier Wert nos puede robar. Hasta en eso nos gana Joselito, que, por lo menos, contaba los gramitos de mil en mil.

dimarts, 4 de desembre del 2012

Lo desconcertante del jueguecito es que los jugadores van a tiempos diferentes. A mí ahora lo que me preocupa es la cosa de ansiedad pseudo infantil que últimamente parece haberse apoderado de los independentistas, por Dios, si estaban manejando fechas de lo que era pasado mañana mismo, que ahora ya es antes de ayer (ERC dijo que si les dieran la mayoría absoluta, proclamaban la independencia el mismo día 25 por la noche). Y claro, ahora sale el otro bando, Wert a la cabeza, haciendo una apuesta españolista de futuro que hace quedar a la plana mayor de ERC como una panda de tontuelos hiperexcitados.

La apuesta de Wert.
No sé si nadie se ha fijado o no se ha querido fijar pero Wert cuenta con que Catalunya seguirá siendo España en el momento en que se apruebe, si se aprueba, el proyecto de ley que barre el catalán de la lista de troncales y específicas; en ese momento y durante todos los años siguientes. Y también cuenta con que dentro de una generación, cuando los chavales que empezaron la escolarización en el seno de dicha ley ya estén educados con todas sus eñes y sin sombra de pronom feble, no sólo seguirá siéndolo también, sino que ya nadie se acordará ni de cómo sonaba aquello que hablaban sus padres, aquellos ilusos que por un momento creyeron que estaban a punto de conseguir yo qué sé qué simplemente porque salieron a la calle a patearse alguna manifestación convocada en pos del pacto fiscal y acabaron gritando a favor de la independencia.

Wert no está respondiendo ni atacando a la parte de la sociedad Catalana que quiere la independencia ya, Wert está siguiendo inperturbable su propia estrategia porque Wert está jugando con un tablero mucho más grande. Diría más aún: Wert tiene un tablero mientras Catalunya acaba de empezar a tener la ilusión idiota de que puede construirse otro de solo un par de casillas: Salida y llegada. Eso es lo que nos han intentado vender con tanto optimismo de prisas y rifas baratas.

Lo único que nos queda aquí es coger la silla, arrimarla a la mesa de Wert, pensar una estrategia sin atajos y sobre todo no dejarnos robar las fichas.

¿Que les roban el catalán, que para ellos no es más que una ficha igual que lo eran los muertos por bombas-lapa, a nuestros hijos? Nuestra estrategia no puede ser entonces salir a la calle un día a protestar, sino atrincherarnos, amotinarnos hasta tener la seguridad de que nuestros hijos, ya adultos, no hayan olvidado el catalán.

Esto es así y esto va para largo. Así que paren; paren de decirles a pobres abuelos de ochenta años que ellos sí que lo verán porque claro que no lo verán, ni nosotros lo veremos, igual; nos tendría que dar por tirar por la vía no amistosa pero ni para eso tenemos medios aquí ahora. Wert en cambio sí que los tiene, ¿ven?, ni en esos términos estaríamos jugando a lo mismo.

dimecres, 28 de novembre del 2012

Colomo es bueno no, lo siguiente.



Y los Polipoètics... pues eso, lo mismo.



 Y ayer estaban los dos (o tres) actuando, uno en Robadors, 23, y el otro (los otros) en La Seca.
Casi gratis; solo había que mojarse un poco para llegar hasta allá.

Creo que no hay nada mejor que alguien feliz en un escenario.
Bueno, sí: Estar viendo a alguien feliz en un escenario.

dimarts, 27 de novembre del 2012

Puestos a ver las elecciones del domingo pasado como el referendum que no fueron, yo me pongo también a buscar un consuelo para tontos y voy a quedarme con la reacción de la izquierda. El PSC no bajó tanto como se pensaba que iba a bajar, ERC subió como la espuma y entraron las CUP. Iniciativa siguió en su línea, a cada elección se demuestra que la gente, aunque ellos mismos vayan a pie, no acaba de creerse al líder en bicicleta.

Menos mal. Solo faltaba que la derechona, empleando sus métodos de siempre, hubiera vuelto a ganar en tiempos de sentadas en la plaza, sindicatos en la calle y gente pobre y, encima, apaleada. Menos mal que eso solo funciona cuando no se vota, cuando el líder es realmente Dios, sus ángeles perros rabiosos, y a sus acólitos les mueve más la fe en la cuenta corriente, en la panza repleta, que la congruencia en la doctrina.

Así que, miren, sí: vamos a haber ganado todos al final. Los de derechas por independentistas (o eso dicen), y los de izquierdas por pobres y cabreados.

Y ahora venga, va, que corra el vino antes de que empecemos a fijarnos en que el haber ganado o no unas elecciones no es solo victoria o derrota de un día; ahora que aún no nos hemos puesto a pensar que, después del domingo, viene todo lo demás.

(Lo que estoy diciendo es que el resultado es tan complicado que hasta los más -se supone- competentes analistas, tirando por la simplificación, hacen artículos que más que explicar a la concurrencia, parece que intentan ser explicaciones para sí mismos. Lo que estoy diciendo es que no hay remate claro, que esto es un montón dentro del área. Y que de los montones dentro del área lo mismo no sale nada que sale un gol feo o uno en propia puerta).

dilluns, 26 de novembre del 2012

Lo de estas elecciones ha acabado siendo como esas quinielas complicadísimas, de las de con muchas variantes, que decía mi abuelo. Como la columna de la apuesta que cada semana nos dejaba rellenar a nosotros.

Solía hacerlas de dos: la que él completaba tras mucha concentración y cálculo -que si este juega en casa, que si estos tienen a fulanito lesionao- y la que nos hacía cantarle a nosotros tres: Isabel (e Isabel: equis) Javier (y Javier: dos), Nuria (y Nuria: uno), y vuelta a empezar.

Lo decíamos al tuntún nuestro y luego, avances técnicos, al tuntún del dado quinielístico con el que alguien de la familia apareció un día; dado que nos tuvo anonadados unas cuantas tardes de domingo, y de lunes y de martes; tardes de tirar el dado sin juego de por medio. O de jugar por jugar, sin ninguna quiniela detrás.

Eso es lo que ha acabado siendo estas elecciones: un hacer el gesto, pero no tirar el palo y, ahora, el perro a correr y, ahora, el perro a frenar en seco y a dar unas cuantas vueltas con cara de tonto para acabar mirando interrogante al amo, que acaba a su vez sintiéndose un poco mal.

Han sido un timo estas elecciones: Votantes de izquierda, hay que pactar con la derecha ahora; votantes de derecha, lo mismo pero al revés.

Tan timo estas elecciones que, para salvar los trastos, quieren hacérnoslas ver como el referendum que no han sido: Ese que precisamente los dueños de la quiniela nunca van a querer ver.

dissabte, 24 de novembre del 2012

Un día fui a la radio y estuve hablando durante diez minutos de 'Quan érem feliços', de Rafel Nadal. Dije que era un libro malísimo no solo en cuanto a su calidad literaria, de la que carece por completo si consideramos que la calidad literaria viene dada por algo más que por poner frases más o menos inteligibles, una detrás de otra, sino también por el mensaje que transmitía: Nadal hace en el libro una apología del Opus Dei que, si alguien leyendo, leyendo llega a las páginas en las que el autor describe, por ejemplo, la entrevista que sus padres mantuvieron con el Papa de Roma en referencia a su hijo -hermano del autor- yonki, cerraría inmediatamente el libro indignado.

Unos días después, me llamó una amiga. Tenía que hacer un regalo y quería que le recordara el título del libro del que había hablado aquel día en la radio. 'Pero si dije que era malísimo', respondí. 'Ya, pero es para un compañero de trabajo que creo que le gustan los best sellers'. Mi amiga no es tonta y me conoce: sabe leer entre líneas mis más enjundiosos comentarios; sabe que hay libros que a mí se me atraviesan, que me sacan de mis casillas, que para otro pueden funcionar como buen entretenimiento a la hora de ir a dormir. El libro se estaba vendiendo como churros y yo estaba volcando en la radio todos mis juicios (no prejuicios, que precisamente andaba yo especialmente cabreada por la pérdida de tiempo que me había supuesto leer el bestseller en cuestión) sobre qué es bueno y qué no lo es en literatura.

Otra:
Se acercaba el cumpleaños de mi padre y me llama mi madre desde el Corte Inglés. 'Isabel, que el otro día hablaban por la radio de aquel escritor que se ha muerto y tengo aquí un libro suyo: "Un enano español se suicida en Las Vegas", -pamplonismo al canto- ¿qué tal para regalarle a tu padre?' 'Hombre, mamá, si le vas a regalar uno de este, mejor regálale "Lo que sé de los vampiros", al papá'.
Colgué y me quedé pensando 'ostras, si no me llama, si no tiene a alguien que haya leído a Casavella a mano para consultar, le regala el del enano y tan contenta. Ojo, que no tiene nada de malo el del enano pero, no sé, para mi padre, como que no.

Compramos libros de oídas igual que mañana vamos a votar de oídas o, simplemente, no vamos a votar. ¿Por qué íbamos a ser más expertos en política que en literatura? Oímos la radio y vemos la tele y de repente, un día, nos dicen que decidamos a partir de la información que tenemos. La información que tenemos, bien que se han encargado de que sea un batiburrillo de buenas intenciones -unos hablando de ellos mismos- y de mierda lanzada con mala baba -unos hablando de los otros-. Todo el mundo va a bajar los impuestos, todo el mundo trabaja por nosotros, todo el mundo tiene sus chanchullitos corruptos, pero eso es lo normal, todo el mundo ha salido por la radio, pero aquellos han salido más; ahora baje del pueblo el domingo y ponga la papeleta en un sobre, claro, o igual no baje, total, es un lío, que tiene que prepararles el tupper a los críos para el lunes, que les han dicho del cole que es menos caro que apuntarlos al comedor. ¿Del cole lo han dicho? Pero ¿saben quién está detrás del cole? Esos que ahora dicen que van a bajar los impuestos, sí, esos que hace unos meses los subieron.

Vean que la cartita que metan en la urna es la respuesta postal figurada a la cartita que les llegó del cole, a la cartita con la última subida de la luz y a la cartita que les trajeron el otro día con los papeles del desahucio. ¿Lo ven? Solo hay que hacer un pequeño ejercicio de abstracción; el mismo pequeño ejercicio de abstracción que requiere saber que, que hablen de un libro en la radio, no quiere decir que ese libro sea para cualquiera. El mismo pequeño ejercicio de abstracción que lleva a uno a ponerse a leer bolsilibros al margen de cánones literarios (ayer a veinte estudiantes universitarios alumnos de Miqui Otero -que ganaba en ese momento infinitos #FF en tuiter como profesor- se les abría la boca de asombro cuando Javier Pérez Andújar los conminaba a hacerse su propio canon y les contaba que en el suyo estaban Silver Kane y Curtis Garland). El mismo, el mismísimo pequeño ejercicio de abstacción que requiere llegar nada menos que a formarse una opinión propia y a quererla decir.
Bajen y voten, aún tienen tiempo para echarle un vistazo rápido al panorama político actual hoy que teles y radios están calladas.

Bajen y voten, que no está el horno para hacerse ahora del bando de estos indiferentes históricos idiotas a los que tan bien retrata Sánchez Piñol.