Hace unos años estuve unas semanas en verano viajando por Rumanía. Yo iba al país que hacía relativamente poco que acababa de salir del régimen de Ceaucescu; de más de veinte años de dictadura; una de las más delirantes de la Europa de finales del siglo XX. Me hacía gracia ver qué. Me imaginaba un cierto aire de liberación así como muy chachi extendido por todo el país; uno tira de referentes y el referente de fin de dictadura que los españolitos tenemos en la cabeza está lleno de botellas de champán descorchadas, mujeres y gays liberados y movidas desatadas, ya saben. Me imaginaba euforia, más euforia aún que nuestra triste euforia de dictador muerto en la cama: la suya había sido una sublevación del pueblo que había empezado en Timisoara y se había ido extendiendo por todo el país. Me imaginaba que encontraría un cierto aire de victoria coronando cabezas de ciudadanos con caras cotidianas de cierta satisfacción allá donde fuera.
Pues muy mal imaginado.
Entramos en el país a pie. Habíamos cogido un vuelo Barcelona-Belgrado: el plan era coger un tren hacia el norte, y cruzar la frontera en autobús. Llegamos en domingo, no había autobús y tuvimos que hacer andando el camino desde el último pueblo de Serbia hasta el primero de Rumanía con estación de tren. Eso hicimos. Cruzamos la frontera con señoras a quienes habíamos visto unos kilómetros antes camuflarse cartones de tabaco en las fajas. Llegamos por fin a un apeadero medio fantasma en el que, tras esperar unas horas a la sombra de una señal enorme con aguilucho estampado y todo, que rezaba ROMÂNIA, apareció el tren de bancos de madera que nos llevaría a Timisoara.
En Timisoara, nos acercamos a la casa de László Tőkés, el pastor evangelista que lideró la revolución en su primer estadio. De Timisoara viajamos al norte, hacia los Cárpatos. Y de los Cárpatos, al sur, hasta Bucarest. A los pocos días de estar dando vueltas por el país, yo ya había comprendido, con sorpresa primero, con tristeza después, que la única señal de orgullo por la nueva nación conseguida ya la había visto, el primer día, en la plaquita atornillada al lado de la puerta de casa de Tőkés que indicaba que allí había empezado la revolución. No vería más signo de esta pírrica victoria del pueblo. Lo que sí que vería, en cambio, sería gente muy jodida. Gente que, de repente, tenía que pagar por su casa y por servicios que antes eran proporcionados por el Estado. Gente que, con cincuenta años, se encontraba sin trabajo, sin derecho a paro y teniendo que alquilar una habitación de su casa, que no podía pagar, a turistas que les pagaban en negro, en dólares si podía ser.
Recuerdo que me impresionó la cantidad de nostálgicos del antiguo régimen que encontrábamos a nuestro paso: se habían quitado de encima a un dictador pero eso no era nada comparado con lo que les había sobrevenido. Habían salido de la falta de libertad absoluta para caer en la pobreza material radical, con lo que falta de libertad y pobreza material se habían vuelto conceptos comparables, estadios a poner en la balanza, a valorar en términos de preferencias. Y preferían comer a pensar. Preferían dictadura los nostálgicos.
Se habían vuelto locos también los nostálgicos y me pareció natural su locura: entendí que perder la razón es la única manera de supervivencia cuando uno quiere para tan poco su libertad que la vendería por un plato de lentejas. Recuerdo que aluciné con la cantidad de chalados de aquellos que se ponen a predicar en las esquinas que encontrábamos por la calle. Recuerdo a un taxista que mientras nos señalaba a un grupo de gitanos que acampaba al lado de la estación de Bucarest, nos resumió en cinco palabras la historia del siglo XX europeo. "Hitler didn't finish his work", dijo, y a mí me dio miedo, porque con esa frase se estaba cagando en la pobreza a la vez que se cagaba en todas las libertades.
La pobreza que había traído la libertad era tan bestia que habían acabado dispuestos a renunciar a la libertad si así acababan con la pobreza.
Lo chungo es que estos días estoy pensado en toda esta historia con la preocupación muy bestia, igual un poco pasada de rosca, de que este proceso, el de ganar libertad primero para volverse pobre después, pudiera llegar a darse a la inversa: volverse pobre, hundirse económicamente el país primero, tanto, como para acabar desesperados y dispuestos a renunciar a todas las libertades después.
Aquí, a fin de cuentas, no nos falta tampoco la figura del nostálgico que predica desde las esquinas que el logro de Franco fue sacar a España de la miseria.
diumenge, 15 de juliol del 2012
dijous, 12 de juliol del 2012
Con la que está cayendo, una abre el periódico y se encuentra con que todo tiene un tufillo a la inconsciencia de la broma más barata que tira para atrás.
Con la simplicidad y la obviedad de la metáfora que se han gastado algunos en la forma del diario de hoy, lo único que han conseguido es desvirtuar totalmente el fondo. El troquelado puede que remita de una manera muy simplista y literal al recorte -así como simplista y literal de tengo cinco años y ya me dejan usar tijeras que no pinchan-, sí, pero también remite a las banderolas que suelen colgarse de fachada a fachada en las fiestas mayores (o sea, a la fireta), a los cuentos pop-up que hacen las delicias de los niños descubriendo el 3D y hasta a las camisetas de Desigual.
Y si encima, ya dentro, superado el psicodélico grito, te encuentras con noticias como esta, pues ya es global la impresión de tomadura de pelo absoluta, de que nada ha cambiado, de que todo seguirá igual y de que los periódicos seguirán sirviendo a quien siempre han servido.
Con la simplicidad y la obviedad de la metáfora que se han gastado algunos en la forma del diario de hoy, lo único que han conseguido es desvirtuar totalmente el fondo. El troquelado puede que remita de una manera muy simplista y literal al recorte -así como simplista y literal de tengo cinco años y ya me dejan usar tijeras que no pinchan-, sí, pero también remite a las banderolas que suelen colgarse de fachada a fachada en las fiestas mayores (o sea, a la fireta), a los cuentos pop-up que hacen las delicias de los niños descubriendo el 3D y hasta a las camisetas de Desigual.
Y si encima, ya dentro, superado el psicodélico grito, te encuentras con noticias como esta, pues ya es global la impresión de tomadura de pelo absoluta, de que nada ha cambiado, de que todo seguirá igual y de que los periódicos seguirán sirviendo a quien siempre han servido.
dimarts, 10 de juliol del 2012
Heroi nacional #2: Hastings Kamuzu Banda
(Subtítulo: Todos con Girona).
Hastings Kamuzu Banda: "Tot el que jo dic és llei. Literalment, llei. Això és un fet en aquest país".
Banda, tot i que s'havia sentit molt a gust a la Gran Bretanya, considerava horrible que en els balls qualsevol home pogués arrambar una dona casada en presència del seu marit. Per a ell, la societat europea era 'depravada', ja que hi imperava la 'promiscuïtat'. El Ngwazi no es cansava de repetir als seus conciutadans que no s'havia d'imitar els europeus, perquè aquests 'vivien com gossos'.
L'MCP (Malawi Congress Party) es va sumar a la campanya moralista del seu cap. El 1963, es va prohibir als seus militants l'embriaguesa i la 'conducta desordenada' (sense concretar què es considerava 'conducta ordenada' segons el 'sistema Kamuzu'). Dos anys més tard, la Lliga de Dones va recomanar a les seves associades que no duguessin jerseis massa ajustats, per evitar que se'ls marquessin els mugrons. El 1977, Banda va estendre la reglamentació moralista a tota la població. D'acord amb el Reglament de Decència en el Vestir, va prohibir que les dones vestissin faldilles curtes o pantalons, i va decretar que els homes havien de dur el cabell curt.
Kamuzu, a més, va vedar les publicacions que induïssin a 'corrompre la moral tradicional', com ara les revistes pornogràfiques... o els manuals de control de natalitat.
Pallassos i Monstres. Albert Sánchez Piñol.
(Subtítulo: Todos con Girona).
Hastings Kamuzu Banda: "Tot el que jo dic és llei. Literalment, llei. Això és un fet en aquest país".
Banda, tot i que s'havia sentit molt a gust a la Gran Bretanya, considerava horrible que en els balls qualsevol home pogués arrambar una dona casada en presència del seu marit. Per a ell, la societat europea era 'depravada', ja que hi imperava la 'promiscuïtat'. El Ngwazi no es cansava de repetir als seus conciutadans que no s'havia d'imitar els europeus, perquè aquests 'vivien com gossos'.
L'MCP (Malawi Congress Party) es va sumar a la campanya moralista del seu cap. El 1963, es va prohibir als seus militants l'embriaguesa i la 'conducta desordenada' (sense concretar què es considerava 'conducta ordenada' segons el 'sistema Kamuzu'). Dos anys més tard, la Lliga de Dones va recomanar a les seves associades que no duguessin jerseis massa ajustats, per evitar que se'ls marquessin els mugrons. El 1977, Banda va estendre la reglamentació moralista a tota la població. D'acord amb el Reglament de Decència en el Vestir, va prohibir que les dones vestissin faldilles curtes o pantalons, i va decretar que els homes havien de dur el cabell curt.
Kamuzu, a més, va vedar les publicacions que induïssin a 'corrompre la moral tradicional', com ara les revistes pornogràfiques... o els manuals de control de natalitat.
Pallassos i Monstres. Albert Sánchez Piñol.
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Herois nacionals
¡Arg! ¡Demagogia sanferminera! Otra más. Vamos allá, apuntémonos todos al plan de recorte de gastos en Sanidad que apunta la Moliner. Va:
Yo tampoco quiero pagar la hospitalización de la gente que coge el coche y se estampa contra un camión en su ruta de vacaciones yendo a Marina d'Or, ¿no te jode?, que se queden en el pueblo, que es mucho menos hortera, el camino es mucho más corto y, por lo tanto, el riesgo de accidente menor.
Paso de pagar también el tratamiento de los chichones de los Castellers: o todos con casco como el anxeneta o que se lo pague la colla a pachas, que para eso se ponen a subir, amunt, amunt, voluntariamente.
Las excursiones por la montaña, con sus señalizaciones del camino, sus guardias forestales, sus puntos de información y sus puestos de primeros auxilios, a pagarlas cada uno de su mochila también: yo no voy nunca y no les encuentro la gracia. ¿Por qué tendría que poner pasta de mi nómina, si la tuviera, para que reseñalizaran aquella red de caminos de ida a ninguna parte y vuelta al mismo sitio de donde se había salido y vuelta a empezar el fin de semana que viene si hace bueno? De hecho, el fin de semana que viene, si hace bueno o malo, yo me quedo en casa leyendo y, si salgo, me echo un paraguas al bolso en caso de llover: así que prou espacios de información metereológica pagados de mi bolsillo en los medios públicos, que llueva o haga sol, yo voy ha hacer exactamente lo que tenía planeado.
Exijo preferencia absoluta ante un intoxicado por un bolet traicionero si, el próximo otoño, tengo que ir a urgencias porque me ha subido de repente la fiebre. Si me ha subido de repente la fiebre por leer algún artículo que me ha sacado de quicio demasiado, cedo el paso a quien se le haya abierto por sorpresa la úlcera sangrante, siempre que no haya pasado esto último porque se haya puesto ciego comiendo en un mexicano por puritico antojo.
Miren, todo esto es muy complicado: habría que poner a la entrada de los hospitales un mostrador de interpretación del grado de capricho en la herida a tratar de cada cual. Propongo, para acabar antes, la creación de un impuesto nuevo: uno que se tenga que pagar cada vez que salimos de casa porque sí, no por necesidades básicas como ir a comprar el pan. La mayoría de las veces, iríamos poniendo pasta y no nos pasaría nada. Sumando sumando lo que vamos poniendo, nos daría para pagar los puntos de sutura, las escayolas, incluso las hospitalizaciones que llegáramos a necesitar si un día, no sé, por ejemplo, por el capricho de tener la parejita, nos diera por ponernos de parto por segunda vez.
Yo tampoco quiero pagar la hospitalización de la gente que coge el coche y se estampa contra un camión en su ruta de vacaciones yendo a Marina d'Or, ¿no te jode?, que se queden en el pueblo, que es mucho menos hortera, el camino es mucho más corto y, por lo tanto, el riesgo de accidente menor.
Paso de pagar también el tratamiento de los chichones de los Castellers: o todos con casco como el anxeneta o que se lo pague la colla a pachas, que para eso se ponen a subir, amunt, amunt, voluntariamente.
Las excursiones por la montaña, con sus señalizaciones del camino, sus guardias forestales, sus puntos de información y sus puestos de primeros auxilios, a pagarlas cada uno de su mochila también: yo no voy nunca y no les encuentro la gracia. ¿Por qué tendría que poner pasta de mi nómina, si la tuviera, para que reseñalizaran aquella red de caminos de ida a ninguna parte y vuelta al mismo sitio de donde se había salido y vuelta a empezar el fin de semana que viene si hace bueno? De hecho, el fin de semana que viene, si hace bueno o malo, yo me quedo en casa leyendo y, si salgo, me echo un paraguas al bolso en caso de llover: así que prou espacios de información metereológica pagados de mi bolsillo en los medios públicos, que llueva o haga sol, yo voy ha hacer exactamente lo que tenía planeado.
Exijo preferencia absoluta ante un intoxicado por un bolet traicionero si, el próximo otoño, tengo que ir a urgencias porque me ha subido de repente la fiebre. Si me ha subido de repente la fiebre por leer algún artículo que me ha sacado de quicio demasiado, cedo el paso a quien se le haya abierto por sorpresa la úlcera sangrante, siempre que no haya pasado esto último porque se haya puesto ciego comiendo en un mexicano por puritico antojo.
Miren, todo esto es muy complicado: habría que poner a la entrada de los hospitales un mostrador de interpretación del grado de capricho en la herida a tratar de cada cual. Propongo, para acabar antes, la creación de un impuesto nuevo: uno que se tenga que pagar cada vez que salimos de casa porque sí, no por necesidades básicas como ir a comprar el pan. La mayoría de las veces, iríamos poniendo pasta y no nos pasaría nada. Sumando sumando lo que vamos poniendo, nos daría para pagar los puntos de sutura, las escayolas, incluso las hospitalizaciones que llegáramos a necesitar si un día, no sé, por ejemplo, por el capricho de tener la parejita, nos diera por ponernos de parto por segunda vez.
dilluns, 9 de juliol del 2012
Heroi nacional #1: Idi Amin Dada
Molts van començar a entendre que el país havia caigut en mans d'un individu que era la barreja perfecta entre un showman i un gàngster d'uniforme. I és que per aquesta època Amin havia començat a atorgar-se a ell mateix uns títols que feien sospitar moltes coses. Que s'autoinvestís com a 'Mariscal de Camp i President Vitalici' creava dubtes sobre la salut democràtica del nou president. Però que es proclamés oficialment 'Senyor de Totes les Bèsties de la Terra i Peixos del Mar i Conqueridor de l'Imperi Britànic d'Àfrica en General i d'Uganda en Particular' creava dubtes sobre la seva salut mental. Que es donés el títol de 'Rei d'Escòcia' no deixava lloc per a cap dubte.
Pallassos i Monstres. Albert Sánchez Piñol.
Molts van començar a entendre que el país havia caigut en mans d'un individu que era la barreja perfecta entre un showman i un gàngster d'uniforme. I és que per aquesta època Amin havia començat a atorgar-se a ell mateix uns títols que feien sospitar moltes coses. Que s'autoinvestís com a 'Mariscal de Camp i President Vitalici' creava dubtes sobre la salut democràtica del nou president. Però que es proclamés oficialment 'Senyor de Totes les Bèsties de la Terra i Peixos del Mar i Conqueridor de l'Imperi Britànic d'Àfrica en General i d'Uganda en Particular' creava dubtes sobre la seva salut mental. Que es donés el títol de 'Rei d'Escòcia' no deixava lloc per a cap dubte.
Pallassos i Monstres. Albert Sánchez Piñol.
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Herois nacionals
diumenge, 8 de juliol del 2012
Alguien que, por fin, hace algo, y todo el mundo fijándose en lo que no es y haciendo la pataletita de siempre.
Cuando metían a los insumisos a la cárcel, había quien pensaba que simplemente se estaba castigando a una panda de vagos por saltarse la mili. Por otro lado, había quien veía que aquello era una lucha, que claro que tenían que pasar por la cárcel: cuantos más mejor hasta que la cosa fuera insostenible y la mili acabara desapareciendo.
Así que no, ni hablar: la noticia no es que Jessed Hernàndez se ha quedado sin medalla en los Sky Games por correr por Catalunya, sino que Jassed Hernàndez ha corrido por Catalunya para, en el caso de ganarla (y seguro que él sabía que podía ganarla), quedarse sin medalla y que esto trascendiera. Si lo que trasciende es que los Sky Games no dan medallas a Estados no reconocidos, lo único que estamos haciendo es citar -muy enfadados, eso sí- el reglamento de los Sky Games y obviar el gesto de Jessed Hernàndez; enfadarnos y hacer la pataleta de siempre por algo que ya sabíamos.
Aquí la noticia es que hay alguien capaz de renunciar a algo por un fin muy superior. Porque ¿qué esperamos? ¿Que el reconocimiento llegue de repente, plop, titular de periódico: Catalunya gana una medalla en los Sky Games? Catalunya aún no es un Estado, si lo fuera, ¿por qué se está luchando aquí? Es que esto precisamente es lo último que se tiene que perder de vista, si no, volvemos todos a hacer la mili y desfilamos a jurar bandera con la esteladeta anudada al cuello, y todos tan contentos porque, con un poco de suerte, se habrá visto todo por la tele. Y así, está comprobadísimo, no se va a ningún lado.
(En Vilaweb, un día después del asunto, siguen con la cancioncita. En el Ara se limitan a citar a Vilaweb. Ni en La Vanguardia ni en El Punt dicen nada).
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