Heroi nacional #1: Idi Amin Dada
Molts van començar a entendre que el país havia caigut en mans d'un individu que era la barreja perfecta entre un showman i un gàngster d'uniforme. I és que per aquesta època Amin havia començat a atorgar-se a ell mateix uns títols que feien sospitar moltes coses. Que s'autoinvestís com a 'Mariscal de Camp i President Vitalici' creava dubtes sobre la salut democràtica del nou president. Però que es proclamés oficialment 'Senyor de Totes les Bèsties de la Terra i Peixos del Mar i Conqueridor de l'Imperi Britànic d'Àfrica en General i d'Uganda en Particular' creava dubtes sobre la seva salut mental. Que es donés el títol de 'Rei d'Escòcia' no deixava lloc per a cap dubte.
Pallassos i Monstres. Albert Sánchez Piñol.
dilluns, 9 de juliol del 2012
diumenge, 8 de juliol del 2012
Alguien que, por fin, hace algo, y todo el mundo fijándose en lo que no es y haciendo la pataletita de siempre.
Cuando metían a los insumisos a la cárcel, había quien pensaba que simplemente se estaba castigando a una panda de vagos por saltarse la mili. Por otro lado, había quien veía que aquello era una lucha, que claro que tenían que pasar por la cárcel: cuantos más mejor hasta que la cosa fuera insostenible y la mili acabara desapareciendo.
Así que no, ni hablar: la noticia no es que Jessed Hernàndez se ha quedado sin medalla en los Sky Games por correr por Catalunya, sino que Jassed Hernàndez ha corrido por Catalunya para, en el caso de ganarla (y seguro que él sabía que podía ganarla), quedarse sin medalla y que esto trascendiera. Si lo que trasciende es que los Sky Games no dan medallas a Estados no reconocidos, lo único que estamos haciendo es citar -muy enfadados, eso sí- el reglamento de los Sky Games y obviar el gesto de Jessed Hernàndez; enfadarnos y hacer la pataleta de siempre por algo que ya sabíamos.
Aquí la noticia es que hay alguien capaz de renunciar a algo por un fin muy superior. Porque ¿qué esperamos? ¿Que el reconocimiento llegue de repente, plop, titular de periódico: Catalunya gana una medalla en los Sky Games? Catalunya aún no es un Estado, si lo fuera, ¿por qué se está luchando aquí? Es que esto precisamente es lo último que se tiene que perder de vista, si no, volvemos todos a hacer la mili y desfilamos a jurar bandera con la esteladeta anudada al cuello, y todos tan contentos porque, con un poco de suerte, se habrá visto todo por la tele. Y así, está comprobadísimo, no se va a ningún lado.
(En Vilaweb, un día después del asunto, siguen con la cancioncita. En el Ara se limitan a citar a Vilaweb. Ni en La Vanguardia ni en El Punt dicen nada).
Si a mi gato le rascas detrás de la oreja, él levanta la pata de atrás y hace el gesto de rascarse. Si hablas con Marina Espasa de escribir, ella teclea con los dedos en el aire. Si al Carrete de Málaga le dices 'tangos', él te hace el ritmo con los nudillos encima de la mesa y debajo, con los pies. Si le haces pensar, Abel Cutillas se peina una ceja con la punta de los dedos. Si a mi hermano le preguntas si ha visto el encierro, te habla de él con el puño apretado como si llevara un periódico enrollado.
A la gente (y no tan gente) se le notan las pasiones en las manos. A algunos hasta en los pies.
Y yo aún no sé qué hago ni, lo que es más terrible, cuándo lo hago, coño.
A la gente (y no tan gente) se le notan las pasiones en las manos. A algunos hasta en los pies.
Y yo aún no sé qué hago ni, lo que es más terrible, cuándo lo hago, coño.
Estaba leyendo cómo media familia del abuelo de Sagarra moría de cólera fulminante en su torre de Sarrià (nueve ataúdes, entre grandes y pequeños, salieron de la torre ese día), cuando la Kika ha subido al sofá, me ha dado un par de mordisquitos en la mano y se ha tumbado a mi lado. Me he puesto a acariciarle el lomo y a mirar atentamente cómo cerraba los ojitos y hacía prrrrrr y estiraba las patas de atrás, lo que me ha llevado a pensar en Yoko Ogawa y en las excursiones que organizan los colegios japoneses de niños bien pequeños a observar las flores de los almendros. Ohanami, literalmente 'ver flores', se llaman estas excursiones. Del momento contemplativo ogawiano a su técnica para definir las relaciones de unos personajes con otros por pura oposición de sus cualidades, incluso de sus cualidades meramente físicas, solo ha habido un paso. Y de pensar en esto a concluir que quien busca comunistas para su propia definición (sea en serio o en broma) solo puede tener la cabeza llena de brujas, otro paso más.
Descubrir que alguien con quien pensabas que podrías tener un sano debate está en otra dimensión, además de ser en general muy decepcionante, ha sido más o menos el highlight de lo que ha sido mi semana.
Estoy a punto de ponerme el bikini y enfilar el carril bici dirección playa a darme un baño de normalidad.
Descubrir que alguien con quien pensabas que podrías tener un sano debate está en otra dimensión, además de ser en general muy decepcionante, ha sido más o menos el highlight de lo que ha sido mi semana.
Estoy a punto de ponerme el bikini y enfilar el carril bici dirección playa a darme un baño de normalidad.
divendres, 6 de juliol del 2012
Dietario de la tienda. Día 4
Hay los clientes que te tratan bien, los que te instrumentalizan (nena, tráeme esto; nena, tráeme lo otro: estos te hacen, básicamente, hacer tu trabajo. Te puede sentar mejor o peor dependiendo de las ganas que tengas y de su grado de exigencia pero, en el fondo, ni bien ni mal, todo correcto) y los que te tratan mal.
Y luego están los bipolares.
Hoy ha pasado por la tienda una bipolar. Y luego ha llamado por teléfono.
Ha pasado por la tienda y ha montado un diosescristo porque no teníamos LA camisa que le gustaba, que era una camisa absolutamente normal, en LA talla de su marido, que era una talla absolutamente normal. Lo absolutamente normal en rebajas es que las camisas absolutamente normales en las tallas absolutamente normales se agoten a la primera de cambio porque la gente es absolutamente normal dentro de lo especialitos que son todos. ZZZZZZZZZ... Lo especialito de esta señora absolutamente normal era su resorte flojo en el momento de ponerse a poner el grito en el cielo: de repente ella ha entrado en cólera y nos ha gritado que éramos una panda de incompetentes por no tener esa camisa, y que no creía ella que estuviera pidiendo nada del otro mundo. Se ha ido solo cuando, tras haber llamado a la otra tienda, la que hay en el centro comercial, para comprobar que también de allá habían volado aquellas camisas, le hemos prometido que cuando llegara el jefe, le diríamos que llamara al almacén para ver si allí quedaba alguna.
Ha venido el jefe. Ha llamado al almacén. En el almacén tampoco les quedaban. Le hemos llamado, se lo hemos explicado y nos ha contestado que muchas gracias, que le habíamos tratado muy bien y que lo tendría en cuenta en sus próximas expediciones de caza de camisas ordinarias.
Manoli ha colgado el teléfono alucinada. La Patri y yo habíamos estado mirándole desde detrás del mostrador, como miran los mocitos de cuadrilla desde la barrera al torero que se enfrenta por la tarde al toro que ha corneado a cuatro guiris en el encierro de esa mañana. Nos ha mirado y nos ha dicho: ha estado simpatiquísima. Debe de ser bipolar, he dicho yo, o eso, o acaba de pegar un polvo. La Patri se ha reído.
Ha sido una tarde aburridota, de las que solo los bipolares te dejan alguna historia que contar. Es lo fácil, claro: acabar explicando anecdotillas de gente que se sale patéticamente de lo absolutamente normal que decía antes. Estar tan cero inspirada, inspirada cero hasta el punto de ser incapaz de ver lo fascinante de lo habitual.
Me pasa cuando trabajo por las mañanas en la editorial y por las tardes en la tienda, que todo se me hace mucho más largo y anodino, que acabo volviendo en el tren con ganas de una buena conversación que me salve el día pero con fuerzas solo para llegar a casa, abrir el libro que he cogido esta mañana del despacho y leer:
El ruido más horrible del mundo es el que produce un sombrero de copa al caerse.
E irme a dormir pensado que qué providencial ha acabado resultando que esta mañana nos hayamos puesto a hacer limpieza en el despacho del jefe editor y que uno de los libros de los que quería deshacerse fueran las Greguerías de Gómez de la Serna. Qué fantástico antídoto este libro contra este día del no saber ver más allá de lo estridente.
Hay los clientes que te tratan bien, los que te instrumentalizan (nena, tráeme esto; nena, tráeme lo otro: estos te hacen, básicamente, hacer tu trabajo. Te puede sentar mejor o peor dependiendo de las ganas que tengas y de su grado de exigencia pero, en el fondo, ni bien ni mal, todo correcto) y los que te tratan mal.
Y luego están los bipolares.
Hoy ha pasado por la tienda una bipolar. Y luego ha llamado por teléfono.
Ha pasado por la tienda y ha montado un diosescristo porque no teníamos LA camisa que le gustaba, que era una camisa absolutamente normal, en LA talla de su marido, que era una talla absolutamente normal. Lo absolutamente normal en rebajas es que las camisas absolutamente normales en las tallas absolutamente normales se agoten a la primera de cambio porque la gente es absolutamente normal dentro de lo especialitos que son todos. ZZZZZZZZZ... Lo especialito de esta señora absolutamente normal era su resorte flojo en el momento de ponerse a poner el grito en el cielo: de repente ella ha entrado en cólera y nos ha gritado que éramos una panda de incompetentes por no tener esa camisa, y que no creía ella que estuviera pidiendo nada del otro mundo. Se ha ido solo cuando, tras haber llamado a la otra tienda, la que hay en el centro comercial, para comprobar que también de allá habían volado aquellas camisas, le hemos prometido que cuando llegara el jefe, le diríamos que llamara al almacén para ver si allí quedaba alguna.
Ha venido el jefe. Ha llamado al almacén. En el almacén tampoco les quedaban. Le hemos llamado, se lo hemos explicado y nos ha contestado que muchas gracias, que le habíamos tratado muy bien y que lo tendría en cuenta en sus próximas expediciones de caza de camisas ordinarias.
Manoli ha colgado el teléfono alucinada. La Patri y yo habíamos estado mirándole desde detrás del mostrador, como miran los mocitos de cuadrilla desde la barrera al torero que se enfrenta por la tarde al toro que ha corneado a cuatro guiris en el encierro de esa mañana. Nos ha mirado y nos ha dicho: ha estado simpatiquísima. Debe de ser bipolar, he dicho yo, o eso, o acaba de pegar un polvo. La Patri se ha reído.
Ha sido una tarde aburridota, de las que solo los bipolares te dejan alguna historia que contar. Es lo fácil, claro: acabar explicando anecdotillas de gente que se sale patéticamente de lo absolutamente normal que decía antes. Estar tan cero inspirada, inspirada cero hasta el punto de ser incapaz de ver lo fascinante de lo habitual.
Me pasa cuando trabajo por las mañanas en la editorial y por las tardes en la tienda, que todo se me hace mucho más largo y anodino, que acabo volviendo en el tren con ganas de una buena conversación que me salve el día pero con fuerzas solo para llegar a casa, abrir el libro que he cogido esta mañana del despacho y leer:
El ruido más horrible del mundo es el que produce un sombrero de copa al caerse.
E irme a dormir pensado que qué providencial ha acabado resultando que esta mañana nos hayamos puesto a hacer limpieza en el despacho del jefe editor y que uno de los libros de los que quería deshacerse fueran las Greguerías de Gómez de la Serna. Qué fantástico antídoto este libro contra este día del no saber ver más allá de lo estridente.
Te rompes la pierna por tres sitios diferentes y descubres, maravillas del cuerpo humano, que tus huesos sueldan que da gusto y que, en unos meses, estás recuperado. No lo sabrías si no te la hubieras roto. Qué guay.
Las historias de superación cuando la superación es la única opción que uno tiene, me tocan las pelotas. Buscar motivos de alegría en la desgracia, sacar conclusiones positivas de todo, me parece un consuelo para tontos.
Si la pierna no hubiera soldado, la vida nos habría enseñado que podemos apañarnos andando solo con la sana. Si no hubiéramos podido volver a andar, la vida nos habría enseñado que podemos apañarnos en silla de ruedas. ¿Qué quieren que les diga? Prefiero vivir imaginándome que podría hacer todo eso: el empirismo está bien cuando uno se propone empirizar, cuando parte de la decisión de uno de ponerse a prueba. Cuando la cosa te cae encima y lo único que te queda es empirizar, ya me dirán dónde está el mérito: ¿en no morirse? Por esta regla de tres, todo el mundo que muere en el intento, que no supera lo de la pierna rota o cualquier otra desgracia, ¿es un vago, un cobarde, un débil, un humano de categoría inferior? Muy darwiniano todo, sí.
Todo el mundo que no se rompe una pierna, ¿es un ignorante de sus posibilidades y menos fuerte que quien sí? Pues igual, pero por lo menos sigue andando derecho.
Que sí, que vale, que hay que reconocerle un cierto mérito a la gente que, por lo que sea, lo ha tenido más difícil de lo normal. Que un comentario de 'qué fuerte eres', puede que anime en primera instancia pero que, cuando te lo han repetido tantas veces, acaba cansando. Yo misma recuerdo que, durante un tiempo, cuando aún me decían cosas como '¿ves? ahora sabes que puedes apañártelas sola', pensaba: 'vale, muy bien, ya lo sé, lección aprendida, vaya cosa, ahora quiero volver a lo de antes'. Y me acababa frustrando aún más.
Todos los veranos, cuando le decía a mi madre que iba justa de pasta porque, durante unos meses, no cobrábamos en el trabajo, ella me decía: 'Puedes volver a vivir a casa cuando quieras, ¿no te tranquiliza eso?' Le acabé respondiendo un día que sí, que me tranquilizaba igual que saber que ella tenía dos riñones y, si llegaba el caso, me podría donar uno. No comparaba el volver a vivir a casa con el que se me atrofiara un riñón y necesitara un transplante, no me entiendan mal, era simplemente que ponía los casos extremos al mismo nivel, y una desgracia -sea no poder mantenerse uno económicamente, sea estar al borde de la diálisis- es una desgracia y punto, por mucho que uno tenga la solución a la vuelta de la esquina.
Ay, no sé, es que he vuelto a empezar el día leyendo el Ara y el mensaje este constante de superación y de querer es poder me toca las pelotas, ya lo he dicho al principio.
Las historias de superación cuando la superación es la única opción que uno tiene, me tocan las pelotas. Buscar motivos de alegría en la desgracia, sacar conclusiones positivas de todo, me parece un consuelo para tontos.
Si la pierna no hubiera soldado, la vida nos habría enseñado que podemos apañarnos andando solo con la sana. Si no hubiéramos podido volver a andar, la vida nos habría enseñado que podemos apañarnos en silla de ruedas. ¿Qué quieren que les diga? Prefiero vivir imaginándome que podría hacer todo eso: el empirismo está bien cuando uno se propone empirizar, cuando parte de la decisión de uno de ponerse a prueba. Cuando la cosa te cae encima y lo único que te queda es empirizar, ya me dirán dónde está el mérito: ¿en no morirse? Por esta regla de tres, todo el mundo que muere en el intento, que no supera lo de la pierna rota o cualquier otra desgracia, ¿es un vago, un cobarde, un débil, un humano de categoría inferior? Muy darwiniano todo, sí.
Todo el mundo que no se rompe una pierna, ¿es un ignorante de sus posibilidades y menos fuerte que quien sí? Pues igual, pero por lo menos sigue andando derecho.
Que sí, que vale, que hay que reconocerle un cierto mérito a la gente que, por lo que sea, lo ha tenido más difícil de lo normal. Que un comentario de 'qué fuerte eres', puede que anime en primera instancia pero que, cuando te lo han repetido tantas veces, acaba cansando. Yo misma recuerdo que, durante un tiempo, cuando aún me decían cosas como '¿ves? ahora sabes que puedes apañártelas sola', pensaba: 'vale, muy bien, ya lo sé, lección aprendida, vaya cosa, ahora quiero volver a lo de antes'. Y me acababa frustrando aún más.
Todos los veranos, cuando le decía a mi madre que iba justa de pasta porque, durante unos meses, no cobrábamos en el trabajo, ella me decía: 'Puedes volver a vivir a casa cuando quieras, ¿no te tranquiliza eso?' Le acabé respondiendo un día que sí, que me tranquilizaba igual que saber que ella tenía dos riñones y, si llegaba el caso, me podría donar uno. No comparaba el volver a vivir a casa con el que se me atrofiara un riñón y necesitara un transplante, no me entiendan mal, era simplemente que ponía los casos extremos al mismo nivel, y una desgracia -sea no poder mantenerse uno económicamente, sea estar al borde de la diálisis- es una desgracia y punto, por mucho que uno tenga la solución a la vuelta de la esquina.
Ay, no sé, es que he vuelto a empezar el día leyendo el Ara y el mensaje este constante de superación y de querer es poder me toca las pelotas, ya lo he dicho al principio.
dijous, 5 de juliol del 2012
Pedrals es la hostia.
Ya está, ya lo he dicho.
Es que van Ester, Miquel y Marc y lo plantan de cabeza de cartel de la Nit Labreu. De cabeza de cartel digo por lo del horario nada más, porque de cabezas andaba lleno ese cartel desde el principio, desde Tomàs Arias, que, rumoreaban después de su lectura, no había tenido su noche más fina. ¿Que no había tenido su noche más fina? Lo que sea, pero subió Burián con la trompeta a marcar el cambio de turno y nos pilló a todos ya dentro: Arias sirvió para calentar, para hacernos fijar la vista en el escenario del que ya no la apartaríamos más que para saludar aquí y allá; caras conocidas y caras por conocer; qué gran punto de encuentro fue ayer el Ateneu.
Luego Sito Subirats. Le he visto tantas veces hacer eso... Ahora viene la jota, y Sito la canta, y yo pienso que, con una cerveza más, le contestaría, pero no es el momento ni el sitio; esto no es la cocina de un bar de la calle Robadors, que esto es el Ateneu, que esto es más que un experimento que está saliendo bien y que mis jotas no pasan de gaseosa desbravada.
Y Burián con la trompeta, otra vez. Y Miquel cantando el siguiente nombre.
Y Núria Miret, dejando un momento el pincel para hacer la Nin un rato. Y Burián. Y Max Besora haciéndonos querer a todos quedarnos en Sant Pancraci mientras erupciona la montaña que es volcán, y ella, la amiga, que es galaxia, es mundo y es todo. Y Burián que es trompeta. E Ignasi Pàmies declamando Dürrenmatt en alemán. Y la Martínez Vernis traduciéndoselo, creciéndose, gesticulando y abriendo mucho los ojos. Y Burián callado (¡qué raro que Burián esté callado y solo sople!) Y Nopca recitando narrativa talentosa por las calles de Lisboa. Y la trompeta otra vez. Y Pedrals.
Qué grande es Pedrals.
Pedrals es la HOSTIA, ya lo he vuelto a decir.
Además de todo esto que acabo de contar, a medio recital, se acabaron las Estrellas en el bar del Ateneu. ¿Les parece esto poca evidencia de que noches como esta tienen que volver a celebrarse y volver a celebrarse y volver a celebrarse hasta que esa santa casa aprenda prever llenazos e incluso se acostumbre a ellos?
Bravo por el catálogo de Labreu: això és patrimoni, hostia!
Y bravo por Dedéu y bravo por la Punsoda. Ya está, ya lo he dicho también. Que les den las llaves del jardín. Que les den potestad para llenar las neveras. Que les den permiso para que todas las noches sean noches Labreu o lo que ellos quieran que sean, claro que sí. Vengan las trompetas al jardín de l'Ateneu.
Ya está, ya lo he dicho.
Es que van Ester, Miquel y Marc y lo plantan de cabeza de cartel de la Nit Labreu. De cabeza de cartel digo por lo del horario nada más, porque de cabezas andaba lleno ese cartel desde el principio, desde Tomàs Arias, que, rumoreaban después de su lectura, no había tenido su noche más fina. ¿Que no había tenido su noche más fina? Lo que sea, pero subió Burián con la trompeta a marcar el cambio de turno y nos pilló a todos ya dentro: Arias sirvió para calentar, para hacernos fijar la vista en el escenario del que ya no la apartaríamos más que para saludar aquí y allá; caras conocidas y caras por conocer; qué gran punto de encuentro fue ayer el Ateneu.
Luego Sito Subirats. Le he visto tantas veces hacer eso... Ahora viene la jota, y Sito la canta, y yo pienso que, con una cerveza más, le contestaría, pero no es el momento ni el sitio; esto no es la cocina de un bar de la calle Robadors, que esto es el Ateneu, que esto es más que un experimento que está saliendo bien y que mis jotas no pasan de gaseosa desbravada.
Y Burián con la trompeta, otra vez. Y Miquel cantando el siguiente nombre.
Y Núria Miret, dejando un momento el pincel para hacer la Nin un rato. Y Burián. Y Max Besora haciéndonos querer a todos quedarnos en Sant Pancraci mientras erupciona la montaña que es volcán, y ella, la amiga, que es galaxia, es mundo y es todo. Y Burián que es trompeta. E Ignasi Pàmies declamando Dürrenmatt en alemán. Y la Martínez Vernis traduciéndoselo, creciéndose, gesticulando y abriendo mucho los ojos. Y Burián callado (¡qué raro que Burián esté callado y solo sople!) Y Nopca recitando narrativa talentosa por las calles de Lisboa. Y la trompeta otra vez. Y Pedrals.
Qué grande es Pedrals.
Pedrals es la HOSTIA, ya lo he vuelto a decir.
Además de todo esto que acabo de contar, a medio recital, se acabaron las Estrellas en el bar del Ateneu. ¿Les parece esto poca evidencia de que noches como esta tienen que volver a celebrarse y volver a celebrarse y volver a celebrarse hasta que esa santa casa aprenda prever llenazos e incluso se acostumbre a ellos?
Bravo por el catálogo de Labreu: això és patrimoni, hostia!
Y bravo por Dedéu y bravo por la Punsoda. Ya está, ya lo he dicho también. Que les den las llaves del jardín. Que les den potestad para llenar las neveras. Que les den permiso para que todas las noches sean noches Labreu o lo que ellos quieran que sean, claro que sí. Vengan las trompetas al jardín de l'Ateneu.
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