Creía que 'restaurante-teatro' significaba que pagabas una cantidad que incluía la cena y luego el teatro, pero no se me había ocurrido que pudiera hacerse simultáneamente. Yo había supuesto que cenaríamos en una sala y que después entraríamos en el teatro, por lo que me sorprendió ver que las mesas estaban dispuestas en la platea. Creía que eso solo ocurría en Las Vegas, donde era correcto comer mientras veías la actuación de tigres y coristas, pero no me imaginaba comiendo con los actores delante. Me parecía de lo más grosero. Por mucho que bajaran la potencia de las luces, seguiría oyéndose el ruido del público masticando.
(...)
La descarriada obra teatral que se representaba era la versión femenina de 'La extraña pareja' interpretada por dos actrices de mediana edad que tuvieron unas carreras respetables en el cine, seguidas por unas carreras menos respetables haciendo de mamás en telecomedias y que luego desaparecieron por una temporada. Me pregunté si aquello no era más que otra etapa en su descenso a la oscuridad o habían ya tocado fondo y su presencia en una producción de 'La extraña pareja' que tenía lugar en un teatro donde el público cenaba era el comienzo de su recuperación. También me pregunté si sería su necesidad de dinero o su deseo de fama lo que les hacía actuar allí.
Algún día este dolor te será útil. Peter Cameron (Libros del Asteroide, 2012).
¿Ven? Si uno lee solo la prensa (esto, por ejemplo), no le sirve más que para saber qué pasa ahora (para saberlo mal, además, seguramente), pero si uno lee también libros y es capaz de deducir algo de ellos, puede ver un poco hacia dónde va a ir el futuro: cómo podría ser la jubilación de Joel Joan y el Lòpes, por ejemplo. O incluso la de esa alternativa a la literatura en la que se acaba de convertir la Ballbè.
dimecres, 13 de juny del 2012
¿Saben que lo de Uganda es una tontería, no? Ahora, de repente, nos hemos vuelto todos el colmo de la diplomacia: ya nadie trabaja como un negro, ya nadie hace un trabajo de chinos, ya nadie contará el chiste de ¡estás gordo! sí, como una tapia, ya nadie se despide a la francesa: oh, sí, todo es muy ofensivo para los negros, los chinos, los gordos, las tapias y las francesas.
A mí me encantan estas filtraciones porque me encanta imaginarme las conversaciones y situaciones que llevan al gran discurso final, al gran fasto en que termina todo: hablará, no hablará, qué dirá... patapum, discurso perfectamente articulado construido a base de llamadas que seguramente iban así:
-Y de esto ¿qué digo?
-Tú, lo que sea, pero con convicción y ponte derecha la corbata.
-Joder, qué coñazo, es que me quedaría en casa, te lo juro.
-Va, que son cinco minutillos y listo- Y ven que te peine las cejas.
Es ese momento Pepe Gotera y Otilio (-Es que me hundo en el sofá. -Ponte unos libros debajo. -¿Cuáles? -Estos mismos, grabamos en cinco, cuatro, tres...), la chapucilla que no se ve, el ajustito para salir del paso y, después, el cuadro perfecto, el que borra la posible cara de disimulo, el gran 'si ellos supieran...'. Es Homer -todos somos Homer- comiéndose un donut en la sala de control de la radioactividad de la central nuclear; es Proust montándole el pollo a la chacha porque el té está frío, ah, el lirismo de la magdalena mojada en la taza seguido de la mala leche por no poder pescar con la cucharilla la miga entera que ha caído dentro; el escribir sin ducharse, con el pijama sudado después de una noche de agosto y levantándose a media frase a por la fregona porque el gato acaba de vomitar en medio del salón; el estar redactando una carta a la madre preciooooosa cuando le acabas de colgar el teléfono al grito de ¡joder, mamá, que estoy trabajando!
De eso es de lo que están hechas las cosas bonitas, los discursos manipuladores de los malvados, la literatura entera.
Ha sido Uganda, porque ese es el mensaje filtrado, podía haber sido cualquier otra cosa.
Díselo tú, Falete, que de esto también sabes un rato:
A mí me encantan estas filtraciones porque me encanta imaginarme las conversaciones y situaciones que llevan al gran discurso final, al gran fasto en que termina todo: hablará, no hablará, qué dirá... patapum, discurso perfectamente articulado construido a base de llamadas que seguramente iban así:
-Y de esto ¿qué digo?
-Tú, lo que sea, pero con convicción y ponte derecha la corbata.
-Joder, qué coñazo, es que me quedaría en casa, te lo juro.
-Va, que son cinco minutillos y listo- Y ven que te peine las cejas.
Es ese momento Pepe Gotera y Otilio (-Es que me hundo en el sofá. -Ponte unos libros debajo. -¿Cuáles? -Estos mismos, grabamos en cinco, cuatro, tres...), la chapucilla que no se ve, el ajustito para salir del paso y, después, el cuadro perfecto, el que borra la posible cara de disimulo, el gran 'si ellos supieran...'. Es Homer -todos somos Homer- comiéndose un donut en la sala de control de la radioactividad de la central nuclear; es Proust montándole el pollo a la chacha porque el té está frío, ah, el lirismo de la magdalena mojada en la taza seguido de la mala leche por no poder pescar con la cucharilla la miga entera que ha caído dentro; el escribir sin ducharse, con el pijama sudado después de una noche de agosto y levantándose a media frase a por la fregona porque el gato acaba de vomitar en medio del salón; el estar redactando una carta a la madre preciooooosa cuando le acabas de colgar el teléfono al grito de ¡joder, mamá, que estoy trabajando!
De eso es de lo que están hechas las cosas bonitas, los discursos manipuladores de los malvados, la literatura entera.
Ha sido Uganda, porque ese es el mensaje filtrado, podía haber sido cualquier otra cosa.
Díselo tú, Falete, que de esto también sabes un rato:
dimarts, 12 de juny del 2012
En un ejercicio de prioridades no apreciado en su magnitud hasta después de acabado, he tomado nota a boli en una hoja de una libreta vieja en la que, hace diez años, mi novio entonces había apuntado a lápiz muy flojito los metros cuadrados y precios de pisos que queríamos visitar para irnos a vivir juntos, todo lo que me ha venido a la cabeza producto de la lectura de 'Gingival', de Francisco Ferrer Lerín.
No se equivoquen, ¿eh? Yo quiero muchísimo a mi exnovio. Pero a apuntar cosas en libretas, es que me pongo y no sé parar.
Un día aprenderé a compaginar las dos cosas. O no.
(Creo que la solución es simplemente utilizar libretas diferentes).
No se equivoquen, ¿eh? Yo quiero muchísimo a mi exnovio. Pero a apuntar cosas en libretas, es que me pongo y no sé parar.
Un día aprenderé a compaginar las dos cosas. O no.
(Creo que la solución es simplemente utilizar libretas diferentes).
Va el redactor de esta noticia de la ACN y, saltándose todas las normas del periodismo en cuanto a lo que redactar una información se refiere -dando su opinión abiertamente, esto es- y probablemente sin saberlo, da en la primera línea la clave de qué está fallando.
Després d'un bon inici de selectivitat amb dos assalts assequibles a Castellà i Català..., dice. (Aquí tienen el artículo entero).
¿Qué pasa? ¿Que un examen de acceso a la universidad es bueno solo si es asequible? ¿No es la selectividad una criba? ¿No es una prueba de selección (selectividad-selección, ¿lo pillan?)?. Pues resulta que no, que por lo visto la Selectividad solo es buena si una de las opciones de la prueba de lengua y literawhatever catalana es la redacción 'Què he fet aquest estiu?', por Bibiana Ballbé; un texto sencillito, fácilmente contextualizable -cinema a la fresca en un parque de Nueva York, explicado por una presentadora de un programa de entretenimiento de la tele-; en cambio, si uno de los problemas del examen de matemáticas es tirando a dificilillo, mal, pobres chicos, que en la tele no hay programas de mates y no hay festivales de logaritmos a la fresca en los parques, ni siquiera en los de Nueva York.
Lo más terrible es el papelón del profesor teniendo que explicar que los ejercicios más difíciles eran para nota pero que aprobar, lo que es aprobar, podía aprobar todo el mundo.
Cuando servidora se enteró de que además de la selectividad, para entrar en la Universidad de Navarra tenía que pasar otras pruebas de acceso, pensó: puto Opus, también son ganas de tocar las pelotas.
Ahora lo entiendo todo. (Bueno, todo, todo tampoco, que estamos hablando del Opus y algo habrá que dejarle a la fe).
Després d'un bon inici de selectivitat amb dos assalts assequibles a Castellà i Català..., dice. (Aquí tienen el artículo entero).
¿Qué pasa? ¿Que un examen de acceso a la universidad es bueno solo si es asequible? ¿No es la selectividad una criba? ¿No es una prueba de selección (selectividad-selección, ¿lo pillan?)?. Pues resulta que no, que por lo visto la Selectividad solo es buena si una de las opciones de la prueba de lengua y literawhatever catalana es la redacción 'Què he fet aquest estiu?', por Bibiana Ballbé; un texto sencillito, fácilmente contextualizable -cinema a la fresca en un parque de Nueva York, explicado por una presentadora de un programa de entretenimiento de la tele-; en cambio, si uno de los problemas del examen de matemáticas es tirando a dificilillo, mal, pobres chicos, que en la tele no hay programas de mates y no hay festivales de logaritmos a la fresca en los parques, ni siquiera en los de Nueva York.
Lo más terrible es el papelón del profesor teniendo que explicar que los ejercicios más difíciles eran para nota pero que aprobar, lo que es aprobar, podía aprobar todo el mundo.
Cuando servidora se enteró de que además de la selectividad, para entrar en la Universidad de Navarra tenía que pasar otras pruebas de acceso, pensó: puto Opus, también son ganas de tocar las pelotas.
Ahora lo entiendo todo. (Bueno, todo, todo tampoco, que estamos hablando del Opus y algo habrá que dejarle a la fe).
Se me escapa el mensaje de los editoriales de Carles Capdevila. No lo entiendo, en serio. ¿Cuál es su objetivo? ¿Que seamos todos muy buenos? ¿Que estemos contentos? ¿Que no nos dejemos llevar por la rabia? ¿Que profusemos una visión buenista de la realidad, rozando el conformismo casi, y practiquemos una crítica sana sanísima dirigida solo a mejorarnos o a dejar ver que sabríamos cómo hacerlo todo mejor, en teoría, pero no vamos a mover un dedo más que para apuntar el camino, diciendo: mirad, el camino es ese, habría que coger el machete para ir abriéndolo y emprender la marcha, pero no lo vamos a hacer, mejor esperamos a que nuestros buenos gobernantes, personas como nosotros, encuentren la manera de ir apartando las hierbecitas de una en una sin tener que amputar ni una sola ramita? ¿Y si no lo hacen? Pues nada, si no lo hacen aquí nos quedamos, hacemos un foc de camp y cantamos cumbayás hasta que nos digan qué hacer.
No lo entiendo.
Todos los días la realidad estalla por algún lado. Vicenç Partal, otro director de otro medio de comunicación, tiene la sana costumbre (costumbre de querer hacer bien su trabajo) de escribir editoriales de urgencia al respecto. Capdevila, no sabes nunca por dónde te va a salir. ¿Que peta Grecia? Vas a Vilaweb a ver qué dice Partal. ¿Que peta Grecia igualmente? Vas al diario Ara a ver con qué te sorprende Capdevila: habrá escrito una estupenda oda a Pep Guardiola o te estará hablando de los encomiables valores de su vecina del quinto. Y a mí ya se me ha pasado el tic de buscar, primero, la relación entre lo que dice con la crisis del momento, y de enfadarme, después, porque soy incapaz de encontrarla.
Hoy, por ejemplo, escribe esto. Y a mí me sienta mal, igual que me sentaba mal de pequeña llegar a casa, contarle a mi madre que tal me había pegado en el cole y que ella me respondiera: pobrecico, ya tiene lo suyo él también, tenéis que ser amigos.
¿Cuál es la misión de un director de un diario? ¿Tranquilizar a la gente? ¿Empeñarse en el keep it cool? ¿Hacernos olvidar la realidad (los hechos) y mantenernos centrados en el, a pesar de todo, vamos a centrarnos en lo buenos que somos todos ante los ojos de Dios?
El reino de un director de un diario es de este mundo; no es un reino de buenas vibes y auras impolutas. No es un peinarse casi como si fuese joven; no es un preocuparse por las cosas como si casi fueran asuntos suyos: las cosas son asuntos suyos a lo bestia, para eso lo han puesto ahí, para pringarse: no para meter los deditos de los pies en el río para después decir: no os metáis que está muy fría, y después: ¿os habéis metido? Ay, ay, mira que os lo advertí...
No sé. Yo, por lo menos, para todo esto último ya tengo a mi mamá. Y me basta y me sobra con ella.
No lo entiendo.
Todos los días la realidad estalla por algún lado. Vicenç Partal, otro director de otro medio de comunicación, tiene la sana costumbre (costumbre de querer hacer bien su trabajo) de escribir editoriales de urgencia al respecto. Capdevila, no sabes nunca por dónde te va a salir. ¿Que peta Grecia? Vas a Vilaweb a ver qué dice Partal. ¿Que peta Grecia igualmente? Vas al diario Ara a ver con qué te sorprende Capdevila: habrá escrito una estupenda oda a Pep Guardiola o te estará hablando de los encomiables valores de su vecina del quinto. Y a mí ya se me ha pasado el tic de buscar, primero, la relación entre lo que dice con la crisis del momento, y de enfadarme, después, porque soy incapaz de encontrarla.
Hoy, por ejemplo, escribe esto. Y a mí me sienta mal, igual que me sentaba mal de pequeña llegar a casa, contarle a mi madre que tal me había pegado en el cole y que ella me respondiera: pobrecico, ya tiene lo suyo él también, tenéis que ser amigos.
¿Cuál es la misión de un director de un diario? ¿Tranquilizar a la gente? ¿Empeñarse en el keep it cool? ¿Hacernos olvidar la realidad (los hechos) y mantenernos centrados en el, a pesar de todo, vamos a centrarnos en lo buenos que somos todos ante los ojos de Dios?
El reino de un director de un diario es de este mundo; no es un reino de buenas vibes y auras impolutas. No es un peinarse casi como si fuese joven; no es un preocuparse por las cosas como si casi fueran asuntos suyos: las cosas son asuntos suyos a lo bestia, para eso lo han puesto ahí, para pringarse: no para meter los deditos de los pies en el río para después decir: no os metáis que está muy fría, y después: ¿os habéis metido? Ay, ay, mira que os lo advertí...
No sé. Yo, por lo menos, para todo esto último ya tengo a mi mamá. Y me basta y me sobra con ella.
dilluns, 11 de juny del 2012
Esperando a hincarle el diente a 'Gingival', el nuevo librito de textos de Paco Ferrer Lerín, repaso 'Familias como la mía' y encuentro, en la parte de 'Nora Peb', en el cuarto capítulo del relato 'La Bête du Gévaudan', esta magistral escena:
No tardaron en bajar: cuatro buites negros, luego un cuervo, después tres alimoches, y cuando ya todos estaban comiendo, cayó del cielo una lluvia de aves, de plumas, de rugidos y los dos curas desnudos, blancos, regordetes, desaparecieron de la faz de la tierra, desgarrados, devorados por una turba de buitres leonados -noventa, cien quizá- que sólo dejaron unos huesos dislocados, esparcidos, que acabaron rodando hasta el fondo del barranco, perdidos entre juncos y pequeños tamarices. Tal como vinieron, se fueron. Dos buitres negros -lentos, ceremoniosos, más grandes pero más prudentes que los buitres leonados- regresaron al cabo de una media hora. Con cuatro alimoches y tres cuervos repasaron los restos. Hasta que un zorro merodeador, que ya había levantado a los buitres leonados -eso sí, ya hartos y sin nada más apetecible que comer-, irrumpió en escena, persiguió, sin demasiado entusiasmo, a cada una de las aves -que aquerenciadas volvían enseguida a posarse-, y comenzó a comerse los cartílagos, todos los que le habían dejado, fueran estos hialinos, elásticos o fibrosos; un especialista sin duda. Al final, separó un húmero de la escápula y con él en la boca se fue trotando barranco arriba.
No tardaron en bajar: cuatro buites negros, luego un cuervo, después tres alimoches, y cuando ya todos estaban comiendo, cayó del cielo una lluvia de aves, de plumas, de rugidos y los dos curas desnudos, blancos, regordetes, desaparecieron de la faz de la tierra, desgarrados, devorados por una turba de buitres leonados -noventa, cien quizá- que sólo dejaron unos huesos dislocados, esparcidos, que acabaron rodando hasta el fondo del barranco, perdidos entre juncos y pequeños tamarices. Tal como vinieron, se fueron. Dos buitres negros -lentos, ceremoniosos, más grandes pero más prudentes que los buitres leonados- regresaron al cabo de una media hora. Con cuatro alimoches y tres cuervos repasaron los restos. Hasta que un zorro merodeador, que ya había levantado a los buitres leonados -eso sí, ya hartos y sin nada más apetecible que comer-, irrumpió en escena, persiguió, sin demasiado entusiasmo, a cada una de las aves -que aquerenciadas volvían enseguida a posarse-, y comenzó a comerse los cartílagos, todos los que le habían dejado, fueran estos hialinos, elásticos o fibrosos; un especialista sin duda. Al final, separó un húmero de la escápula y con él en la boca se fue trotando barranco arriba.
Rajoy, después de levantar la copa del rescate, del préstamo, y saludar a la afición, coge los bártulos y se va a Polonia a ver a la Roja, que le dicen. Y canta los goles, las faltas y los fueradejuegos, como si nada, como si eso fuera todo.
Pues claro: Es de primero del cursillo de protocolo del gobernante: transmitir serenidad. ¿Que juega la selección el mismo día de la supercrisis? De puta madre: corbata roja y a Polonia; tomarse en zapatillas con total tranquilidad el cafelito de las cinco en el salón de La Moncloa no tendría ni la mitad de efecto sedante para con las masas.
Pero, un momento... ¿Qué hace entonces la gente llevándose las manos a la cabeza porque Rajoy ha ido al partido con el rescate, el préstamo, de cuerpo aún presente? ¿Por qué no reconocen a Rajoy en el palco como a un Fraga en calzones emergiendo de las aguas de Palomares versión 2.0?
¿A ver si vamos a tener a la masa tan enfurecida que ya no basta con darles la piruleta para que se les pase el berrinche? ¿A ver si vamos a tener que rehacer todo el temario del cursillo de protocolo para la clase gobernante? Mal asunto para el gabinete de imagen de un gobierno cuando la pelota no está en la imagen sino en los ojos que la miran. ¿Cómo se controla ahora esto? Respuesta: No intentándolo controlar, dejando simplemente que pasen unos días.
Que hablen con sus colegas de la Casa Real, por ejemplo, que tienen el asunto fresco, reciente y ya solucionado. ¿Que no? Ayer la Leti y el príncipe también se bañaron en Palomares y ya casi nadie los vio.
Pues claro: Es de primero del cursillo de protocolo del gobernante: transmitir serenidad. ¿Que juega la selección el mismo día de la supercrisis? De puta madre: corbata roja y a Polonia; tomarse en zapatillas con total tranquilidad el cafelito de las cinco en el salón de La Moncloa no tendría ni la mitad de efecto sedante para con las masas.
Pero, un momento... ¿Qué hace entonces la gente llevándose las manos a la cabeza porque Rajoy ha ido al partido con el rescate, el préstamo, de cuerpo aún presente? ¿Por qué no reconocen a Rajoy en el palco como a un Fraga en calzones emergiendo de las aguas de Palomares versión 2.0?
¿A ver si vamos a tener a la masa tan enfurecida que ya no basta con darles la piruleta para que se les pase el berrinche? ¿A ver si vamos a tener que rehacer todo el temario del cursillo de protocolo para la clase gobernante? Mal asunto para el gabinete de imagen de un gobierno cuando la pelota no está en la imagen sino en los ojos que la miran. ¿Cómo se controla ahora esto? Respuesta: No intentándolo controlar, dejando simplemente que pasen unos días.
Que hablen con sus colegas de la Casa Real, por ejemplo, que tienen el asunto fresco, reciente y ya solucionado. ¿Que no? Ayer la Leti y el príncipe también se bañaron en Palomares y ya casi nadie los vio.
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