dimarts, 12 de juny del 2012

En un ejercicio de prioridades no apreciado en su magnitud hasta después de acabado, he tomado nota a boli en una hoja de una libreta vieja en la que, hace diez años, mi novio entonces había apuntado a lápiz muy flojito los metros cuadrados y precios de pisos que queríamos visitar para irnos a vivir juntos, todo lo que me ha venido a la cabeza producto de la lectura de 'Gingival', de Francisco Ferrer Lerín.

No se equivoquen, ¿eh? Yo quiero muchísimo a mi exnovio. Pero a apuntar cosas en libretas, es que me pongo y no sé parar.

Un día aprenderé a compaginar las dos cosas. O no.
(Creo que la solución es simplemente utilizar libretas diferentes).
Va el redactor de esta noticia de la ACN y, saltándose todas las normas del periodismo en cuanto a lo que redactar una información se refiere -dando su opinión abiertamente, esto es- y probablemente sin saberlo, da en la primera línea la clave de qué está fallando.

Després d'un bon inici de selectivitat amb dos assalts assequibles a Castellà i Català..., dice. (Aquí tienen el artículo entero).

¿Qué pasa? ¿Que un examen de acceso a la universidad es bueno solo si es asequible? ¿No es la selectividad una criba? ¿No es una prueba de selección (selectividad-selección, ¿lo pillan?)?. Pues resulta que no, que por lo visto la Selectividad solo es buena si una de las opciones de la prueba de lengua y literawhatever catalana es la redacción 'Què he fet aquest estiu?', por Bibiana Ballbé; un texto sencillito, fácilmente contextualizable -cinema a la fresca en un parque de Nueva York, explicado por una presentadora de un programa de entretenimiento de la tele-; en cambio, si uno de los problemas del examen de matemáticas es tirando a dificilillo, mal, pobres chicos, que en la tele no hay programas de mates y no hay festivales de logaritmos a la fresca en los parques, ni siquiera en los de Nueva York.

Lo más terrible es el papelón del profesor teniendo que explicar que los ejercicios más difíciles eran para nota pero que aprobar, lo que es aprobar, podía aprobar todo el mundo.

Cuando servidora se enteró de que además de la selectividad, para entrar en la Universidad de Navarra tenía que pasar otras pruebas de acceso, pensó: puto Opus, también son ganas de tocar las pelotas.

Ahora lo entiendo todo. (Bueno, todo, todo tampoco, que estamos hablando del Opus y algo habrá que dejarle a la fe).
Se me escapa el mensaje de los editoriales de Carles Capdevila. No lo entiendo, en serio. ¿Cuál es su objetivo? ¿Que seamos todos muy buenos? ¿Que estemos contentos? ¿Que no nos dejemos llevar por la rabia? ¿Que profusemos una visión buenista de la realidad, rozando el conformismo casi, y practiquemos una crítica sana sanísima dirigida solo a mejorarnos o a dejar ver que sabríamos cómo hacerlo todo mejor, en teoría, pero no vamos a mover un dedo más que para apuntar el camino, diciendo: mirad, el camino es ese, habría que coger el machete para ir abriéndolo y emprender la marcha, pero no lo vamos a hacer, mejor esperamos a que nuestros buenos gobernantes, personas como nosotros, encuentren la manera de ir apartando las hierbecitas de una en una sin tener que amputar ni una sola ramita? ¿Y si no lo hacen? Pues nada, si no lo hacen aquí nos quedamos, hacemos un foc de camp y cantamos cumbayás hasta que nos digan qué hacer.

No lo entiendo.

Todos los días la realidad estalla por algún lado. Vicenç Partal, otro director de otro medio de comunicación, tiene la sana costumbre (costumbre de querer hacer bien su trabajo) de escribir editoriales de urgencia al respecto. Capdevila, no sabes nunca por dónde te va a salir. ¿Que peta Grecia? Vas a Vilaweb a ver qué dice Partal. ¿Que peta Grecia igualmente? Vas al diario Ara a ver con qué te sorprende Capdevila: habrá escrito una estupenda oda a Pep Guardiola o te estará hablando de los encomiables valores de su vecina del quinto. Y a mí ya se me ha pasado el tic de buscar, primero, la relación entre lo que dice con la crisis del momento, y de enfadarme, después, porque soy incapaz de encontrarla.

Hoy, por ejemplo, escribe esto. Y a mí me sienta mal, igual que me sentaba mal de pequeña llegar a casa, contarle a mi madre que tal me había pegado en el cole y que ella me respondiera: pobrecico, ya tiene lo suyo él también, tenéis que ser amigos.

¿Cuál es la misión de un director de un diario? ¿Tranquilizar a la gente? ¿Empeñarse en el keep it cool? ¿Hacernos olvidar la realidad (los hechos) y mantenernos centrados en el, a pesar de todo, vamos a centrarnos en lo buenos que somos todos ante los ojos de Dios?

El reino de un director de un diario es de este mundo; no es un reino de buenas vibes y auras impolutas. No es un peinarse casi como si fuese joven; no es un preocuparse por las cosas como si casi fueran asuntos suyos: las cosas son asuntos suyos a lo bestia, para eso lo han puesto ahí, para pringarse: no para meter los deditos de los pies en el río para después decir: no os metáis que está muy fría, y después: ¿os habéis metido? Ay, ay, mira que os lo advertí...

No sé. Yo, por lo menos, para todo esto último ya tengo a mi mamá. Y me basta y me sobra con ella.

dilluns, 11 de juny del 2012

Esperando a hincarle el diente a 'Gingival', el nuevo librito de textos de Paco Ferrer Lerín, repaso 'Familias como la mía' y encuentro, en la parte de 'Nora Peb', en el cuarto capítulo del relato 'La Bête du Gévaudan', esta magistral escena:

No tardaron en bajar: cuatro buites negros, luego un cuervo, después tres alimoches, y cuando ya todos estaban comiendo, cayó del cielo una lluvia de aves, de plumas, de rugidos y los dos curas desnudos, blancos, regordetes, desaparecieron de la faz de la tierra, desgarrados, devorados por una turba de buitres leonados -noventa, cien quizá- que sólo dejaron unos huesos dislocados, esparcidos, que acabaron rodando hasta el fondo del barranco, perdidos entre juncos y pequeños tamarices. Tal como vinieron, se fueron. Dos buitres negros -lentos, ceremoniosos, más grandes pero más prudentes que los buitres leonados- regresaron al cabo de una media hora. Con cuatro alimoches y tres cuervos repasaron los restos. Hasta que un zorro merodeador, que ya había levantado a los buitres leonados -eso sí, ya hartos y sin nada más apetecible que comer-, irrumpió en escena, persiguió, sin demasiado entusiasmo, a cada una de las aves -que aquerenciadas volvían enseguida a posarse-, y comenzó a comerse los cartílagos, todos los que le habían dejado, fueran estos hialinos, elásticos o fibrosos; un especialista sin duda. Al final, separó un húmero de la escápula y con él en la boca se fue trotando barranco arriba.


Rajoy, después de levantar la copa del rescate, del préstamo, y saludar a la afición, coge los bártulos y se va a Polonia a ver a la Roja, que le dicen. Y canta los goles, las faltas y los fueradejuegos, como si nada, como si eso fuera todo.

Pues claro: Es de primero del cursillo de protocolo del gobernante: transmitir serenidad. ¿Que juega la selección el mismo día de la supercrisis? De puta madre: corbata roja y a Polonia; tomarse en zapatillas con total tranquilidad el cafelito de las cinco en el salón de La Moncloa no tendría ni la mitad de efecto sedante para con las masas.

Pero, un momento... ¿Qué hace entonces la gente llevándose las manos a la cabeza porque Rajoy ha ido al partido con el rescate, el préstamo, de cuerpo aún presente? ¿Por qué no reconocen a Rajoy en el palco como a un Fraga en calzones emergiendo de las aguas de Palomares versión 2.0?

¿A ver si vamos a tener a la masa tan enfurecida que ya no basta con darles la piruleta para que se les pase el berrinche? ¿A ver si vamos a tener que rehacer todo el temario del cursillo de protocolo para la clase gobernante? Mal asunto para el gabinete de imagen de un gobierno cuando la pelota no está en la imagen sino en los ojos que la miran. ¿Cómo se controla ahora esto? Respuesta: No intentándolo controlar, dejando simplemente que pasen unos días.

Que hablen con sus colegas de la Casa Real, por ejemplo, que tienen el asunto fresco, reciente y ya solucionado. ¿Que no? Ayer la Leti y el príncipe también se bañaron en Palomares y ya casi nadie los vio.

dissabte, 9 de juny del 2012

Todos en pie: habla la Sargento (&co.) de La Patrulla de Salvación en el post del 7 de junio:

-¿... por qué nos repiten machaconamente desde EL PAÍS que en El Huffington Post se defienden valores progresistas? Te lo pregunto porque esta señora, Arianna Huffington, se hizo famosa en EEUU, durante los años 90’s, por sus artículos y comentarios ultra conservadores. Apoyó a algunos de los candidatos políticos más derechistas como  Newt  Gingrich y su “Revolución Republicana” y  Bob Dole cuando fue candidato a la presidencia de los USA. Y antes de fundar la web que la ha hecho famosa, tenía otras dos  páginas, ariannaonline.com y  resignation.com. En esta última hacía campaña para que Bill Clinton presentara la dimisión cuando el “İmpeachment” de 1998 (aquí).

[Advertencia: No intenten entrar en las viejas páginas de doña Arianna Huffington porque ya no hay nada, están borradas.]

-Pero luego cambió de ideas, Margaret. Hay que saber que The Huffington Post se lanza en 2005, en pleno mandato de George W. Bush y con las ideas neo conservadoras en todo su apogeo. Dar caña al gobierno trae siempre más lectores. Además, Bush hijo daba mucho juego como “punching ball”. Ahora, desde su web, continúan criticando duramente al partido republicano y al “Tea party”, pero no es como antes.

-Ahora entiendo por qué esta señora ha hecho tan buenas migas con Juan Luis Cebrian. Porque Cebrían fue franquista, lo sabías ¿no? Todo el mundo tiene derecho a cambiar de ideas políticas, es verdad. Pero es curioso observar cómo algunos conservadores han sabido empaquetar y vender su producto. Es algo digno de estudio.



... y servidora, que desde hace años no sabía -como no sabe James Sveck, el prota de 'Algún día este dolor te será útil', la fantástica novelita de Peter Cameron que acaba de publicar Libros del Asteroide- porqué me sentía tan cercado, irritado y amenazado por cosas que no me gustan, de repente hace oh wait! y ata cabos con una conversación, un monólogo más bien, que hace unos días me soltaba un amigo, que venía a decir: no lo entiendes: se están posicionando, luego, ya se verá.

Yo, mientras él hablaba, pensaba en estos, en estos y en -aunque ya se le haya pasado un poco el arroz- este. Yo luego he añadido, en un extremo mucho más de fireta, a este, que da mucha más risa, que es más como un cachorrillo jugando con un ovillo mucho más grande que él, pero que también, déjalo correr. Y Valero Sanmartí me apunta a este otro que tal...

Pero bueno, estos dos últimos no cercan ni irritan ni amenazan tanto: una se los mira un poco con la seguridad de que la cosa, su cosa, está ahí a un pelo de expotarles en los morros, es el puntito este de kamikaze que tiene la política, de autoinmolación por el partido, de chupo del bote hasta que me queme, que me quemaré pero que me quiten lo bailao.

Son los otros, los del parapeto académico, los de la trinchera, quienes se están haciendo el nombre (y luego, ya se verá). Qué mamonacos, van forts, saben cosas: tienen claro el objetivo y lo defienden desde un extremo para que luego, aunque la apariencia diga que se han pasado de largo, que la meta se les ha quedado corta, ellos brinden con cava desde su Olimpo particular porque lo importante es que ahí está la meta conseguida, la que ellos reclamaban desde sus valores solidísimos, valores solidísimos que el mundo nunca comprenderá porque el mundo es especialista en quedarse a medias tintas, pero la media tinta sale de un color intenso, el que ellos defienden, más el blanco o gris en el que lo acabe diluyendo la masa.

Ellos están dictando el color intenso. Y lo saben. Y esa es la manera. La izquierda, mientras, acampa y tira piedras. ¿Ven la diferencia entre la intel(l)igen(ts)ia y la barbaridad?

En realidad, no puedo más que admirarlos y temerlos.

divendres, 8 de juny del 2012

Una vez, en una fiesta de piso, un compañero de la universidad se encerró en una habitación y nos costó Dios, ayuda y santa paciencia conseguir que abriera la puerta. Estaba atrincherado y, muerto de miedo, nos gritaba desde dentro que no abriría, que no era tonto, que sabía que nos lo íbamos a comer porque era una pera.

Nosotros nos lo íbamos a comer a él y él se había comido un tripi.

Nos partíamos de la risa al principio. Luego nos empezamos a cansar. Luego empatizamos y nos sentimos fatal pensando en lo fatal que lo debía de estar pasando también él. Luego le juramos que no teníamos hambre. Hasta que no nos gustaban las peras le juramos después de intentar convencerle sin éxito que era imposible que fuera una porque no estábamos aún en temporada. No sé cómo acabó la cosa porque me fui antes de que saliera, pero dos días después se le había pasado la paranoia y estaba en clase tan normal.

Este que acabo de contar me parece un pedo mucho más simpático y bobalicón que estos que dicen que están pasando por ahí también producidos por no sé qué tipo de droga que hace que a la gente le dé por comerse al vecino en vez de por pensar que el vecino se los va a comer a ellos. Aunque también es verdad que estos que dicen que están pasando por ahí producidos por no sé qué tipo de droga tienen un algo de historia flipante organizada por algún villano malo malísimo empeñado en que la humanidad se autodestruya, devorándonos unos a otros, con gran sanguinidad y dolor, en medio de grandes bacanales a mesa puesta, estilo self service, de casquería humana.

Tienen un no sé qué que, a priori, también fascina un poco; que parece también que suena como a fin lógico de una era; que hace pensar si no nos habrán ocultado durante todo este tiempo que los dinosaurios se extinguieron en realidad porque se volvieron locos y empezaron a comerse entre ellos; que hace pensar si en realidad la destrucción no será siempre auto y que no hace falta buscarle causas externas, químicas, producto de mentes villanas; si no será culpa, la destrucción, nada más que del villanito hambriento que todos llevamos dentro.

Pero no: ya le están echando la culpa al tripi y ahora dirán también que la culpa es del cine y de los videojuegos, y esto se arreglará, como siempre, con unas cuantas prohibiciones. Y todos volveremos a ser 'normales' y nadie se comerá a nadie más que en un sentido figurado. Y así no va a haber manera, oigan, de pasar a la próxima era geológica. Y nos vamos a quedar, como siempre, atascados en esta geoilogididad tan extraña y figurativa que nos hemos inventado y que hace aguas, demostrado está, por todos lados.

(Ahora es cuando vienen y me cierran el blog por hacer apología del canibalismo. O, más tontorrón aún, de los tripis).