diumenge, 3 de juny del 2012

La vecina de al lado en el tren lleva un tochazo de unas setecientas páginas que se titula "Palmeras en la nieve". Lo que ella no sabe es que en el que llevo yo, que no llega a las doscientas, hay un parrafito en el que Fernando Poblet ya dice todo lo que, sobre la nieve, le hace falta a cualquiera leer en la vida.

Es este:

... me quedé medio ensimismado contemplando cómo se pasa la vida, como se viene la nieve tan callando. No me entró frío en el alma porque la mía es de quita y pon, y en aquel momento la tenía, junto a la pluma y la agenda, encima de la mesita. Me invadió una extraordinaria pereza y como una solterona de provincias, estuve entre visillos con la cabeza en otro sitio, recordando. Las nevadas, es sabido, son muy dadas a los gerundios.

El libro se llama Diabluras.

divendres, 1 de juny del 2012

Catalunya is sooooo needy.

Por experiencia: cuando uno anda pidiendo, la última respuesta, la del demandado, suele ser el desprecio. Esto no denota tanto la insensibilidad o la chulería del otro, del que te llama aldeano (que también) como la baja autoestima del demandante.

Se ve claro en las relaciones de pareja: uno (el needy) empieza pidiendo cariño, montando pollos porque no recibe tanto como el que cree que necesita. El otro, crecido por el poder que se le ha otorgado, acaba apartando al needy de un manotazo al comentario de déjame en paz, pesado.

Resultado: El needy se patetiza, el demandado se dictatorializa. Estas cosas siempre funcionan por contraste: el demandado aislado del needy, puede que sea un tipo ecuánime, con sus debilidades y necesidades. En cambio, cuando tiene al lado al needy reclamando lo irreclamable -porque el cariño se da o se recibe, punto, si uno tiene que reclamarlo, mejor que apague y se vaya por donde ha venido, con el corazón un poco roto pero con la cabeza aún alta- lo único que le queda es a) ceder al chantaje emocional o b) cerrar puertas y mantener posiciones.

La cosa es que la Catalunya needy le ha reclamado a un festival que la mire. Y el festival se ha puesto chulito.

La misión de un festival de música internacional no es hacer publicidad de la ciudad, del país, en el que se celebra. La misión de un festival de música internacional es ofrecer música internacional. Y para ver este tipo de música es para lo que la gente se gasta un tercio -tirando muy por lo bajo- de la mesada. La misión de un festival de música internacional es también generar pasta -por eso se subvenciona: por la tajada puntual; que a ver si nos enteramos de una vez también de que las subvenciones no son ni limosnas ni aguinaldos-, no generar nuevos consumidores de música catalana.

El Primavera Sound genera pasta de manera puntual, la suficiente como para poder ponerse chulito y apartar a Bianciotto de un manotazo cuando le pide, le suplica, que genere nuevos consumidores de música catalana.

Bianciotto ha patetizado un poco a la música catalana al reclamar una especie de cuota de paridad o al menos de figuración, igual que se patetiza la Generalitat cuando se baja los pantalones ante Madrid para conseguir pactos y limosnitas varias con la excusa de que esa bajada de pantalones es necesaria para seguir avanzando en el camino que sea que tenga la Generalitat. El Primavera Sound se ha definido ante Bianciotto, ante la música catalana, como el matón de la puerta que decide quién entra y quién no.

Nadie se ha enterado por eso de que el Primavera Sound se celebra en un país que también tiene su producción musical. Unos pocos se han enterado, eso sí, de que entre los directores del festival había un gorila con de todo menos sentido de la comunicación.

Ahí quedará la cosa.

dijous, 31 de maig del 2012

Pasa esto:

El periodista Jordi Bianciotto (por favor, ignoren su foto -un rodolí!-) escribe este artículo que es una especie de pataleta así muy de catalanito emprenyat, porque, a ver, todo el mundo sabe que que un festival se celebre en un sitio o en otro, lo mismo da, que da lo mismo; que el fin de semana pasado el Rock in RIO era en LISBOA y bien que podías pasarte el fin de semana allá encerrado sin poner un pie en la ciudad (¿Lisboa o Río? Qué más da). Pero bueno, el caso es que Bianciotto tiene derecho a decir lo que le parezca y esto que ha dicho no es ninguna mentira.

Y el caso es también que desde el departamento de prensa del festival primero le insultan y después le retiran la acreditación. Y después hacen como que se la van a devolver a cambio de que no publique nada de esto que ha pasado. Y después se la vuelven a retirar. (actualización a las 22.20: ahora se la han vuelto a devolver). Y esto tampoco es ninguna mentira.

Lo que venía a decir ayer Bianciotto es que el PS, por ir de cosmopolita, olvida lo local. El PS, pasándose por el forro a Dalí, por ejemplo, le responde que es un aldeano. Y yo, leyendo todo esto, me pongo a pensar en todo el mundo que conozco que estaría muy de acuerdo con Bianciotto y lo estaría defendiendo a muerte en redes sociales varias si no estuvieran ahora mismo, en el Forum, cerveza en mano, pulsera en muñeca, pateando la distancia entre uno y otro escenario, quejándose un poquito de la organización, como todos los años, pero también, como todos los años, sin perder esa sonrisa bobalicona que produce ver a unos The Cure cincuentones a doscientos metros de los escupitajos que puedan escapársele a Robert Smith.

Gente que se deja las cuerdas vocales pidiendo la independencia a gritos en una manifestación que en realidad era solo para pedir el Estatut, igual que se las deja también a gritos en un festival que ni siquiera quiere oír de Catalunya y que, si lo hace, te retira la acreditación.

Es el opio. Funciona en cualquier ambiente. Anula cualquier intención.

Deberíamos boicotear el festival.
Eso sí que sería un campanazo.
Eso sí que no pasará.

dimecres, 30 de maig del 2012

El Primavera Sound está desde hace tiempo un poco maldito. Miren: un novio mío, hace años, encontró una manera de entrar en un sorteo de cinco invitaciones: una para él y cuatro más. Se las envió a cuatro amigos. Cuando me enteré, le pregunté: ¿no me la has enviado a mí? Solo eran para cinco, me respondió. No es que mi novio no quisiera ir de fiesta conmigo, es que no quería ir conmigo a ningún sitio. Ni quedarse en casa conmigo quería. El problema era yo. El problema era él conmigo.

La cosa acabó aquel verano, y ya va a hacer seis. Yo, que había ido siempre al Primavera Sound, solo he vuelto a ir dos veces, solo un día por vez, y nunca con él, por supuesto. Hace unos días le preguntaba a alguien por qué la gente hace estas cosas, estos primaverasounds tan evidentes que dejan tan claro lo que quieren decir sin tener que llegar a decirlo; como si, en el momento de salir por la puerta con la pulserita enganchada en la muñeca, ese adiós, ese vaivén de la mano significara, más que un me voy de festival, un tútevasdemivida cobarde, cobarde porque no llega a decirse. Me respondió que a veces pasa que uno tiene que romper con todo y que a lo otro, a lo de tener huevos para decirlo o no, ya me había respondido yo con la pregunta.

Bien, eso pasó y esa es la relación de ideas: el Primavera Sound desde hace unos años está maldito y yo lo cuento aquí.

Es que hoy me han dicho 'ahora, cuando pienso en ti, pienso que tú eres tú y la que ha escrito todo eso' y no me he atrevido a preguntar dónde está la diferencia porque a mí no me parece que la haya. Es que hoy he leído esta entrevista que le hacen a Nubla en Vice y, cuando dice esto 'esas cosas de las que escribo pasan siempre. Lo único que necesito es tiempo para poderlas escribir', le he entendido muy bien.

dijous, 24 de maig del 2012

Hemos pasado, volviendo a casa, por fuera de un restaurante en el que había una fiesta privada en la que la gente se paseaba por toda la sala con su plato en la mano. La comida estaba en una mesa pegada al ventanal. La gente iba, cogía un plato limpio de la pila que también había en la mesa, se servía de las bandejas llenas de comida, se daba media vuelta y se ponía a hablar con otra gente, que también tenía platos llenos de comida en una mano y que circulaba por la sala.

Hay cosas que se ve que ya comenzaron con una idea de bombero. Una idea del tipo: seremos doscientos, no cabemos... Pues fuera mesas y sillas. Y cubiertos. Y ¿cómo comemos? De pie, cosas pequeñitas, que no manchen demasiado y que puedan comerse con las manos.

Una mierda de idea. Cutre.

Trasládenlo a otras ideas. Verán que más que ideas son apaños. Y cuelan. Han colado.

dimecres, 23 de maig del 2012

Mírenme!

No puedo parar de leer esta lista de nombres mientras escucho de fondo esto:



Y es porque Diana, el sábado, me dijo que sí, que las citas en el libro que saldrá en septiembre, puede que, seguramente, se queden en catalán. Y es porque Guillem, cuando me encargó el texto para el número del décimo aniversario de Paper de Vidre, me dijo que estaba bien que yo lo hicera en castellano.

Y es porque todo esto, que parece tan contradictorio, para mí tiene mucho sentido; es por un afán de autodefinición que va más allá de los elementos que a todo el mundo le sirven para autodefinirse.

Y es porque de repente parece que funciona una cosa que yo intuía que tenía que ser pero que dudaba mucho que pudiera ser. Una cosa que no sabría explicar sino siéndola.

(Lo de ponerme de fondo a Roger Mas es porque aún entiendo tan poco todo esto que no me queda otra que acompañarlo con mucha épica).

dimarts, 22 de maig del 2012

Hola.
Que venía yo a hablarles de lo de Catalunya sola siendo más pequeña y más pobre:
(nótese que digo simbiosis y digo hype también. Es que por ahí andan llamándome optimista).

Catalunya ya tiene entidad sin España. España, sin Catalunya, no.

España, sin las colonias, tenía entidad, por ejemplo. En 1898 era España como una novia abandonada, pero abandonada con su dibujo peninsular aún intacto: esa peninsulita sin perfil (que el perfil era portugués) bien definida. Con su territorio más pobre, sin el oro de Cajamarca, sin virreinatos del horror que casi que le empezaban a hacer lastre en lo que a cuestiones humanitarias -que hasta entonces ni se habían cuestionado ni, lo que vendría a ser lo mismo, se habían humanizado- se refería.

De hecho, a tal punto y desde el punto de vista humanitario, más que una novia abandonada, era España una madrastra secuestradora de criaturas a quien estas, por fin, le enviaban a la mierda de una vez. Eran las colonias una cabeza que, por fin, se sacudía los piojos, siendo los piojos unos cuantos países de la vieja Europa.

Ahora puede que sea Catalunya quien se esté comprando el filvit champú porque no puede más del picor. Y España, el piojo más gordo que las pasaría un poco putas sin la cabecita catalana. O no, porque también hay una cosa de simbiosis entre Catalunya y España. Así que a lo mejor sí, la entidad de Catalunya depende un poco de estar o no en España, pero la de España también depende de que Catalunya esté o no con ella. Y depende más la de España que la de Catalunya.

No sé: ando desde ayer buscando imágenes para explicarme todo esto que Pere Navarro ha dicho. Porque tiene trampa. Esto que ha dicho Navarro tiene un poco de sembrar confusión justo en el momento antes de la ruptura. Pero de sembrar confusión de una manera muy idiota: es como el novio que ve que la novia se le va e intenta evitar lo que parece inevitable diciéndole si me dejas, tú también te quedas sola; y la novia, que no le ha dejado antes precisamente por miedete a quedarse sola, duda por un momento (el mundo es grande y no lleva manual de instrucciones) hasta que ve que el callejón no es tan sin salida, que la salida, la respuesta a esto que ha dicho Pere Navarro, té un nom i el sap tothom, el último empujón, la última réplica correcta: mejor solo -y pobre y pequeño- que mal acompañado.

Y esto lo sabe Pere Navarro perfectamente.

Pere Navarro solo está haciendo el bully, solo está intentando minar psicológicamente, a la desesperada. Y eso solo quiere decir que Pere Navarro sabe que Catalunya se va. De momento, al menos en esta fase de independentismo hype en la que estamos, luego ya veremos lo que pasa.

Esta cancioncita va muy bien para cuando te dejan, Pere Navarro: es así como la última pataleta de dignidad:

embora e feche a porta