dilluns, 13 de febrer del 2012

No paramos de decir que España nos margina (a los catalanes, digo) pero luego somos tan burros que si el presidente del Consejo General del Poder Judicial compara el catalán con el mandinga, esa torpísima comparación -que este tío ni sabía qué estaba diciendo- se acaba interpretando como una falta de respeto en vez de interpretarse como una prueba de que llevamos razón y que tenemos motivos para plantar cara, y corremos a decirle que lo retire y que pida disculpas en vez de tomárnoslo como lo que es: una muestra del desconocimiento profundo de la realidad del uso e importancia de los idiomas del Estado (y del mandinga, claro).

... Y él cita a Espriu. Y aquí paz y después gloria.

Y así, señores, a base de 'uyloquehadichos!!!'es como se está jugando en las altas esferas políticas este eterno y absurdo jueguecito por la independencia.

dissabte, 11 de febrer del 2012

Ayer fuimos muy fans de estos durante media horita, ahí, mirándolos dos metros por encima de nosotros, con la cabeza así, echada para atrás, y gritando ¡¡¡JAUMEEEEEE!!! y ¡¡¡MALLORCAAAAA!!!

divendres, 10 de febrer del 2012

Estoy convencida de que, en el caso de haber leído esto:

... m'entretinc garlant amb els indígenes, que són  greus, reposats, austers, silenciosos i hospitalaris. El seu parlar és empedrat de mots catalans o d'arrel catalana: usen el verb caler i l'exclamació rai tan sovint com nosaltres; siuen esparvero, ólipa, cado (cau), ludria, alberge (albercoc), presco (prèssec), impelto, royo (roig), cinglo, cardelina (cardenera), loguero (lloguer), albergenia, letonero (lledoner).

(Signat a Calanda (Teruel), el dilluns 21 de juny de 1937. Joan Sales, 'Cartes a Màrius Torres')

En caso de haberlo leído, decía, el periodistilla de triste recuerdo al que unos cuantos de nosotros conocimos ayer por esto, para lo que le conviene (o sea, para demostrar, por ejemplo, que Aragón nunca, jamás, ha tenido nada que ver con Catalunya), defendería a capa y a espada que todas estos términos son español de pura cepa, que los habitantes de Calanda hablan un castellano purísimo y que sus madres, nunca, nunca, tendrían que pasar por el trance de derramar lágrimas de sangre pensando que alguna política lingüística despiadada ha hecho de sus niños unos zotes redomados.

Lo dije entonces y lo digo ahora: señora, si su hijo es tonto, es tonto en catalán, en castellano y en mandarín.
(De la tasa turística y las recetas a un euro)

dimarts, 7 de febrer del 2012

Hoy he pasado cuatro veces por delante de la Fundació Tàpies. Cada vez había una o dos cámaras de televisión y dos o tres fotógrafos de diferentes medios. La última vez, había dos unidades móviles de televisión aparcadas delante. ¿Ustedes saben lo que cuesta en euros sacar una unidad móvil del garaje de la tele? Ni se molesten en hacer el cálculo que aún les daría más rabia cuando lean ahora que las cuatro veces que he pasado por al lado de los periodistas, que, alcachofa en mano, hacían la crónica delante de cada cámara, he oído cuatro veces la palabra 'universal', tres la palabra 'contemporáneo', seis o siete la pabra 'arte' y una 'desde su adolescencia'.

No he escuchado el guioncito entero de ninguno de estos periodistas pero me juego lo que quieran a que la escueta nota que hay colgada en la puerta de cristal de la fundación da mil veces más información que cualquiera de estos. He hecho el camino desde el trabajo hasta la Casa del Libro (pasando por delante de la Tàpies) pensando si no sería mucho más informativo y, desde luego, más barato, hacer leer dicha nota de la puerta a los presentadores de los telediarios de cualquiera o todas las cadenas que han decidido enviar a alguien con su alcachofa a la puerta de can Tàpies.

Llego a la Casa del Libro y veo en el escaparate un anuncio de una marca de e-readers. Dice: "Compre y lea de inmediato". Vaya novedad. Superado el ataque de reír por no llorar inicial, he pensado que un libro electrónico vale cien euros, que la gente lo va a comprar y lo va a llenar de mierda que ni siquiera va a leer porque, para empezar, ya no se ha leído los posibles libros buenos que tienen en casa (todo el mundo tiene o ha tenido un padre lector o un hermano lector o un tío lector o la biblioteca del abuelo), y que en el hipotético caso de que metan en el cacharro un buen libro o dos, nunca, nunca, llegarán a amortizarlo antes de que el cacharro muera de viejo o se les caiga a un charco (¿un par de años?). Hagan las cuentas si no: el Pickwick de Dickens en edición de bolsillo tiene casi mil páginas y no cuesta ni diez euros. ¿Comprarse un e-lector (fíjense que se llama elector cuando en realidad el ejercicio de elección empieza a ser el que hacen  quienes optan por el libro-no-electrónico...) para no acabarse nunca un libro de diez euros? Pues eso.

¿Jugamos fuerte? Pues juguemos fuerte: nota de prensa de quien sabe para todos, e-readers protegidos con solo las grandes obras de la literatura dentro para todos. Estoy muy en plan café solo del bueno para todos, pueden llamarme totalitaria si quieren pero no me lo tengan en cuenta: últimamente esta tontería se me pasa cuando leo la carta que Màrius Torres envió a su familia desde el sanatorio, el 31 de mayo de 1941, cuyo final traduzco aquí chapuceramente:

Numerosos o escasos, los que tienen sed de libertad y los que solo necesitan de panem et circenses coexisten en todas las naciones. Hic incipit tragoedia. La unión de estas dos variedades humanas es lo que hace que sea tan complicada la invención de un sistema político perfecto. La democracia y el liberalismo tal como se entendía en el siglo XIX ignoraban la masa acéfala y querían gobernar a los pueblos como si solo estuvieran hechos de seres excepcionales. Los regímenes modernos, al contrario, no tienen para nada en cuenta a las excepciones. Parecen olvidar que el pensamiento humano es lo más precioso que hay en el mundo, y que no puede ser más que la obra de inteligencias superiores y libres.

Una política perfecta miraría de conciliar las dos necesidades y de asegurar los dos bienestares. ¿Será eso posible algún día?

Les coses tal com són. Màrius Torres. Editorial Acontravent, 2011

dilluns, 6 de febrer del 2012

Cuando una es curiosa y goza o padece de una cierta tendencia a la fascinación, una de las reacciones ante el inmenso campo que se abre ante sus ojos al visitar por primera vez una exposición de Tàpies, por ejemplo, por meter algo de triste actualidad aquí, es la de llevarse las manos a la cabeza pensando: joder, la vida es corta; no me da tiempo a asimilar todo esto. Cuando pasa eso, una se va a casa entre alucinada y feliz y con mucha prisa. En un primer momento de ímpetu, euforia e inconsciencia de la propia humanidad, se pondrá a enredar en todos los libros que tenga a mano, buscando información, referencias, datos. La información, las refererencias y los datos la llevarán a más información, más referencias y más datos que le abrirán más campos inmensos por aquí y por allá, tantos que a la felicidad, a la alucinación y a la prisa, les seguirá inevitablemente un momento de rendición ante el descubrimiento del verdadero significado de aquello que ya había pensado en un principio pero que, por puro autoengaño, había creído circunstancia feliz: 'la vida es corta, corre a los libros' se transforma en 'la vida es corta, te vas a morir antes de saber nada'.

Por suerte, una crece y va acumulando momentos en los que ha descubierto que sí, se va a morir y no le va a dar tiempo a nada, pero en los que también ha descubierto la existencia de todos esos campos inacabables. Y la certeza de que existen todos esos campos inacabables a los que una solo ha llegado a asomar la nariz, sumada a la convicción de que nunca es tarde para entrar -no da tiempo a más- en ellos, es lo que conforma el colchón sobre el que sabe que podrá dejarse caer cuando crea haber llegado a un callejón sin salida.

Antoni Tàpies, gracias por el campo abierto.
Entre Lectores: ¿Alguna sugerencia de alguna obra de Dickens para el taller de lectura para personas mayores jubiladas?
Yo: Claro: 'Viaje en autobús', de Josep Pla.