Primero levantarse pronto y ahora no hacer puente o, si lo haces, ser consciente de la perturbación que puede causar toda una semana de fiesta, o dos o tres días al principio o al final, en un país con la economía ya perturbada, justo unos días antes de Navidad. Y ser consciente también de la incoherencia que supone hacer vacaciones cuando tanta gente no tiene trabajo. La fiesta de la demagogia. Demagogia, sí.
Ayer hablaba precisamente de esto con un colaborador de este diario. Yo explicaba qué no me gustaba y él estaba de acuerdo conmigo cuando le respondía que no me mola nada este tono aleccionador, este tenemos que ser así y asá para triunfar como país. Pues aquí está de nuevo de buena mañana el tonete seamos ciudadanos concienciados que ayer hacía que se me calentara la Moritz en las manos a base de dar explicaciones, a base de torcer el morro, a base de decir ya, ya, cuando el otro concluía: bueno, a mí me pagan cada mes y eso es lo que me importa.
A mí me pagan cada mes y eso es lo que me importa, me comentaba después en el fumadero un editor de una editorial pequeña que le respondía una editora de una editorial grande, cuando le reclamaba responsabilidades y le pedía cuentas por haber publicado a este o a este otro. Caca escrita, más que literaria, que es lo con lo que se consiguen grandes ventas en librerías, editada por alguien que sabe perfectamente distinguir entre la una y la otra y que sabe perfectamente también que por la otra, por la literaria de verdad, no le pagarían lo que le pagan ni estaría trabajando en una editorial grande y no en una gran editorial. Te juro que cada vez entiendo más a Vallcorba, que está más Acantilado que nunca, me decía el pequeñoeditor: en Catalunya no se puede competir editando calidad porque si editas calidad no llegas ni a pagar el alquiler de una habitación en un piso compartido, me decía no con estas palabras el pequeñoeditor de la bilis desatada, al que de nada le sirve que la gran editorial piense en sus autores -para robárselos a golpe de talón y después exprimirlos hasta que les salga un best seller-, mientras pone a su plantilla a grabar el lipdub de Navidad.
Las luces de Navidad las enciendo mientras pienso en la gente que lo pasará mal estas fiestas porque no tienen dinero, dicen que dijo Trias ayer apretando el interruptor de la monstruosa iluminación que acompañará a las noches de este mes en Barcelona, empezando por la primera: por la shopping night, venga a coloringos en la shopping night todos pensando en quien no tiene con qué comprar.
Venga a cogerse puente todos pensando en quien no tiene trabajo, venga a cantar todos por el pasillo de los dos pisos de la editorial pensando en los pobrecicos editores que publican buena literatura, venga a pasearse todos visa en mano por paseo de Gràcia pensando en quien también paseará, pero por el Dia, cupones de descuento en ristre.
¿Han entendido ya la lección? ¿Son ya ciudadanos concienciados? Muy bien: ahora que ya se nos han visto los valoes, todos a hacer país.
dijous, 1 de desembre del 2011
dimecres, 30 de novembre del 2011
Hay un hagstag que rula desde ayer (toma statement): #abansdesermare. Es divertido cuando las cosas que se dicen son cosas formuladas como negación: "no tenia la banyera plena de cotxets i juguines", por ejemplo, porque todo el mundo sabe que es divertidísimo correr el riesgo de desnucarse por haber pisado un coche al entrar en la bañera. En cambio, hay algunas afirmativas, que ponen los pelos de punta: "el món acabava al meu malic".
No es la primera vez que oigo a alguien que acaba de ser madre decir que no tenía ni idea de qué era amar antes de serlo. Recuerdo una vez que una compañera de trabajo acabada de parir vino a la oficina y soltó algo así como "es que es muy fuerte, es que de repente dejas de pensar en ti y te preocupas por otro", frase que más que dejarme a mí pensando "oh, esta tía ahora es una persona mejor", me dejó pensando "joder, qué chunga es esta tía y que poco le preocupa ir diciéndolo por ahí en voz alta".
Que hay gente incapaz de querer desinteresadamente, incapaz de experimentar un mínimo nivel de empatía, ya lo sabemos. Lo grave es que esta gente, por lo general, como bien lo dejan claro en el mismo momento en el que tienen un crío, identifica el amor con no enfadarse porque alguien que tiene hambre le despierte a las tres de la madrugada. Y les alucina ser capaces de hacer algo así: levantarse a calentar el biberón aunque les joda todas las noches y aún así ir soltando mientras lo hacen palabras cariñosas, "ya está, ya está, mi amor, ya vengo", y les hace sentirse buenas personas el tener bajo su responsabilidad un ser cuya vida depende de ellos y que pasen los meses y que ese ser siga vivo. Joder, ¿que no ven que eso no es amor sino responsabilidad? ¿No ven que eso es haber estado haciendo las cosas muy mal hasta ahora y empezar ahora a hacerlas bien porque no tienen otro remedio? ¿No ven que querer a los hijos es algo que no se puede escatimar si uno no quiere meterse en un buen lío?
Yo considero que tiene bastante más de mérito olvidarse de uno por preocuparse por otro cuya vida no depende de ti, pero que sí que tú puedes hacer un poquito mejor. Creo que el 'heroísmo' del amor, si lo hubiere, no se construye a base de heroicidades de madre: creo que tiene más de desinteresado y de ser mejor persona el amar al vecino, al suegro o a la amiga que llama porque está mal cuando tú estás peor todavía.
Yo, esto de dejar de mirarse al ombligo solo cuando una es madre, lo veo más como un defecto, como una deficiencia de la vida sin descendencia que como un logro de la vida con. Ahora eres persona pero hasta ahora no lo has sido. Qué mal lo estabas haciendo, tía, qué mal.
No es la primera vez que oigo a alguien que acaba de ser madre decir que no tenía ni idea de qué era amar antes de serlo. Recuerdo una vez que una compañera de trabajo acabada de parir vino a la oficina y soltó algo así como "es que es muy fuerte, es que de repente dejas de pensar en ti y te preocupas por otro", frase que más que dejarme a mí pensando "oh, esta tía ahora es una persona mejor", me dejó pensando "joder, qué chunga es esta tía y que poco le preocupa ir diciéndolo por ahí en voz alta".
Que hay gente incapaz de querer desinteresadamente, incapaz de experimentar un mínimo nivel de empatía, ya lo sabemos. Lo grave es que esta gente, por lo general, como bien lo dejan claro en el mismo momento en el que tienen un crío, identifica el amor con no enfadarse porque alguien que tiene hambre le despierte a las tres de la madrugada. Y les alucina ser capaces de hacer algo así: levantarse a calentar el biberón aunque les joda todas las noches y aún así ir soltando mientras lo hacen palabras cariñosas, "ya está, ya está, mi amor, ya vengo", y les hace sentirse buenas personas el tener bajo su responsabilidad un ser cuya vida depende de ellos y que pasen los meses y que ese ser siga vivo. Joder, ¿que no ven que eso no es amor sino responsabilidad? ¿No ven que eso es haber estado haciendo las cosas muy mal hasta ahora y empezar ahora a hacerlas bien porque no tienen otro remedio? ¿No ven que querer a los hijos es algo que no se puede escatimar si uno no quiere meterse en un buen lío?
Yo considero que tiene bastante más de mérito olvidarse de uno por preocuparse por otro cuya vida no depende de ti, pero que sí que tú puedes hacer un poquito mejor. Creo que el 'heroísmo' del amor, si lo hubiere, no se construye a base de heroicidades de madre: creo que tiene más de desinteresado y de ser mejor persona el amar al vecino, al suegro o a la amiga que llama porque está mal cuando tú estás peor todavía.
Yo, esto de dejar de mirarse al ombligo solo cuando una es madre, lo veo más como un defecto, como una deficiencia de la vida sin descendencia que como un logro de la vida con. Ahora eres persona pero hasta ahora no lo has sido. Qué mal lo estabas haciendo, tía, qué mal.
dimarts, 29 de novembre del 2011
Pero mira cómo beben los peces en el río: échales anzuelos de colores a ver si pican.
Yo votaría tanto por un gasto cero esta Navidad, a ver si nos vamos todos a la mierda de una vez...
Yo votaría tanto por un gasto cero esta Navidad, a ver si nos vamos todos a la mierda de una vez...
dilluns, 28 de novembre del 2011
Mi hermana es endocrino, especializada en gigantismo. Bien, no es gigantismo el nombre técnico de la cosa, es yo qué sé qué de hormonas con nombre de letras y números y otros términos acabados en isis y en ismo y en ón, pero vaya, como gigantismo, ¿no?, le dije yo cuando me lo contó; sí, más o menos, dijo ella, pero no solo de gigantes entendido como ser más alto de lo normal, sino también de tamaño de distintas partes del cuerpo, de ciertos órganos, por ejemplo. O sea, mi hermana estudia por qué pasa y cómo evitar que ciertas partes del cuerpo crezcan más de lo normal: cómo evitar que alguien tenga un corazón demasiado grande como para que pueda latir con normalidad dentro del pecho, que si no puede hacerlo es muerte asegurada. Así de importante es la especialidad de mi hermana.
Lo que no sé es cómo se determina eso del gigantismo exactamente. Seguro que hay unos indicadores de las hormonas del crecimiento que hacen saltar todas las alarmas y hacen que mi hermana coja una jeringa y salte sobre ti para poner freno a tal amenaza de desbordamiento antes de que sea demasiado tarde, ella tiene sus máquinas y puede ordenar sus analíticas y esperar a que le lleguen unos informes llenos de numeritos y de topes por arriba y por abajo que no deben sobrepasarse bajo ningún concepto. Lo que está claro es que, para la mayoría de los casos, más no es mejor, y unos pulmones que te sirven para ganar seis tours seguidos, puede que te acaben llevando también a pincharte hormonas semana sí, semana no para evitar que sigan creciendo, una vez que más empieza a convertirse en demasiado y, así, ya ven qué ocurre cuando algo bueno se convierte en buenísimo y acaba siendo antinatural: el desastre.
Todo esto viene a cuento de los comentarios de la entrada anterior. Quien comenta era un amigo que tenía la manía de diagnosticarme exceso de bondad. Yo tenía la manía de decirle que eso no existía, que demasiado bueno no podía ser, pero hace un rato, me ha vuelto a hacer pensar en ello y por primera vez he pensado que sí que puede ser: que demasiado bueno sería la anormalidad que haría saltar a mi hermana a ponerse los guantes de látex hipoalergénicos y a buscar la inyección de hormonas, el desfibrilador y todo lo que hiciera falta para eliminar, frenar o reducir tal monstruosidad.
Un día este amigo me dijo que era feliz. Yo le dije (y no lo dije porque sí o por hacerme la dramática: lo dije porque empezaba a conocerlo bien): por eso no podemos ser novios, no podrías soportar tanta felicidad. Sí, me dijo. Yo lo entendí todo en ese momento -no hacían falta motivos ulteriores, aunque también me los dio- y me retiré. No podía quedarme. Ni él me me habría permitido hacerle esa putada ni yo quería hacérsela a él.
Lo que todavía no he aclarado, porque aquí sí que no hay indicadores objetivos sino que todo es relativo, es si yo soy el pulmón hiperdesarrollado o si él es la caja torácica atrofiada, pero en el fondo no importa: no encajamos y ya está. Empeñarse sería un suicidio como una catedral.
(Miento en esto último: sí que tengo claro quién es qué: yo no soy tan buena como para no caber y aquellos motivos ulteriores dijeron bastante la última palabra al respecto).
(Por cierto, no tengo ni idea de si quien gana seis tours acaba inyectándose nada, ¿eh?).
Lo que no sé es cómo se determina eso del gigantismo exactamente. Seguro que hay unos indicadores de las hormonas del crecimiento que hacen saltar todas las alarmas y hacen que mi hermana coja una jeringa y salte sobre ti para poner freno a tal amenaza de desbordamiento antes de que sea demasiado tarde, ella tiene sus máquinas y puede ordenar sus analíticas y esperar a que le lleguen unos informes llenos de numeritos y de topes por arriba y por abajo que no deben sobrepasarse bajo ningún concepto. Lo que está claro es que, para la mayoría de los casos, más no es mejor, y unos pulmones que te sirven para ganar seis tours seguidos, puede que te acaben llevando también a pincharte hormonas semana sí, semana no para evitar que sigan creciendo, una vez que más empieza a convertirse en demasiado y, así, ya ven qué ocurre cuando algo bueno se convierte en buenísimo y acaba siendo antinatural: el desastre.
Todo esto viene a cuento de los comentarios de la entrada anterior. Quien comenta era un amigo que tenía la manía de diagnosticarme exceso de bondad. Yo tenía la manía de decirle que eso no existía, que demasiado bueno no podía ser, pero hace un rato, me ha vuelto a hacer pensar en ello y por primera vez he pensado que sí que puede ser: que demasiado bueno sería la anormalidad que haría saltar a mi hermana a ponerse los guantes de látex hipoalergénicos y a buscar la inyección de hormonas, el desfibrilador y todo lo que hiciera falta para eliminar, frenar o reducir tal monstruosidad.
Un día este amigo me dijo que era feliz. Yo le dije (y no lo dije porque sí o por hacerme la dramática: lo dije porque empezaba a conocerlo bien): por eso no podemos ser novios, no podrías soportar tanta felicidad. Sí, me dijo. Yo lo entendí todo en ese momento -no hacían falta motivos ulteriores, aunque también me los dio- y me retiré. No podía quedarme. Ni él me me habría permitido hacerle esa putada ni yo quería hacérsela a él.
Lo que todavía no he aclarado, porque aquí sí que no hay indicadores objetivos sino que todo es relativo, es si yo soy el pulmón hiperdesarrollado o si él es la caja torácica atrofiada, pero en el fondo no importa: no encajamos y ya está. Empeñarse sería un suicidio como una catedral.
(Miento en esto último: sí que tengo claro quién es qué: yo no soy tan buena como para no caber y aquellos motivos ulteriores dijeron bastante la última palabra al respecto).
(Por cierto, no tengo ni idea de si quien gana seis tours acaba inyectándose nada, ¿eh?).
Pasa que cuando rajas del pueblo te daría en la boca con la primera cosa que tuviera a mano. Cuando dices no sé qué de haber podido huír de allí, de haber sido tan valiente de haberte venido a vivir a la ciudad, de haber salido de allá y de haberte montado la vida tan bien montada que llevas en aquí, te daría, te daría hasta que callaras, hasta que quisieras volverte allá para quedarte y no volver.
Y te daría bien fuerte porque yo a veces también estoy a punto de hacerlo, esto de rajar del pueblo, pero sé callarme a tiempo porque si vinimos aquí, tanto tú como yo, fue porque sabíamos que aquí era más fácil todo para gente como nosotros, que allí sí que tendríamos que haber empezado por ser otros, por ser más íntegros, por no andar mareando la perdiz, que es lo que nos va a nosotros. Ahora esto, ahora esto otro: allí eso no sirve, allí lo que es es y lo que no no vale, y nosotros no valemos allá.
Es que te daría pero a base de bien.
Ser nosotros habiéndonos quedado allá: eso habría sido lo valiente.
Y te daría bien fuerte porque yo a veces también estoy a punto de hacerlo, esto de rajar del pueblo, pero sé callarme a tiempo porque si vinimos aquí, tanto tú como yo, fue porque sabíamos que aquí era más fácil todo para gente como nosotros, que allí sí que tendríamos que haber empezado por ser otros, por ser más íntegros, por no andar mareando la perdiz, que es lo que nos va a nosotros. Ahora esto, ahora esto otro: allí eso no sirve, allí lo que es es y lo que no no vale, y nosotros no valemos allá.
Es que te daría pero a base de bien.
Ser nosotros habiéndonos quedado allá: eso habría sido lo valiente.
En realidad, los tiempos de infelicidad, aunque tienen mucho de lección contra el orgullo -una ve que siguen pasando las cosas que tienen que pasar: elecciones generales, nuevos miembros en la familia, los cumpleaños que tocan, el frío que llega, las lluvias que pasan-, liberan bastante de esta creencia absurda de que la alegría de los demás es en parte responsabilidad propia.
Sí, tienen algo de descanso, los tiempos de infelicidad: son la única manera de ver que efectivamente la nave va.
Sí, tienen algo de descanso, los tiempos de infelicidad: son la única manera de ver que efectivamente la nave va.
diumenge, 27 de novembre del 2011
La cosa no va bien si yo quedo con mi hermana, a quien no veo desde hace meses, y en vez de hablar de su embarazo, de mis sobrinas, de mi madre, de los amigos y de todo y nada, nos pasamos un par de horas hablando de su sueldo, de quirófanos cerrados, de recortes en hospitales y de gente de mala leche.
No. No va bien.
Me contaba que desde siempre, a ella le suben todos los días a la consulta guantes de látex hipoalergénicos, que ella está harta de decirles que no tiene alergia a nada, que le traigan de los normales, que cuestan diez veces menos, y que le responden que los normales se han acabado. Y me explicaba que la Pajín se ha pegado los últimos años aprobando medicamentos de a más de 600 euros que ella tiene prohibido recetar, por la crisis, que receta los más baratos porque luego le hacen revisiones para ver qué ha recetado y qué no, pero que la gente busca en internet y habla con los vecinos y luego le vienen reclamando, que a ver por qué no les receta lo mejor y que a su vecino sí que le han recetado esto y esto otro.
Que lo primero que han hecho ha sido cerrar quirófanos, que a su suegro, que es cirujano en Sant Pau, en Barcelona, por ejemplo, le han dicho que este puente de la Constitución tiene que ir a trabajar pero que los quirófanos van a estar cerrados. Entonces entra en la conversación mi cuñado, que también es médico, para decir: cerrar quirófanos y recortar sueldos. Por lo visto, explica, en el periódico ha salido que un médico cobra 3.000 euros. Está que trina. Dice que su sueldo base es de 1.200 y que luego tiene los complementos, que se consiguen a base de recibir pacientes fuera del horario establecido por contrato, que son los que le ayudan a redondear el sueldo y que son lo que ahora les están recortando, como a su padre cuando no le dejan operar durante un puente, pero que la gente se queda con lo de los 3.000 euros y que les parece lógico que les recorten, claro.
No es normal que nos pasemos dos horas hablando de eso y que luego se despierte mi sobrina, que lleva todo el rato dormida en la silleta, y se enfade conmigo, que hace meses que no la he visto, porque medio dormida, me ha tendido los brazos para que la cogiera pensando que yo era mi hermana, yo la he cogido, ella se ha dado cuenta de que no era su mami, y me ha dicho ¡fea! ¡fea! ¡fea! y se ha ido con mi hermana, que en ese momento concluía que han recortado por donde les ha parecido que más repercusión iba a tener la cosa, para que la gente viera que están haciendo algo, cuando lo que tenían que haber hecho era preguntarles a ellos desde el principio por dónde tenían que recortar para que la cosa, de verdad, supusiera un ahorro para el gasto público. Porque ella no es alérgica a nada y lleva años gastando diez veces más de lo que hacía falta gastar en guantes en contra de su voluntad.
Ahora, además, hablan de quitar en los vuelos el descuento de residentes en Mallorca, así que vete a saber cada cuánto voy a tener la oportunidad de que mi hermana me explique en vivo si sigue no siendo alérgica a nada y de ver cómo mi sobrina se retracta de haberme llamado fea tres veces cuando por fin se da cuenta de que las dos llevamos coletas con las que hacernos cosquillas la una a la otra en estas caras, la mía ya no tan fea y la suya llena de chocolate del helado que me acaba de robar.
La cosa no va nada bien.
No. No va bien.
Me contaba que desde siempre, a ella le suben todos los días a la consulta guantes de látex hipoalergénicos, que ella está harta de decirles que no tiene alergia a nada, que le traigan de los normales, que cuestan diez veces menos, y que le responden que los normales se han acabado. Y me explicaba que la Pajín se ha pegado los últimos años aprobando medicamentos de a más de 600 euros que ella tiene prohibido recetar, por la crisis, que receta los más baratos porque luego le hacen revisiones para ver qué ha recetado y qué no, pero que la gente busca en internet y habla con los vecinos y luego le vienen reclamando, que a ver por qué no les receta lo mejor y que a su vecino sí que le han recetado esto y esto otro.
Que lo primero que han hecho ha sido cerrar quirófanos, que a su suegro, que es cirujano en Sant Pau, en Barcelona, por ejemplo, le han dicho que este puente de la Constitución tiene que ir a trabajar pero que los quirófanos van a estar cerrados. Entonces entra en la conversación mi cuñado, que también es médico, para decir: cerrar quirófanos y recortar sueldos. Por lo visto, explica, en el periódico ha salido que un médico cobra 3.000 euros. Está que trina. Dice que su sueldo base es de 1.200 y que luego tiene los complementos, que se consiguen a base de recibir pacientes fuera del horario establecido por contrato, que son los que le ayudan a redondear el sueldo y que son lo que ahora les están recortando, como a su padre cuando no le dejan operar durante un puente, pero que la gente se queda con lo de los 3.000 euros y que les parece lógico que les recorten, claro.
No es normal que nos pasemos dos horas hablando de eso y que luego se despierte mi sobrina, que lleva todo el rato dormida en la silleta, y se enfade conmigo, que hace meses que no la he visto, porque medio dormida, me ha tendido los brazos para que la cogiera pensando que yo era mi hermana, yo la he cogido, ella se ha dado cuenta de que no era su mami, y me ha dicho ¡fea! ¡fea! ¡fea! y se ha ido con mi hermana, que en ese momento concluía que han recortado por donde les ha parecido que más repercusión iba a tener la cosa, para que la gente viera que están haciendo algo, cuando lo que tenían que haber hecho era preguntarles a ellos desde el principio por dónde tenían que recortar para que la cosa, de verdad, supusiera un ahorro para el gasto público. Porque ella no es alérgica a nada y lleva años gastando diez veces más de lo que hacía falta gastar en guantes en contra de su voluntad.
Ahora, además, hablan de quitar en los vuelos el descuento de residentes en Mallorca, así que vete a saber cada cuánto voy a tener la oportunidad de que mi hermana me explique en vivo si sigue no siendo alérgica a nada y de ver cómo mi sobrina se retracta de haberme llamado fea tres veces cuando por fin se da cuenta de que las dos llevamos coletas con las que hacernos cosquillas la una a la otra en estas caras, la mía ya no tan fea y la suya llena de chocolate del helado que me acaba de robar.
La cosa no va nada bien.
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