divendres, 16 de setembre del 2011

Esto no es una crítica a un libro

Empecé a leer "Jo confeso", de Jaume Cabré, hace cuatro días. Al segundo, en la página 200, se me caía de las manos.

200 páginas en dos días; no es que yo lea rápido, es que "Jo confesso" se lee rápido. Miren, una editorial hoy día no puede estar tan convencida de que un tocho de 1.000 páginas va a llegar al gran público si ese tocho no es de los que se leen rápido. La cosa es así. No tenemos paciencia ni tiempo, de hecho, conocedor seguramente de esta falta de paciencia, Cabré ha hecho un libro lleno de zappings -no olviden que es experto en el tema tele- y, precisamente por la falta de tiempo, yo lo he abandonado al segundo día. Si lo hubiera cogido otra semana, aún, pero es que esta no podía permitírmelo: ya se me habían ido dos horas al garete con la peli de Almodóvar.

"Jo confesso" enchancha rápido: empieza con un niño traumatizado por su padre y con un seminarista enamorado de una moza.

"Jo confesso" toca temas que resuenan a actualidad polemiquilla. Sentencias del tipo "Els homes no habiten un país, habiten una llengua" (p. 30) o "ja no ens creiem els que diuen que salvaran el país" (p.125) o una primera aparición en escena del Barça (p.113) aseguran la empatia del lector con uno u otro personaje. Perfecto.

"Jo confesso" es un libro para pasar un buen rato, sí, pero ¿elevarlo a la categoría de buena literatura? A mí se me cayeron un poco los cojones al suelo (oops) cuando oí aquello de Cabré para Nobel. ¿De qué estamos hablando aquí? ¿De literatura o de fer país? Si hablamos de literatura, permítanme decirles que en la academia sueca se van a pegar una hartada de reírse si un día de estos se les pasa por la cabeza tener a Cabré en consideración para el premio. Si la cuestión es que en la academia sueca, aunque sea por la risa que da, suene un par de veces por los pasillos la palabra Catalunya, muy bien hecho, tú, endavant les atxes, ya lo dicen que, bien o mal, lo importante es que hablen de uno. No sé, igual les funciona: un amigo tiene la teoría de que Woody Allen siempre ha sido tan malo como con "Vicky, Cristina, Barcelona"; la prueba es que nadie lo tragaba en Nueva York cuando hacía pelis en Manhattan igual que nadie lo tragó en Barcelona cuando hizo la peli en el Parc Güell, pero en el primer caso todo el mundo hablaba de Manhattan y en el segundo todo el mundo hablaba de Barcelona. ¿Se trata de eso lo de Cabré Nobel? Porque de literatura no se trata, ya se lo digo.

Creo que en Catalunya, en cuanto a ser o no una nación, hemos llegado a un punto en el que nos creemos que lo tenemos tan cerca que cualquier cosa nos bastaria. Y no. A mí no me da la gana de conformarme con un loquesea heredero de todos los vicios y mamoneos políticos, económicos y culturales (y está habiendo mucho mamoneo cultural con Cabré) de los vecinos. Para eso, me quedo como estoy. Yo soy nouvinguda y no tengo interiorizado el sentimiento del expolio que parece que guía a muchos, así que no me basta con la forma ni con el nombre. Si Catalunya acaba siendo un país, a mí me gustaría que fuera un país que mejorara lo presente.

Mi amigo, ya se lo he contado otras veces, me llama ilusa, sí.

dimarts, 13 de setembre del 2011

dilluns, 12 de setembre del 2011

Esta tarde me ha dado así como un arranque y he pensado: voy ahora mismo a comprarme el libro del Cabré. Entonces me ha llegado por mail este link publicitario del Lidl (estoy apuntada a la newsletter del Lidl porque es el único sitio, que yo sepa, en Barcelona en el que venden buttermilk, que es un ingrediente fundamental para el frosting de las cupcakes. -¿Qué? ¿Cómo se han quedado?-).

Recibir ese mail en ese momento ha sido como si me soltaran un gran 'que no, tonta, ¿qué te vas a ir a comprar el libro del Cabré? Haz mejor cualquier otra cosa que implique la utilización de una herramienta de aire comprimido y el resultado, pase lo que pase, será o más práctico -si la cosa va bien- o más espectacular -si la cosa acaba en urgencias'.

Así que, de momento, no me he comprado el libro del Cabré.

Pero yo noto que tengo que hacerlo, comprármelo y leérmelo, porque, como le he dicho a Abel luego tomando una cerveza: me estoy cargando de tantos prejuicios que, conociéndome como me conzoco, si no me lo compro y lo leo, voy a acabar soltando aquí una rajada sin ton ni son sobre lo que me parece, y solo me parece, que es el asunto. Y no es plan, oye, que a lo mejor estoy equivocada y resulta que lo que soy es una sospechosa (agente, no paciente), y me estoy dejando llevar por la conspiranoia así sin más.

Me he puesto muy nerviosa, tengo esa tendencia, ya ven, así que cuando he llegado a casa, me he tenido que poner el último episodio de la primera temporada de Torchwood, que se titula El fin del mundo, en el que se abre una superbrecha en el tiempo en la zona de Cardiff (UK). Y es que, quieran que no, una brecha que se abre en el tiempo y amenaza con acabar con the world as we know it, es de ese tipo de cosas que ayudan bastante a relativizar a Cabré, a las herramientas de aire comprimido, a las cupcakes y a lo que sea.

He dormido como una bendita.

diumenge, 11 de setembre del 2011

Miren:

1978

-Desmontando el país:



-Desmontando la ciudad:



-Bailando en el pueblo:



Que Francia nos ha llevado ventaja siempre se ve hasta en los hits de la radiofórmula. (Gracias, Francisquito).
Bon cop de falç, etcètera.

dissabte, 10 de setembre del 2011

Jo, pel meu compte, només voldria mossegar-li la boca, la llengua, una part així. Ara..., ¿com hi arribaré? Em cansaré molt abans. De moment, no tinc cap estratègia a punt. Confio, sí, en certs principis, repasso certes modalitats prestigioses, m'enganyo com un diplomàtic qualsevol. I això que encara no ha esclatat la guerra. Copso, però, moviments de tropes, telefonades seques. Anit vaig decidir de declarar-m'hi inapte. No seria una peça valuosa dins un combat significatiu. Sé que la sang no em circula amb la fluïdesa necessària i un bon combatent ha de saber aguantar les explosions de prop i caminar per la neu. Qualsevol lluitaria millor que jo, llançaria amb més eficàcia les granades,manipularia els morters amb més esment. Sento que aquestes reflexions no em són fàcils d'acceptar, però són molts ja els anys de meditació i malenconia. Així, a la batalla que m'espera practicaré el despreniment i no pas la defensa aferrissada. Cauré dins els fossats sense armes. Seré aterrat seguidament. Carrer Marsala. Miquel Bauçà.
Al día siguiente de la patética y grosera entrevista de Manel Fuentes a Vicenç Navarro en Catalunya Ràdio, el diario Ara publicó una de esas entrevistas-perfiles sumamente complacientes que firma Bibiana Ballbè dedicada, oh, sorpresa, precisamente a Manel Fuentes.

Si uno iba al link de la entrevista en cuestión, justo encima del titular, encabezando la página, aparecía, oh, sorpresa otra vez, un banner de lado a lado (que es como suelen aparecer normalmente los banners), de publicidad pagada por Catalunya Ràdio, con un Manel Fuentes sonrientíííísimo: la viva imagen de la alegría de vivir encarnada en una gran cara de vengan a escucharme, que soy de confianza y bien majo.

La cosa es que en la entrevista-perfil no se mencionaba para nada el desbarajuste radiofónico (supongo que estaba redactada con anterioridad) y Manel Fuentes acababa retratado como una persona con la que uno se iría a tomar todos los cafés del mundo y a la que uno le acabaría suplicando que no se limitara a hacer un programa sólo matinal: que lo hiciera todo el día, hombre, 7/24 nonstop del mejor profesional de la radio que ha parido este país.

La cosa es que, poco después de escuchar yo la entrevista y ponerme a redactar esta entrada, una periodista del Ara me dijo que seguía mi blog porque le había hablado de él una amiga común. A mí esto me hizo ilusión, fue muy agradable, en serio, pero también me hizo pensar coño, ¿cuelgo o no cuelgo ahora esta entrada que tengo medio preparada?

Total, que ya está colgada, porque este es mi blog y nadie me paga: ni yo misma me pago, así que me ha parecido que sería muy flagrante y bastante gratuito por mi parte sucumbir tan fácil a la autocensura.

(Sirva de pequeño homenaje a aquellos que históricamente sí que se han tenido que callar la boca).