diumenge, 10 d’abril del 2011

Alguien que va por la calle y se decide a llamar por teléfono por primera vez a una chica que le trae loquito. La llama. Responde. Empiezan a hablar. Él sigue andando. Mete el pie en el hueco de una baldosa hundida, se tuerce el tobillo, se lo rompe, se cae al suelo, le duele muchísimo, pero sigue hablando como si nada: Le da una vergüenza terrible haberse caído mientras hablaba con ella, no quiere, por nada del mundo, que se entere de lo torpe que es. La gente empieza a arremolinarse a su alrededor, les hace callar, le caen lagrimones de dolor, alguien llama a una ambulancia, él sigue hablando, llega la ambulancia, le hace apagar la sirena.

Él tirado en el suelo y todo el mundo, ambulancia incluida, mirándole en silencio.

Dice: mañana a las ocho, entonces, pero mejor en la puerta de atrás; en la de la rampa. Cuelga.

La gente aplaude, él empieza a gritar de dolor, le meten en la ambulancia y se lo llevan.

(Así, muy todo de lo ridículo que es el proceso este de ligar y empezar a tantear y a dar a conocer sólo la parte que te interesa al otro).

Me voy a dar una vuelta que llevo todo el domingo encerrada en casa.
Viniendo de fuera como viene una y después de más de una docena de años en este país, puedo decir que la gente de aquí, es diferente de la de allá. Mucho. Hablo desde un empirismo muy gonzo, durante el que estoy siendo sujeto agente y paciente (muy paciente en ocasiones; he tenido que serlo a riesgo de optar por decidir no soportarlo, coger las maletas y plantarme de vuelta allá).

Así que hoy me van a poner una urna delante con la ranurita abierta, esperando mi respuesta a una pregunta de sí o no. Yo voy a responder "Sí". Ellos pensarán que yo estoy respondiendo a la pregunta "¿Quiere usted que éste sea un país diferente al suyo?" En realidad (porque cuando a uno le plantean una pregunta de sí o no, existe la necesidad moral de ser consciente de que se está respondiendo a una pregunta de respuesta mucho más compleja) estaré respondiendo a esta otra: "¿Cree usted que la gente de este país es diferente a la del suyo?". Y responderé "Sí", ya les digo, cuando en realidad estaré respondiendo "Claro que sí, sin duda, a hechos vividos, pasados y recientes, me remito".

Hoy voy a hacer el voto más subjetivo de la historia de las votaciones de la humanidad. Catalunya es otra cosa. Tiene que serlo oficialmente porque ya lo es a pie de calle, en las relaciones interpersonales y en la forma de ver las cosas. La gente debería saber eso antes de venir aquí pensando que lo van a entender todo de buenas a primeras; el trauma será menor o, por lo menos, habrán sido avisados de antemano.

Y espero que hoy muchos, como yo, tengan el detalle de llevar a cabo este bonito gesto social de advertencia.

divendres, 8 d’abril del 2011

-Yo quería contarle cómo había ido el martes pero, como no me llamaba, cogí el teléfono, le llamé yo y se lo conté.
-¡Hombre, no! Pero así él tuvo lo que quería sin mover un dedo.
-Es que igual él ni siquiera quería saber cómo había ido el martes.
-Entonces ¿para qué le llamas?
-Porque yo sí que quería contárselo.
-Tú lo que querías era que te llamara.
-Y ¿qué iba a hacer? ¿Quedarme esperando?

(Vuelve el silly talk en las terracitas al sol. Yuju).
(Entrar en un bar lleno de gente, pedir una cerveza, preguntar si te la puedes tomar en la calle y que te digan que sí, pero en vaso de plástico.
Tener que preguntar si te puedes tomar la cerveza en la calle ya es triste. Que te digan que sí pero en vaso de plástico, lo es más. Pero bueno...).

Decía que estaba yo en la calle tomándome una cerveza con dos amigas, cuando pasa una tía en bici y saluda a Joana, hola qué tal, hola qué tal, que si ahora tengo una agencia de street casting, que si te tengo en el catálogo, que si pues que me borres porque ahora estoy liada con otras cosas, que si la vida es mejor sin jefes, que si estamos todas de acuerdo.

Que si me mira.

-¿Te puedo pedir tu teléfono, que ahora van a hacer una película y buscan caras antiguas? (ella)
-La actriz no soy yo; es ella (señalando a Anna). (yo)
-Es que buscan caras antiguas. (ella)
-Ah, pues conozco a alguien que se parece mucho a mí (por Natalia). (yo)
-Pero ¿qué pasa, que tú no quieres? (ella)
-Sí, bueno, pero igual las dos... (yo).
-Es que buscan caras así de entre 25 y 35, como de hace un siglo. (ella)

Es que buscan caras así como de entre 25 y 35, como de hace un siglo.

De 25 y 35, de hace un siglo.

De hace un siglo, que tengan entre 25 y 35.

Qué fantástico.
La ideaaaaaaa de una cara que tenga un siglo, que tenga 25-35 años.
(Bueno, ¿qué? Yo también he sucumbido a Noguera).

Y qué bien, con Joana y con Anna, con nuestras cervecicas, aunque sean en vaso de plástico.

¡Ja!

dimarts, 5 d’abril del 2011

dilluns, 4 d’abril del 2011

From: Isabel Sucunza
Date: 2011/4/4; 08:52
Subject: La guerra
To: Míster

Míster,

me he olvidado de la guerra. Han pasado tantas cosas... domésticas, digamos, por aquí últimamente que he perdido la perspectiva y he acabado, sin planteármelo, no viendo más allá de mis narices. Diría que es como si no estuviera pasando aquello y sí esto. La stargate se ha cerrado y soy incapaz de encontrarla para volver a abrirla.

Ahora me dirás que es lo que me decías: que esta guerra nos cae demasiado lejos. Pero es que no es sólo eso: Es que la distancia misma se ha convertido en un anulador efectivísimo de la realidad. En la nada, se ha convertido la distancia, y es imposible mirar más allá porque lo que está más allá de la nada, no puede sino ser nada misma.

De todos modos, ¿importa algo lo que pase aquí o allá? Ya verás cuando el tiempo, que es tan nada como la distancia, acabe interponiéndose simplemente por el hecho de pasar: Ni aquella guerra ni mis pequeñas batallas constarán como ocurridas. No habrá nadie que las recuerde.

Y no pienses que esto de desaparecer yo y desaparecer las cosas me entristece: Me da una libertad infinita o, lo que es lo mismo, nada de libertad. Ponte a temblar porque tú también pasarás. Tú ya estás desapareciendo.
Me parto de la risa.

Besos,
Isabel.

dissabte, 26 de març del 2011

Me he despertado tan dormida que, leyendo a Héctor y leyendo a Jaume, he hecho una remezcla de lo que los dos me explicaban y me he imaginado la época futura, -somos tan idiotas los humanos: Ya hemos inventado los talleres en los que la gente se venda los ojos y se va a pasear toda una mañana por Madrid para hacerse a la idea de cómo iríamos por la calle si fuéramos invidentes (los pivotes que se ponen en las aceras para que no aparquen las motos, en ciego, se llaman rompehuevos, qué risa)-, me he imaginado, decía, la época futura en la que, viéndonoslas venir, nos inventaremos los simulacros de demencia senil.

Serían simulacros para otros, no para nosotros mismos que, en ese momento de brote estaremos con la cabeza más allá que aquí. "Va, que el papá, hoy a las 12, hace el simulacro de chaladura: Todos a sus puestos". Y el papá, a las 12, empieza a cagarse en todo por aquella vez que vio en Intereconomía a una señora rubioteñida y con perlas en las orejas diciendo que con Franco no pasaba tal, y liándose a bastonazos con la tele. Y mamá, coooorre a susurrarle a la oreja que todo está bien mientras le acaricia la calva; y el hermano mayor, cooorre a interponerse entre él y la tele, y a cogerle con fuerza el bastón; y la hermana pequeña, ooooorre a cantar "La internacional", mirándole a los ojos y diciendo sin dejar de sonreír, entre estrofa y estrofa, "canta conmigo papá". Y todos a darse un abrazo a las 12:05, y a decir a coro: "nos querremos igual", para dar por finalizado el simulacro.

Eso me he imaginado por culpa de mi sueño y de las actualizaciones nocturnas de mis amigos.

Ha estado bien porque, en el fondo, despertarme, leerlos e imaginarme todo esto, ha sido como tomar un café en mi casa con Héctor y Jaume aquí, contando uno lo de la herencia y la demencia y el otro lo de todos sus colegas de la universidad simulando que hay un incendio y que se olvidan de avisarle, para yo acabar diciéndoles: "¿os imagináis que se hicieran simulacros de todas las cosas que nos podrían pasar?"

Habríamos empezado entre los tres a hacer una lista:
-El simulacro de que vas a prepararte un café y te has quedado sin leche.
-El simulacro de que te has dejado las llaves dentro de casa.
-El simulacro de que tienes la ropa tendida y empieza a llover.
-El simulacro de que Manel hace un vídeo que a todo el mundo le parace maravilloso y a ti te pone muy nerviosa.

Habríamos hecho la lista, que habría sido mucho más larga y delirante que ésta que acabo de hacer, totalmente en serio y, al día siguiente, yo habría escrito una entrada parecida a ésta en el blog.

Así que puede decirse que esta mañana acabo de hacer el simulacro de desayunar con Héctor y con Jaume. Y me ha salido muy bien: yo creo que ya estoy preparada para que vengas Héctor.

No sé. Hazlo.