Hostia, qué horror la analogía con el fútbol que se han marcado en el diario Ara para presentar el nuevo gobierno catalán. Qué facilón y que de "para que ustedes lo entiendan" y que de "con es-te e-qui-po, va-mos a ga-nar!!!" y que de "son once, a ver: pon lo primero que te venga a la cabeza" y, pum, analogía visual hecha. ¿Y el resto de connotaciones que tiene la cosa? Ah, hasta ahí no hemos llegado a pensar.
Porque si se piensa un poco más y se hace la analogía completa, puedes caer en cosas que a lo mejor no quieren decir... ¿o sí? Por ejemplo: son once tipos que van a jugar mientras nosotros miramos; que van a cobrar un pastón; que van a jugar siempre en contra de alguien; que a lo mejor les meten unos cuantos goles; que, en todo caso, también dependen de si llueve, nieva o les toca un árbitro que no tiene su tarde. ¿Alguien quiere un gobierno así?
Qué mal y qué de diario de contenidos de conversación de bar: fútbol y política: tanto monta, monta tanto.
dimarts, 28 de desembre del 2010
dilluns, 27 de desembre del 2010
Así veo ahora nuestra relación, querida Catherine: un sórdido adulterio sembrado de intrigas, dudas y remordimientos. Mientras ha durado (¿dos años, quizá tres? ni tú ni yo hemos tenido un minuto de tranquilidad ni de alegría. Sumergidos en la pequeñez de nuestra mediocre climatología moral, no lo podíamos percibir, nos parecía algo insuperable que estábamos fatalmente obligados a sufrir. Pero ha llegado el momento de nuestra liberación, y es el sol de España el que nos lo ha revelado.
Adiós, mi querida Catherine, te devuelvo la libertad, la serenidad y la capacidad de disfrutar de la vida que te corresponde de pleno derecho, por tu juventud, tu belleza y tu inteligencia. Y yo también, solo pero reconfortado con el dulce recuerdo de nuestros abrazos fogosos aunque inoportunos, procuraré volver a la senda de la paz y la sabiduría.
Riña de gatos. Eduardo Mendoza.
Voy a pasar las próximas horas (unas cuantas) aquí. No me busquen.
Adiós, mi querida Catherine, te devuelvo la libertad, la serenidad y la capacidad de disfrutar de la vida que te corresponde de pleno derecho, por tu juventud, tu belleza y tu inteligencia. Y yo también, solo pero reconfortado con el dulce recuerdo de nuestros abrazos fogosos aunque inoportunos, procuraré volver a la senda de la paz y la sabiduría.
Riña de gatos. Eduardo Mendoza.
Voy a pasar las próximas horas (unas cuantas) aquí. No me busquen.
diumenge, 26 de desembre del 2010
En mi casa (gracias a Dios, que nació de madrugada el 24-25 y no volvió a nacer el 25-26), San Esteban no se celebra así que, en plan desenganche paulatino, he podido y tenido que empacharme en la soledad de mi hogar de otra cosa de digestión dificultosa pero gustosa. De la que no pica, vaya. De esto:
Estoy empezando la digestión, ya les digo, pero así a modo de primeros eructitos lo primero que me ha venido a la cabeza han sido dos cosas:
Uno, no vayan a venirme ahora a mí diciéndome en la calle que tal o cual hacen hoy cine arriesgado y de vanguardia.
Y dos, viendo esta película rodada en 1969 en Brasil, pienso que pedirle a la cultura como única misión la configuración de la definición de un país es acotarla por todos los lados. No sé, como si cogieran a Svankmajer o a Jean Eustache, a Buñuel, a Boris Vian, que se empeñaba en ser Vernon Sullivan, o a Nelson Pereira dos Santos, ya que tenemos tarde de cine de aquellas latitudes, y se les encerrara en el redil del idioma y de las costumbres. Ni hablar. Yo pienso más bien que la cultura debe sobrepasar al país y si el país sabe mantenerse a la altura de su cultura o no, allá él, que a fin de cuentas, tampoco es como si la cultura fuera tan suya. Y si lo es, malo.
Estoy empezando la digestión, ya les digo, pero así a modo de primeros eructitos lo primero que me ha venido a la cabeza han sido dos cosas:
Uno, no vayan a venirme ahora a mí diciéndome en la calle que tal o cual hacen hoy cine arriesgado y de vanguardia.
Y dos, viendo esta película rodada en 1969 en Brasil, pienso que pedirle a la cultura como única misión la configuración de la definición de un país es acotarla por todos los lados. No sé, como si cogieran a Svankmajer o a Jean Eustache, a Buñuel, a Boris Vian, que se empeñaba en ser Vernon Sullivan, o a Nelson Pereira dos Santos, ya que tenemos tarde de cine de aquellas latitudes, y se les encerrara en el redil del idioma y de las costumbres. Ni hablar. Yo pienso más bien que la cultura debe sobrepasar al país y si el país sabe mantenerse a la altura de su cultura o no, allá él, que a fin de cuentas, tampoco es como si la cultura fuera tan suya. Y si lo es, malo.
dissabte, 25 de desembre del 2010
No me sabe nada mal haberles dicho a mis hermanos que yo me encargaba este año del regalo de mis padres y haber utilizado vilmente l'avinentesa, como dicen por aquí, para egoístamente regalarme a mí misma un concierto de esta señora con ellos en el Palau de la Música.
Mode gruppie total: ON
Mi madre y yo vamos a llorar de la emoción y mi padre va a tener argumentos para reírse de nosotras durante todo 2011, lo sé.
Mode gruppie total: ON
Mi madre y yo vamos a llorar de la emoción y mi padre va a tener argumentos para reírse de nosotras durante todo 2011, lo sé.
divendres, 24 de desembre del 2010
dimarts, 21 de desembre del 2010
dilluns, 20 de desembre del 2010
Miren, esta cancion no me gusta nada, pero hay un momento en el que Kiko Veneno va andando por la calle y se para justo delante de mi portal:
Y me hace tanta gracia que me he visto el vídeo ya unas cuantas veces y, cuando Kiko Veneno llega a mi puerta y la mira, me hace igual de ilusión que la primera vez que lo vi.
Pues esta conexión así de simple fue la que intenté hacer una vez que, con Ferran y Oriol, estuvimos trabajando para el Ajuntament de Barcelona. El Ajuntament abría una sala del edificio de la plaça de Sant Jaume al público. Una sala de exposiciones querían hacer, una sala que, además de albergar cultura y blablabá, representaba la apertura de las puertas a todos los ciudadanos, porque aquella era la casa del pueblo y porque el Ayuntamiento eres tú y demás sandeces similares que nos tuvimos que tragar en aquellas eternas reuniones con el departamento de comunicación y el de marketing y la madre que los parió.
Yo era la encargada de escribir el guión de la exposición y de decidir más o menos el contenido. El tema me venía dado, eso sí: tenían que ser fotografías, películas y libros en los que se viera, saliera o se hablara de Barcelona. Con las fotografías y las películas, no hubo problema: Barcelona se apreciaba a simple vista. Con los libros vino la cosa peliaguda: tenían que ser fragmentos de texto ergo tenían que leerse y, a partir de ahí, a evocar.
Evocar, según los parámetros convencionales del léxico, es una palabra difícil, así que la gente del Ayuntamiento tenía muy claro que la gente de a pie sería incapaz de hacerlo. Me lo intentaron explicar por activa y por pasiva y yo les juro que les entendía, entendía sus explicaciones, pero pensaba que estaban muy equivocados, así que me pasé una reunión entera intentando hacerles entender también por activa y por pasiva todo lo contrario: que evocar era fácil y que lo hacía todo el mundo de manera muy natural. Recuerdo una reunión en la que, cuando vi que no iba a conseguir absolutamente nada, me puse supertonta y pensé "de perdidos al río": acabé apelando directamente al coraçao. "Mirad, yo no sé si alguna vez habéis estado enamorados", les dije muy seria y con cierto tono desesperado, "pero si sí, pensad en qué os llevó a enamoraros de aquella persona: ¿no encontrasteis con ella de repente un montón de territorios comunes y simplemente os hacía flipar tan bestia conexión? Pues eso es nada menos que una evocación compartida. Si somos capaces hasta de compartir evocaciones, ¿cómo no vamos a ser capaces de evocar en solitario?"
"Sí, pero la gente no lee", obtuve por toda respuesta.
Tiré la toalla. Puse a Marsé y el fragmento de La plaça del Diamant en el que la Colometa describe con pelos y señales cómo baja desde la plaza hasta Torrent de l'Olla. Puse hasta el trocito del final de El Quijote en el que se cuenta con todo lujo de detalles el recorrido por los aledaños de la catedral del loco a punto de volver a ser Alonso Quijano. Evocación cero. Callejero puro y duro. Emoción nula.
Pero bueno, me apunto el tanto: yo hablé de amor durante un cuarto de hora en una sala de reuniones del Ajuntament. Y Kiko Veneno se para delante de mi puerta y se mira con interés el portal de mi casa en el vídeo de su último single de horrorosa melodía.
Por lo que sé, las siguientes exposiciones que se hicieron en aquella sala fueron sobre temas tan poco evocadores como la famosa consulta de la Diagonal. Para aquellas, ya no contaron con nosotros, ese tanto me lo apunto también.
Y me hace tanta gracia que me he visto el vídeo ya unas cuantas veces y, cuando Kiko Veneno llega a mi puerta y la mira, me hace igual de ilusión que la primera vez que lo vi.
Pues esta conexión así de simple fue la que intenté hacer una vez que, con Ferran y Oriol, estuvimos trabajando para el Ajuntament de Barcelona. El Ajuntament abría una sala del edificio de la plaça de Sant Jaume al público. Una sala de exposiciones querían hacer, una sala que, además de albergar cultura y blablabá, representaba la apertura de las puertas a todos los ciudadanos, porque aquella era la casa del pueblo y porque el Ayuntamiento eres tú y demás sandeces similares que nos tuvimos que tragar en aquellas eternas reuniones con el departamento de comunicación y el de marketing y la madre que los parió.
Yo era la encargada de escribir el guión de la exposición y de decidir más o menos el contenido. El tema me venía dado, eso sí: tenían que ser fotografías, películas y libros en los que se viera, saliera o se hablara de Barcelona. Con las fotografías y las películas, no hubo problema: Barcelona se apreciaba a simple vista. Con los libros vino la cosa peliaguda: tenían que ser fragmentos de texto ergo tenían que leerse y, a partir de ahí, a evocar.
Evocar, según los parámetros convencionales del léxico, es una palabra difícil, así que la gente del Ayuntamiento tenía muy claro que la gente de a pie sería incapaz de hacerlo. Me lo intentaron explicar por activa y por pasiva y yo les juro que les entendía, entendía sus explicaciones, pero pensaba que estaban muy equivocados, así que me pasé una reunión entera intentando hacerles entender también por activa y por pasiva todo lo contrario: que evocar era fácil y que lo hacía todo el mundo de manera muy natural. Recuerdo una reunión en la que, cuando vi que no iba a conseguir absolutamente nada, me puse supertonta y pensé "de perdidos al río": acabé apelando directamente al coraçao. "Mirad, yo no sé si alguna vez habéis estado enamorados", les dije muy seria y con cierto tono desesperado, "pero si sí, pensad en qué os llevó a enamoraros de aquella persona: ¿no encontrasteis con ella de repente un montón de territorios comunes y simplemente os hacía flipar tan bestia conexión? Pues eso es nada menos que una evocación compartida. Si somos capaces hasta de compartir evocaciones, ¿cómo no vamos a ser capaces de evocar en solitario?"
"Sí, pero la gente no lee", obtuve por toda respuesta.
Tiré la toalla. Puse a Marsé y el fragmento de La plaça del Diamant en el que la Colometa describe con pelos y señales cómo baja desde la plaza hasta Torrent de l'Olla. Puse hasta el trocito del final de El Quijote en el que se cuenta con todo lujo de detalles el recorrido por los aledaños de la catedral del loco a punto de volver a ser Alonso Quijano. Evocación cero. Callejero puro y duro. Emoción nula.
Pero bueno, me apunto el tanto: yo hablé de amor durante un cuarto de hora en una sala de reuniones del Ajuntament. Y Kiko Veneno se para delante de mi puerta y se mira con interés el portal de mi casa en el vídeo de su último single de horrorosa melodía.
Por lo que sé, las siguientes exposiciones que se hicieron en aquella sala fueron sobre temas tan poco evocadores como la famosa consulta de la Diagonal. Para aquellas, ya no contaron con nosotros, ese tanto me lo apunto también.
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