dimarts, 21 de desembre del 2010

Me encanta el regalo!



Porque esto me interesa y me voy a dedicar a lo que a mí me interesa y no me preguntes más!

ZNKS, Maraina!

dilluns, 20 de desembre del 2010

Miren, esta cancion no me gusta nada, pero hay un momento en el que Kiko Veneno va andando por la calle y se para justo delante de mi portal:



Y me hace tanta gracia que me he visto el vídeo ya unas cuantas veces y, cuando Kiko Veneno llega a mi puerta y la mira, me hace igual de ilusión que la primera vez que lo vi.

Pues esta conexión así de simple fue la que intenté hacer una vez que, con Ferran y Oriol, estuvimos trabajando para el Ajuntament de Barcelona. El Ajuntament abría una sala del edificio de la plaça de Sant Jaume al público. Una sala de exposiciones querían hacer, una sala que, además de albergar cultura y blablabá, representaba la apertura de las puertas a todos los ciudadanos, porque aquella era la casa del pueblo y porque el Ayuntamiento eres tú y demás sandeces similares que nos tuvimos que tragar en aquellas eternas reuniones con el departamento de comunicación y el de marketing y la madre que los parió.

Yo era la encargada de escribir el guión de la exposición y de decidir más o menos el contenido. El tema me venía dado, eso sí: tenían que ser fotografías, películas y libros en los que se viera, saliera o se hablara de Barcelona. Con las fotografías y las películas, no hubo problema: Barcelona se apreciaba a simple vista. Con los libros vino la cosa peliaguda: tenían que ser fragmentos de texto ergo tenían que leerse y, a partir de ahí, a evocar.

Evocar, según los parámetros convencionales del léxico, es una palabra difícil, así que la gente del Ayuntamiento tenía muy claro que la gente de a pie sería incapaz de hacerlo. Me lo intentaron explicar por activa y por pasiva y yo les juro que les entendía, entendía sus explicaciones, pero pensaba que estaban muy equivocados, así que me pasé una reunión entera intentando hacerles entender también por activa y por pasiva todo lo contrario: que evocar era fácil y que lo hacía todo el mundo de manera muy natural. Recuerdo una reunión en la que, cuando vi que no iba a conseguir absolutamente nada, me puse supertonta y pensé "de perdidos al río": acabé apelando directamente al coraçao. "Mirad, yo no sé si alguna vez habéis estado enamorados", les dije muy seria y con cierto tono desesperado, "pero si sí, pensad en qué os llevó a enamoraros de aquella persona: ¿no encontrasteis con ella de repente un montón de territorios comunes y simplemente os hacía flipar tan bestia conexión? Pues eso es nada menos que una evocación compartida. Si somos capaces hasta de compartir evocaciones, ¿cómo no vamos a ser capaces de evocar en solitario?"

"Sí, pero la gente no lee", obtuve por toda respuesta.

Tiré la toalla. Puse a Marsé y el fragmento de La plaça del Diamant en el que la Colometa describe con pelos y señales cómo baja desde la plaza hasta Torrent de l'Olla. Puse hasta el trocito del final de El Quijote en el que se cuenta con todo lujo de detalles el recorrido por los aledaños de la catedral del loco a punto de volver a ser Alonso Quijano. Evocación cero. Callejero puro y duro. Emoción nula.

Pero bueno, me apunto el tanto: yo hablé de amor durante un cuarto de hora en una sala de reuniones del Ajuntament. Y Kiko Veneno se para delante de mi puerta y se mira con interés el portal de mi casa en el vídeo de su último single de horrorosa melodía.

Por lo que sé, las siguientes exposiciones que se hicieron en aquella sala fueron sobre temas tan poco evocadores como la famosa consulta de la Diagonal. Para aquellas, ya no contaron con nosotros, ese tanto me lo apunto también.

dissabte, 18 de desembre del 2010

Un poco (bastante) de dietario.

Miércoles por la noche.

Mail de Marina: "Y lo de Dovlatov, ¿qué? Estoy súper pez"

Marina es de éstas: "estoy súper pez, estoy súper pez", luego le pones un micro delante y acabas pensando "hija de puta", ahí, la tía con una autoridad y una pasión hablando de las cosas... Así que ni la tranquilizo, que bastante tengo yo con lo mío, que sólo he hablado una vez en público, en la boda de mi hermana, y cuando volví a mi sitio mi padre me dijo: "No he entendido nada de lo que has dicho".

Miércoles por la noche, cuatro ideas sobre Dovlatov en la cabeza, la incapacidad total para hilarlas y ni una botella de vino en casa. Pienso en las cuatro botellas de vino que nos trincamos en casa de Miquel y en cómo fluyeron las ideas entonces. Sí: es miércoles por la noche, estoy en casa y yo quiero vino. O whisky o vodka, da igual. A punto estoy de empezar a pensar que la alcoholemia se ha apoderado de mí (no iba a acabar yéndome de rositas yo después de leerme casi cuatro libros del Dov en una semana), cuando me da por desviar la atención del vino pensando que no, que yo lo que necesito de verdad es tener a Miquel y a Marina delante, que al día siguiente los tendría y que todo iría bien.

No crean que esto último sirve demasiado para irme a dormir más tranquila.

Jueves.

Tranquilidad pasmosa.

SMS de Marina: "Me encuentro fatal: 38,5 de fiebre"

Histeria.

SMS a Miquel: Marina está enferma. Glups.

SMS de Miquel: No te preocupes, nos lo pasaremos muy bien.

Histeria con espasmo facial de semisonrisa nerviosa.

En la tele toda la mañana, después, comida en el Pamplona. A las cinco de la tarde, salgo del Pamplona, bajo por Muntaner, me desvío hacia la izquierda antes de llegar a Gran Vía y doy tres vueltas a la manzana decidiendo si vale la pena o no bajar hasta casa para volver a subir hasta Balmes un rato después. Llamo a Miquel con la esperanza de que me diga que quedemos ya para preparar lo de luego. Me dice que está trabajando y que no llegará hasta las siete. Salgo del bucle en torno a la manzana que llevo un rato utilizando de rotonda, voy hasta Rambla de Catalunya y decido acercarme a la Casa Amatller a ver a Gabi. Hacía meses que no hacía aquel camino, por inercia subo, subo hasta la calle Mallorca. Alucino por encontrarme de repente delante de La Central, pienso en Abel (luego verán que esto fue una de esas anticipaciones misteriosas que a veces le da por hacer a mi cerebro), me da la risa. Doy media vuelta, tiro hasta paseo de Gràcia, bajo hasta la Amatller. Hablo con Gabi, hablo con Femi. Femi es la portera de la Casa Amatller. Me dice que estoy guapa aunque más flaca. Dice eso: "Guapa AUNQUE más flaca". Y lo dice con cara de no entender. Femi es de un pueblo de Ciudad Real. En los pueblos, de Ciudad Real o de donde sea, flaco es mala salud y mala salud es feo. Desde que la conozco, quiero que Femi me lleve a bailar un día, pero ésa es otra historia. Le doy dos besos y la dejo en su garita comiéndose un kiwi con chocolate y echándome la bronca por no ir a verlas más a menudo.

Bajo hasta la librería Alibri. Miquel ya está dentro hablando con una de las libreras. Dice que está esperando a Refree, que tienen que probar el sonido. Refree va con una guitarra acústica. ¿Que tienen que probar el sonido? Miquel está más nervioso que yo.

Llega la Vernis. Dice que tiene resaca. Saca una cerveza de la mochila. Le digo "¡Quieta! ¡Nos vamos a un bar!" Miquel dice que se queda, que tiene que probar el sonido con Refree. Miquel está histérico.

Me voy con la Vernis a un bar. La Vernis me cuenta que ha estado en Mallorca (y lo que ha hecho en Mallorca), que ha entregado ya su libro (y cómo es y quiere que sea su libro), que desde que va en patín no sé lo que gasta en bambas (y me enseña las suelas de las bambas). Hablamos de lo agradecido que es trabajar con otra gente sobre proyectos tuyos. Le cuento que Jordi ha ilustrado uno de mis cuentos y cuánto flipé cuando me enseñó el primer dibujo que hizo (le enseño la cara que puse cuando Jordi me enseñó el primer dibujo que hizo). Ha pasado media hora. Vamos a la librería.

Pau está en la librería, Refree también y Noemí. Jordi llega a la librería. Llega Ana. Llegan Ester e Ignasi. Llega un señor mayor que, segurísimo, ha vivido una dictadura. Luego llegan Joan y Víctor. Está bien que casi todo sean caras conocidas. Está bien que Ester nos ponga chupitos de vodka. Está bien que la Vernis lea y que Refree toque. Está bien que el señor mayor que, segurísimo, ha vivido una dictadura, asienta sonriendo cuando yo hablo sobre vivir una dictadura y a puntico estoy de lanzar emocionada el grito de "Leer a Dovlatov es como si Dovlatov te estuviera gritando todo el rato 'Una buena guerra, os falta a todos!!!!'", cuando Miquel, que ahora resulta que le tiene miedo al silencio, me empieza a preguntar cosas a las que no sé cómo contestar. Y está bien esto también porque de esto vamos a hacer broma durante mucho tiempo. Ay Miquel, lo que nos vamos a reír, Miquel, sí.

Saliendo de Alibri, llega Roger. "Tarde. Llegas tarde!", le digo (a mí, hablar por un micro me sube los humos) y le planto dos besos y me voy a tomar una cerveza con Víctor y Pau; hacía días que no veía a Pau y eso, si no contamos los veranos, no me había pasado desde hacía seis años. M'estimo al Pau. Sí.

Pau se va y Víctor y yo tiramos para el Horiginal. Por el camino se me van bajando los humos y paso a un estado de paz y armonía con el mundo. Todo es fantástico y maravilloso. En el Horiginal (ya verán: esto es lo que enlaza con la anticipación misteriosa que mi cerebro había hecho antes) me encuentro con Jordi. Me dice que Abel se acaba de marchar. Veo a Miquel. Me dice que Abel se acaba de marchar. Veo a más gente que me dice que Abel se acaba de marchar. Hace meses que no veo a Abel. En mi estado mental de fantasía y maravillosidad, decido que me parecería fantástico y maravilloso ver a Abel.

Nos vamos a cenar al Fidel. Nos encontramos con que estamos sentados en la misma mesa y exactamente las mismas personas que estábamos el día que conocí a Roger, a Joan y a Max (solo falta Marina). Me parece fantástico y maravilloso conocer a Roger, a Joan y a Max.

Viernes de madrugada.

Mail a Abel: "Me habría gustado coincidir contigo en el Horiginal".
Contra la mafaldada sobreinformativa de Wikileaks, que me hace pensar en aquella viñeta de Felipe desmayado al imaginarse todo el mundo y la historia aquí, en este momento, yo llevo encima un enamoramiento en sus primeros estadios, de esos que hacen que parezca que aquí hay una cosa nada más en este momento.

Y ayer, amigos, fue la hostia.



Weah!

dimecres, 15 de desembre del 2010

Dicen que no se podrá fumar pero es gratis, nosotros somos simpáticos y nos hemos leído el libro. Si no venís, el ego de perrito apaleao del editor se catapultará a la estratosfera y, mira, a mí me hace hasta gracia que él sea así, pero pensad en su pobre familia, que las familias sufren mucho por estas cosas del trabajo de los hijos.



Ah, también hemos quedado que si conseguimos que no venga nadie o que vengan sólo dos o tres personas (Jaume C. Pons Alorda decía que como mucho nueve), haremos mogollón de cosas clandestinas y superundergrounds y luego las explicaremos en nuestros blogs para que os muráis de la envidia.
Es mala la pereza.

dimarts, 14 de desembre del 2010

Un poco de dietario.

Viernes.
Reunión para preparar esta cosa que se hace el jueves en la librería Alibri. ¿Reunión? Yo digo: oye, ¿preparamos algo o la cosa será un impromptu total? Miquel dice: venid a cenar a mi casa. Marina dice: Llevo vino. Yo digo: Llevo vino también. Miquel dice: Luego vendrán otros amigos. Yo digo: Llevo dos de vino entonces. Marina dice: Llevo dos de vino yo también.
Cenamos, hablamos un rato de lo del jueves. La cosa va de Dovlatov. Si a Víctor Amela le pasa que mientras entrevista se enamora de absolutamente todos sus entrevistados, a mí me pasa que mientras me documento me enamoro de mis documentados (¿se diría así?). La diferencia es que lo mío es pre y selectivo de una manera muy aleatoria (me enamoro antes de conocer pero no de todos). Me he enamorado de Kirmen Uribe, de Leonard Cohen, de Abel Cutillas, de Steve McQueen el blanco (y del negro un poco también) de Jonathan Millán, por ejemplo. Y, últimamente, de Bambino y de Dovlatov. Así que sentarse con Miquel y con Marina a hablar de Dovlatov es como contarles cómo de fascinada me tiene ese pedazo de ruso y por qué. Así, entre amigos y con cuatro botellas de vino y otra de whisky que apareció por allí por vaciar. Una fiesta, vaya. Acabamos poniendo Sarri, Sarri, de Kortatu, cantando canciones de Albert Pla. Al pobre Roger le debimos de poner la cabeza como un bombo, que ya venía tocado. También hicimos la escaleta de un programa de televisión en el que se fumará mucho. No les digo más. Y ¿lo del jueves? Pues simplemente intentaré remitirme a los datos y ponerme lo menos metafísica que pueda, o sea tan metafísica como pudiera esperar de mí alguien que dice cosas como "Toda la gente con una percepción confusa y nebulosa de la vida sueña con dedicarse a la filosofía", o sea nada.

Sábado.
Me despierto de un buen humor increíble que mejora después de un chute vital de iburprofeno. Que Jaume me proponga ir al Tahití a tomar un cóctel sin alcohol, me parece una idea estupenda, sólo que yo me tomo dos cervezas, que el iburprofeno no es tan antibiótico como lo que se había tomado él. Aparecen Víctor y Jordi. Ver a Jordi siempre está bien. Ver a Víctor es fantástico por cosas que no voy a explicar ahora. Y sólo por verlos a los dos (y a mi vecino, claro) me voy a dormir encantada de la vida.

Domingo.
Paso gran parte del día dándole vueltas a una conversación que tuvimos Miquel, Marina y yo el viernes por la noche. El tema, a saber: pasarlo o no pasarlo bien escribiendo. Yo no escribo si no me apetece o, lo que es lo mismo, sólo escribo cuando me apetece. Así no se va a ninguna parte, creo yo a veces. Otras veces creo que simplemente no quiero ir a ninguna parte. Otras veces creo que eso de pensar que no quiero ir a ninguna parte es sólo una excusa como cualquier otra para no trabajar.
La pereza.
¿Les he dicho que era domingo? Eso cuadra con lo de la pereza.
Sí, la pereza: Hela aquí.