Me encanta el momento en el que, después de haber pedido yo que me envíen un montón de cosas de trabajo por mail, abro mi cuenta, me las encuentro todas (o casi todas) ahí y me dedico a ir abriendo correos para contestar nada más:
Gracias!
Isabel
Me encanta.
Lo hago muy rápido y, cuando acabo de contestar al último, aún me estoy sonriendo un rato.
Lo cuento porque lo acabo de hacer. Y lo que les decía: aún estoy sonriendo.
Qué tontería.
dimecres, 10 de novembre del 2010
Hoy, volviendo a casa del trabajo, he pasado por delante del colegio que hay en la Ronda de Sant Pau y he visto que a uno de los raquíticos árboles que hay delante le han puesto tres tablones de madera (de conglomerado, más bien) blancos, formando un prisma triangular a su alrededor. En los tablones hay escrito esto: "Espacio reservado para campaña electoral". Y me he preguntado si estará regulado qué se puede y qué no se puede colgar delante de un colegio: piensen que son lugares de paso por lo menos cuatro veces al día para chavales altamente impresionables, en edad de crecer. Además, la entrada y la salida del colegio son momentos muy delicados: imagínense los nervios que llevan encima los pobrecicos diez minutos antes de ver al profe que siempre les suspende; al director, con el que tienen un asunto pendiente desde la última gamberrada o a la chati con la que hace una hora escasa estaban soñando que hacían las mayores cochinadas que su mente puede llegar a imaginar. Imagínense sus nervios, digo, no las cochinadas que han soñado. ¿Sí? ¿Siguen leyendo?
Entonces me he puesto a hacer mentalmente esta lista de cosas que, según las normas de esta sociedad en que vivimos, son muy chungas de hacer delante de un colegio si, quien las hace, es un señor o señora que pasa por ahí:
-Repartir caramelos (o lo que sea)
-Darles collejas a los niños más pequeños
-Mear en la puerta
-Ponerse a cantar a grito pelado
-Pedirles dinero a los niños para irte de viaje (aunque luego te lo gastes en otra cosa)
-Venderles lotería o camisetas o lo que sea a los niños para irte de viaje (ídem que el paréntesis anterior)
-Reírte de la madre de uno de los niños
-Reírte de la profesora de matemáticas que en ese momento sale por la puerta
-Pegarle un balonazo en la cara a la profesora de matemáticas que en ese momento sale por la puerta
-Levantarles las faldas a las niñas
-Repartir flyers para una fiesta que habrá este fin de semana
-Darse el lotazo con tu novio o con tu novia a la vista de todos
-Fumarse un porro
Ahora repasen la lista pensando que todo eso no lo hace un señor o una señora que pasa por ahí en el momento en el que salen los niños sino que lo hace uno de esos niños. Es más, imagínense que son ustedes el niño que lo hace, todo eso; todo, lo hacen ustedes que ahora son un niño que sale del colegio. Imagínense también que quien les juzga no es la sociedad sino sus compañeros de clase: los otros niños que están saliendo ahora con usted por la puerta del colegio...
... Enhorabuena: se acaban de convertir ustedes en unos héroes juveniles (imaginarios, imaginarios...).
Ah, y Artur Mas (o Montilla o quien sea que acabe colgado en el arbol electoral): te van a pintar unos bigotazos y te van a caer una de escupitajos a partir de mañana, que como pases por la Ronda de Sant Pau un día de éstos vas a afrontar con otro ánimo la reunión de constitución de la Conselleria d'Educació.
Entonces me he puesto a hacer mentalmente esta lista de cosas que, según las normas de esta sociedad en que vivimos, son muy chungas de hacer delante de un colegio si, quien las hace, es un señor o señora que pasa por ahí:
-Repartir caramelos (o lo que sea)
-Darles collejas a los niños más pequeños
-Mear en la puerta
-Ponerse a cantar a grito pelado
-Pedirles dinero a los niños para irte de viaje (aunque luego te lo gastes en otra cosa)
-Venderles lotería o camisetas o lo que sea a los niños para irte de viaje (ídem que el paréntesis anterior)
-Reírte de la madre de uno de los niños
-Reírte de la profesora de matemáticas que en ese momento sale por la puerta
-Pegarle un balonazo en la cara a la profesora de matemáticas que en ese momento sale por la puerta
-Levantarles las faldas a las niñas
-Repartir flyers para una fiesta que habrá este fin de semana
-Darse el lotazo con tu novio o con tu novia a la vista de todos
-Fumarse un porro
Ahora repasen la lista pensando que todo eso no lo hace un señor o una señora que pasa por ahí en el momento en el que salen los niños sino que lo hace uno de esos niños. Es más, imagínense que son ustedes el niño que lo hace, todo eso; todo, lo hacen ustedes que ahora son un niño que sale del colegio. Imagínense también que quien les juzga no es la sociedad sino sus compañeros de clase: los otros niños que están saliendo ahora con usted por la puerta del colegio...
... Enhorabuena: se acaban de convertir ustedes en unos héroes juveniles (imaginarios, imaginarios...).
Ah, y Artur Mas (o Montilla o quien sea que acabe colgado en el arbol electoral): te van a pintar unos bigotazos y te van a caer una de escupitajos a partir de mañana, que como pases por la Ronda de Sant Pau un día de éstos vas a afrontar con otro ánimo la reunión de constitución de la Conselleria d'Educació.
dimarts, 9 de novembre del 2010
Dos descubrimientos que me tienen corazoncogida esta tarde:
Uno:
(lo han grabado Manolo, Genís y los chicos del Col·lectiu Brossa para la revista Go).
Y dos:
Cito: "Así como los huesos, carnes, intestino y vasos sanguíneos están encerrados en una piel que hace sorportable el aspecto del hombre, así envuelve la vanidad las emociones y pasiones del alma: es la piel del alma". De Nietzsche, claro.
¿Lo habéis leído? ¡¡LA PIEL DEL ALMA!!
Uno:
ENDIRECTO ASTRUD - WAAAU.TV from WAAAU.TV on Vimeo.
(lo han grabado Manolo, Genís y los chicos del Col·lectiu Brossa para la revista Go).
Y dos:
Cito: "Así como los huesos, carnes, intestino y vasos sanguíneos están encerrados en una piel que hace sorportable el aspecto del hombre, así envuelve la vanidad las emociones y pasiones del alma: es la piel del alma". De Nietzsche, claro.
¿Lo habéis leído? ¡¡LA PIEL DEL ALMA!!
Un poco de dietario.
Fin de semana.
Me he pasado el fin de semana metida en casa, sin tener nada que hacer y haciendo un poco de todo. Mis gatos, encantados de utilizarme como radiador.
Fui a una expo el domingo, pero habría sido como no ir a nada, no hacer nada, no sacar nada de nada, si no fuera por el libro con el que volví a casa: "Humano, demasiado humano", de Nietzsche, ya lo conté por aquí.
También fui espectadora de la cosa papal sin inmutarme prácticamente por nada de lo que estaba pasando ahí fuera y sí sorprendiéndome de lo que estaba pasando aquí adentro: de mi no sorpresa.
También sabía que había alguna fiesta en marcha el sábado por la noche pero, días antes, había decidido no ir aunque me invitaran. No me sorprendió que no me invitaran: lo que sí que me sorprendió fue lo poco que me importó que no lo hicieran.
De estos días de, para unos, exaltación espiritual al ver pasar a toda velocidad por Pau Claris a un Papa metido en una jaula, y de, para otros, exaltación de la amistad proclamada a pleno grito al paso por la calle Carretes, yo sólo rescato al Nietzsche de "Humano, demasiado humano" y al Bauçà de "El canvi".
Y me quedo pensando en que, desde hace unos meses, estoy instalada en unos niveles del juego del live and let die que rayan lo maquiavélico.
Puede que lo del live and let die tenga algo de pretencioso, de acuerdo, pero piensen que quiere decir exactamente lo mismo que su contrario: desaparece y deja vivir.
Fin de semana.
Me he pasado el fin de semana metida en casa, sin tener nada que hacer y haciendo un poco de todo. Mis gatos, encantados de utilizarme como radiador.
Fui a una expo el domingo, pero habría sido como no ir a nada, no hacer nada, no sacar nada de nada, si no fuera por el libro con el que volví a casa: "Humano, demasiado humano", de Nietzsche, ya lo conté por aquí.
También fui espectadora de la cosa papal sin inmutarme prácticamente por nada de lo que estaba pasando ahí fuera y sí sorprendiéndome de lo que estaba pasando aquí adentro: de mi no sorpresa.
También sabía que había alguna fiesta en marcha el sábado por la noche pero, días antes, había decidido no ir aunque me invitaran. No me sorprendió que no me invitaran: lo que sí que me sorprendió fue lo poco que me importó que no lo hicieran.
De estos días de, para unos, exaltación espiritual al ver pasar a toda velocidad por Pau Claris a un Papa metido en una jaula, y de, para otros, exaltación de la amistad proclamada a pleno grito al paso por la calle Carretes, yo sólo rescato al Nietzsche de "Humano, demasiado humano" y al Bauçà de "El canvi".
Y me quedo pensando en que, desde hace unos meses, estoy instalada en unos niveles del juego del live and let die que rayan lo maquiavélico.
Puede que lo del live and let die tenga algo de pretencioso, de acuerdo, pero piensen que quiere decir exactamente lo mismo que su contrario: desaparece y deja vivir.
diumenge, 7 de novembre del 2010
Esta mañana he ido a ver a CaixaForum una exposición de arte español de los 50 y 60. "Humano, demasiado humano", le han puesto de título, en referencia al libro de Nietzsche. Cogida por los pelos totalmente, esta relación. Explican que como este libro fue el que denotó la brusca ruptura de Nietzsche con el Romanticismo, el título le iba al pelo a la expo porque también las obras expuestas -de Saura, de Tàpies, de Picasso...- rompen radicalmente con todo lo anterior. Blandir este argumento de "a Nietzsche lo que es de Nietzsche" es como no blandir absolutamente nada, y créanme que el gesto de blandir si no se está blandiendo nada resulta de lo más ridículo. Inténtenlo delante del espejo y verán: parecerán unos travoltas bailando sin música en el lavabo de su casa.
Saliendo de Casarramona, después del regustillo a fiasco que me ha dejado la exposición, he entrado en la tienda y me he ido con "Humano, demasiado humano", el libro entero en dos volúmenes y no sólo el título debajo del brazo. He llegado a casa, he comido con mi vecino, he subido a mi piso y me he puesto a leer. Dos horas después ya había conseguido reafirmarme en que la gente se toma muy a la ligera esto de coger un título de aquí y una idea de allá para intentar darle una cierta unidad o un cierto sentido a cosas que, por sí mismas, no lo tendrían tanto.
Entonces he pensado en el Papa, ¿qué le voy a hacer? aún no se ha ido... El Papa hoy ha hecho algo peor que coger un título y ponérselo por solideo; el Papa, lo que hoy ha hecho, ha sido coger un algo que suena bien y que puede gustar a un sesenta por ciento de la población por lo menos, para presentarlo como idea suya, o sea, de la Iglesia, de la Iglesia de ahora, más concretamente (la Iglesia de antes -ay, la Iglesia de antes...- no pensaba así). El Papa ha dicho en su homilía en la Sagrada Família: "la Iglesia aboga por adecuadas medidas económicas y sociales para que la mujer encuentre en el hogar y en el trabajo su plena realización".
Vamos a jugar.
"El Partido Socialista aboga por adecuadas medidas económicas y sociales para que la mujer pueda encontar en el hogar y en el trabajo su plena realización".
"El Partido Popular aboga por adecuadas medidas económicas y sociales para que la mujer pueda encontrar en el hogar y en el trabajo su plena realización".
Sí, suena más creíble en un contexto de mítin socialista. Una vez comprobado esto, me pregunto:
¿Qué hace el Papa haciendo política en una homilía? O peor: ¿qué hace el Papa haciendo política socialista en una homilía?
Es igual, el caso es que la ha hecho. Y ¿han visto ustedes cómo haciéndola se ha sacado de la manga y ha hecho suyo (de la Iglesia) el anhelo de algo que desde hace unos años se viene reclamando como derecho fundamental?
Creo que no descubro nada si digo aquí que todo está cortado siguiendo el patrón de la mismiiiiita demagogia con la que los políticos diseñan sus promesas preelectorales. Piensen por ejemplo en los "queremos asegurar el bienestar de los jubilados y para eso vamos a subir las pensiones" y similares que van saliendo de vez en cuando en los periódicos.
Lo que está claro también es que las alusiones a la fe, a la que tanto se acudía en los sermones (en los de antes, cuando todavía los sermones no necesitaban acudir a la política, digo), ha desaparecido bastante del mapa. Y es que a lo mejor (y se me ponen los pelos de punta escribiendo esto) la Iglesia ha caído en que Nietzsche que, ahora sí, viene a cuento, no estaba tan equivocado cuando afirmaba en (qué casualidad) "Humano, demasiado humano": "El pensamiento profundo puede estar muy lejos de la verdad. Si del sentimiento profundo se descuentan los elementos del pensamiento mezclados con él, queda el sentimiento intenso y éste no garantiza respecto al conocimiento nada más que a sí mismo, tal como la fe intensa no prueba más que su intensidad, no la verdad de lo creído".
Aunque ¿ha querido alguna vez la Iglesia probar la verdad de lo creído? No, creo que tampoco.
Ay, creo que hoy todo me resulta demasiado vago.
Sepan que todos los "sólo" así, acentuados, y todos los pronombres demostrativos también acentuados que han aparecido en este texto, los he escrito con la misma pasión e intención con la que me fumaré un cigarro en un bar el 1 de enero de 2011.
Saliendo de Casarramona, después del regustillo a fiasco que me ha dejado la exposición, he entrado en la tienda y me he ido con "Humano, demasiado humano", el libro entero en dos volúmenes y no sólo el título debajo del brazo. He llegado a casa, he comido con mi vecino, he subido a mi piso y me he puesto a leer. Dos horas después ya había conseguido reafirmarme en que la gente se toma muy a la ligera esto de coger un título de aquí y una idea de allá para intentar darle una cierta unidad o un cierto sentido a cosas que, por sí mismas, no lo tendrían tanto.
Entonces he pensado en el Papa, ¿qué le voy a hacer? aún no se ha ido... El Papa hoy ha hecho algo peor que coger un título y ponérselo por solideo; el Papa, lo que hoy ha hecho, ha sido coger un algo que suena bien y que puede gustar a un sesenta por ciento de la población por lo menos, para presentarlo como idea suya, o sea, de la Iglesia, de la Iglesia de ahora, más concretamente (la Iglesia de antes -ay, la Iglesia de antes...- no pensaba así). El Papa ha dicho en su homilía en la Sagrada Família: "la Iglesia aboga por adecuadas medidas económicas y sociales para que la mujer encuentre en el hogar y en el trabajo su plena realización".
Vamos a jugar.
"El Partido Socialista aboga por adecuadas medidas económicas y sociales para que la mujer pueda encontar en el hogar y en el trabajo su plena realización".
"El Partido Popular aboga por adecuadas medidas económicas y sociales para que la mujer pueda encontrar en el hogar y en el trabajo su plena realización".
Sí, suena más creíble en un contexto de mítin socialista. Una vez comprobado esto, me pregunto:
¿Qué hace el Papa haciendo política en una homilía? O peor: ¿qué hace el Papa haciendo política socialista en una homilía?
Es igual, el caso es que la ha hecho. Y ¿han visto ustedes cómo haciéndola se ha sacado de la manga y ha hecho suyo (de la Iglesia) el anhelo de algo que desde hace unos años se viene reclamando como derecho fundamental?
Creo que no descubro nada si digo aquí que todo está cortado siguiendo el patrón de la mismiiiiita demagogia con la que los políticos diseñan sus promesas preelectorales. Piensen por ejemplo en los "queremos asegurar el bienestar de los jubilados y para eso vamos a subir las pensiones" y similares que van saliendo de vez en cuando en los periódicos.
Lo que está claro también es que las alusiones a la fe, a la que tanto se acudía en los sermones (en los de antes, cuando todavía los sermones no necesitaban acudir a la política, digo), ha desaparecido bastante del mapa. Y es que a lo mejor (y se me ponen los pelos de punta escribiendo esto) la Iglesia ha caído en que Nietzsche que, ahora sí, viene a cuento, no estaba tan equivocado cuando afirmaba en (qué casualidad) "Humano, demasiado humano": "El pensamiento profundo puede estar muy lejos de la verdad. Si del sentimiento profundo se descuentan los elementos del pensamiento mezclados con él, queda el sentimiento intenso y éste no garantiza respecto al conocimiento nada más que a sí mismo, tal como la fe intensa no prueba más que su intensidad, no la verdad de lo creído".
Aunque ¿ha querido alguna vez la Iglesia probar la verdad de lo creído? No, creo que tampoco.
Ay, creo que hoy todo me resulta demasiado vago.
Sepan que todos los "sólo" así, acentuados, y todos los pronombres demostrativos también acentuados que han aparecido en este texto, los he escrito con la misma pasión e intención con la que me fumaré un cigarro en un bar el 1 de enero de 2011.
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