dissabte, 12 de gener del 2013

Volver a leer esto:

¡Enemigos, no hay enemigos!, exclamo yo, el necio viviente. ('Humano, demasiado humano', Nietzsche. Akal).

Y ver que, en su día, lo leíste mal, porque aún no habías leído 'Nietzsche contra Wagner' (de Nietzsche, también. Edicions de 1984).

Y creer que Derrida escribió 'Políticas de la amistad', la tercera parte de su conferencia 'El oído de Heidegger', también sin haber leído 'Nietzsche contra Wagner'.

Y que te entre mucha vergüenza por pensar eso de Derrida, y acabar justificando la cosa pensando que, a lo mejor, la culpa es de Nietzsche porque escribió aquello cuando aún le faltaba el Wagner enemigo.

Y cerrar todos los libros y decidir hacer la siesta con la cabeza debajo de la almohada, por el miedo aquel recurrente a que te explote mientras intentas asimilarlo todo.
Ahora me ha dado por pensar en el Estado-empresa. Seguro que es una nueva caída del guindo por mi parte, pero no se me había ocurrido antes. Al menos, no sobre el Estado. Lo más parecido que me había venido hasta ahora a la cabeza había sido la idea editorial-empresa, siempre como explicación -hasta justificación (todo por la pasta)- de la decadencia del mito editorial como entidad cultural; cultural de alta cultura; alta como en 'de alta cuna, de baja cama': ¡Cuántas cosas explica esta canción! Explica, entre otras peripecias, la bajada del 'sube a buscarme si puedes' al '¿cómo quieres que me llame?', y digo bajada queriendo decir caída, porque caer es lo que hay que hacer para comprender todo esto que digo. Caer es perder. No es lo mismo bajar, del burro, por ejemplo. Bajar es a entender lo que caer es comprender. Es muy distinto. Me estoy liando.

Lo que quiero decir es que, si el objetivo, por definición, de una empresa es ganar dinero, si no lo gana, es una empresa fracasada. Esto, traducido a la editorial-empresa, vendría a querer decir que si una editorial, teniendo oportunidad de hacerlo, no publica a María Dueñas, por decir una, es una mala editorial-empresa. Esto quiere decir que una editora de una editorial-empresa, si no dice esto

“traduir del castellà no té cap sentit quan es tracta d’una obra molt literària, o amb una forta empremta d’autor, però quan es crea un fenomen que sobrepassa l’estricte interès literari aleshores crec que sí que val la pena traduir.

(Toda la entrevista, aquí).

sería una mala editora.
¿Dónde queda entonces la alta cultura? Fuera. Queda fuera. Porque la alta cultura no vende.

Volvamos al Estado-empresa.
¿Qué beneficio hay en reciclar todo el vidrio aunque el fabricante de ese vidrio no haya pagado su tasa por reciclarlo? Bueno, un beneficio ecológico hay, sí. ¿Cuánta pasta da el beneficio meramente ecológico? Ninguna. Igual mueren menos animalillos, menos plantas y tal, gracias al beneficio meramente ecológico, pero pasta, lo que es pasta: ni un duro. Y, oye, si las empresas, respaldadas por el Estado, que se dedican a ello están ahí, es precisamente para ganar duros, no para que los animalillos crezcan en un ambiente más sano.

Ah, nosotros somos animalillos, por cierto.
Somos los animalillos que pagamos por el reciclaje, los que pagamos por los libros, creyendo que pagamos por la ecología y que pagamos por la cultura.

¿Ven el timo? Pues sobre todo no caigan: bajen. Bajen a verlo para, inmediatamente, querer dar el salto que hace falta para subir. Pero para eso tendrán que equiparse primero: aquí dan una buena y clara información sobre todo el engaño este del reciclaje que les comentaba.

En cuanto a la cultura, no sé: ya verán cómo se las apañan. Lleva tiempo y trabajo, la cosa. Y no aporta demasiado beneficio económico, por no decir ninguno... Y, claro, eso no cuadra con la idea persona-empresa, que es otra cosa que también daría para un post.

dissabte, 29 de desembre del 2012

Aquí ando, comiéndome un bocadillito, que es como uno le llama a lo que se come a media mañana para que no parezca tan comer a deshora, y bebiéndome un quintillo , ídem para que no parezca tan beber; decidiendo que me da positivo el recuento de las cosas y las personas del último año siempre que truque la suma de lo que no y apunte que todo, al final, va más allá y ha servido para algo en la vida. En la mía, al menos.

Qué cosa esta de balanzar que, al final, siempre acabamos balanceando.

dimarts, 25 de desembre del 2012

Willy Uribe, el escritor, lleva 15 días en huelga de hambre. No come, pero hace todo lo que aún puede hacer, en casa de Cristina Fallarás, quien, si no han cambiado las cosas en las últimas semanas, está esperando a que la desahucien.

Me he encontrado esta mañana la noticia aquí. Yo sabía que Uribe estaba en huelga por tuits que la Fallarás va colgando cada día, mencionando en cada mensaje a alguien que debería enterarse pero que no sabe o no se llega a manifestar. Lo que yo no sabía aún es que Uribe se había trasladado del local de Sigueleyendo, donde empezó a no comer, a casa de su amiga, y, en saberlo, he pensado: fíjate que Uribe no come por exigir que saquen a alguien de un sitio -pide que indulten a un extoxicómano, como han indultado a yonquis de drogas más caras que se llaman tortura policial- en otro sitio del que pronto todos van a ser sacados. Y me he preguntado si no sería eso demasiadas campanas a tocar para tan pequeño campanar.

Luego he pensado que no: que todos deberíamos estar dando campanazos a lo bestia, que deberíamos estar echando mano desde hace tiempo al badajo gordo. ¿No son tiempos estos más de tocar a fuego -que es un toque mucho más histérico, mucho más de urgencia- que de campanilla y gingle bell?

Y luego he pensado en el campanillero mayor. En todos los diarios en los que no hay noticias de Uribe, Juancarlitos va el primero; en el que sí, Uribe va después. Y viendo esto se me ha ocurrido que últimamente las cabeceras vendrían a ser el coro mayor de cascabeleros, que quiere decir locos y quiere decir sonajeros. El coro que todo el año va de portal gordo en portal gordo, sin ni acercarse al de Belén -que hoy es el de la Fallarás- pidiendo la limosnica, la migaja; haciendo de pobres oficiales de cada casa, como aquellos que pasaban en las fechas señaladas por la de los Sagarra en Mercaders: colla de tullits, enseñando bien las carencias, asustando a los niños ricos obligados por sus padres a mirar y luego a acercarse -horror- a darles dos duros, que era lo mismo que pagarles para que desaparecieran de su vista hasta la cita programada para para un año después.

Uribe no da miedo, lo de Uribe se arregla firmando un papel, pero el campanillero mayor ayer salió por la tele con el culo encima de los papeles a firmar.

Señalaba para otro lado, el campanillero mayor. Apuntaba a la 'gran España' con un dedo de una mano mientras cruzaba los de la otra para que no lo viéramos a él. Va, corifeos, decía, tras este primer hopperiano plano, que dice 'el Rey está triste, ¿que tendrá el Rey?', sigan centrándose en los portales gordos y no en los de Belén; voy a decirles qué nos tiene que preocupar y con qué nos tenemos que esperanzar, y ni una cosa ni la otra, es Willy Uribe, ni una cosa ni la otra es la Fallarás; céntrense en la fuerza de unos y no en la que están perdiendo otros a base de hacer las maletas, a base de no comer.

Y no dijo desesperación, dijo preocupación; y no dijo realismo, dijo pesimismo como cosa mala; y dio así todos los tonos a tocar; dio así los dos duros que los mandarán, hasta el año que viene, con los villancicos a otra parte. Y también dijo que, hasta entonces, (y creo que esto era una orden) feliz Navidad.

dimarts, 18 de desembre del 2012

Ahora voy a hacer un post femeninamente nada popular, creo.

El otro día mi nombre aparecía entre otros de otras en un artículo en el cual se denunciaba a una revista online por no tener a mujeres (o casi no tenerlas) en su plantilla; que, incluso, denunciaba también, no abundaban las mujeres tampoco entre los protagonistas de sus contenidos (entrevistas y demás).

Bueno. Gracias por la parte que me toca. La periodista que lo firmaba consideraba que servidora era digna, estaba al nivel, por lo que fuera, de tener un hueco en dicha publicación, y eso halaga un montón, claro, porque la publicación en cuestión me gusta; además me ponía entre nombres de personas a las que admiro. Que encantada, vamos.

Pero es que, no puedo evitarlo, cada vez que se escribe una cosa así, pienso en aquel mail que nos llegaba a la tele de vez en cuando, tras un programa maravilloso sobre tal o cual cosa, con el plató lleno de invitados expertísimos en el tema, para hacernos denotar una única cosa: que en el plató había más señores que señoras. Mail reclamante de paridad sexual enviado por alguien quien, precisamente por su condición de señora, había sido incapaz de mirar y aprender sin verse interrumpida por la pulsión de contar cabecitas de señores y cabecitas de señoras, y escandalizarse porque no le cuadraban los números.

Yo, llámenme ingenua, soy de pensar que si en un sitio no quieren mi trabajo, es porque consideran que mi trabajo no es lo suficientemente bueno. Punto. Igual me equivoco y resulta que no, que lo que pasa es que estoy empeñada en hacer cosas de tío y no soy un tío; que ni siquiera soy capaz de ver esta discriminación y por eso me empecino, erre que erre, en seguir por ahí; que lo que pasa es que me falta conciencia de género en un mundo en el que hay mucha conciencia de género subliminal; que simplemente por llamarme Isabel y no Antonio, ya me están cerrando puertas sin ni siquiera mirar lo que hago. Si esto fuera así, ¿me voy a poner a luchar contra ello? Ostras, pues no; bastante tengo con luchar contra el tiempo, que no me llega, para poder leerme todos los libros y aún no libros que tengo que leerme a la semana; para escribir todas páginas que tengo que escribir a la semana sin dejar de quedar con mis amigos, llamar a mi madre, dormir alguna que otra siesta y, encima, alimentarme bien. ¿Se imaginan que por mi cualidad de mujer, encima, tuviera hijos? Pues yo no voy a imaginármelo, disculpen, soy así de egoísta y así de poco empática con las que sí los tienen.

Disculpen pero no voy a denunciar nada ni voy a ponerme a llamar la atención sobre mi género, me falta conciencia de grupo, de sexo, de lo que sea que pueda uno tener conciencia.

¿He sido ya lo suficientemente antipática? Igual diciendo esta perogrullada que voy a decir ahora lo arreglo un poco: Señores de jotdown, señores de Les Males Herbes, señores de L'hora del lector y de todas las publicaciones, programas de radio, televisión, señores elaboradores de cánones literarios, de libros de historia, de anuarios de grandes hitos de la humanidad: si son ustedes de los que aún se fijan en si la persona susceptible de figurar es hombre o mujer antes que en su obra, son ustedes unos ignorantes y hacen mal su trabajo.

Pero bueno, me da igual, es cosa suya. Yo, ahora, si me disculpan, voy a seguir intentando hacer bien el mío. (Y que sepan que odiaría enterarme de que, si un día me llaman para figurar en cualquier lado, la conversación que ha dado pie a la llamada hubiera empezado así: "Hey, tenemos que meter a alguna tía, que nunca lo hacemos y luego se quejan".)

dissabte, 15 de desembre del 2012


And the authorities felt ridiculous, and behaved in a rather ridiculous fashion, and it was all a mad hatter's tea-party for a while.

(D.H. Lawrence prediciendo en 'Lady Chatterley's Lover' el día 1 de la independencia de Catalunya.)

divendres, 14 de desembre del 2012

Ayer, Xavier Montanyà le hacía a Wert un psicoanálisis de baratillo en Vilaweb que venía a decir que el ministro era como era porque su padre se inventaba las historias de tiros que se inventaba, que vendría a ser como decir que, si el hijo de Walt Disney estaba como una cabra era porque su padre se inventó que los elefantes bailaban en tutú y los ratones hablaban.

La gente, tan necesitados estamos de decir que Wert es malo malísimo como si no lo dijera ya él cada día, jaleó el artículo sin tener en cuenta que lo que el padre de Wert hacía era ficción; una ficción consumida por miles de lectores en una época en la que poca opción de ficción había, y construída por unos cuantos autores que se dejaban el tiempo, el sueño y hasta la dignidad laboral en vivir de la literatura cuando prácticamente nadie podía hacerlo.

Ayer, Montanyà, queriendo cargarse a Wert, que es lo que se lleva ahora, se cargó todo un género; tachó de esquizofrénicos a los integrantes de toda una generación de autores, de cineastas, y, de paso, a toda una generación (o varias) de lectores, de telespectadores de domingo por la tarde.

Ayer, Montanyà, hizo de censor de brocha gorda: dijo que la ficción literaria podría llevar a la maldad de quien estuviera en contacto con ella, y se quedó tan ancho. No investigó más allá. No pensó que alguno de aquellos autores aún podía leerlo. No pensó en Curtis Garland, por ejemplo, el contacto con el cual a lo único que te lleva es a quedarte con una sonrisa en la cara durante el resto del día. No pensó en Silver Kane tampoco, el hijo del cual -Enric González- debe de parecerse a Wert como un huevo a una castaña.

Le dio igual. Creyó encontrar la veta y la vendió al primer golpe de pico, sin molestarse en cavar más allá; escupió lo que él creyó que a la gente le gustaría leer en ese momento. Y la gente, tan necesitados de villanos andamos, venga a jalearlo y a darle al retuit.