dijous, 4 d’octubre del 2012



Javier Pérez Andújar e Isabel Sucunza cantan Sau
Taifa, hoy, 19h.
Entrada libre (no se va a obligar a nadie) y salida también.



(Lo de la Moritz es verdad)

dimecres, 3 d’octubre del 2012

Hola.
No sé, ¿eh?, que no lo he leído pero, ¿en serio que "50 sombras de Grey", una historia de una jovencita inexperta que acaba entregándose a las "peculiares prácticas eróticas" (sic.) de un "joven empresario" (sic. también) es el libro insignia de un nuevo (¿nuevo?) género literario (¿género? ¿literario?) que supone la salida sexual del armario de cientos de miles de mamás lectoras (¿lectoras?) de todo el mundo?
¿Estamos aún en la época de las mesas camilla?
El mundo está fatal.
Tíos, haced algo.

dimarts, 2 d’octubre del 2012

Nada como ir a la fuente para entender el concepto, para que el concepto pierda las máscaras. Ayer, el presidente Mas, en el primer minuto de su entrevista en el Àgora (¡Oh! ¡Qué sentido acaba de coger aquí esto de ágora!), soltó el término 'transversalitat'; que al pacto fiscal no se le podía negar su transversalidad, dijo.

Ustedes probablemente no lo saben pero en los medios de comunicación públicos, 'transversalidad' es últimamente la palabra de moda (igual que, cuando el tripartit, 'sinergias' lo era). Nos la soltaban en cualquier reunión y a cualquier hora, en la tele, y a nosotros nos sonaba a patraña de marketing. Bien, la cosa parece que va más allá: más que de marketing es una cosa de política (oh, wait!) y vendría a querer decir nada más y nada menos que el famoso 'café para todos'.

Teníamos que hacer un programa 'transversal' porque toda la tele pública tenía que serlo. No voy a decirles qué es un programa transversal; pongan la tele a cualquier hora y lo verán. Voy a decirles qué no era transversal. Un programa no transversal era, por ejemplo, hacerle una entrevista de una hora a un editor ruso en ruso. Eso era tangencial, digamos, siendo el círculo la masa y el programa la recta que lo tocaba solo por un punto; el punto de los cuatro espectadores interesados en la literatura rusa... en ruso. Mínimo impacto, mínima audiencia. No servía. Para servir, en el mismo programa debía salir un abuelo, una niña, un músico y un ruso, vale, pero que hablara catalán, que el catalán sí que valía (o tenía que valer) como transversal. ¿Lo van pillando?

No era cosa exclusiva de la tele, esta. Unos meses después de acabar el programa, presentamos un proyecto de un programa también de libros a una emisora de radio. Lo intentamos, al menos: el director de la emisora nos dijo que no creía en los programas de radio antes de empezar con la presentación. ¿Por qué? Porque los libros no son transversales, que son tangenciales. Lo que sí que era transversal era tener muchos programas en los que hubiera un momentico de nada dedicado a los libros (y otro a la política y otro al fútbol y otro a los videojuegos y a la salud natural, por ejemplo). Conseguir la transversalidad a base de tangentes y usar el catalán para impactar de lleno (tenía que impactar de lleno, el catalán) en la masa de la audiencia.

Mas quiere ser transversal, impactar en la masa. Tiene un arma transversal: el pacte fiscal, si no, de qué se iba a aferrar a él cuando ya no tenía ni medio sentido emperrarse. A partir del impacto pleno del pacte (todo el mundo se preocupa por la pasta, claro), uno puede dibujar las tangentes que quiera: la independencia, por ejemplo, porque, no nos engañemos, la independencia no hará de Mas un político transversal por mucho que últimamente parezca que sí; que si no hubiera más en juego que eso, a ver qué masa seguía a Mas.

Así que viva la transversalidad. Bueno, la democracia funciona a base de masas.

dilluns, 1 d’octubre del 2012

Vente a comer a Sant Fost. Coge el tren de las 13.33h.
Llueve. Y los trenes parados. Y la salida del mío anunciada para las 14.17h. Le envío un mensaje a O.:

"Diu sortida estimada a les 14.17. Doncs jo no me l'estimo gens, aquesta sortida".

"Vinc a buscar-te", respon.

Aparece con el coche en paseo de Gràcia-Aragó, llevo esperándole media hora, ahí, plantada, indicando direcciones a todos los guiris que me las preguntan: La Pedrera, para arriba; el metro, para la izquierda; el tren, para la derecha. Y ¿Sant Fost? Sant Fost, ni idea. A Sant Fost vamos a ir por una carretera que no cojo nunca pero que es mucho más bonita que la autopista, dice O. ¿Tienes hambre? Mucha. Badalona. Tres vueltas. ¿Si te digo que me he perdido, te lo crees? No podría creerme otra cosa pero no pasa nada: llevo una txistorra. Y llueve, de sed no nos moriremos. ¿Y si nos quedamos aquí mismo? A mí me parece bien. Espera, creo que ya sé por dónde es. Hay muchas curvas, ¿te mareas? No, digo, cuando era pequeña, siempre: en Velate, pero luego lo superé.

No lo superé, no es que el estómago se me asentara; lo que pasa es que hicieron la autovía de Leizarán y mis padres empezaron a atreverse a dejarme sola los sábados en casa, así que me pareció que sí, que ya me había hecho mayor. Estoy mareadísima pero no vomitaré porque me muero de hambre y porque está siendo el mejor viaje en meses. Casi.

Tres horas de Barcelona a Sant Fost.
El mejor viaje en meses. Bah, sin casi.

dimecres, 26 de setembre del 2012

Toooodo el mundo, de repente, por la causa catalana como respuesta a la crisis, a la mala gestión de Rajoy (antes Zapatero), a las tundas en las manis, dicen. Vale.

Voy a decirlo una vez por si a alguien le pudiera interesar: en este libro que ahora llega a las librerías



y que de momento está siendo apto para la recomendación en Marie Claire y Vanity Fair (y bienvenida sea la promoción, of course) porque servidora es una señora o señorita y porque el hilo conductor de la historia no deja de ser el dietario de una dependienta de una tienda de ropa, hay cosa catalana. Cosa catalana escrita por alguien por la causa catalana como consecuencia de Joan Sales, Màrius Torres y Josep Pla. O, lo que es lo mismo, de Club Editor y de A Contravent.

Yo sigo creyendo que la literatura tiene la última palabra, seguro, pero sobre todo la más gorda. Igual que creo que lo cree Sánchez Piñol, por ejemplo. Así que añádanlo ya a la lista. Y a La Campana también.

dimarts, 25 de setembre del 2012

Hay un mamoneo tan cutre montado por todas partes que parece que, hasta de asuntos que pudieran tener una cierta transcendencia potencial, se hacen bandos y el debate llega un punto en el que se estanca y se limita al 'ha dicho culo'.

Es horrible. Me deprime. No: primero hace que me sienta muy lista ante el darme cuenta de tan visionaria previsión; luego hace que se me congele la sonrisa y que los dedicos con el signo de la victoria vayan doblándoseme falange a falange hasta quedarme las manos muertas y colgantes cual las de un Mr. Burns de pacotilla. ¿O no sabían que las manos colgantes de Mr. Burns no eran otra cosa que signos de la victoria desinflados? Pues eso.

Hace muchos años salió un libro, 'Viure mata', de Abel Cutillas. Llevaba un aforismo que venía a decir algo así como que el holocausto fue un homenaje a los judíos (perdón, los aforismos hay que decirlos bien por respeto a su habitualmente imbricado proceso de creación, pero es que se ha repetido tantas veces ya que estoy segura de que ustedes lo han leído. Y me da pereza buscarlo). Hace menos tiempo salió un libro coordinado por Arnau Pons, "Escriure després", en el que una serie de pensadores, partiendo del aforismo en cuestión, decía la suya. Yo me enteré y sufrí un poco. Pensé que vaya putada, que Cutillas se estaba currando una carrera y una obra para que ahora le repescaran una cosa que había dicho hacía tanto tiempo y que además caía de pleno en el territorio de lo tabú. Hablando con unos y con otros, vi que a lo mejor la cosa se ponía interesante; que interesante ya era de por sí, precisamente, la ruptura de ese tabú; y que unos y otros, Cutillas y los del libro, tenían fondo más que sobrado para generar una interesante discusión. Y, de hecho, empezaron a salir unos cuantos artículos que hicieron que pareciera que sí pero de repente habla Mathew Tree y la cosa se desvía un poco; se desvía aún más con otro artículo de Enric Vila; se empieza a hundir con los comentarios del mismo Vila en Twitter, y se hunde más lejos imposible del artículo inicial con una justificadísima carta firmada por varias personas cabreadas por ciertas cosas que decía Vila que poco tenían ya que ver con el aforismo inicial (a mí también me cabrearon esas cosas). Luego Vila intenta arreglarlo con otro artículo en el que empieza con un párrafo que recupera la figura de Cutillas (que había quedado ya por el camino, que la última mención digna que había tenido fue aquella del prólogo de Pons) para decir que se está haciendo muy famoso (no es cierto y, si lo fuera, habría que pensar los motivos de esa 'fama') y seguir con otro párrafo directamente demagógico.

El caso es que yo aún iba por ahí diciendo la lástima que era todo este asunto, lo bajo que había caído en unos pocos meses el listón inicial, el nivel de la discusión (imagínense que ya se había echado mano al socorrido 'yo tengo amigos judíos'), hasta que hoy, un mail que venía a decirme algo así como la primera frase de esta canción de Los Punsetes



me ha hecho bajar del burro.

Yo ya lo he dicho todo. Acabado el desmoronamiento de falanges, ahora he doblegado hasta las muñecas. Mr. Burns se va a otra parte.
Recuerdo haber leído hace un tiempo una entrevista a Jordi Pujol que en cierto punto de la transcipción me hizo pensar 'ahora es cuando apagan la grabadora y se la chupan' (ya, chico, yo pienso estas cosas, qué le voy a hacer). Era tan bestia el tono, tan extremadamente pelota, que impedía pensar 'esta entrevista es mala' porque lo contrario de malo es bueno y lo contrario de aquello habría sido, no sé, una snuff movie de serie B sin palabra de seguridad, con el molt honorable de protagonista.

Ya sé que han pasado los tiempos en los que en las facultades de periodismo se enseñaba en ética periodística aquella cosa tan pueril de la imparcialidad. Ya sé que ahora los diarios calzan a la izquierda o a la derecha abiertamente, con todo lujo de detalles, y desconfía de quien te diga lo contrario porque ese será el peor. Ya se que es absurdo hoy día ponerse a reclamar todo eso, pero es que hay algo más grave aún: antes los periodistas tenían un qué de mártires del sistema: trabajaban en tal o cual diario derechuzo o izquierdoso pero se les perdonaba un poco la cosa o era al menos comprensible por empatía hipotecaria y de matrículas de los coles de los críos; además se agradecía morbosamente luego el chascarrillo, entre cerveza y cerveza, de cómo no les publicaron tal noticia o les obligaron a cambiar de arriba a abajo tal otra. Pero es que ahora, por lo visto, el chascarrillo en el bar se hace antes. Y el bar es el twitter, por ejemplo, y hay periodistas que tienen un público de miles de amigos que les jalean comentarios del tipo 'no voy a dormir de los nervios porque mañana estaré todo el día con Artur Mas'; o 'mañana al Madrid, seguro que le metemos ocho'. Pero ¿qué mierda de crónica van a escribir luego?; ¿qué garantía me dan a mí todos estos comentarios de que mañana leeré algo escrito de manera profesional?

¿Se fiarían ustedes de un cirujano que les dice que está muy nervioso porque le hace una ilusión bárbara verles las tripas por dentro? Pues eso: igualico. Sólo que sus tripas no crean luego corrientes de opinión de mentes tan inconscientemente entusiastas como las de esta gente que va de profesional; no van a hacerles a ustedes liarse a hostias con uno del Madrid, calentado por los comentarios previos.

Joder, es que son unos irresponsables.