El día de la manifestación delante de la sede del PP de Catalunya, justo un día después de los atentados en Atocha, había muchísima gente y había muchísima policía también. Nos juntamos allí un montón de amigos, mi hermana Nuria y yo. Hubo un momento en el que sonaron un par de pelotazos. A mi hermana y a mí se nos activó el instinto de supervivencia pelotazo-¡corre! A nadie más le pasó: de repente nos dimos cuenta de que los pelotazos habían parado (aquello que oímos debió de ser simplemente de advertencia) y de que todo el mundo se había mantenido en su sitio: nadie más había huido. Yo después pensé: Joder, mi hermana y yo, educadas en un sitio en el que cuando disparaban, disparaban a dar, nos hemos acojonado vivas mientras que el resto, cual animalillos domésticos, ignorantes por tanto de este tipo de violencia, se han quedado en el sitio.
Una ha crecido en un independentismo criminalizado, tomado como cosa de adolescencia rebelde, irracional, de la que padres y cualquier autoridad moral le aconsejaba que se alejara por las consecuencias que este pudiera acarrear, que siempre eran malas, o sea, por miedo.
Hoy no me he acercado hasta Via Laietana hasta las ocho de la tarde. Hace unos días soñé que un loco, en la manifestación, sacaba un arma y disparaba contra la multitud. También hace unos días pensé que lo más lógico sería que se liara parda al final. No he salido de casa antes porque no quería perderme nada. He estado enganchada a la retransmisión de TV3 desde el principio. Hacia las ocho, me he acercado a Via Laietana. He parado en el stand de Labreu, he hablado un ratito con Ester y después me he asomado a ver qué se cocía.
Lo que se cocía era miles de personas pidiendo la independencia y nadie diciendo que aquello fuera malo. He visto furgones y policía en la plaza de Sant Jaume. Los policías iban a cara descubierta, ni siquiera llevaban una porra en la mano.
Un rato más tarde, en el 23, en Robadors, tomando unas cervezas tranquilamente en la calle, les contaba a mis amigos que hasta poco antes estaba convencida de que la cosa acabaría fatal, que yo había crecido creyendo que aquello que acababa de pasar era una cosa criminal, de adolescencia rebelde, irracional, de la que padres y autoridad blablablá.
No se imaginan el gran triunfo, que ha supuesto lo de hoy para los que crecimos creyendo todo aquello, para los que crecimos creyendo que todo aquello era malo y que, por tanto, no era posible.
dimecres, 12 de setembre del 2012
dimarts, 11 de setembre del 2012
La prueba de que los escritores e intelectuales de este país (los que intentan vendernos los medios como tales, al menos) no son conscientes de sus responsabilidades ni se toman en serio a ellos mismos como constructores de nada que no sea su segunda residencia, es que aún no he oído a ninguno de ellos responder a la pregunta 'Y cuando Catalunya sea independiente, tú, qué?', con un mínimo de nostalgia, con un mínimo de consciencia de que parte de su trabajo, de su misión, termina ahí. Con éxito, sí, pero termina.
¿Que cuando Catalunya sea independiente tú serás más feliz? ¿En qué coño estabas trabajando hasta ahora? ¿En un manual de autoayuda?
¿Que cuando Catalunya sea independiente tú serás más feliz? ¿En qué coño estabas trabajando hasta ahora? ¿En un manual de autoayuda?
dilluns, 10 de setembre del 2012
Maria Campillo, ayer, en el stand de 1984 y Club Editor, haciendo de 'librera por un día' espontánea, recomendando libros a curiosos y mirones; mientras a servidora, dentro, le faltaban dedos para ir señalando títulos diciéndole a Maria Bohigas, que no paraba de reírse: 'Este es fantástico y este otro es la leche y si no hubiera leído primero este de aquí, no habría disfrutado ni la mitad después de aquel de más allá'.
La caseta número 4 de la Semana del llibre en català, es de infarto, de caerse de culo.
Tener a las dos maries al servicio del personal, haciendo de libreras, es como para no querer despertarse jamás.
La caseta número 4 de la Semana del llibre en català, es de infarto, de caerse de culo.
Tener a las dos maries al servicio del personal, haciendo de libreras, es como para no querer despertarse jamás.
(Lista de libros que debo leer, del puño y letra de la Bohigas)
Ayer fue un gran día.
Es que no saben ustedes lo caras que me salían las tardes como la de ayer hasta hace unos meses.
(Y lo equivocada que andaba yo accediendo a pagarlas).
Ayer fue un gran día.
Es que no saben ustedes lo caras que me salían las tardes como la de ayer hasta hace unos meses.
(Y lo equivocada que andaba yo accediendo a pagarlas).
diumenge, 9 de setembre del 2012
dissabte, 8 de setembre del 2012
La única esperanza de hoy es golpear fuerte con la derecha mientras se conserva la cordura con la izquierda. La política se va a convertir en una pelea de gallos y la razón se irá por la borda. Tendrá que haber alguien que lleve la bandera.
Mi idea de la nueva novela tendría que encajar con esta situación pero ahora no veo ninguna esperanza de conseguirlo, si es que sobrevive alguna editorial al caos nazi que sin duda se nos viene encima. ¿Cómo íbamos a saberlo o a adivinarlo? Creo que esta vez hemos tocado techo.
Escríbeme si aún existes...
Le dice el loco de S. Thompson a William J. Kennedy en una carta escrita días después del asesinato del otro Kennedy, del presidente.
Es la primera carta en la que utiliza la fórmula 'miedo y asco' para referirse a algo que le producía terror.
(Esta mañana he enviado al Barcelonés un artículo en el que hablo de 'El escritor gonzo'. Estoy negra porque aún no está colgado. Es culpa mía, claro: me lo pidieron para la semana que viene, les dije que lo tendrían ayer y lo he enviado hoy, sábado. La gente descansa. Eres esclava del blog -me dijo un día Miquel Adam y tenía razón-; soy esclava de la inmediatez del blog).
Mi idea de la nueva novela tendría que encajar con esta situación pero ahora no veo ninguna esperanza de conseguirlo, si es que sobrevive alguna editorial al caos nazi que sin duda se nos viene encima. ¿Cómo íbamos a saberlo o a adivinarlo? Creo que esta vez hemos tocado techo.
Escríbeme si aún existes...
Le dice el loco de S. Thompson a William J. Kennedy en una carta escrita días después del asesinato del otro Kennedy, del presidente.
Es la primera carta en la que utiliza la fórmula 'miedo y asco' para referirse a algo que le producía terror.
(Esta mañana he enviado al Barcelonés un artículo en el que hablo de 'El escritor gonzo'. Estoy negra porque aún no está colgado. Es culpa mía, claro: me lo pidieron para la semana que viene, les dije que lo tendrían ayer y lo he enviado hoy, sábado. La gente descansa. Eres esclava del blog -me dijo un día Miquel Adam y tenía razón-; soy esclava de la inmediatez del blog).
Digo: ¿Y esos autores que en Madrid venden como churros y aquí, a mí, prácticamente no me suenan de nada?
Dice: Bueno, las librerías tienen el espacio que tienen, y lo que en Madrid no está ocupado por libros en catalán, lo tienen que llenar con otra cosa.
Y me imagino en una librería de Madrid, sin Rodoredas, Plas, Bonets, Bauçàs.
Y cambia de tema y dice: ¿Has visto que proponen a Murakami para el Nobel?
Digo: Murakami hace literatura japonesa para tontos. También proponían a Cabré.
Y hacemos, en un momento, una lista de gente que tendría o habría tenido millones de veces más derecho, por obra, por universo, al Nobel que Cabré. Y salen Rodoredas, Plas, Bonets, Bauçàs.
Y acabo diciendo: Bueno, me voy a trabajar.
Y contesta: Esto que estábamos haciendo, nena, también era trabajar.
Dice: Bueno, las librerías tienen el espacio que tienen, y lo que en Madrid no está ocupado por libros en catalán, lo tienen que llenar con otra cosa.
Y me imagino en una librería de Madrid, sin Rodoredas, Plas, Bonets, Bauçàs.
Y cambia de tema y dice: ¿Has visto que proponen a Murakami para el Nobel?
Digo: Murakami hace literatura japonesa para tontos. También proponían a Cabré.
Y hacemos, en un momento, una lista de gente que tendría o habría tenido millones de veces más derecho, por obra, por universo, al Nobel que Cabré. Y salen Rodoredas, Plas, Bonets, Bauçàs.
Y acabo diciendo: Bueno, me voy a trabajar.
Y contesta: Esto que estábamos haciendo, nena, también era trabajar.
dijous, 6 de setembre del 2012
Un día que estaba petarda perdida (y aburrida) fui a parar a una serie que se llama 'Drop dead, diva'. Va de una supermodelo que muere en un accidente y, porque sí -porque en el cielo se hacen un lío, explica la voz en off de la cabecera-, resucita allá mismo, en otra cama del hospital, en el cuerpo de una obesa abogada de éxito. El resultado: la protagonista es una gorda con gestos y actitud de supermodelo; va dando golpes de cabeza para apartarse el pelo de la cara y haciendo giros de final de pasarela por los juzgados de la ciudad.
La parte de la gorda, casi todo el rato, es de vergüenza ajena; la de la abogada hace un retrato extremo, supongo (aunque, desde hoy, me temo que no tanto), de lo que es la práctica de la búsqueda de la grieta en el sistema legal americano.
Explico: ella trabaja en un bufete al que llegan siempre casos delirantes. En el episodio que vi, llegaba a su despacho una señora con la urna de las cenizas de su novio en las manos. Iba porque había denunciado a la madre del difunto por querer quitarle las cenizas, cuando él, antes de morir, había ido a una agencia que ofrecía el servicio de dejar grabada tu última voluntad, se había plantado delante de una cámara y había dicho que, si le pasaba algo, quería que su novia supiera que le pertenecía (él a ella) en cuerpo y alma. Eso, según la novia, incluía las cenizas que la zorra de su exsuegra le quería robar.
La gorda, conmovidísima, acepta el caso, claro.
El expectador para este momento ya se ha puesto salomón y piensa que no hay caso: la mitad de las cenizas para una y la mitad para la otra... Pero bueno, llega el juicio, la gorda hace un discurso increíblemente efectivo y lacrimógeno explicando cómo cada uno vivimos de diferente manera la pérdida de un ser querido; la simbología de las cenizas en cuestión; la importancia de la urna como presencia dentro de la casa... Llegados a este punto en el que ella, protagonista, parece que lo tiene ya todo ganado y yo, espectadora, me he puesto a buscar el mechero dispuesta a reducir a cenizas el geranio del balcón, tan falta de simbología y presencias en mi casa me hallo, sube a testificar la hermana de la novia y entre lágrimas, para a-lu-ci-ne del jurado popular, declara que su hermana no puede de ninguna manera quedarse con las cenizas porque está tan mal de la cabeza que se las está comiendo. Y que le duele más a ella que a ella otra y tal.
El juez se enfada mucho, martillea repetidamente con el macito, y grita, entre los ahs y ohs escandalizados de toda la sala, que le quiten inmediatamente la urna a esa tarada. La tarada forcejea un poco con el alguacil, el alguacil consigue quitarle la cajita de las manos, la tarada se desmaya.
La gorda, que no puede perder un caso bajo ninguna circunstancia, va a verla al hospital. En el hospital se entera de que no se ha desmayado del soponcio, qué va, se ha desmayado porque le han encontrado restos de noséqué en la sangre. La gorda piensa: tate, la suegra, que también está loca, la estaba envenenando. Cita a la suegra en el despacho, se pone hamletiana perdida y le mete un sermón tras el cual la suegra acaba confesando cual pajarillo que sí, que la quería matar, a la tarada. La gorda, claro, lo ha grabado todo. Vuelve al juzgado, le mete otro discurso terriblemente dramatizado, con cada frase en su sitio, con cada cabeceo ejecutado en el momento exacto, al juez.
La madre va a la cárcel, la tarada no puede recuperar nada de las cenizas (se había comido la mitad, recuerden, y la otra mitad, la zorra de la madre la había tirado por ahí en cuanto tuvo ocasión, para eliminar pruebas y tal) pero ya anda contenta porque empieza la terapia.
Tres discursos espectaculares -dos en el juzgado y otro en el despacho- y el público, el jurado y el juez en el bolsillo. El caso sigue siendo delirante, el planteamiento de la serie absurdo. Es igual. La retórica gana. This is America.
Lo digo por el discurso de Clinton de esta pasada noche, claro. Todo el mundo entregado a Clinton la Abogada Obesa. Qué gran orador.
La parte de la gorda, casi todo el rato, es de vergüenza ajena; la de la abogada hace un retrato extremo, supongo (aunque, desde hoy, me temo que no tanto), de lo que es la práctica de la búsqueda de la grieta en el sistema legal americano.
Explico: ella trabaja en un bufete al que llegan siempre casos delirantes. En el episodio que vi, llegaba a su despacho una señora con la urna de las cenizas de su novio en las manos. Iba porque había denunciado a la madre del difunto por querer quitarle las cenizas, cuando él, antes de morir, había ido a una agencia que ofrecía el servicio de dejar grabada tu última voluntad, se había plantado delante de una cámara y había dicho que, si le pasaba algo, quería que su novia supiera que le pertenecía (él a ella) en cuerpo y alma. Eso, según la novia, incluía las cenizas que la zorra de su exsuegra le quería robar.
La gorda, conmovidísima, acepta el caso, claro.
El expectador para este momento ya se ha puesto salomón y piensa que no hay caso: la mitad de las cenizas para una y la mitad para la otra... Pero bueno, llega el juicio, la gorda hace un discurso increíblemente efectivo y lacrimógeno explicando cómo cada uno vivimos de diferente manera la pérdida de un ser querido; la simbología de las cenizas en cuestión; la importancia de la urna como presencia dentro de la casa... Llegados a este punto en el que ella, protagonista, parece que lo tiene ya todo ganado y yo, espectadora, me he puesto a buscar el mechero dispuesta a reducir a cenizas el geranio del balcón, tan falta de simbología y presencias en mi casa me hallo, sube a testificar la hermana de la novia y entre lágrimas, para a-lu-ci-ne del jurado popular, declara que su hermana no puede de ninguna manera quedarse con las cenizas porque está tan mal de la cabeza que se las está comiendo. Y que le duele más a ella que a ella otra y tal.
El juez se enfada mucho, martillea repetidamente con el macito, y grita, entre los ahs y ohs escandalizados de toda la sala, que le quiten inmediatamente la urna a esa tarada. La tarada forcejea un poco con el alguacil, el alguacil consigue quitarle la cajita de las manos, la tarada se desmaya.
La gorda, que no puede perder un caso bajo ninguna circunstancia, va a verla al hospital. En el hospital se entera de que no se ha desmayado del soponcio, qué va, se ha desmayado porque le han encontrado restos de noséqué en la sangre. La gorda piensa: tate, la suegra, que también está loca, la estaba envenenando. Cita a la suegra en el despacho, se pone hamletiana perdida y le mete un sermón tras el cual la suegra acaba confesando cual pajarillo que sí, que la quería matar, a la tarada. La gorda, claro, lo ha grabado todo. Vuelve al juzgado, le mete otro discurso terriblemente dramatizado, con cada frase en su sitio, con cada cabeceo ejecutado en el momento exacto, al juez.
La madre va a la cárcel, la tarada no puede recuperar nada de las cenizas (se había comido la mitad, recuerden, y la otra mitad, la zorra de la madre la había tirado por ahí en cuanto tuvo ocasión, para eliminar pruebas y tal) pero ya anda contenta porque empieza la terapia.
Tres discursos espectaculares -dos en el juzgado y otro en el despacho- y el público, el jurado y el juez en el bolsillo. El caso sigue siendo delirante, el planteamiento de la serie absurdo. Es igual. La retórica gana. This is America.
Lo digo por el discurso de Clinton de esta pasada noche, claro. Todo el mundo entregado a Clinton la Abogada Obesa. Qué gran orador.
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