Aquí, servidora, después de ver los precios de las buenas localidades
del Liceu, dándose de cabezazos por no haber comprado la entrada para
'El holandés errante' cuando, leyendo 'El gos cosmopolita', pensó en
hacerlo, y planteándose muy seriamente si empezar ya a dejarse de amor y
de hostias para ponerse a buscar un sugar daddy que se ocupe de pagar estas cosas.
Mientras, me consuelo con esto:
¿Quién iba a decir que ese ataque de tos registrado durante la obertura, iba a ayudar tanto, a dar tanto realismo, a la creación de esta pequeña ilusión?
dissabte, 1 de setembre del 2012
divendres, 31 d’agost del 2012
Miren: ESTO es un gustazo en medio de todo el desastre. O sea, la gente que adora lo que hace y que encima lo que hace es bueno, y que no funciona de forma mecánica, y que no es egoísta con su trabajo, y que no va dándoselas de importante.
En la elaboración de este libro han participado Marisa, Joan, Ferran, Albert, José Luis, Eduard y Enrique. Yo he tenido la suerte de estar también ahí en el ajo.
Lo mejor es que creo que los dos amigos que lo escribieron (Charles Dickens y Wilkie Collins) estarían bien contentos de vernos tan contentos a nosotros ahora por tener de nuevo en las manos aquello que ellos escribieron hace un porrón de años.
Yo últimamente me estoy haciendo muy rica por todos lados con un tipo de activos de los que, según los hombres de negro, no cotizan nada de nada.
En la elaboración de este libro han participado Marisa, Joan, Ferran, Albert, José Luis, Eduard y Enrique. Yo he tenido la suerte de estar también ahí en el ajo.
Lo mejor es que creo que los dos amigos que lo escribieron (Charles Dickens y Wilkie Collins) estarían bien contentos de vernos tan contentos a nosotros ahora por tener de nuevo en las manos aquello que ellos escribieron hace un porrón de años.
Yo últimamente me estoy haciendo muy rica por todos lados con un tipo de activos de los que, según los hombres de negro, no cotizan nada de nada.
Once y media de la noche.
Un crío en el balcón de enfrente de casa, saltando encima de una garrafa de agua vacía. El ruido es infernal: como el que hace una botella de agua al ser chafada para meterla en la bolsa del reciclaje del plástico, multiplicado por diez y constante -un salto, otro salto, otro salto... así durante media hora; los críos, cuando se ponen a saltar son imparables-. Salgo al balcón, le llamo la atención, no me oye. Espero a los intervalos entre saltito y saltito y voy haciendo eh, sht, sht, nene, nene, de manera acompasada con su "música" -momento ridículo, me hace hasta gracia-. Por fin, para y me mira. No saltes, le digo, que haces mucho ruido. Sigue mirándome. Sale su madre, me mira y le digo: es que hace mucho ruido con la garrafa. Le da un soberano bofetón, le arrastra de un brazo para dentro de casa y, antes de que cierre el balcón, cortinas y todo, delante de mis narices, acierto a decir bajito: ¿gracias?
Joder.
Mi sobrina de dos años ha aprendido a saltar la valla de seguridad de la escalera de su casa. Mi hermana le ha hecho un vídeo, lo ha colgado en el facebook y todo el mundo comenta lo mona que es.
Y luego, de mayores, queremos entendernos todos; y luego, de mayores, hacemos todos como si nos entendiéramos.
Un crío en el balcón de enfrente de casa, saltando encima de una garrafa de agua vacía. El ruido es infernal: como el que hace una botella de agua al ser chafada para meterla en la bolsa del reciclaje del plástico, multiplicado por diez y constante -un salto, otro salto, otro salto... así durante media hora; los críos, cuando se ponen a saltar son imparables-. Salgo al balcón, le llamo la atención, no me oye. Espero a los intervalos entre saltito y saltito y voy haciendo eh, sht, sht, nene, nene, de manera acompasada con su "música" -momento ridículo, me hace hasta gracia-. Por fin, para y me mira. No saltes, le digo, que haces mucho ruido. Sigue mirándome. Sale su madre, me mira y le digo: es que hace mucho ruido con la garrafa. Le da un soberano bofetón, le arrastra de un brazo para dentro de casa y, antes de que cierre el balcón, cortinas y todo, delante de mis narices, acierto a decir bajito: ¿gracias?
Joder.
Mi sobrina de dos años ha aprendido a saltar la valla de seguridad de la escalera de su casa. Mi hermana le ha hecho un vídeo, lo ha colgado en el facebook y todo el mundo comenta lo mona que es.
Y luego, de mayores, queremos entendernos todos; y luego, de mayores, hacemos todos como si nos entendiéramos.
dijous, 30 d’agost del 2012
Alucino con Núvol.
De vez en cuando van pidiendo por el Twitter voluntarios para cubrir tal o cual festival en lugares más o menos recónditos de Catalunya. Voluntarios; que no cobran un euro por ello, vaya. Y suelen encontrarlos. Supongo que les gestionan el pase de prensa o les pagan las entradas; eso espero.
Lo de trabajar gratis es curioso.
Hace poco me escribieron de un sitio en el que, desde el año pasado, escribo sobre libros. Me decían que este curso no tenían presupuesto para pagar a los colaboradores pero que querían seguir tirando adelante la revista hasta que esta situación se solucionara; que si quería seguir haciendo lo mío, con la periodicidad que yo quisiera, eso sí, estarían encantados, pero que el plan era el que era.
Les dije que sí quería por tres motivos:
Uno: Desde el principio -incluso cuando cobraba- me han dejado hacer lo que me ha dado la gana.
Dos: Me caen bien (seguramente por eso primero que acabo de decir).
Y tres: Me lo paso bomba pensando que hago una cosa un poco puñetera: me ponga a escribir sobre el libro que me ponga a escribir, siempre acabo metiendo en el articulito alguna referencia que sé seguro que no encaja para nada en la selección de lecturas del público habitual de la revista. O sea, les miento a catalanes o a españoles de la primera mitad del siglo XX, incluso a algún americano de principios de siglo, a la que se despistan: se piensan, por ejemplo, que estoy hablando de Foster Wallace y resulta que una línea antes ya he cambiado a Sherwood Anderson; y les está gustando, e igual, a lo mejor, hasta alguno acaba leyéndoselo.
O sea que, al final, acabo siempre escribiendo sobre algo que a mí me gusta y pasándomelo bomba. ¿Esto es trabajo? Sí pero hecho con gusto: no pica nada y anula la sensación de esclavitud que podría provocar hacer esto mismo -sin cobrar, recuerden- a disgusto y para alguien con pasta. Supongo que esto último es lo mismo que debe de pensar -si se para a pensarlo en absoluto- el colaborador voluntario de turno que cubre el festival de su pueblo para Núvol.
Un día después de decirme que no podía pagarme durante los próximos meses y de que yo le dijera que aún así seguiría escribiendo, la redactora jefa de aquella revista que les contaba me mandó un mail con el asunto: "La vida es rara". Me decía que justo esa mañana, les habían aprobado un cierto presupuesto para colaboradores, y que podía ofrecerme las mismas condiciones que el curso anterior. Le contesté que la vida era rara, sí, pero rara rollo guay a veces; y que yuju. Me envió una respuesta en la que se leía claramente el mal trago que había sido para ella pedirme que trabajara para ellos gratis en el mail del día anterior.
No sé cómo les va a Núvol en plan financiero, la verdad, y no sé qué planes tienen para el futuro. Sí sé que les está quedando una revista bien maja en cuanto a contenidos. También sé que una redactora jefa como la de esta otra revista que les decía, no podría dormir traquila trabajando en el plan en el que ellos trabajan. Así que si es por pagar a los colaboradores activos o pasivos (también van recopilando por aquí y por allá entradas de blog ya escritas) aunque sea una remuneración simbólica, yo, ahora que sé que sí que cobraré por este otro lado que les contaba, me apuntaría a gusto a pagar una cuota de subscripción.
Es que, en serio, el trabajo, por mucho que guste, se debería pagar. Es una cuestión de dignidad.
De vez en cuando van pidiendo por el Twitter voluntarios para cubrir tal o cual festival en lugares más o menos recónditos de Catalunya. Voluntarios; que no cobran un euro por ello, vaya. Y suelen encontrarlos. Supongo que les gestionan el pase de prensa o les pagan las entradas; eso espero.
Lo de trabajar gratis es curioso.
Hace poco me escribieron de un sitio en el que, desde el año pasado, escribo sobre libros. Me decían que este curso no tenían presupuesto para pagar a los colaboradores pero que querían seguir tirando adelante la revista hasta que esta situación se solucionara; que si quería seguir haciendo lo mío, con la periodicidad que yo quisiera, eso sí, estarían encantados, pero que el plan era el que era.
Les dije que sí quería por tres motivos:
Uno: Desde el principio -incluso cuando cobraba- me han dejado hacer lo que me ha dado la gana.
Dos: Me caen bien (seguramente por eso primero que acabo de decir).
Y tres: Me lo paso bomba pensando que hago una cosa un poco puñetera: me ponga a escribir sobre el libro que me ponga a escribir, siempre acabo metiendo en el articulito alguna referencia que sé seguro que no encaja para nada en la selección de lecturas del público habitual de la revista. O sea, les miento a catalanes o a españoles de la primera mitad del siglo XX, incluso a algún americano de principios de siglo, a la que se despistan: se piensan, por ejemplo, que estoy hablando de Foster Wallace y resulta que una línea antes ya he cambiado a Sherwood Anderson; y les está gustando, e igual, a lo mejor, hasta alguno acaba leyéndoselo.
O sea que, al final, acabo siempre escribiendo sobre algo que a mí me gusta y pasándomelo bomba. ¿Esto es trabajo? Sí pero hecho con gusto: no pica nada y anula la sensación de esclavitud que podría provocar hacer esto mismo -sin cobrar, recuerden- a disgusto y para alguien con pasta. Supongo que esto último es lo mismo que debe de pensar -si se para a pensarlo en absoluto- el colaborador voluntario de turno que cubre el festival de su pueblo para Núvol.
Un día después de decirme que no podía pagarme durante los próximos meses y de que yo le dijera que aún así seguiría escribiendo, la redactora jefa de aquella revista que les contaba me mandó un mail con el asunto: "La vida es rara". Me decía que justo esa mañana, les habían aprobado un cierto presupuesto para colaboradores, y que podía ofrecerme las mismas condiciones que el curso anterior. Le contesté que la vida era rara, sí, pero rara rollo guay a veces; y que yuju. Me envió una respuesta en la que se leía claramente el mal trago que había sido para ella pedirme que trabajara para ellos gratis en el mail del día anterior.
No sé cómo les va a Núvol en plan financiero, la verdad, y no sé qué planes tienen para el futuro. Sí sé que les está quedando una revista bien maja en cuanto a contenidos. También sé que una redactora jefa como la de esta otra revista que les decía, no podría dormir traquila trabajando en el plan en el que ellos trabajan. Así que si es por pagar a los colaboradores activos o pasivos (también van recopilando por aquí y por allá entradas de blog ya escritas) aunque sea una remuneración simbólica, yo, ahora que sé que sí que cobraré por este otro lado que les contaba, me apuntaría a gusto a pagar una cuota de subscripción.
Es que, en serio, el trabajo, por mucho que guste, se debería pagar. Es una cuestión de dignidad.
Ando liada con la historia de un dictador. Los protas son el dictador, su hija, un taxidermista, una maestra, un país sin estado y otro con estado pero ridículo. Todo acaba en la orilla derecha del Sena, con un perro ladrando y un montón de papeles volando.
En los ratos libres leo a D'Ors y me convenzo de que la estructura de todo debería ir de glosa en glosa. Leo a Santiago Lorenzo y pienso que todo debería tener ese tono tragicómico. Leo el Ara y pienso que debería haber un periodista de paternalismo desaforado. Pienso en historias reales que ya no van a ninguna parte y veo claro que debo eliminar a tal o a cual personaje.
La vida, si no contuviera material novelable, sería tan aburrida como tener un gato, si tener un gato no diera pie a hacer cosas como esta que esta noche me ha pasado Jan:
(Nevermore/Alwayspee... Es puro Poe).
En los ratos libres leo a D'Ors y me convenzo de que la estructura de todo debería ir de glosa en glosa. Leo a Santiago Lorenzo y pienso que todo debería tener ese tono tragicómico. Leo el Ara y pienso que debería haber un periodista de paternalismo desaforado. Pienso en historias reales que ya no van a ninguna parte y veo claro que debo eliminar a tal o a cual personaje.
La vida, si no contuviera material novelable, sería tan aburrida como tener un gato, si tener un gato no diera pie a hacer cosas como esta que esta noche me ha pasado Jan:
(Nevermore/Alwayspee... Es puro Poe).
dimecres, 29 d’agost del 2012
Por lo visto, hoy se cumplen treinta años de la muerte de Ingrid Bergman. Yo, a Ingrid Bergman, siempre la he confundido con Grace Kelly y con Natalie Wood: con la primera, por el rollito europeo que cruza el charco; y con la segunda, por puritica propiedad transitiva: a la Kelly y a la Wood las confundo por el asunto drama familiar.
En cambio, a Aurora Bautista, que murió ayer, miren por dónde, no la confundo con nadie. Joder, como para confundirla: menuda tía era.
En cambio, a Aurora Bautista, que murió ayer, miren por dónde, no la confundo con nadie. Joder, como para confundirla: menuda tía era.
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