divendres, 3 d’agost del 2012


Mi madre oye la radio todo el día. La suele tener puesta en la cocina, a todo trapo porque también tiene ahí metiendo ruido a dos o tres pucheros o sartenes al fuego y el extractor conectado.
La radio suena por encima. La radio sobresuena el follón de la cocina.

Mi madre va acabando de cocinar: apaga un fuego, apaga otro, apaga el extractor y queda solo la voz del locutor de turno dando las noticias, por ejemplo, a grito pelao. Entoces ella grita aún más que él; grita que vayamos a la cocina. Entramos, nos sentamos cada uno en nuestro sitio en la mesa. Esa mesa ha viajado con nosotros de casa en casa y, quinientos kilómetros más para allá, cinc-cents quilòmetres més cap aquí, la colocación de la familia en esa mesa a la hora de comer ha sido y será siempre la misma, tan exactamente la misma que me he llegado a preguntar si no será esa colocación a la mesa el concepto ‘Familia’ en sí; y si no serán todas las familias, tristes o felices, iguales, igual que distintas son todas las mesas de las cocinas.

Nos sentamos, digo, y siempre hay alguien que suelta ¡la radio, mamá! Y mi madre responde ay, sí, es que ni la oigo. Ni la oye pero inmediatamente la apaga, se sienta, y se pone a cantar noticias, canta y come, come y comenta. Y nosotros vamos también comiendo y diciendo ah, ¿sí?, sí hombre…, ¡anda ya!, a todo lo que mi madre cuenta que no ha oído por la radio en la cocina.

Mi madre últimamente a veces se sienta a escuchar la radio de la cocina. Yo no lo he visto pero me lo ha contado. Primero me cuenta que lo hará cuando me llama para preguntarme a qué hora salgo, y luego me cuenta que lo ha hecho cuando me llama para decirme que muy bien. Esto pasa cada vez que voy al Cabaret Elèctric, de iCat FM, esa emisora que ahora amenazan con retirar de las ondas para dejarla solo por internet.

Cuando me he enterado de esta última amenaza, primero me he preguntado qué harían con el FM del nombre; luego he pensado que ya era esto el futuro: todo por internet; y para terminar me he imaginado que va a ser un poco difícil que mi madre lo entienda.

Nada, que se va a cabrear, mi madre, porque ella oye la radio en la cocina y a veces lo hace sentada en SU sitio de la mesa, reproduciendo un poco, aunque esté sola, EL concepto Familia. Y si ahora se tiene que ir al despacho a encender el ordenador para escuchar a la nena hablando de libros en el Cabaret Eléctric de iCat FM, mientras el resto de las emisoras puede seguir escuchándolas en la cocina como le gusta a ella, en familia aunque no esté la familia, pues va a pensar que es un supertimo esto del futuro o que alguien está haciendo las cosas fatal. Y va a tener toda la razón.

dimecres, 1 d’agost del 2012

Na Xesca Ensenyat escrivia, sí, però na Xesca Ensenyat sobretot cantava!

A Mangata hi havia la Cova Blava. Si pensava endur-se'n aquella pedra grossa foradada, perquè el bot no li fugís, el deixaria ben blau; ben blau al bot, amb l'amarra passada per un caramell de la Roca Lila, que també era blava. Lila, la Roca just ho era davall l'aigua. Tanmateix, tota sola na Laida no s'hi veuria, blava. La Cova Blava no era com un mirall: l'havien de veure blava els altres.

Una altra vida. (Lleonard Muntaner, 2012).

dimarts, 31 de juliol del 2012

Pienso: La semana que viene empiezo las vacaciones, no puedo quedarme en casa todo el día.
Y luego pienso: O sí.


diumenge, 29 de juliol del 2012

Por alusiones devueltas: como dice Bel Olid en su blog, a mí también me encantaría que todos fuéramos simplemente personas. Pero no: por el peso de años de discriminación o vete tú a saber por qué, para arreglar la cosa y recuperar el tiempo perdido, va y resulta que hay mujeres que se dedican a hacer literatura femenina. Y, lo que es peor, hombres y mujeres que se dedican a publicarla pensando en un público femenino. Cada vez que una historia sobre compaginar maternidad y vida laboral se presenta como novela en vez de publicarse directamente bajo el epígrafe de autoayuda, les juro que yo, que soy de prontos, me enfado primero con el mundo, con mi género después y, para terminar, con el marketing editorial de las narices que sigue pensando en los supermercados como puntos de venta ideales, y contando con que las mujeres siguen siendo las que van a hacer la compra.

Luego intento ignorar el asunto y me pongo a lo mío.

Piensen otra cosa, siguiendo con la respuesta: ¿quién ha tenido tiempo y dinero en las últimas décadas para quedarse en casa haciendo lo que les ha dado la gana? Las señoras de. Si lo hubieran hecho, las librerías estarían llenas de libros de individuas que en vez de ir a pasar la mañana al solarium del gimnasio con sus amigas, se habrían quedado en casa escribiendo. Montañas de libros de estas señoras, porque ellas, además de horas y pasta para escribir, son quienes tienen los contactos en Planeta, por ejemplo.

Ells ho tenen més fàcil per a tenir una cambra pròpia. Tener habitación (nicho es más feo) literaria propia debería de ser de todo menos fácil: para ellos y para ellas. Pienso que si alguien lo tiene fácil, es que o tiene muchos amigos de Facebook o se está engañando o le están engañando. Hablo por ejemplo de poetisas con despacho en Mondadori -toma habitación- que escriben sobre sangre porque ellas, mujeres, sangran; y que escriben sobre muerte porque ellas, personas, jóvenes para más morbete añadido, se han dado cuenta de que morirán. Por favor.

Lo del nicho, es que incluso dudo de si el de verdad puede conseguirse en vida -de ella o de él, da igual-. De lo que no dudo es de que la literatura -sea masculina o femenina-, la buena, dura y es solidísima.

Que hay pocos casos de mujeres que podamos valorar ahora que ya tenemos cierta perspectiva, de acuerdo: el mundo era como era. Pero haberlas, haylas: Toni Morrison, Rodoreda, Edith Wharton, Murasaki Shikibu, Colette, Françoise Sagan, Carson McCullers... No creo que lo tuvieran muy fácil, estas, reclamando igualdades de derechos por ricas que fueran algunas. Tampoco creo que, aunque los reclamaran, se les fuera la fuerza por la boca haciéndolo. Creo en cambio que sí supieron defenderlos de la única manera que deberían defenderse: trabajando, trabajando y trabajando.

Y creo que para nosotras, ahora, lo que es difícil es precisamente eso: trabajar, trabajar y trabajar. Pero para ellos, para los que van en serio, también lo es. Y esta dificultad no viene de fuera; no viene de sociedades machistas ni de grandes desigualdades sociales. Esta dificultad, la buena, la que acaba funcionando, tiene que ser uno mismo quien se la imponga.
Pinilla, ¡qué maravilla!

"El problema de la pérdida de la infancia siempre lo he tenido presente, pero no he escrito sobre la pérdida de la infancia. Espero escribirlo algún día; ahora se me ha ocurrido, hablando contigo. Muchas cosas que te estoy contando las estoy pensando casi por primera vez. Creo mucho en la espontaneidad y me estoy dando cuenta de que hay cosas que las tengo pensadas de antes, pero otras no. Cuando tengo que leer un discurso pido perdón, porque tengo muy mala memoria. De hecho escribir es un acto de espontaneidad: tienes una idea, la desarrollas en una línea o dos y luego estás escribiendo horas. La mitad de las cosas que pones no sabías que las sabías".

"El individuo que no pinta y que no escribe es porque, desgraciadamente para él, tiene facilidad de expresión, es simpático, es aceptado en sociedad y habla mucho… ese es el genio de las tertulias. Y generalmente no hace nada serio luego. Todos necesitamos contarnos de alguna forma. Los que no hablamos, los que no vamos a tertulias, luego en casa tenemos que meternos a escribir para contarnos cómo somos. Ese es uno de los secretos de la vida".

Toda la entrevista, que le hace (otra maravilla) Enric González, aquí.
(vía esta entrada de (ooootra maravilla!) La Patrulla de Salvación).

dissabte, 28 de juliol del 2012

Yo solo digo que hay que tener activado un sentido del que yo carezco para darse cuenta: leí la lista de autores de los relatos que van incluidos en el número 6 de la revista Les males herbes y no me fijé en que eran todo tíos hasta que alguien lo dijo por el Twitter.

No me pasa solo con casos de género: me pasa también con el idioma, ya ven. A veces me doy cuenta a medio mail de que le estoy escribiendo en catalán a un amigo de Pamplona. Y al revés. Suelo lanzarme a escribir en uno u otro dependiendo de la conversación que haya mantenido inmediatamente antes de emprender la tarea redactora. Llámenme despistada, llámenme inconsciente, llámenme incluso cínica porque si, para cuando me doy cuenta de que le he dicho 'Hola, ¿qué tal?' y no sé cuántas cosas más a cualquiera de mis amigos jordis o alberts llevo ya medio mail, bien cambio al catalán de repente, bien sigo escribiendo en castellano con toda mi jeta. Si es al revés no; si es al revés borro y vuelvo a comenzar. Piedras a mí.

Volviendo a lo del género: Henry James tiene una novela maravillosa protagonizada por una señorita que allá por finales del siglo XIX se casa sin decírselo a la familia, se queda embarazada, no se lo cuenta al marido, huye a Europa y da el crío en adopción a una campesina porque no puede ni verlo. Aunque lo cuenta en tercera persona y el narrador es un señor, no he leído yo novela tardodecimonónica más femenina ni feminista. Ni tardodecimonónica ni casi del siglo XX ni de lo que va del XIX. Para que se hagan a la idea (SPOILER): cuando al final del libro Georgina -la protagonista- se reencuentra con el marido, él le dice algo así como: 'abandonar así al crío... Podías haberlo matado directamente con tus propias manos', a lo que ella contesta: 'O también podía haberme suicidado yo, ¿no?'

Ahora parece que me estoy haciendo un lío diciendo que novela femenina es la que trata temas femeninos: para nada; estoy hablando de la capacidad de un gran escritor para recrear la psique de una mujer, de un perro, de un suicida en potencia, de un vago, de un vigilante de faro en una isla abandonada atacada por extraños seres que vienen del mar.

Lo que que estoy planteando son preguntas cacareadísimas: ¿cabe la distinción de material literario por género del autor? ¿Cabe tender a la paridad femenina-masculina entre los colaboradores de una revista? ¿Cabe ir por la vida contando autoras?

Si los relatos de este número de Les males herbes son buenos (que lo deben de ser, seguro) y son variados, serían igual de buenos y variados si entre los firmantes hubiera alguna mujer.

Déjense de hostias y escriban bien, hombre; intenten tender a escribir al nivel de James, Henry James, sean escritores, escritoras o programas informáticos de escritura aleatoria.

No hay nada más horroroso que un premio de literatura femenina, una asociación de escritoras o un partido de mujeres por la independencia. Bueno, sí: se me ocurre al mismo nivel un premio de novela judía, una mención a la escritura negra o el galardón al escritor más alto del mundo. Todos con subcategoría femenina, claro.
Hay esto:



Y hay esto:



Y hay esto: Mas anuncia a Rajoy: toda Catalunya se levantaría si hubiera una intervención...

... y esto otro:



Como dice Susana: Nada, tonterías.



(Si pulsan el play de todos los vídeos a la vez, tienen una aproximación bastante exacta a cómo suena la realidad. ¡Qué viaje!).