Ferran Adrià le está haciendo a Adelson la prueba del pañuelo. Piénsenlo: si Adelson acepta la propuesta de Ferran Adrià de trabajar para él, o sea, si Adelson acepta en plantilla a un elemento extraño a su clan, ¿quién dice que no tirará también de constructores de aquí, por ejemplo?
Ferran Adrià es el caramelito, la cervecita fría cuando hace mucho calor. ¿Quién le dice que no a Ferran Adrià? Y si alguien le dice que no, ¿a quién le va a decir que sí después? A nadie.
Pero no quería hablar de esto. Quería hablar de la cosa del catalán (again).
España no está en contra del catalán, está en contra de la independencia de Catalunya, igual que no está en contra del tabaco (sería absurdo: era una fuente de ingresos vía impuestos brutal para el Estado) sino que está en contra de la libertad de los ciudadanos. Igual que la Generalitat no está a favor de la ludopatía, la prostitución, la mafia... sino que está a favor de la tajada que intuyen que sacarán de Eurovegas (he dicho intuyen, no están seguros del todo, por eso aparece ahora Ferran Adrià: para despejar la duda) .
Nos equivocamos cuando ponemos el grito en el cielo porque en los colegios, en las clases de niños de entre 3 y 6 años, ya no va a ser obligatorio que el catalán sea la lengua vehicular. Digo que no va a ser obligatorio no que vaya a estar prohibido. Seguirá siendo vehicular. El profesorado está preparado para dar las clases en catalán, y el catalán, desde hace años, aquí, es la lengua de encuentro de niños catalanes, españoles, árabes, pakistaníes, senegaleses y dominicanos. Revocar esta ley no sienta jurisprudencia. Si tres padres de niños árabes se plantan y exigen que se enseñe a sus niños en francés o en árabe, ningún tribunal les va a dar la razón. (Ya, ya, ni el francés ni el árabe son lenguas del Estado, pero entienden el ejemplo, ¿no?). Es igual que si tres fumadores exigen que haya bares en los que se pueda fumar, no se va a decidir que la prohibición de fumar deje de estar vigente.
A España le importa una mierda el catalán y está dispuesta a sacrificarlo como quien sacrifica a un peón para salvar al rey, igual que a Catalunya le importa una mierda que se monte aquí el megaputiclub mientras lo que se monte al lado sea la megavacalechera (que lo será o al menos parecerá que va a serlo: el engaño será perfecto, si pasa la prueba de Ferran Adrià, recuerden esto que les digo).
El catalán es el peón, el caballo, como mucho y nuestro error es gastar todas nuestras piezas en defender al peón y olvidarnos de que la mejor partida es una combinación equilibrada entre la defensa y el ataque.
Es que llevo desde ayer pensando (aterrorizada conmigo misma) en el ejército que quería Sales y el gran momento que sería este para declarar una guerrita o dar un golpecito de Estado...
dimecres, 27 de juny del 2012
dimarts, 26 de juny del 2012
De cómo la cosa Eurovegas ya es una oportunidad perdida para poner a Catalunya en el mapa.
Imagínense, en un mundo ideal, a Artur Mas respondiendo en catalán al interés de Adelson por instalar sus tragaperras en Catalunya con un: No, gracias, su propuesta no encaja con nuestro modelo de país.
O sea, respondiendo como líder de Catalunya, no como presidente de una comunidad autónoma.
Imagínenselo, es lo único que podrán hacer porque no ha pasado, porque no ha sido así, porque Adelson viene a instalarse en España, en un trocito de España en el que hay un gran aeropuerto y playa, y Mas le debe de haber dicho: sí sí sí sí sí, welcome to Spain y no se lea mis discursos, que donde dije digo digo diego y, a partir de que usted se instale, diré digo o diego, dependiendo de lo que usted le parezca bien.
No es que no se haya dado un paso adelante poniéndole a Adelson la alfombra roja, sino que se ha dado un gran paso atrás. Este tío no se corta a la hora de meter mano en política. Entrará pasta -media Europa dejándose los cuartos aquí- pero nos habremos dejado a Catalunya por el camino -media Europa vestida de sevillana, con gorro mexicano en la cabeza, dejándose los cuartos aquí-.
Imagínense, en un mundo ideal, a Artur Mas respondiendo en catalán al interés de Adelson por instalar sus tragaperras en Catalunya con un: No, gracias, su propuesta no encaja con nuestro modelo de país.
O sea, respondiendo como líder de Catalunya, no como presidente de una comunidad autónoma.
Imagínenselo, es lo único que podrán hacer porque no ha pasado, porque no ha sido así, porque Adelson viene a instalarse en España, en un trocito de España en el que hay un gran aeropuerto y playa, y Mas le debe de haber dicho: sí sí sí sí sí, welcome to Spain y no se lea mis discursos, que donde dije digo digo diego y, a partir de que usted se instale, diré digo o diego, dependiendo de lo que usted le parezca bien.
No es que no se haya dado un paso adelante poniéndole a Adelson la alfombra roja, sino que se ha dado un gran paso atrás. Este tío no se corta a la hora de meter mano en política. Entrará pasta -media Europa dejándose los cuartos aquí- pero nos habremos dejado a Catalunya por el camino -media Europa vestida de sevillana, con gorro mexicano en la cabeza, dejándose los cuartos aquí-.
En el hipotetiquísimo caso de que, durante las conversaciones de Mas con Adelson, hubiera salido el tema de la independencia de Catalunya, me imagino a Mas quitándole importancia al asunto y reconduciendo el tema hacia aspectos más económicos y de salas de fumadores. En el más que posible caso de que el tema haya salido hablando con Esperanza Aguirre, me imagino a ella sacándolo y presentándolo como un problema.
Y así. Retrataícos los dos.
Y así. Retrataícos los dos.
dilluns, 25 de juny del 2012
Eurovegas, mon amour. Perdón: Eurovegas, baby. (¿Ven la diferencia?).
(De cómo si yo fuera puta, me habría faltado tiempo para enterarme dónde van a cenar esta noche los Adelson Boys, grabarme un videobook en un cedé y plantarme en la puerta del restaurante esperando a que llegaran para dárselo en mano, que hay que espabilar, chicas. ¿No habéis visto Showgirls?)
Hola.
Que venía yo a hablarles de Eurovegas pero, primero, voy a dar un pequeño rodeo.
Suiza.
Suiza es un país neutral (dicen, por si acaso tienen búnkers camuflados en las colinitas, pero bueno) y muy nacionalista (yo no he visto mayor despliegue ondeante de banderas propias en los jardines de cada casa ni en Estados Unidos). Si un ciudadano europeo decide solicitar la nacionalidad suiza porque, pongamos como ejemplo, se ha casado con un señor de Ginebra, por ejemplo también, una de las cosas que tiene que hacer es escribir una carta explicando el por qué de su amor hacia todo lo suizo. Si no se queda solo en el queso, que también, sino que además mete en la carta datos históricos y la escribe, pongamos, en alemán o en francés, mejor que mejor.
Suiza está orgullosa de Suiza y solo quiere entre sus habitantes a gente que también esté orgullosa de Suiza. Supongo que en Austria pasa algo parecido, de ahí esas fantásticas perturbaciones extremas de la regla que son Bernhard, Jelinek y Haneke. (Me voy por los cerros de Úbeda).
Suiza es perfecta. Y su trabajo les cuesta que así sea: cualquier ciudadano es policía. Cualquier ciudadano suizo tiene la obligación de denunciar a su vecino si le ve tirando el vidrio en el contenedor del papel. Tiene esa obligación literalmente, porque si otro vecino ve que el vecino ve al vecino tirando el vidrio en el contenedor azul y que no lo denuncia, este tiene la obligación de denunciar al primero y al segundo. Por que si otro vecino ve que el vecino ve que el vecino ve que el vecino tira el vidrio al contenedor blablablablabla.
En Ginebra hay el barrio de las putas. Está al lado de la estación de tren. En el barrio de las putas de Ginebra se habla español. Son putas latinas, la mayoría. Yo me di un garbeo por allí cuando bajé del tren que me traía directa de París y me encontré con que tenía que hacer tiempo hasta que llegara un amigo. Cuando llegó le dije: ay qué gracia, me bajo del tren en Ginebra y lo primero que oigo es español dominicano. Son putas, me dijo él. Yo, que sabía toda esta historia de la carta y la de los contenedores, le pregunté cómo era posible, estando la inmigración tan controlada, existiendo la obligación de denunciar a tu propio vecino cuando este hacía algo tan tontuelo como confundirse de contenedor, que existiera en el mismo centro de Ginebra, un barrio lleno de inmigrantes -ilegales, supuse-, ejerciendo semejante oficio -ilegal también, supuse-. Me dijo que el oficio no era ilegal en Suiza, que la inmigración sí podía serlo porque era imposible que no se colara nadie y una manera de tener la cosa controlada, era que parte de esa inmigración (y de no inmigración supongo también, aunque yo no vi a ninguna señora con apariencia de suiza por allí) tuviera trabajo, un trabajo, además, que cubriera unas necesidades que, de otra manera, serían más difíciles de cubrir. Me dijo que, en Ginebra, turismo, poco o al menos no tan masivo como en Barcelona; que la mayor afluencia de gente de visita venía dada por convenciones, ferias... Y que gran parte de los visitantes, llegaba a la estación de tren, al lado de la calle más comercial de Ginebra (tiendas de souvenirs y de relojes por todos lados), al lado del barrio de la prostitución (dominicanas y rusas por todos lados). Hay otra zona de prostitución en Ginebra; siguiendo esta misma lógica, está al lado del aeropuerto.
Así me lo dijo.
Efectivamente, Suiza es un país perfecto.
Es un país tan perfecto, que se lo han montado para sacar la máxima tajada de la inmigración que se les cuela y de la prostitución. Y lo saben. Lo sabe y así te lo explica cualquier ciudadano.
Eurovegas se parece mucho al barrio de las putas de Ginebra. El drama es que ni Barcelona ni Madrid se parecen en nada a Ginebra. Ni Catalunya ni España a Suiza.
El problema es que cuando Ginebra acepta una cierta cuota de inmigración ilegal, aprueba una cierta legislación permisiva en cuanto a llámenlo prostitución, llámenlo ventajas fiscales, llámenlo ley del tabaco... es Suiza quien le está haciendo el favor a la madamme; es Suiza quien sigue teniendo la sartén por el mango. Cuando Catalunya en cambio le acepta las condiciones a Madamme Adelson, no está siendo permisiva con Madamme Adelson: le está lamiendo el culo. Y todo el mundo sabe que si las prostitutas simplemente te hacen dejar primero la pasta en la mesilla, las madammes te la hacen dejar igual y además te tratan como si tú fueras la puta; la puta y la pobre.
Ahora veo que el mayor argumento para defender la instalación de Eurovegas en Catalunya es la cantidad de puestos de trabajo que creará: aceptamos Eurovegas porque estamos en la miseria. ¿Cómo Adelson no se iba a hacer el interesante? ¿Dónde se ha visto a una puta haciéndose la remolona? ¿Dónde se ha visto a dos clientes peleándose por seducir a una puta? Seducir a una puta, ¿ven la absurdidad? A una puta se la lleva quien tenga la cartera más gorda y quien tiene aquí la cartera más gorda es Adelson.
En Ginebra tienen muy claro quiénes son las putas. ¿A ver si nosotros nos estamos equivocando señalandola? ¿A ver si, aunque lo fuera ella, la puta, Adelson, vamos a acabar encima debiéndole un favor.
(De cómo si yo fuera puta, me habría faltado tiempo para enterarme dónde van a cenar esta noche los Adelson Boys, grabarme un videobook en un cedé y plantarme en la puerta del restaurante esperando a que llegaran para dárselo en mano, que hay que espabilar, chicas. ¿No habéis visto Showgirls?)
Hola.
Que venía yo a hablarles de Eurovegas pero, primero, voy a dar un pequeño rodeo.
Suiza.
Suiza es un país neutral (dicen, por si acaso tienen búnkers camuflados en las colinitas, pero bueno) y muy nacionalista (yo no he visto mayor despliegue ondeante de banderas propias en los jardines de cada casa ni en Estados Unidos). Si un ciudadano europeo decide solicitar la nacionalidad suiza porque, pongamos como ejemplo, se ha casado con un señor de Ginebra, por ejemplo también, una de las cosas que tiene que hacer es escribir una carta explicando el por qué de su amor hacia todo lo suizo. Si no se queda solo en el queso, que también, sino que además mete en la carta datos históricos y la escribe, pongamos, en alemán o en francés, mejor que mejor.
Suiza está orgullosa de Suiza y solo quiere entre sus habitantes a gente que también esté orgullosa de Suiza. Supongo que en Austria pasa algo parecido, de ahí esas fantásticas perturbaciones extremas de la regla que son Bernhard, Jelinek y Haneke. (Me voy por los cerros de Úbeda).
Suiza es perfecta. Y su trabajo les cuesta que así sea: cualquier ciudadano es policía. Cualquier ciudadano suizo tiene la obligación de denunciar a su vecino si le ve tirando el vidrio en el contenedor del papel. Tiene esa obligación literalmente, porque si otro vecino ve que el vecino ve al vecino tirando el vidrio en el contenedor azul y que no lo denuncia, este tiene la obligación de denunciar al primero y al segundo. Por que si otro vecino ve que el vecino ve que el vecino ve que el vecino tira el vidrio al contenedor blablablablabla.
En Ginebra hay el barrio de las putas. Está al lado de la estación de tren. En el barrio de las putas de Ginebra se habla español. Son putas latinas, la mayoría. Yo me di un garbeo por allí cuando bajé del tren que me traía directa de París y me encontré con que tenía que hacer tiempo hasta que llegara un amigo. Cuando llegó le dije: ay qué gracia, me bajo del tren en Ginebra y lo primero que oigo es español dominicano. Son putas, me dijo él. Yo, que sabía toda esta historia de la carta y la de los contenedores, le pregunté cómo era posible, estando la inmigración tan controlada, existiendo la obligación de denunciar a tu propio vecino cuando este hacía algo tan tontuelo como confundirse de contenedor, que existiera en el mismo centro de Ginebra, un barrio lleno de inmigrantes -ilegales, supuse-, ejerciendo semejante oficio -ilegal también, supuse-. Me dijo que el oficio no era ilegal en Suiza, que la inmigración sí podía serlo porque era imposible que no se colara nadie y una manera de tener la cosa controlada, era que parte de esa inmigración (y de no inmigración supongo también, aunque yo no vi a ninguna señora con apariencia de suiza por allí) tuviera trabajo, un trabajo, además, que cubriera unas necesidades que, de otra manera, serían más difíciles de cubrir. Me dijo que, en Ginebra, turismo, poco o al menos no tan masivo como en Barcelona; que la mayor afluencia de gente de visita venía dada por convenciones, ferias... Y que gran parte de los visitantes, llegaba a la estación de tren, al lado de la calle más comercial de Ginebra (tiendas de souvenirs y de relojes por todos lados), al lado del barrio de la prostitución (dominicanas y rusas por todos lados). Hay otra zona de prostitución en Ginebra; siguiendo esta misma lógica, está al lado del aeropuerto.
Así me lo dijo.
Efectivamente, Suiza es un país perfecto.
Es un país tan perfecto, que se lo han montado para sacar la máxima tajada de la inmigración que se les cuela y de la prostitución. Y lo saben. Lo sabe y así te lo explica cualquier ciudadano.
Eurovegas se parece mucho al barrio de las putas de Ginebra. El drama es que ni Barcelona ni Madrid se parecen en nada a Ginebra. Ni Catalunya ni España a Suiza.
El problema es que cuando Ginebra acepta una cierta cuota de inmigración ilegal, aprueba una cierta legislación permisiva en cuanto a llámenlo prostitución, llámenlo ventajas fiscales, llámenlo ley del tabaco... es Suiza quien le está haciendo el favor a la madamme; es Suiza quien sigue teniendo la sartén por el mango. Cuando Catalunya en cambio le acepta las condiciones a Madamme Adelson, no está siendo permisiva con Madamme Adelson: le está lamiendo el culo. Y todo el mundo sabe que si las prostitutas simplemente te hacen dejar primero la pasta en la mesilla, las madammes te la hacen dejar igual y además te tratan como si tú fueras la puta; la puta y la pobre.
Ahora veo que el mayor argumento para defender la instalación de Eurovegas en Catalunya es la cantidad de puestos de trabajo que creará: aceptamos Eurovegas porque estamos en la miseria. ¿Cómo Adelson no se iba a hacer el interesante? ¿Dónde se ha visto a una puta haciéndose la remolona? ¿Dónde se ha visto a dos clientes peleándose por seducir a una puta? Seducir a una puta, ¿ven la absurdidad? A una puta se la lleva quien tenga la cartera más gorda y quien tiene aquí la cartera más gorda es Adelson.
En Ginebra tienen muy claro quiénes son las putas. ¿A ver si nosotros nos estamos equivocando señalandola? ¿A ver si, aunque lo fuera ella, la puta, Adelson, vamos a acabar encima debiéndole un favor.
dimecres, 20 de juny del 2012
dilluns, 18 de juny del 2012
En una terraza en la Barceloneta, en la esquina más cercana
a la playa, en la que más fuerte pega el viento (¿estoy despeinado? Sí. Y espérate),
del paseo Joan de Borbó, le explicaba yo a Abel el otro día cómo un mandamás de
cierta casa había tenido los santos huevos de, teniendo el sobre cerrado de un
proyecto en la mano, mirar a los ojos de la persona que se lo entregaba y
decirle: no creo en tu proyecto, solo creo en el mío que es el mismo de siempre,
con riesgo cero y probabilidad cero también de ser algo memorable. (Esta última
parte de los riesgos y las probabilidades no la verbalizó pero era lo que básicamente
estaba diciendo a gritos).
Abel, rizos al viento, me contó que esto (siendo esto la
ciudad, el país) está plagadito de instituciones que se han revelado como
totalmente inútiles, llenas de individuos que han hecho de la conservación de esa
inutilidad anodina e irrelevante su más grande éxito personal, que es un éxito
falso porque, al final, a lo único que a lo que pueden estos aspirar
como recompensa es a lo mismo a lo que puede aspirar cualquier mindundi. No sé
si me entiendes, concluyó. Creo que sí, respondí recuperando el hilo de lo que
me decía tras haberlo perdido por un momento absorta en el paralelismo que se
acababa de establecer entre el interior de mi cabeza (con las ideas todas
liadas) y el exterior de la suya (con los pelos todos enredados): ponen a
mandar a gente que siga defendiendo la inutilidad de la cosa desde la
perspectiva de la misma inutilidad, pensé yo.
Para entonces ya nos
habíamos levantado de la mesa y paseando, paseando, casi nos habíamos
dado de narices con Fèlix Riera, momento en el cual servidora, entonces sí (no
hay como ponerles cara a los conceptos y a las ideas), lo acabó de entender
todo.
Pero así, esto no cambiará nunca, dije.
Ya ha cambiado, dijo él.
Volví a casa pensando que si realmente cada vez es más
evidente que estos entes no sirven para nada, ya no hay vuelta atrás. Lo único
que podría seguir alargando su vida sería seguir poniendo a inútiles al mando y
disimular; si ponen a alguien inteligente dentro, a alguien que no se deje
llevar, que no se conforme con un éxito mediocre, este alguien será la nota
discordante, la que ponga en evidencia la inutilidad del asunto. Ya lo hizo,
aunque parece que la cosa se ha olvidado rápido, un equipo anterior del CoNCA
dimitiendo en bloque. El CoNCA, tras aquello, debería haber desaparecido; lo
han aguantado vaya usted a saber por qué (mejor no saberlo). Lo que no creo que
hayan pensado (tan burros son) o sí (tan untado lo tienen) es que ellos mismos
se han puesto la trampa dentro: se llama Valentí Puig.
¿En serio les parece tan criticable, tan de pesadilla, que este señor esté ahí?
A mí la cosa me da un cierto morbo, incluso esperanza.
Una llega a casa el sábado sintiéndose un poquiiiiito Calimero, ya saben: ay, pobre yo, pobre yo. Se despierta el domingo con la misma sensación y además organizándose el día: tiene que ir a comer a casa de sus padres y además tiene unos amigos en el Lost&Found a los que ha prometido más o menos visitar. Las más o menos promesas, para una pamplonica, váyanse enterando, son obligaciones, si no, no las hace. En Pamplona la duda viene a la hora de prometer o no prometer, no a la de hacer o no hacer una vez prometido. Así que me monto la agenda: primero a comer y luego tarde en el Lost&Found. Y la cosa calimérica todo el rato. Idiota.
Idiota porque llego a casa de mis padres y me encuentro con mi madre, claro. Mi madre cuando más es mi madre es cuando acaba de llegar de estar con los nietos. Mi madre, hasta ahora, cuando estaba con los nietos estaba con dos nietas, desde ahora, estará con tres, como tres somos sus hijos. Si una madre con los hijos ha sido todo amor y todo autoridad, con los nietos es todo amor y punto. Y si de una madre el recuerdo que te queda es la autoridad, cuando la ves bajo el reciente influjo de los nietos, puedes llegar a imaginarte el amor que también era, el que también es. Y se empeña en que me lleve los calamares en su tinta que han sobrado y yo le digo que no, que no voy a casa y que hace calor y que a saber cómo van a llegar. Y me da dos besos en la puerta cuando me voy y en el ascensor, cerrándome la puerta te pregunta si me ha dado besos y me dice que es igual que me da más. Y me los da. Eso por lo que toca a la madre.
Salgo de casa de mis padres, cojo un bicing y enfilo Muntaner cuesta abajo. Bajo Muntaner con la emoción extra de que tras el segundo semáforo pillado en verde, cuando más velocidad estoy cogiendo, cuando me dispongo a frenar porque el tercero está rojo, me doy cuenta de que solo funciona uno de los frenos. Sigo bajando por Muntaner pensando que también es suerte que el que funciona sea el de la rueda de atrás. Jugueteo un poco con el dejarme llevar por la velocidad aprovechando que en Muntaner, un domingo, a las cuatro de la tarde no hay ni un solo coche y pensando que si me falla en el último momento el único freno que tengo, como mucho me estamparé con el edificio de la acera mar de Ronda de Sant Antoni y que siempre podría pegar, llegado el caso, llegado el momento, llegado el obstáculo físico, una derrapada in extremis y acabar de frenar con el pie izquierdo, que para algo soy diestra. Pero nada de esto pasa, llego hasta Consell de Cent, giro a la izquierday unos bloques más allá giro a la derecha en Pau Claris. Tengo que llegar hasta la Barceloneta.
En el semáforo de Pau Claris con Urquinaona, el conductor del autobús que tengo parado a mi derecha saca la cabeza por la ventanilla y me pregunta ¿tú has bajado por Muntaner? Le digo que sí y que no me puedo creer que hayamos llegado al mismo sitio al mismo tiempo yo en bici y él en autobús. Me dice que sí, se ríe, el semáforo se pone en verde, él gira a la derecha y yo sigo recto. Adiós, adiós. Bajo Via Laietana, sonriéndome, hasta el puerto. Llego al Lost&Found.
El Lost&Found es un mercadillo que hacen en la Barceloneta. Gabriela, Antonio, Vanessa y algún amigo más han reservado un espacio para vender sus cosas. Llego y Antonio está al mando. Se ha hecho colega de las chicas que tienen el puesto a la derecha y de la que tiene el de la izquierda. Me muero de calor: pega un sol de justicia y llevo unos pantalones y una camiseta gruesa. Lo primero que veo ahí colgado es un vestido de verano de Gabriela. Me lo pruebo y me queda perfecto de talla. Le pregunto el precio a Antonio y me dice tanto, pero la Gabi te lo regalaría. Le digo que no, que vale tanto y le doy tanto, que para eso lo tienen ahí para vender. Me regatea a la inversa, a más barato. Lo compro. Me desnudo, me lo pongo y aún me esto atando los botones que veo a Antonio señalándome la nevera que tienen debajo de la mesa y le oigo diciéndome: coge una cerveza.
¿Alguien se acuerda de Calimero a estas alturas? Yo ya no.
Aparece Jaume, recogemos el chiringuito. Antonio, Javier y Jordi se van con el coche a dejar los trastos en sus casas. Jaume y yo cogemos unas bicis y nos vamos para el Wang. El Wang es un bar de la Rambla del Poblenou. En la terraza, dos mesas libres: el Wang no está en la misma rambla, está en la calle Pujades. El Wang, por unos metros, no está de moda. Nos sentamos. Su, la dueña, nos saluda, nos llama guapos y nos trae cacahuetes con las cervezas. Aparece Javier. Al poco rato, aparecen Antonio y Jordi. Su está en la puerta del bar jugando con su nieto Luke. Nos lo enseña orgullosa. Me levanto con Jaume y vamos a hacerle un par de carantoñas. Su me lo tiende. Le cojo en brazos y Luke se empieza a reír. Su me dice que no lo hace con todo el mundo. Luke se ríe y se ríe sin parar. Yo también.
Vuelvo a la mesa. Antonio habla de su profe de catalán. Dice que decía que se pueden meter hasta seis pronoms febles en una frase y que la frase sea correcta. Discutimos. Yo pienso todo el rato que qué absurdo, que vaya moco de listillo se pegó el profe diciendo eso. Que vaya cosa.
Apuramos la cerveza y nos vamos.
Cojo el metro y pienso que vaya domingo de estar todo el mundo en su sitio: mi madre queriendo, el bicing fallando, el conductor de autobús viéndome, Antonio haciendo amigos, Gabi poniendo el vestido perfecto, Antonio dándome una cerveza fría cuando más calor tenía, la terraza del Wang con dos mesas vacías, Su poniéndonos cacahuetes y haciendo de abuela, el bebé riendo las carantoñas, Su agradeciendo las risas arrancadas al nieto y el profe de catalán haciéndose el interesante más de lo que le tocaba hacérselo.
¿Y Calimero? Bueno, para hoy domingo a esta hora, está claro que el gran problema de Calimero, mi gran problema de ayer arrastrado hasta esta mañana, era ir pidiendo cosas sin saber, o ignorando sabiéndolo -siempre ese querer más-, lo que realmente le podían dar.
Idiota porque llego a casa de mis padres y me encuentro con mi madre, claro. Mi madre cuando más es mi madre es cuando acaba de llegar de estar con los nietos. Mi madre, hasta ahora, cuando estaba con los nietos estaba con dos nietas, desde ahora, estará con tres, como tres somos sus hijos. Si una madre con los hijos ha sido todo amor y todo autoridad, con los nietos es todo amor y punto. Y si de una madre el recuerdo que te queda es la autoridad, cuando la ves bajo el reciente influjo de los nietos, puedes llegar a imaginarte el amor que también era, el que también es. Y se empeña en que me lleve los calamares en su tinta que han sobrado y yo le digo que no, que no voy a casa y que hace calor y que a saber cómo van a llegar. Y me da dos besos en la puerta cuando me voy y en el ascensor, cerrándome la puerta te pregunta si me ha dado besos y me dice que es igual que me da más. Y me los da. Eso por lo que toca a la madre.
Salgo de casa de mis padres, cojo un bicing y enfilo Muntaner cuesta abajo. Bajo Muntaner con la emoción extra de que tras el segundo semáforo pillado en verde, cuando más velocidad estoy cogiendo, cuando me dispongo a frenar porque el tercero está rojo, me doy cuenta de que solo funciona uno de los frenos. Sigo bajando por Muntaner pensando que también es suerte que el que funciona sea el de la rueda de atrás. Jugueteo un poco con el dejarme llevar por la velocidad aprovechando que en Muntaner, un domingo, a las cuatro de la tarde no hay ni un solo coche y pensando que si me falla en el último momento el único freno que tengo, como mucho me estamparé con el edificio de la acera mar de Ronda de Sant Antoni y que siempre podría pegar, llegado el caso, llegado el momento, llegado el obstáculo físico, una derrapada in extremis y acabar de frenar con el pie izquierdo, que para algo soy diestra. Pero nada de esto pasa, llego hasta Consell de Cent, giro a la izquierday unos bloques más allá giro a la derecha en Pau Claris. Tengo que llegar hasta la Barceloneta.
En el semáforo de Pau Claris con Urquinaona, el conductor del autobús que tengo parado a mi derecha saca la cabeza por la ventanilla y me pregunta ¿tú has bajado por Muntaner? Le digo que sí y que no me puedo creer que hayamos llegado al mismo sitio al mismo tiempo yo en bici y él en autobús. Me dice que sí, se ríe, el semáforo se pone en verde, él gira a la derecha y yo sigo recto. Adiós, adiós. Bajo Via Laietana, sonriéndome, hasta el puerto. Llego al Lost&Found.
El Lost&Found es un mercadillo que hacen en la Barceloneta. Gabriela, Antonio, Vanessa y algún amigo más han reservado un espacio para vender sus cosas. Llego y Antonio está al mando. Se ha hecho colega de las chicas que tienen el puesto a la derecha y de la que tiene el de la izquierda. Me muero de calor: pega un sol de justicia y llevo unos pantalones y una camiseta gruesa. Lo primero que veo ahí colgado es un vestido de verano de Gabriela. Me lo pruebo y me queda perfecto de talla. Le pregunto el precio a Antonio y me dice tanto, pero la Gabi te lo regalaría. Le digo que no, que vale tanto y le doy tanto, que para eso lo tienen ahí para vender. Me regatea a la inversa, a más barato. Lo compro. Me desnudo, me lo pongo y aún me esto atando los botones que veo a Antonio señalándome la nevera que tienen debajo de la mesa y le oigo diciéndome: coge una cerveza.
¿Alguien se acuerda de Calimero a estas alturas? Yo ya no.
Aparece Jaume, recogemos el chiringuito. Antonio, Javier y Jordi se van con el coche a dejar los trastos en sus casas. Jaume y yo cogemos unas bicis y nos vamos para el Wang. El Wang es un bar de la Rambla del Poblenou. En la terraza, dos mesas libres: el Wang no está en la misma rambla, está en la calle Pujades. El Wang, por unos metros, no está de moda. Nos sentamos. Su, la dueña, nos saluda, nos llama guapos y nos trae cacahuetes con las cervezas. Aparece Javier. Al poco rato, aparecen Antonio y Jordi. Su está en la puerta del bar jugando con su nieto Luke. Nos lo enseña orgullosa. Me levanto con Jaume y vamos a hacerle un par de carantoñas. Su me lo tiende. Le cojo en brazos y Luke se empieza a reír. Su me dice que no lo hace con todo el mundo. Luke se ríe y se ríe sin parar. Yo también.
Vuelvo a la mesa. Antonio habla de su profe de catalán. Dice que decía que se pueden meter hasta seis pronoms febles en una frase y que la frase sea correcta. Discutimos. Yo pienso todo el rato que qué absurdo, que vaya moco de listillo se pegó el profe diciendo eso. Que vaya cosa.
Apuramos la cerveza y nos vamos.
Cojo el metro y pienso que vaya domingo de estar todo el mundo en su sitio: mi madre queriendo, el bicing fallando, el conductor de autobús viéndome, Antonio haciendo amigos, Gabi poniendo el vestido perfecto, Antonio dándome una cerveza fría cuando más calor tenía, la terraza del Wang con dos mesas vacías, Su poniéndonos cacahuetes y haciendo de abuela, el bebé riendo las carantoñas, Su agradeciendo las risas arrancadas al nieto y el profe de catalán haciéndose el interesante más de lo que le tocaba hacérselo.
¿Y Calimero? Bueno, para hoy domingo a esta hora, está claro que el gran problema de Calimero, mi gran problema de ayer arrastrado hasta esta mañana, era ir pidiendo cosas sin saber, o ignorando sabiéndolo -siempre ese querer más-, lo que realmente le podían dar.
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