Eurovegas, mon amour. Perdón: Eurovegas, baby. (¿Ven la diferencia?).
(De cómo si yo fuera puta, me habría faltado tiempo para enterarme dónde van a cenar esta noche los Adelson Boys, grabarme un videobook en un cedé y plantarme en la puerta del restaurante esperando a que llegaran para dárselo en mano, que hay que espabilar, chicas. ¿No habéis visto Showgirls?)
Hola.
Que venía yo a hablarles de Eurovegas pero, primero, voy a dar un pequeño rodeo.
Suiza.
Suiza es un país neutral (dicen, por si acaso tienen búnkers camuflados en las colinitas, pero bueno) y muy nacionalista (yo no he visto mayor despliegue ondeante de banderas propias en los jardines de cada casa ni en Estados Unidos). Si un ciudadano europeo decide solicitar la nacionalidad suiza porque, pongamos como ejemplo, se ha casado con un señor de Ginebra, por ejemplo también, una de las cosas que tiene que hacer es escribir una carta explicando el por qué de su amor hacia todo lo suizo. Si no se queda solo en el queso, que también, sino que además mete en la carta datos históricos y la escribe, pongamos, en alemán o en francés, mejor que mejor.
Suiza está orgullosa de Suiza y solo quiere entre sus habitantes a gente que también esté orgullosa de Suiza. Supongo que en Austria pasa algo parecido, de ahí esas fantásticas perturbaciones extremas de la regla que son Bernhard, Jelinek y Haneke. (Me voy por los cerros de Úbeda).
Suiza es perfecta. Y su trabajo les cuesta que así sea: cualquier ciudadano es policía. Cualquier ciudadano suizo tiene la obligación de denunciar a su vecino si le ve tirando el vidrio en el contenedor del papel. Tiene esa obligación literalmente, porque si otro vecino ve que el vecino ve al vecino tirando el vidrio en el contenedor azul y que no lo denuncia, este tiene la obligación de denunciar al primero y al segundo. Por que si otro vecino ve que el vecino ve que el vecino ve que el vecino tira el vidrio al contenedor blablablablabla.
En Ginebra hay el barrio de las putas. Está al lado de la estación de tren. En el barrio de las putas de Ginebra se habla español. Son putas latinas, la mayoría. Yo me di un garbeo por allí cuando bajé del tren que me traía directa de París y me encontré con que tenía que hacer tiempo hasta que llegara un amigo. Cuando llegó le dije: ay qué gracia, me bajo del tren en Ginebra y lo primero que oigo es español dominicano. Son putas, me dijo él. Yo, que sabía toda esta historia de la carta y la de los contenedores, le pregunté cómo era posible, estando la inmigración tan controlada, existiendo la obligación de denunciar a tu propio vecino cuando este hacía algo tan tontuelo como confundirse de contenedor, que existiera en el mismo centro de Ginebra, un barrio lleno de inmigrantes -ilegales, supuse-, ejerciendo semejante oficio -ilegal también, supuse-. Me dijo que el oficio no era ilegal en Suiza, que la inmigración sí podía serlo porque era imposible que no se colara nadie y una manera de tener la cosa controlada, era que parte de esa inmigración (y de no inmigración supongo también, aunque yo no vi a ninguna señora con apariencia de suiza por allí) tuviera trabajo, un trabajo, además, que cubriera unas necesidades que, de otra manera, serían más difíciles de cubrir. Me dijo que, en Ginebra, turismo, poco o al menos no tan masivo como en Barcelona; que la mayor afluencia de gente de visita venía dada por convenciones, ferias... Y que gran parte de los visitantes, llegaba a la estación de tren, al lado de la calle más comercial de Ginebra (tiendas de souvenirs y de relojes por todos lados), al lado del barrio de la prostitución (dominicanas y rusas por todos lados). Hay otra zona de prostitución en Ginebra; siguiendo esta misma lógica, está al lado del aeropuerto.
Así me lo dijo.
Efectivamente, Suiza es un país perfecto.
Es un país tan perfecto, que se lo han montado para sacar la máxima tajada de la inmigración que se les cuela y de la prostitución. Y lo saben. Lo sabe y así te lo explica cualquier ciudadano.
Eurovegas se parece mucho al barrio de las putas de Ginebra. El drama es que ni Barcelona ni Madrid se parecen en nada a Ginebra. Ni Catalunya ni España a Suiza.
El problema es que cuando Ginebra acepta una cierta cuota de inmigración ilegal, aprueba una cierta legislación permisiva en cuanto a llámenlo prostitución, llámenlo ventajas fiscales, llámenlo ley del tabaco... es Suiza quien le está haciendo el favor a la madamme; es Suiza quien sigue teniendo la sartén por el mango. Cuando Catalunya en cambio le acepta las condiciones a Madamme Adelson, no está siendo permisiva con Madamme Adelson: le está lamiendo el culo. Y todo el mundo sabe que si las prostitutas simplemente te hacen dejar primero la pasta en la mesilla, las madammes te la hacen dejar igual y además te tratan como si tú fueras la puta; la puta y la pobre.
Ahora veo que el mayor argumento para defender la instalación de Eurovegas en Catalunya es la cantidad de puestos de trabajo que creará: aceptamos Eurovegas porque estamos en la miseria. ¿Cómo Adelson no se iba a hacer el interesante? ¿Dónde se ha visto a una puta haciéndose la remolona? ¿Dónde se ha visto a dos clientes peleándose por seducir a una puta? Seducir a una puta, ¿ven la absurdidad? A una puta se la lleva quien tenga la cartera más gorda y quien tiene aquí la cartera más gorda es Adelson.
En Ginebra tienen muy claro quiénes son las putas. ¿A ver si nosotros nos estamos equivocando señalandola? ¿A ver si, aunque lo fuera ella, la puta, Adelson, vamos a acabar encima debiéndole un favor.
dilluns, 25 de juny del 2012
dimecres, 20 de juny del 2012
dilluns, 18 de juny del 2012
En una terraza en la Barceloneta, en la esquina más cercana
a la playa, en la que más fuerte pega el viento (¿estoy despeinado? Sí. Y espérate),
del paseo Joan de Borbó, le explicaba yo a Abel el otro día cómo un mandamás de
cierta casa había tenido los santos huevos de, teniendo el sobre cerrado de un
proyecto en la mano, mirar a los ojos de la persona que se lo entregaba y
decirle: no creo en tu proyecto, solo creo en el mío que es el mismo de siempre,
con riesgo cero y probabilidad cero también de ser algo memorable. (Esta última
parte de los riesgos y las probabilidades no la verbalizó pero era lo que básicamente
estaba diciendo a gritos).
Abel, rizos al viento, me contó que esto (siendo esto la
ciudad, el país) está plagadito de instituciones que se han revelado como
totalmente inútiles, llenas de individuos que han hecho de la conservación de esa
inutilidad anodina e irrelevante su más grande éxito personal, que es un éxito
falso porque, al final, a lo único que a lo que pueden estos aspirar
como recompensa es a lo mismo a lo que puede aspirar cualquier mindundi. No sé
si me entiendes, concluyó. Creo que sí, respondí recuperando el hilo de lo que
me decía tras haberlo perdido por un momento absorta en el paralelismo que se
acababa de establecer entre el interior de mi cabeza (con las ideas todas
liadas) y el exterior de la suya (con los pelos todos enredados): ponen a
mandar a gente que siga defendiendo la inutilidad de la cosa desde la
perspectiva de la misma inutilidad, pensé yo.
Para entonces ya nos
habíamos levantado de la mesa y paseando, paseando, casi nos habíamos
dado de narices con Fèlix Riera, momento en el cual servidora, entonces sí (no
hay como ponerles cara a los conceptos y a las ideas), lo acabó de entender
todo.
Pero así, esto no cambiará nunca, dije.
Ya ha cambiado, dijo él.
Volví a casa pensando que si realmente cada vez es más
evidente que estos entes no sirven para nada, ya no hay vuelta atrás. Lo único
que podría seguir alargando su vida sería seguir poniendo a inútiles al mando y
disimular; si ponen a alguien inteligente dentro, a alguien que no se deje
llevar, que no se conforme con un éxito mediocre, este alguien será la nota
discordante, la que ponga en evidencia la inutilidad del asunto. Ya lo hizo,
aunque parece que la cosa se ha olvidado rápido, un equipo anterior del CoNCA
dimitiendo en bloque. El CoNCA, tras aquello, debería haber desaparecido; lo
han aguantado vaya usted a saber por qué (mejor no saberlo). Lo que no creo que
hayan pensado (tan burros son) o sí (tan untado lo tienen) es que ellos mismos
se han puesto la trampa dentro: se llama Valentí Puig.
¿En serio les parece tan criticable, tan de pesadilla, que este señor esté ahí?
A mí la cosa me da un cierto morbo, incluso esperanza.
Una llega a casa el sábado sintiéndose un poquiiiiito Calimero, ya saben: ay, pobre yo, pobre yo. Se despierta el domingo con la misma sensación y además organizándose el día: tiene que ir a comer a casa de sus padres y además tiene unos amigos en el Lost&Found a los que ha prometido más o menos visitar. Las más o menos promesas, para una pamplonica, váyanse enterando, son obligaciones, si no, no las hace. En Pamplona la duda viene a la hora de prometer o no prometer, no a la de hacer o no hacer una vez prometido. Así que me monto la agenda: primero a comer y luego tarde en el Lost&Found. Y la cosa calimérica todo el rato. Idiota.
Idiota porque llego a casa de mis padres y me encuentro con mi madre, claro. Mi madre cuando más es mi madre es cuando acaba de llegar de estar con los nietos. Mi madre, hasta ahora, cuando estaba con los nietos estaba con dos nietas, desde ahora, estará con tres, como tres somos sus hijos. Si una madre con los hijos ha sido todo amor y todo autoridad, con los nietos es todo amor y punto. Y si de una madre el recuerdo que te queda es la autoridad, cuando la ves bajo el reciente influjo de los nietos, puedes llegar a imaginarte el amor que también era, el que también es. Y se empeña en que me lleve los calamares en su tinta que han sobrado y yo le digo que no, que no voy a casa y que hace calor y que a saber cómo van a llegar. Y me da dos besos en la puerta cuando me voy y en el ascensor, cerrándome la puerta te pregunta si me ha dado besos y me dice que es igual que me da más. Y me los da. Eso por lo que toca a la madre.
Salgo de casa de mis padres, cojo un bicing y enfilo Muntaner cuesta abajo. Bajo Muntaner con la emoción extra de que tras el segundo semáforo pillado en verde, cuando más velocidad estoy cogiendo, cuando me dispongo a frenar porque el tercero está rojo, me doy cuenta de que solo funciona uno de los frenos. Sigo bajando por Muntaner pensando que también es suerte que el que funciona sea el de la rueda de atrás. Jugueteo un poco con el dejarme llevar por la velocidad aprovechando que en Muntaner, un domingo, a las cuatro de la tarde no hay ni un solo coche y pensando que si me falla en el último momento el único freno que tengo, como mucho me estamparé con el edificio de la acera mar de Ronda de Sant Antoni y que siempre podría pegar, llegado el caso, llegado el momento, llegado el obstáculo físico, una derrapada in extremis y acabar de frenar con el pie izquierdo, que para algo soy diestra. Pero nada de esto pasa, llego hasta Consell de Cent, giro a la izquierday unos bloques más allá giro a la derecha en Pau Claris. Tengo que llegar hasta la Barceloneta.
En el semáforo de Pau Claris con Urquinaona, el conductor del autobús que tengo parado a mi derecha saca la cabeza por la ventanilla y me pregunta ¿tú has bajado por Muntaner? Le digo que sí y que no me puedo creer que hayamos llegado al mismo sitio al mismo tiempo yo en bici y él en autobús. Me dice que sí, se ríe, el semáforo se pone en verde, él gira a la derecha y yo sigo recto. Adiós, adiós. Bajo Via Laietana, sonriéndome, hasta el puerto. Llego al Lost&Found.
El Lost&Found es un mercadillo que hacen en la Barceloneta. Gabriela, Antonio, Vanessa y algún amigo más han reservado un espacio para vender sus cosas. Llego y Antonio está al mando. Se ha hecho colega de las chicas que tienen el puesto a la derecha y de la que tiene el de la izquierda. Me muero de calor: pega un sol de justicia y llevo unos pantalones y una camiseta gruesa. Lo primero que veo ahí colgado es un vestido de verano de Gabriela. Me lo pruebo y me queda perfecto de talla. Le pregunto el precio a Antonio y me dice tanto, pero la Gabi te lo regalaría. Le digo que no, que vale tanto y le doy tanto, que para eso lo tienen ahí para vender. Me regatea a la inversa, a más barato. Lo compro. Me desnudo, me lo pongo y aún me esto atando los botones que veo a Antonio señalándome la nevera que tienen debajo de la mesa y le oigo diciéndome: coge una cerveza.
¿Alguien se acuerda de Calimero a estas alturas? Yo ya no.
Aparece Jaume, recogemos el chiringuito. Antonio, Javier y Jordi se van con el coche a dejar los trastos en sus casas. Jaume y yo cogemos unas bicis y nos vamos para el Wang. El Wang es un bar de la Rambla del Poblenou. En la terraza, dos mesas libres: el Wang no está en la misma rambla, está en la calle Pujades. El Wang, por unos metros, no está de moda. Nos sentamos. Su, la dueña, nos saluda, nos llama guapos y nos trae cacahuetes con las cervezas. Aparece Javier. Al poco rato, aparecen Antonio y Jordi. Su está en la puerta del bar jugando con su nieto Luke. Nos lo enseña orgullosa. Me levanto con Jaume y vamos a hacerle un par de carantoñas. Su me lo tiende. Le cojo en brazos y Luke se empieza a reír. Su me dice que no lo hace con todo el mundo. Luke se ríe y se ríe sin parar. Yo también.
Vuelvo a la mesa. Antonio habla de su profe de catalán. Dice que decía que se pueden meter hasta seis pronoms febles en una frase y que la frase sea correcta. Discutimos. Yo pienso todo el rato que qué absurdo, que vaya moco de listillo se pegó el profe diciendo eso. Que vaya cosa.
Apuramos la cerveza y nos vamos.
Cojo el metro y pienso que vaya domingo de estar todo el mundo en su sitio: mi madre queriendo, el bicing fallando, el conductor de autobús viéndome, Antonio haciendo amigos, Gabi poniendo el vestido perfecto, Antonio dándome una cerveza fría cuando más calor tenía, la terraza del Wang con dos mesas vacías, Su poniéndonos cacahuetes y haciendo de abuela, el bebé riendo las carantoñas, Su agradeciendo las risas arrancadas al nieto y el profe de catalán haciéndose el interesante más de lo que le tocaba hacérselo.
¿Y Calimero? Bueno, para hoy domingo a esta hora, está claro que el gran problema de Calimero, mi gran problema de ayer arrastrado hasta esta mañana, era ir pidiendo cosas sin saber, o ignorando sabiéndolo -siempre ese querer más-, lo que realmente le podían dar.
Idiota porque llego a casa de mis padres y me encuentro con mi madre, claro. Mi madre cuando más es mi madre es cuando acaba de llegar de estar con los nietos. Mi madre, hasta ahora, cuando estaba con los nietos estaba con dos nietas, desde ahora, estará con tres, como tres somos sus hijos. Si una madre con los hijos ha sido todo amor y todo autoridad, con los nietos es todo amor y punto. Y si de una madre el recuerdo que te queda es la autoridad, cuando la ves bajo el reciente influjo de los nietos, puedes llegar a imaginarte el amor que también era, el que también es. Y se empeña en que me lleve los calamares en su tinta que han sobrado y yo le digo que no, que no voy a casa y que hace calor y que a saber cómo van a llegar. Y me da dos besos en la puerta cuando me voy y en el ascensor, cerrándome la puerta te pregunta si me ha dado besos y me dice que es igual que me da más. Y me los da. Eso por lo que toca a la madre.
Salgo de casa de mis padres, cojo un bicing y enfilo Muntaner cuesta abajo. Bajo Muntaner con la emoción extra de que tras el segundo semáforo pillado en verde, cuando más velocidad estoy cogiendo, cuando me dispongo a frenar porque el tercero está rojo, me doy cuenta de que solo funciona uno de los frenos. Sigo bajando por Muntaner pensando que también es suerte que el que funciona sea el de la rueda de atrás. Jugueteo un poco con el dejarme llevar por la velocidad aprovechando que en Muntaner, un domingo, a las cuatro de la tarde no hay ni un solo coche y pensando que si me falla en el último momento el único freno que tengo, como mucho me estamparé con el edificio de la acera mar de Ronda de Sant Antoni y que siempre podría pegar, llegado el caso, llegado el momento, llegado el obstáculo físico, una derrapada in extremis y acabar de frenar con el pie izquierdo, que para algo soy diestra. Pero nada de esto pasa, llego hasta Consell de Cent, giro a la izquierday unos bloques más allá giro a la derecha en Pau Claris. Tengo que llegar hasta la Barceloneta.
En el semáforo de Pau Claris con Urquinaona, el conductor del autobús que tengo parado a mi derecha saca la cabeza por la ventanilla y me pregunta ¿tú has bajado por Muntaner? Le digo que sí y que no me puedo creer que hayamos llegado al mismo sitio al mismo tiempo yo en bici y él en autobús. Me dice que sí, se ríe, el semáforo se pone en verde, él gira a la derecha y yo sigo recto. Adiós, adiós. Bajo Via Laietana, sonriéndome, hasta el puerto. Llego al Lost&Found.
El Lost&Found es un mercadillo que hacen en la Barceloneta. Gabriela, Antonio, Vanessa y algún amigo más han reservado un espacio para vender sus cosas. Llego y Antonio está al mando. Se ha hecho colega de las chicas que tienen el puesto a la derecha y de la que tiene el de la izquierda. Me muero de calor: pega un sol de justicia y llevo unos pantalones y una camiseta gruesa. Lo primero que veo ahí colgado es un vestido de verano de Gabriela. Me lo pruebo y me queda perfecto de talla. Le pregunto el precio a Antonio y me dice tanto, pero la Gabi te lo regalaría. Le digo que no, que vale tanto y le doy tanto, que para eso lo tienen ahí para vender. Me regatea a la inversa, a más barato. Lo compro. Me desnudo, me lo pongo y aún me esto atando los botones que veo a Antonio señalándome la nevera que tienen debajo de la mesa y le oigo diciéndome: coge una cerveza.
¿Alguien se acuerda de Calimero a estas alturas? Yo ya no.
Aparece Jaume, recogemos el chiringuito. Antonio, Javier y Jordi se van con el coche a dejar los trastos en sus casas. Jaume y yo cogemos unas bicis y nos vamos para el Wang. El Wang es un bar de la Rambla del Poblenou. En la terraza, dos mesas libres: el Wang no está en la misma rambla, está en la calle Pujades. El Wang, por unos metros, no está de moda. Nos sentamos. Su, la dueña, nos saluda, nos llama guapos y nos trae cacahuetes con las cervezas. Aparece Javier. Al poco rato, aparecen Antonio y Jordi. Su está en la puerta del bar jugando con su nieto Luke. Nos lo enseña orgullosa. Me levanto con Jaume y vamos a hacerle un par de carantoñas. Su me lo tiende. Le cojo en brazos y Luke se empieza a reír. Su me dice que no lo hace con todo el mundo. Luke se ríe y se ríe sin parar. Yo también.
Vuelvo a la mesa. Antonio habla de su profe de catalán. Dice que decía que se pueden meter hasta seis pronoms febles en una frase y que la frase sea correcta. Discutimos. Yo pienso todo el rato que qué absurdo, que vaya moco de listillo se pegó el profe diciendo eso. Que vaya cosa.
Apuramos la cerveza y nos vamos.
Cojo el metro y pienso que vaya domingo de estar todo el mundo en su sitio: mi madre queriendo, el bicing fallando, el conductor de autobús viéndome, Antonio haciendo amigos, Gabi poniendo el vestido perfecto, Antonio dándome una cerveza fría cuando más calor tenía, la terraza del Wang con dos mesas vacías, Su poniéndonos cacahuetes y haciendo de abuela, el bebé riendo las carantoñas, Su agradeciendo las risas arrancadas al nieto y el profe de catalán haciéndose el interesante más de lo que le tocaba hacérselo.
¿Y Calimero? Bueno, para hoy domingo a esta hora, está claro que el gran problema de Calimero, mi gran problema de ayer arrastrado hasta esta mañana, era ir pidiendo cosas sin saber, o ignorando sabiéndolo -siempre ese querer más-, lo que realmente le podían dar.
diumenge, 17 de juny del 2012
Puede que debiéramos ir presentando un proyecto para llevar la programación de una sala de Eurovegas: Joan Todó y servidora decidiendo de aquí a treinta y cinco años quién actúa cada noche mientras en la platea, en las mesitas con faldones, a la luz de una velita roja, cena el imserso en perfecta comunión con la despedida de soltero de tercera o cuarta remesa: todos a por el cuarto o quinto matrimonio, que ahora sí, que este es el definitivo, que hemos encontrado el amor postjubilación, el bueno, el del ocaso, el que nos verá morir.
Martes, jueves y sábados, Els Nens Eutròfics, Josep Pedrals de maestro de ceremonias y Les Filles Follen zancadilleándose con Sol Picó por las escaleras; miércoles, viernes y domingos, Roger Pelàez de jefe de pista, Roger Mas de crooner y el Mag Lari de mago, claro, con Bibiana Ballbè de sinuosa ayudante cortada por la mitad.
Puede que debiéramos ir rellenando los papeles de solicitud de la subvención: puede que la sala fuera el último reducto público del catalán. ¿Alguien se ha puesto ya a pensar un número con Guardiola à la Maradona de Las Ramblas, pelotita al pie, pelotita a la cabeza, sobre un piano de cola tocado por Lluís Llach, mientras recita a Martí i Pol y tres Furesdelsbaus le hacen correfoc alrededor? Pues si no, háganlo ya, que servidora compra y al otro programador lo tendremos en el bote desde el momento en el que se lo contemos y él entienda bous en vez de baus, que para entonces, también, ya habrán desaparecido -los bous- y andaremos todos bajo el dominio de la nostalgia de aquello que fue y entonces solo podrá ser en Eurovegas: en el Teatre Núria Feliu d'Eurovegues.
Preséntennos también un proyecto de piromusical, que tendremos de asesor a Toni Santiago que, desde ya, él solito, se está haciendo un máster en vedettismo y fiestas populares badaloninas.
Tráigannos también algo con la Cobla Sant Jordi y el Quartet Brossa enfrentados, gralla contra viola, tenora contra acordió, que el plan es poner una plataforma giratoria circular en la que, en fiestas señaladas se bailen sardanas en plan marató, con Maria de la Pau Huguet robando las carteras de los bolsos del centro de la rotllana, contando los euros en fichas y sumándolos en un marcador electrónico: la marató de la sardana lleva este año recaudados cuatrocientosmilquinientostreintaydós euros (¿he dicho pesetas?) que irán destinados a la reforma de la red de Rodalies y a la mejora de las autopistas, ahora que, cuando por fin se ha extinguido el catalán, una es competencia de la comunidad y en la otra ya no hay que pagar peajes. ¿Lo apostamos ahora todo a negro? Miren que tenemos aquí al lado la sala de ruletas de la Marató...
Eurovegas, el apocalipsis. Es la misma destrucción la que propone la conservación. La simbólica al menos, el reducto, el nuevo catálogo de homenots empurpurinados, la protección de la especie mientras la especie sea rentable, el folclore como salida cuando ya no quede nada más.
Ayer cené demasiado y me leí un par de tuits un poco devastadores antes de ir a dormir. He pasado la noche del loro, la del lloro, con sus plumas y lentejuelas, bajando por escaleras de barandillas de cartonpiedra con efecto alabastrado. Y todo era demasiado real.
Martes, jueves y sábados, Els Nens Eutròfics, Josep Pedrals de maestro de ceremonias y Les Filles Follen zancadilleándose con Sol Picó por las escaleras; miércoles, viernes y domingos, Roger Pelàez de jefe de pista, Roger Mas de crooner y el Mag Lari de mago, claro, con Bibiana Ballbè de sinuosa ayudante cortada por la mitad.
Puede que debiéramos ir rellenando los papeles de solicitud de la subvención: puede que la sala fuera el último reducto público del catalán. ¿Alguien se ha puesto ya a pensar un número con Guardiola à la Maradona de Las Ramblas, pelotita al pie, pelotita a la cabeza, sobre un piano de cola tocado por Lluís Llach, mientras recita a Martí i Pol y tres Furesdelsbaus le hacen correfoc alrededor? Pues si no, háganlo ya, que servidora compra y al otro programador lo tendremos en el bote desde el momento en el que se lo contemos y él entienda bous en vez de baus, que para entonces, también, ya habrán desaparecido -los bous- y andaremos todos bajo el dominio de la nostalgia de aquello que fue y entonces solo podrá ser en Eurovegas: en el Teatre Núria Feliu d'Eurovegues.
Preséntennos también un proyecto de piromusical, que tendremos de asesor a Toni Santiago que, desde ya, él solito, se está haciendo un máster en vedettismo y fiestas populares badaloninas.
Tráigannos también algo con la Cobla Sant Jordi y el Quartet Brossa enfrentados, gralla contra viola, tenora contra acordió, que el plan es poner una plataforma giratoria circular en la que, en fiestas señaladas se bailen sardanas en plan marató, con Maria de la Pau Huguet robando las carteras de los bolsos del centro de la rotllana, contando los euros en fichas y sumándolos en un marcador electrónico: la marató de la sardana lleva este año recaudados cuatrocientosmilquinientostreintaydós euros (¿he dicho pesetas?) que irán destinados a la reforma de la red de Rodalies y a la mejora de las autopistas, ahora que, cuando por fin se ha extinguido el catalán, una es competencia de la comunidad y en la otra ya no hay que pagar peajes. ¿Lo apostamos ahora todo a negro? Miren que tenemos aquí al lado la sala de ruletas de la Marató...
Eurovegas, el apocalipsis. Es la misma destrucción la que propone la conservación. La simbólica al menos, el reducto, el nuevo catálogo de homenots empurpurinados, la protección de la especie mientras la especie sea rentable, el folclore como salida cuando ya no quede nada más.
Ayer cené demasiado y me leí un par de tuits un poco devastadores antes de ir a dormir. He pasado la noche del loro, la del lloro, con sus plumas y lentejuelas, bajando por escaleras de barandillas de cartonpiedra con efecto alabastrado. Y todo era demasiado real.
dissabte, 16 de juny del 2012
¿Quieren ver cómo alguien se construye una obra completa redonda, coherente, llena de sentido y bellísima? Introduzcan los términos 'Wes Anderson' 'filmography'.
Miren, les ahorro el esfuerzo, aquí la tienen:
-Rushmore (Academia Rushmore, 1998)
-The Royal Tenenbaums (Los Tenenbaums: Una familia de genios, 2001)
-The Life Aquatic with Steve Zissou (La vida acuática con Steve Zissou o Vida acuática, 2004)
-The Darjeeling Limited (Viaje a Darjeeling, 2007)
-Hotel Chevalier (cortometraje, prólogo a The Darjeeling Limited, 2007)
-Fantastic Mr. Fox (Fantástico Sr. Fox o El Fantástico Sr. Zorro, 2009)
-Moonrise Kingdom (co-escrito con Roman Coppola, 2012)
(Falta Bottle Rocket (1996), no la he visto, no sé si sienta las bases, probablemente sí... Voy a buscarla).
Empiecen por Rushmore y vayan haciendo. No encontrarán concesiones al figurar ni salidas de tono ni papeletas absurdas. Es efectivamente redonda la trayectoria. Es perfecta. Es la obra de alguien que está haciendo algo más que una película por aquí y otra por allá. Da sentido a la cosa crear, a la cosa inventarse cosas. Da sentido casi a la cabezonería de algunos por explicar el mundo. Da sentido al ir explicando por escalones toda una escalera, por instrumentos toda una orquesta.
Eso es todo.
No, creo que no me han entendido: Eso es TO-DO.
Miren, les ahorro el esfuerzo, aquí la tienen:
-Rushmore (Academia Rushmore, 1998)
-The Royal Tenenbaums (Los Tenenbaums: Una familia de genios, 2001)
-The Life Aquatic with Steve Zissou (La vida acuática con Steve Zissou o Vida acuática, 2004)
-The Darjeeling Limited (Viaje a Darjeeling, 2007)
-Hotel Chevalier (cortometraje, prólogo a The Darjeeling Limited, 2007)
-Fantastic Mr. Fox (Fantástico Sr. Fox o El Fantástico Sr. Zorro, 2009)
-Moonrise Kingdom (co-escrito con Roman Coppola, 2012)
(Falta Bottle Rocket (1996), no la he visto, no sé si sienta las bases, probablemente sí... Voy a buscarla).
Empiecen por Rushmore y vayan haciendo. No encontrarán concesiones al figurar ni salidas de tono ni papeletas absurdas. Es efectivamente redonda la trayectoria. Es perfecta. Es la obra de alguien que está haciendo algo más que una película por aquí y otra por allá. Da sentido a la cosa crear, a la cosa inventarse cosas. Da sentido casi a la cabezonería de algunos por explicar el mundo. Da sentido al ir explicando por escalones toda una escalera, por instrumentos toda una orquesta.
Eso es todo.
No, creo que no me han entendido: Eso es TO-DO.
divendres, 15 de juny del 2012
Esto que voy a contar ya lo he contado antes, me parece.
Una vez, con mi amigo Héctor -que es este de aquí que ya brilla así por sí solo pero que ahora, encima, está en Dinamarca y se está cultivando como un aura nórdica- teníamos el plan de abrir un blog que se llamara mientrasjuegaelbarça.
Mi plan para este plan nunca se lo comenté pero sé que estaría de acuerdo, era que lo del Barça fuera simplemente nominal. Vaya, que yo iba a explicar en el blog qué hacíamos mientras jugaba el Barça o mientras cualquier otra cosa de masas (el sónar, la última manifestación por el Estatut, la cena de Navidad o lo que fuera) pasara siempre que yo hubiera estado haciendo otra cosa.
Era guay la idea. Era como una especie de blog-relato de una realidad paralela, de una cosa que se pudiera hacer mientras LA COSA; una realidad de la que estábamos seguros que al día siguiente no hablarían los diarios y si lo hacían lo harían casi en la página de sucesos y así como de refilón.
Pues hoy jugaba la Selección española. Lo medio sé porque mi amiga Cristina, a las 21.53h., me ha mandado un whatsapp que decía goooooool (?) y porque ahora he mirado el Twitter y he visto que Ramos, uno de los jugadores, ha escrito que han quedado 4 a 1 cuando en realidad han quedado 4 a 0, uno más, uno menos, imagínense lo poco que importa la cosa.
Y mientras jugaba la selección española, servidora estaba en el 23 de Robadors viendo a Roger Pelàez. Y Roger Pelàez es una de esas cosas (o personas, no sé) que me hacen recordar cuando yo trabajaba en la Guía del Ocio y le decía a mi jefe déjame entrevistar a este, que será muy bueno, ya verás. Y mi jefe me respondía que vale y mis compañeras se me tiraban encima porque, con la tontería (según ellas) de la entrevista, me iba a pasar una mañana fuera de la redacción y eso, para ellas, era tener mucho morro. Pero luego yo volvía de la entrevista, pasaba ese día aguantando sus morros (no el mío, tan grande según ellas) hasta el suelo, pasaba una semana, pasaba un mes, pasaba un año y, de repente, el entrevistado era la hostia para todo el mundo y la Guía del Ocio tenía una de las primeras entrevistas que le habían hecho nunca.
Hoy Roger Pelàez, que ya era conocido por sus dibujicos del TMEO, era el monologuista o cantante o no sé por quien se me habrían echado encima todos, menos el director (que extrañamente me apoyaba) de la Guía del Ocio. Hoy a Roger Pelàez le dedicaría una entrada en el blog mientrasjuegaelbarça.
Roger Pelàez va a triunfar, ya lo verán. Y nosotros hoy lo hemos visto tremendo, fantástico, y no le hemos tirado nada a la cabeza como cuenta él que hicieron aquellas lesbianas que un día se enfadaron y le hicieron callar.
Yo tengo una foto:
Víctor tiene trocitos grabados en vídeo pero dice, y tiene razón, que no le hacen justicia, que hay que verlo entero, porque te arrastra durante casi una hora y cuando acaba te hace salir del bar a fumar, preguntándote cómo puede ser que le hayas estado haciendo los coros a un tío de quien nunca habías oído las canciones.
Quédense con el nombre, en serio. No por él, que ya se lo hará todo solo, sino por mí: háganme sentir otra vez como aquel xaviercugat que otrora fui.
Una vez, con mi amigo Héctor -que es este de aquí que ya brilla así por sí solo pero que ahora, encima, está en Dinamarca y se está cultivando como un aura nórdica- teníamos el plan de abrir un blog que se llamara mientrasjuegaelbarça.
Mi plan para este plan nunca se lo comenté pero sé que estaría de acuerdo, era que lo del Barça fuera simplemente nominal. Vaya, que yo iba a explicar en el blog qué hacíamos mientras jugaba el Barça o mientras cualquier otra cosa de masas (el sónar, la última manifestación por el Estatut, la cena de Navidad o lo que fuera) pasara siempre que yo hubiera estado haciendo otra cosa.
Era guay la idea. Era como una especie de blog-relato de una realidad paralela, de una cosa que se pudiera hacer mientras LA COSA; una realidad de la que estábamos seguros que al día siguiente no hablarían los diarios y si lo hacían lo harían casi en la página de sucesos y así como de refilón.
Pues hoy jugaba la Selección española. Lo medio sé porque mi amiga Cristina, a las 21.53h., me ha mandado un whatsapp que decía goooooool (?) y porque ahora he mirado el Twitter y he visto que Ramos, uno de los jugadores, ha escrito que han quedado 4 a 1 cuando en realidad han quedado 4 a 0, uno más, uno menos, imagínense lo poco que importa la cosa.
Y mientras jugaba la selección española, servidora estaba en el 23 de Robadors viendo a Roger Pelàez. Y Roger Pelàez es una de esas cosas (o personas, no sé) que me hacen recordar cuando yo trabajaba en la Guía del Ocio y le decía a mi jefe déjame entrevistar a este, que será muy bueno, ya verás. Y mi jefe me respondía que vale y mis compañeras se me tiraban encima porque, con la tontería (según ellas) de la entrevista, me iba a pasar una mañana fuera de la redacción y eso, para ellas, era tener mucho morro. Pero luego yo volvía de la entrevista, pasaba ese día aguantando sus morros (no el mío, tan grande según ellas) hasta el suelo, pasaba una semana, pasaba un mes, pasaba un año y, de repente, el entrevistado era la hostia para todo el mundo y la Guía del Ocio tenía una de las primeras entrevistas que le habían hecho nunca.
Hoy Roger Pelàez, que ya era conocido por sus dibujicos del TMEO, era el monologuista o cantante o no sé por quien se me habrían echado encima todos, menos el director (que extrañamente me apoyaba) de la Guía del Ocio. Hoy a Roger Pelàez le dedicaría una entrada en el blog mientrasjuegaelbarça.
Roger Pelàez va a triunfar, ya lo verán. Y nosotros hoy lo hemos visto tremendo, fantástico, y no le hemos tirado nada a la cabeza como cuenta él que hicieron aquellas lesbianas que un día se enfadaron y le hicieron callar.
Yo tengo una foto:
Víctor tiene trocitos grabados en vídeo pero dice, y tiene razón, que no le hacen justicia, que hay que verlo entero, porque te arrastra durante casi una hora y cuando acaba te hace salir del bar a fumar, preguntándote cómo puede ser que le hayas estado haciendo los coros a un tío de quien nunca habías oído las canciones.
Quédense con el nombre, en serio. No por él, que ya se lo hará todo solo, sino por mí: háganme sentir otra vez como aquel xaviercugat que otrora fui.
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