dilluns, 11 de juny del 2012

Rajoy, después de levantar la copa del rescate, del préstamo, y saludar a la afición, coge los bártulos y se va a Polonia a ver a la Roja, que le dicen. Y canta los goles, las faltas y los fueradejuegos, como si nada, como si eso fuera todo.

Pues claro: Es de primero del cursillo de protocolo del gobernante: transmitir serenidad. ¿Que juega la selección el mismo día de la supercrisis? De puta madre: corbata roja y a Polonia; tomarse en zapatillas con total tranquilidad el cafelito de las cinco en el salón de La Moncloa no tendría ni la mitad de efecto sedante para con las masas.

Pero, un momento... ¿Qué hace entonces la gente llevándose las manos a la cabeza porque Rajoy ha ido al partido con el rescate, el préstamo, de cuerpo aún presente? ¿Por qué no reconocen a Rajoy en el palco como a un Fraga en calzones emergiendo de las aguas de Palomares versión 2.0?

¿A ver si vamos a tener a la masa tan enfurecida que ya no basta con darles la piruleta para que se les pase el berrinche? ¿A ver si vamos a tener que rehacer todo el temario del cursillo de protocolo para la clase gobernante? Mal asunto para el gabinete de imagen de un gobierno cuando la pelota no está en la imagen sino en los ojos que la miran. ¿Cómo se controla ahora esto? Respuesta: No intentándolo controlar, dejando simplemente que pasen unos días.

Que hablen con sus colegas de la Casa Real, por ejemplo, que tienen el asunto fresco, reciente y ya solucionado. ¿Que no? Ayer la Leti y el príncipe también se bañaron en Palomares y ya casi nadie los vio.

dissabte, 9 de juny del 2012

Todos en pie: habla la Sargento (&co.) de La Patrulla de Salvación en el post del 7 de junio:

-¿... por qué nos repiten machaconamente desde EL PAÍS que en El Huffington Post se defienden valores progresistas? Te lo pregunto porque esta señora, Arianna Huffington, se hizo famosa en EEUU, durante los años 90’s, por sus artículos y comentarios ultra conservadores. Apoyó a algunos de los candidatos políticos más derechistas como  Newt  Gingrich y su “Revolución Republicana” y  Bob Dole cuando fue candidato a la presidencia de los USA. Y antes de fundar la web que la ha hecho famosa, tenía otras dos  páginas, ariannaonline.com y  resignation.com. En esta última hacía campaña para que Bill Clinton presentara la dimisión cuando el “İmpeachment” de 1998 (aquí).

[Advertencia: No intenten entrar en las viejas páginas de doña Arianna Huffington porque ya no hay nada, están borradas.]

-Pero luego cambió de ideas, Margaret. Hay que saber que The Huffington Post se lanza en 2005, en pleno mandato de George W. Bush y con las ideas neo conservadoras en todo su apogeo. Dar caña al gobierno trae siempre más lectores. Además, Bush hijo daba mucho juego como “punching ball”. Ahora, desde su web, continúan criticando duramente al partido republicano y al “Tea party”, pero no es como antes.

-Ahora entiendo por qué esta señora ha hecho tan buenas migas con Juan Luis Cebrian. Porque Cebrían fue franquista, lo sabías ¿no? Todo el mundo tiene derecho a cambiar de ideas políticas, es verdad. Pero es curioso observar cómo algunos conservadores han sabido empaquetar y vender su producto. Es algo digno de estudio.



... y servidora, que desde hace años no sabía -como no sabe James Sveck, el prota de 'Algún día este dolor te será útil', la fantástica novelita de Peter Cameron que acaba de publicar Libros del Asteroide- porqué me sentía tan cercado, irritado y amenazado por cosas que no me gustan, de repente hace oh wait! y ata cabos con una conversación, un monólogo más bien, que hace unos días me soltaba un amigo, que venía a decir: no lo entiendes: se están posicionando, luego, ya se verá.

Yo, mientras él hablaba, pensaba en estos, en estos y en -aunque ya se le haya pasado un poco el arroz- este. Yo luego he añadido, en un extremo mucho más de fireta, a este, que da mucha más risa, que es más como un cachorrillo jugando con un ovillo mucho más grande que él, pero que también, déjalo correr. Y Valero Sanmartí me apunta a este otro que tal...

Pero bueno, estos dos últimos no cercan ni irritan ni amenazan tanto: una se los mira un poco con la seguridad de que la cosa, su cosa, está ahí a un pelo de expotarles en los morros, es el puntito este de kamikaze que tiene la política, de autoinmolación por el partido, de chupo del bote hasta que me queme, que me quemaré pero que me quiten lo bailao.

Son los otros, los del parapeto académico, los de la trinchera, quienes se están haciendo el nombre (y luego, ya se verá). Qué mamonacos, van forts, saben cosas: tienen claro el objetivo y lo defienden desde un extremo para que luego, aunque la apariencia diga que se han pasado de largo, que la meta se les ha quedado corta, ellos brinden con cava desde su Olimpo particular porque lo importante es que ahí está la meta conseguida, la que ellos reclamaban desde sus valores solidísimos, valores solidísimos que el mundo nunca comprenderá porque el mundo es especialista en quedarse a medias tintas, pero la media tinta sale de un color intenso, el que ellos defienden, más el blanco o gris en el que lo acabe diluyendo la masa.

Ellos están dictando el color intenso. Y lo saben. Y esa es la manera. La izquierda, mientras, acampa y tira piedras. ¿Ven la diferencia entre la intel(l)igen(ts)ia y la barbaridad?

En realidad, no puedo más que admirarlos y temerlos.

divendres, 8 de juny del 2012

Una vez, en una fiesta de piso, un compañero de la universidad se encerró en una habitación y nos costó Dios, ayuda y santa paciencia conseguir que abriera la puerta. Estaba atrincherado y, muerto de miedo, nos gritaba desde dentro que no abriría, que no era tonto, que sabía que nos lo íbamos a comer porque era una pera.

Nosotros nos lo íbamos a comer a él y él se había comido un tripi.

Nos partíamos de la risa al principio. Luego nos empezamos a cansar. Luego empatizamos y nos sentimos fatal pensando en lo fatal que lo debía de estar pasando también él. Luego le juramos que no teníamos hambre. Hasta que no nos gustaban las peras le juramos después de intentar convencerle sin éxito que era imposible que fuera una porque no estábamos aún en temporada. No sé cómo acabó la cosa porque me fui antes de que saliera, pero dos días después se le había pasado la paranoia y estaba en clase tan normal.

Este que acabo de contar me parece un pedo mucho más simpático y bobalicón que estos que dicen que están pasando por ahí también producidos por no sé qué tipo de droga que hace que a la gente le dé por comerse al vecino en vez de por pensar que el vecino se los va a comer a ellos. Aunque también es verdad que estos que dicen que están pasando por ahí producidos por no sé qué tipo de droga tienen un algo de historia flipante organizada por algún villano malo malísimo empeñado en que la humanidad se autodestruya, devorándonos unos a otros, con gran sanguinidad y dolor, en medio de grandes bacanales a mesa puesta, estilo self service, de casquería humana.

Tienen un no sé qué que, a priori, también fascina un poco; que parece también que suena como a fin lógico de una era; que hace pensar si no nos habrán ocultado durante todo este tiempo que los dinosaurios se extinguieron en realidad porque se volvieron locos y empezaron a comerse entre ellos; que hace pensar si en realidad la destrucción no será siempre auto y que no hace falta buscarle causas externas, químicas, producto de mentes villanas; si no será culpa, la destrucción, nada más que del villanito hambriento que todos llevamos dentro.

Pero no: ya le están echando la culpa al tripi y ahora dirán también que la culpa es del cine y de los videojuegos, y esto se arreglará, como siempre, con unas cuantas prohibiciones. Y todos volveremos a ser 'normales' y nadie se comerá a nadie más que en un sentido figurado. Y así no va a haber manera, oigan, de pasar a la próxima era geológica. Y nos vamos a quedar, como siempre, atascados en esta geoilogididad tan extraña y figurativa que nos hemos inventado y que hace aguas, demostrado está, por todos lados.

(Ahora es cuando vienen y me cierran el blog por hacer apología del canibalismo. O, más tontorrón aún, de los tripis).

dijous, 7 de juny del 2012

A veces, con mi amiga Itziar, estábamos en un bar y ponían una canción horrorosa. Horrorosa del nivel del Venao o así. Entonces Itziar decía: vamos a hacer como que nos gusta muchísimo. Nos poníamos a bailar y bailando, bailando, durante tres minutos, el Venao nos encantaba y nos volvía locas.

Delante de casa, en la terraza del Tandoori Nights ayer pusieron unos sombrillotes enormes. Así que sí: desde ayer mismo, en ese rincón de la calle Carretes, habitualmente a la sombra durante todo el día, pega una solana que no hay quien la aguante. Suerte de las sombrillas.

Que hemos venido a jugar. Que jugar nos hace más libres.
Que por eso algunos quieren quemarnos los libros, no vayamos a ser felices a pesar de todo.


dimecres, 6 de juny del 2012

Hablo con mi padre y me cuenta:
-De Miquel: "Muy bien, muy espavilao: se fija en todo aunque me imagino que no ve nada".
-De Aina: "Ha estado un rato en el hospital y no se separaba de su madre y no soltaba al pequeño. Cuando nos las hemos llevado a casa, ha montado un numerito...".
-De María: "Esa pasa de todo".
-De Nuria: "Está bien, está bien. La mandan a casa mañana".
-De mi madre: "Ahora está poniendo a las crías a dormir y pensando qué hace para comer mañana, que viene la madre de Ramón, preocupándose por cosas de las que nadie se preocupa, ya sabes".

Y, claro, a servidora, estando tan lejos, no hay cosa que le tranquilice más, que le produzca a la vez tanta nostalgia y tanta felicidad, que ver que todos los miembros de la familia están siendo taaaan absolutamente ellos (mi padre incluido, contando las cosas como las cuenta) en este ratico tan de novedad y tan de alegría.

Tengo un sobrino nuevo que se llama Miquel.
Minutos musicales.

dilluns, 4 de juny del 2012

Mi abuelo, todos los días, se levantaba, se aseaba old style, o sea, en la pica en vez de en la bañera, dejando todo el lavabo empantanado, se vestía y se iba a pasito ligero, cuesta abajo, por la calle de la Curia, al Casino, que estaba en un edificio en la Plaza del Castillo a cuyo interior se accedía por un portalón de madera que había en uno de los rincones de los porches. Los rincones de los porches de la plaza del Castillo eran, como todos los rincones de los porches de cualquier lado, los sitios más en penumbra, los que más contraste hacían con aquella luminosidad que reinaba en la plaza los (pocos) días de sol. Los rincones de los porches de la plaza del Castillo también eran, sorprendentemente, los sitios más húmedos en los (muchos) días de lluvia. Y los que más tardaban en secarse cuando volvía a salir el sol. Ahí, en uno de esos rincones, estaba el portalón del casino por el que mi abuelo entraba, todos los días, primero sin, y más adelante con bastón.

Yo, que hasta los doce años pasaba los fines de semana en su casa, y que nunca, jamás, puse los pies en el casino, estaba fascinada por la incógnita de qué sería ese sitio al que iba a meterse todas las mañanas el buen hombre tan repeinao. Le preguntaba a mi abuela a dónde y me respondía al casino. Le preguntaba a qué y me respondía a leer y a fumar puros. Fascinación máxima, ya les digo.

Un día le pregunté a mi abuelo qué leía en el casino -que lo que fumaba eran puros ya me lo había dicho mi abuela-. No me acuerdo muy bien pero supongo que miraría a mi madre desde su metro ochenta de estatura con cara de qué insolente es esta niña. Lo supongo porque de lo que sí que me acuerdo es de todas las veces que mi abuelo me repitió que los niños no hablaban a no ser que se les preguntara algo.

Mi abuelo era un señor de 1903.

También recuerdo que, seguramente aún sin mirarme, aún mirando con cara de desaprobación a mi madre, me respondió: el diario. Más fascinación. El diario ya lo teníamos en casa y no le hacían falta cuatro horas para leérselo. Ahí había algo más, yo tenía diez u once años y no me iba a quedar sin saberlo aunque me lo tuviera que inventar.

Investigando por aquí y por allá, me enteré de que el casino era por dentro todo de madera, que había una biblioteca, un mueble bar y sillones orejeros. Lo mejor es que no recuerdo que todo eso me lo contara él así que ahora pienso que es solo la historia que me monté en la cabeza y que me la monté a base de leer Pickwicks, vueltas al mundo en ochenta días y demás.

Buf, el casino del abuelo.

Tampoco he estado nunca dentro del Ateneu Barcelonès pero sé perfectamente cómo es ese sitio: igual que sé cómo es el casino del abuelo por Dickens y por Verne, lecturas de cuando me preocupaba cómo debía de ser el casino del abuelo, sé cómo es el Ateneu por Pla y por las historias de tortugas que cuenta Quim Torra de vez en cuando, lecturas ambas de cuando me empezó a preocupar cómo debía de ser por dentro el Ateneu.

Todo esto lo cuento porque llevamos un rato hablando por twitter del premi Crexells, que otorga el Ateneu Barcelonés, y cuyo ganador se decide por votación popular. Popular. El Ateneu. Uno de los finalistas es Jaume Cabré.

Solo voy a decir una cosa al respecto: miren en qué ha acabado convirtiéndose en casino de mi abuelo. Es un poco bodas, bautizos y comuniones. No hay madera por ningún lado. Y la biblioteca, en fin... la biblioteca. Sí.