Yo una vez utilicé el topicazo de que los catalanes eran tacaños para acabar con una discusión delirante, para ponerme a la altura de mi interlocutor de la manera más sarcástica. La cosa fue así:
Nos reuníamos en Madrid antiguos compañeros de la Universidad. Habían pasado unos cuantos años desde que habíamos acabado la carrera, Ciencias de la información, se llamaba entonces. Nos acabábamos de sentar a la mesa y alguien decidió hacer una ronda de presentaciones. Todos nos conocíamos pero nos habíamos perdido la pista y no sabíamos qué hacíamos entonces, así que íbamos diciendo nombre y apellido y en qué trabajábamos en ese momento. Fueron sucediéndose nombres de gabinetes de comunicación, radios, periódicos, agencias de noticias, agencias de publicidad... Me tocó y dije: Isabel Sucunza. Trabajo en un programa de libros de TV3. Acabó la ronda. Comimos. Bebimos. Nos fuimos a un bar. Una compañera vino a contarme que escribía libros, me dijo los libros que escribía, le dije que no los conocía, me dijo que publicaba en un sello de Planeta, le dije que a gente de Planeta sí que conocía. Me dijo que vendría de promoción a Barcelona, por Sant Jordi, le dije que normalmente, gente del programa salía a dar vueltas por Sant Jordi con una cámara, que sería gracioso que coincidieran...
Entonces, un compañero que llevaba un rato escuchándonos, me preguntó:
-¿Es verdad que en tv3 os obligan a hablar en catalán?
Yo le dije:
-No. Yo lo hablo, pero podría no hablarlo perfectamente.
En seguida me di cuenta de que preguntaba por preguntar:
Él: Sí, sí que os obligan.
Yo: No. Los programas son en catalán, evidentemente, pero nosotros muchas veces hacemos las reuniones en castellano. El realizador, por ejemplo, es un señor de Bilbao que nunca habla en catalán.
Él: Te han lavado el cerebro. Todo el mundo sabe que en tv3 obligan a hablar en catalán y cuando alguien sale hablando en castellano, lo subtitulan en catalán.
Yo: No, no lo subtitulan en catalán.
Él: Sí.
Yo: Mira, no voy a discutir esto porque no te estoy dando una opinión: en tv3, cuando alguien sale hablando en castellano no lo subtitulan en catalán. Es un dato comprobable: tú te pones en tv3 cualquier entrevista a alguien que habla en castellano y no es que yo crea que no haya subtítulos o que no los quiera ver, es que no los hay.
Él: Claro que los hay; lo oí el otro día en la radio.
Fue entonces cuando decidí ponerme a su nivel. Dije:
-Mira: subtitular cuesta pasta y con lo tacaños que son los catalanes...
Se rió.
Yo, para entonces, ya llevaba rato pensando que no estaba hablando con un taxista chusquero, que estaba hablando con un tío que trabajaba en una agencia de comunicación. Un dío de Donosti, para más inri. Un tío de Donosti que tenía una carrera universitaria, que, en principio, estaba informado y tenía acceso a noticias en bruto y que, a partir de estas noticias, generaba otras noticias que, tras pasar por su filtro (ya ven qué tipo de filtro) iban a parar a diarios, programas de radio...
Me jodió la tarde.
Opté por dar media vuelta e integrarme en el grupito de gente que enseñaba fotos de sus bebés regordetes. Bebés regordetes que crecerían y acabarían escuchando programas de radio que hablaran de cómo tv3 subtitulaba entrevistas en catalán y cómo la Generalitat metía con sangre pronoms febles en las cabecitas de pequeñas criaturas puras y castellanas.
Me jodió la tarde pero bien.
Volví a Barcelona. Pasaron los años. Y ahora veo que la única manera de posicionarse ante el catalán para alguien que ha crecido oyendo este tipo de informaciones mierdosas por la radio, es a la defensiva. Y encuentro en el origen de ese posicionamiento a todas las informaciones mierdosas que alguien ha ido escuchado por la radio (y donde digo radio digo medios de comunicación en general).
También veo que no es difícil buscar quién está detrás de todas esas informaciones mierdosas que la gente escucha por la radio: te los acabas encontrando en cualquier reunión de antiguos compañeros de clase, cualquier fin de semana, ahí, con la alarma del móvil ya preparada para que suene el mismo lunes a las ocho de la mañana, ducha, café, y corriendo grabadora en mano a metérsela en las narices a la señora, oyente habitual de las noticias mierdosas que ellos mismos hacen correr por ahí, que acaba de entregar los papeles en los que exige que a su niño no le enseñen otro idioma, que bastante tiene el pobre con el inglés.
Ellos se lo guisan, ellos se lo comen y luego lo vomitan. La serpiente que se muerde la cola. Y a nosotros, nos han lavado el cerebro. Y ellos son muchos más. Y si la única manera de acabar con el diálogo de besugos para poder empezar a construir algo es rebajarse a su estulticia, vamos apañaos.
dimarts, 13 de març del 2012
dilluns, 12 de març del 2012
Avui, la Marta Rojals em fa el post. És que l'anava llegint i dient Sí! Sí!
Reflexions des de sota l'aigua. (Vilaweb).
(Quins collons els meus, eh?)
Reflexions des de sota l'aigua. (Vilaweb).
(Quins collons els meus, eh?)
dissabte, 10 de març del 2012
Wasapps ociosos in the morning.
Yo: Se ha muerto Moebius y con él todos los metabarones
Jordi: Blueberry is not dead.
Yo: Ya, y queda Jodorowsky también, pero está loca perdida
Jordi: Siempre lo ha estado.
Yo: Sí.
Jordi: Un tándem Herzog-Jodorowsky seria la pera (no sé si ya existe).
Yo: Ostras, pues no sé. Pero la loca oficial de Herzog es el Kinski. ¿Te imaginas un ataque de cuernos Kinski-Jodorowsky?
Jordi: Jaja!
Yo: Explotaría el mundo o así.
Jordi: Eso sería peor que Perros de paja, de Sam P.
Yo: Sí, pero en plan desierto mexicano, todo muy del peyote.
Jordi: Acabarían con la reforma laboral y todo.
Yo: Con la reforma laboral, con la ley del aborto y con la primavera valenciana.
Yo: Tengo que colgar esta conversación en el blog.
Jordi: Esto del blog es una nueva adicción. Yo ya tengo la Perra Laika de mañana y ya quiero colgarla.
Yo: ¿Y por qué no la cuelgas hoy?
Jordi: Pues sí. A veces agradezco tu clarividencia.
Yo: Se ha muerto Moebius y con él todos los metabarones
Jordi: Blueberry is not dead.
Yo: Ya, y queda Jodorowsky también, pero está loca perdida
Jordi: Siempre lo ha estado.
Yo: Sí.
Jordi: Un tándem Herzog-Jodorowsky seria la pera (no sé si ya existe).
Yo: Ostras, pues no sé. Pero la loca oficial de Herzog es el Kinski. ¿Te imaginas un ataque de cuernos Kinski-Jodorowsky?
Jordi: Jaja!
Yo: Explotaría el mundo o así.
Jordi: Eso sería peor que Perros de paja, de Sam P.
Yo: Sí, pero en plan desierto mexicano, todo muy del peyote.
Jordi: Acabarían con la reforma laboral y todo.
Yo: Con la reforma laboral, con la ley del aborto y con la primavera valenciana.
Yo: Tengo que colgar esta conversación en el blog.
Jordi: Esto del blog es una nueva adicción. Yo ya tengo la Perra Laika de mañana y ya quiero colgarla.
Yo: ¿Y por qué no la cuelgas hoy?
Jordi: Pues sí. A veces agradezco tu clarividencia.
dijous, 8 de març del 2012
Dice Ferran Ràfols, el traductor: "Encontré una frase en el original, en la que faltaba una preposición. Una de esas que te cambia el sentido de lo que se está diciendo. Entre todos, estuvimos intentando averiguar cuál debía de ser". Lo explica Ferran en la puerta de la librería Pròleg, de la que acabamos de salir después de la presentación de "Dins d'una campana de vidre", de Anaïs Nin, que acaba de publicar Labreu. Un rato antes, escuchando a Núria Miret leyendo fragmentos del libro, yo ya había pensado: joder, con la Nin: échale un galgo. Y ahora, sabiendo lo de la preposición perdida, lo vuelvo a pensar: échale un galgo, a la Nin.
Leer a la Nin es como barrer el piso en plena época de muda de pelo del gato. Barres, arrastras el montoncito de porquería desde la esquina más lejana hacia cubo de la basura. El montoncito de porquería se mantiene compacto, obedece a la escoba: ahora para aquí, ahora para allá. La escoba es el perro pastor, el montoncito es el rebaño. La escoba dice, venga montoncito, para la derecha; ahora un poquito para la izquierda. Y el montoncito, en su recorrido, va recogiendo individuos de porqueriíta dispersa y se los va incorporando. Aparece en escena una pelusa. Una pelusa borrosa, ligera. El barrendero lanza la escoba -que ahora resulta que simboliza la convención, la tradición, la norma- para intentar incorporar la pelusa a la corriente, al río que transcurre con todas sus gotitas de agua homogeneizadas; con todas sus gotitas de agua llenas de ticks aprendidos, pesadas, informes, carentes de toda voluntad, sometidas y de camino a la papelera. Y la pelusa vuela. La pelusa -que ahora es la Nin- hace piruetas a cada golpe de escoba. Sale disparada hacia arriba, dibuja un par de tirabuzones, gravita un momento y vuelve a caer a medio metro del montoncito de porquería. Y desde lo alto del último tirabuzón, ha mirado al montoncito, al rebaño, y se ha sabido fuera de él, Y se ha puesto a explicar lo que veía sin darse cuenta de que en el camino ha perdido la preposición que Ferran Ràfols se volverá loco buscando, y ha encontrado la poesía y el delirio que hará que Núria Miret la entienda mejor si tiene unas décimas de fiebre.
"Lo he entendido todo; lo he entendido todo porque tengo fiebre", dice Núria, también en la puerta de la Pròleg. Y se marcha a casa olvidándose de contarnos (nos lo cuenta luego por mail) que, además de por la fiebre, seguramente lo ha entendido todo también porque debajo del vestido se ha puesto para la ocasión un corset rojo.
Dins d'una campana de vidre. Anaïs Nin. Trad. Ferran Ràfols. Labreu Edicions, 2012.
La fiebre, inútilmente encorsetada, leyendo a la Nin.
Leer a la Nin es como barrer el piso en plena época de muda de pelo del gato. Barres, arrastras el montoncito de porquería desde la esquina más lejana hacia cubo de la basura. El montoncito de porquería se mantiene compacto, obedece a la escoba: ahora para aquí, ahora para allá. La escoba es el perro pastor, el montoncito es el rebaño. La escoba dice, venga montoncito, para la derecha; ahora un poquito para la izquierda. Y el montoncito, en su recorrido, va recogiendo individuos de porqueriíta dispersa y se los va incorporando. Aparece en escena una pelusa. Una pelusa borrosa, ligera. El barrendero lanza la escoba -que ahora resulta que simboliza la convención, la tradición, la norma- para intentar incorporar la pelusa a la corriente, al río que transcurre con todas sus gotitas de agua homogeneizadas; con todas sus gotitas de agua llenas de ticks aprendidos, pesadas, informes, carentes de toda voluntad, sometidas y de camino a la papelera. Y la pelusa vuela. La pelusa -que ahora es la Nin- hace piruetas a cada golpe de escoba. Sale disparada hacia arriba, dibuja un par de tirabuzones, gravita un momento y vuelve a caer a medio metro del montoncito de porquería. Y desde lo alto del último tirabuzón, ha mirado al montoncito, al rebaño, y se ha sabido fuera de él, Y se ha puesto a explicar lo que veía sin darse cuenta de que en el camino ha perdido la preposición que Ferran Ràfols se volverá loco buscando, y ha encontrado la poesía y el delirio que hará que Núria Miret la entienda mejor si tiene unas décimas de fiebre.
"Lo he entendido todo; lo he entendido todo porque tengo fiebre", dice Núria, también en la puerta de la Pròleg. Y se marcha a casa olvidándose de contarnos (nos lo cuenta luego por mail) que, además de por la fiebre, seguramente lo ha entendido todo también porque debajo del vestido se ha puesto para la ocasión un corset rojo.
Dins d'una campana de vidre. Anaïs Nin. Trad. Ferran Ràfols. Labreu Edicions, 2012.
La fiebre, inútilmente encorsetada, leyendo a la Nin.
dimecres, 7 de març del 2012
dilluns, 5 de març del 2012
(Ahora viene una entrada con mucho embedded text, que ya es lo suyo porque habla de leer).
Habré leído unas seis o siete cosas enteras, hoy, y ha estado muy bien porque las seis o siete cosas o a) eran buenas o b) aunque fuera meras boutades, venían bien para apuntalar ideas.
Miren:
Llego al trabajo y me encuentro con el Babelia, suplemento de literatura de El País, encima de la mesa (mi jefa tiene este detalle los lunes y el mismo, con el Cultura/s de La Vanguardia, los miércoles). Pum, portada: Erri de Luca; cita: "La literatura no cambia el mundo, pero hace compañía". Dos páginas más allá viene la entrevista llena de declaraciones de este señor que, además de escribir, tiene una vida; que tiene una vida que parece más vida que esta de escribir pero que va absolutamente ligada al hecho de que también escribe. Y lee: lee mucho Erri de Luca. Erri de Luca es todo leer. Vayan a buscar la entrevista, en serio: no tiene desperdicio. Tengan en cuenta por eso que en el camino de la portada a la entrevista, van a tener que superar otra de las cosas que he leído hoy: un retrato de Ernesto Caballero, director del Centro Dramático Nacional, en el que, además de una foto muy grande, mucho más grande que el texto, se destaca una intención suya. Dice: "Ernesto Caballero se ha propuesto escribir una obra teatral al año".
"La literatura no cambia el mundo, pero hace compañía". Erri de Luca.
"Me he propuesto escribir una obra teatral al año". Ernesto Caballero.
¿Ven la diferencia? Se ve más, esta diferencia, si se leen los textos enteros: Erri de Luca no para de hablar de la vida; Ernesto Caballero no para de hablar de producción. Dice este último que está entregado en cuerpo y alma (sic.) a su trabajo de director del CDN, que no tiene tiempo pero que, cuanto menos tiempo tiene, más ideas le vienen, así que se va a obligar cueste lo que cueste a acabar una obra por año. Mientras tanto, Erri de Luca estará viviendo; esto último lo digo yo, no lo dice Erri de Luca, y cuando digo viviendo quiero decir escribiendo y cuando digo escribiendo quiero decir haciendo cualquier otra cosa, que también es escribir, estoy convencida por lo que dice en su entrevista.
Para Ernesto Caballero, escribir es acabar una obra al año. Para Erri de Luca, escribir es vivir.
¿Ven mejor la diferencia?
Todo esto lo he leído por la mañana. Al mediodía, mientras se acababa de hacer la comida, he leído estas otras dos cosas (de estas les pongo los links, que los tengo). Primero, me he encontrado este artículo del New York Times. He pensado en cuánto de pedantería debería perder ahora el hecho de decir que has leído algo en un artículo en el New York Times, si abres el Facebook y te los encuentras ahí, como setas, esperando a que abras el link. Luego, he empezado a leer. Es este. Habla de cómo cambiará el acto de la lectura ahora que todo el mundo se está apuntando a las tabletas en detrimento de los libros, cuando las tabletas, además de ponerte el libro delante, te ponen también el Twitter, el correo, etc. a un click de cualquier cosa que estés leyendo. Habla de lectores que por cada tres páginas leídas seguidas pasan veinticinco minutos ciberespaceando. Habla de que han puesto a la lectura a competir directamente con otros tipos de entretenimiento más entretenidos. Así no hay manera, dice. Y yo pienso todo el rato en mí misma leyendo un libro. Y el teléfono que suena. Y mi vecino que llama a la puerta. Y el gato que me hace la croqueta encima. Y el móvil que me avisa que tengo un email. Y el ruido de cristales rotos en la calle. Y todo lo anterior a la vez, y yo leyendo un libro. Y me pregunto si ahora va a resultar que todas las formas de entretenimiento se han inventado al mismo tiempo que tabletas y ereaders. Y me pregunto qué tontería es esta de la que me está hablando el New York Times y a ver si la pedantería que hasta ahora suponía leerlo va a dejar de ser pedantería no por lo a mano que lo tengas sino porque están bajando el listón de los contenidos. Y todo eso estoy pensando recién acabado el artículo cuando Facebook me sirve otro en bandeja: este de Xavier Antich. Antich se pregunta, independientemente del soporte en el que estemos leyendo, ¿por qué leer con todo lo que hay para ver, mirar y escuchar? Y también se pregunta (y afirma, de paso) si la lectura no es, más que un paréntesis en la vida, una forma de vida. Y es en esta última pregunta-afirmación donde encuentro la clave; donde me reafirmo en esa sospecha que me ha venido a la cabeza leyendo a Erri de Luca por un lado y a Caballero por otro; al New York Times por uno y a Antich por otro. No hablan de lo mismo los dos primeros como no hablan de lo mismo, aunque lo pudiera parecer, los dos segundos. Antich y De Luca hablan de leer y de literatura; Caballero y el New York Times hablan de libros (sea cual sea el soporte) y de entretenimiento.
Y no es lo mismo, señores. No es lo mismo.
Habré leído unas seis o siete cosas enteras, hoy, y ha estado muy bien porque las seis o siete cosas o a) eran buenas o b) aunque fuera meras boutades, venían bien para apuntalar ideas.
Miren:
Llego al trabajo y me encuentro con el Babelia, suplemento de literatura de El País, encima de la mesa (mi jefa tiene este detalle los lunes y el mismo, con el Cultura/s de La Vanguardia, los miércoles). Pum, portada: Erri de Luca; cita: "La literatura no cambia el mundo, pero hace compañía". Dos páginas más allá viene la entrevista llena de declaraciones de este señor que, además de escribir, tiene una vida; que tiene una vida que parece más vida que esta de escribir pero que va absolutamente ligada al hecho de que también escribe. Y lee: lee mucho Erri de Luca. Erri de Luca es todo leer. Vayan a buscar la entrevista, en serio: no tiene desperdicio. Tengan en cuenta por eso que en el camino de la portada a la entrevista, van a tener que superar otra de las cosas que he leído hoy: un retrato de Ernesto Caballero, director del Centro Dramático Nacional, en el que, además de una foto muy grande, mucho más grande que el texto, se destaca una intención suya. Dice: "Ernesto Caballero se ha propuesto escribir una obra teatral al año".
"La literatura no cambia el mundo, pero hace compañía". Erri de Luca.
"Me he propuesto escribir una obra teatral al año". Ernesto Caballero.
¿Ven la diferencia? Se ve más, esta diferencia, si se leen los textos enteros: Erri de Luca no para de hablar de la vida; Ernesto Caballero no para de hablar de producción. Dice este último que está entregado en cuerpo y alma (sic.) a su trabajo de director del CDN, que no tiene tiempo pero que, cuanto menos tiempo tiene, más ideas le vienen, así que se va a obligar cueste lo que cueste a acabar una obra por año. Mientras tanto, Erri de Luca estará viviendo; esto último lo digo yo, no lo dice Erri de Luca, y cuando digo viviendo quiero decir escribiendo y cuando digo escribiendo quiero decir haciendo cualquier otra cosa, que también es escribir, estoy convencida por lo que dice en su entrevista.
Para Ernesto Caballero, escribir es acabar una obra al año. Para Erri de Luca, escribir es vivir.
¿Ven mejor la diferencia?
Todo esto lo he leído por la mañana. Al mediodía, mientras se acababa de hacer la comida, he leído estas otras dos cosas (de estas les pongo los links, que los tengo). Primero, me he encontrado este artículo del New York Times. He pensado en cuánto de pedantería debería perder ahora el hecho de decir que has leído algo en un artículo en el New York Times, si abres el Facebook y te los encuentras ahí, como setas, esperando a que abras el link. Luego, he empezado a leer. Es este. Habla de cómo cambiará el acto de la lectura ahora que todo el mundo se está apuntando a las tabletas en detrimento de los libros, cuando las tabletas, además de ponerte el libro delante, te ponen también el Twitter, el correo, etc. a un click de cualquier cosa que estés leyendo. Habla de lectores que por cada tres páginas leídas seguidas pasan veinticinco minutos ciberespaceando. Habla de que han puesto a la lectura a competir directamente con otros tipos de entretenimiento más entretenidos. Así no hay manera, dice. Y yo pienso todo el rato en mí misma leyendo un libro. Y el teléfono que suena. Y mi vecino que llama a la puerta. Y el gato que me hace la croqueta encima. Y el móvil que me avisa que tengo un email. Y el ruido de cristales rotos en la calle. Y todo lo anterior a la vez, y yo leyendo un libro. Y me pregunto si ahora va a resultar que todas las formas de entretenimiento se han inventado al mismo tiempo que tabletas y ereaders. Y me pregunto qué tontería es esta de la que me está hablando el New York Times y a ver si la pedantería que hasta ahora suponía leerlo va a dejar de ser pedantería no por lo a mano que lo tengas sino porque están bajando el listón de los contenidos. Y todo eso estoy pensando recién acabado el artículo cuando Facebook me sirve otro en bandeja: este de Xavier Antich. Antich se pregunta, independientemente del soporte en el que estemos leyendo, ¿por qué leer con todo lo que hay para ver, mirar y escuchar? Y también se pregunta (y afirma, de paso) si la lectura no es, más que un paréntesis en la vida, una forma de vida. Y es en esta última pregunta-afirmación donde encuentro la clave; donde me reafirmo en esa sospecha que me ha venido a la cabeza leyendo a Erri de Luca por un lado y a Caballero por otro; al New York Times por uno y a Antich por otro. No hablan de lo mismo los dos primeros como no hablan de lo mismo, aunque lo pudiera parecer, los dos segundos. Antich y De Luca hablan de leer y de literatura; Caballero y el New York Times hablan de libros (sea cual sea el soporte) y de entretenimiento.
Y no es lo mismo, señores. No es lo mismo.
dissabte, 3 de març del 2012
-... Vius en un miratge i proves d'encarnar-te a través del cos del teu amor. Amb el teu do per a la metamorfosi et pots dur a tu mateix tan lluny que en l'amor hi busquis el caliu i la constatació mateixa de la teva existència. Sures massa fàcilment, t'aïlles massa fàcilment. Quan l'amor et té lligat, per un moment t'envaeix l'angoixa. Però en un moment o altre hauràs d'acceptar que, quan estàs lligat, tens un cos, una realitat. Hauràs d'entrar a la presó de la vida humana i acceptar-ne el patiment.
En sentir la paraula patiment, els ulls li van agafar un aire de fugida i partença. Els seus ulls van aturar-se al pol nord. Després van tornar i es van posar sobre mi, sabent que jo no li infligiria cap dolor.
-No descriguis la meva transparència -va dir-, perquè tu ets com un arc de sant Martí, un color que s'esvaeix amb facilitat. Només apareixes quan l'atmosfera és propícia. Ets tan lleugera que pots caminar sobre les aigües. N'hi haurà d'altres que et veuran i voldran seguir-te, però s'ofegaran. També ets un mirall, un mirall on la gent es veu realitzada, on veuen el seu jo lliure. Quan et miro, em veig lliure. Ets el mirall perfecte sense tares que dóna el reflex del jo futur.
Dins d'una campana de vidre. Anaïs Nin. Trad: Ferran Ràfols. (Labreu, 2012)
En sentir la paraula patiment, els ulls li van agafar un aire de fugida i partença. Els seus ulls van aturar-se al pol nord. Després van tornar i es van posar sobre mi, sabent que jo no li infligiria cap dolor.
-No descriguis la meva transparència -va dir-, perquè tu ets com un arc de sant Martí, un color que s'esvaeix amb facilitat. Només apareixes quan l'atmosfera és propícia. Ets tan lleugera que pots caminar sobre les aigües. N'hi haurà d'altres que et veuran i voldran seguir-te, però s'ofegaran. També ets un mirall, un mirall on la gent es veu realitzada, on veuen el seu jo lliure. Quan et miro, em veig lliure. Ets el mirall perfecte sense tares que dóna el reflex del jo futur.
Dins d'una campana de vidre. Anaïs Nin. Trad: Ferran Ràfols. (Labreu, 2012)
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