Me ha coincidido en el tiempo la aparición de El procés (o el yo enterarme de que había salido, gracias Edaimon) y el chanchullito de Eugenia Rico para vender libros a tutiplén (o eso se ha creído ella).
Resumidamente, el manifiesto de El procés aboga por tres años de suspensión de la publicación de novedades literarias, tres años de reedición exclusiva de clásicos con el fin de luchar contra la inflación literaria esta tan absurda a la que nos tienen sometidos, que nos obliga a empezar el proceso de compra de un libro nuevo preparándonos para una batalla que empieza en casa y acaba en la caja de la librería tras haber esquivado notas de prensa, recomendaciones de las editoriales, anuncios en las marquesinas de los autobuses, booktrailers, espacios pagados en las librerías y comunicados desquiciados de escritores anunciando que se retiran para volver dos días después (¿en serio que esto aún funciona? pues sí, y mucho); recomendaciones entusiastas de amigos del escritor, fallos de premios literarios, vampiros en los títulos, prólogos de viudas (pero, ¿en serio, que funciona? que sí. Hijosdeputa). Y el chanchullito de Eugenia Rico y Páginas de Espuma (la editorial que la publica) consiste en ir diciendo por ahí ella misma (e imprimiendo por ahí el editor mismo) que es la Virginia Woolf de la era de Facebook, según el New York Times, y la gran escritora del siglo XXI, según Der Spiegel, no habiendo aparentemente artículo del New York Times o de Der Spiegel que digan tales cosas en ningún lado. Sí, en la era del Facebook; no, en ningún lado, lo cual hace sospechar que la tal Rico se ha creído efectivamente vivir en tiempos de Virginia Woolf, cuando nadie podía comprobar si era cierto lo que se decía.
Total, que en yéndome yo a dormir simpatizando mucho con el manifiesto de El procés y muy decepcionada con la estratagema de Páginas de Espuma, que era una editorial a la que respetaba mucho por el tochete de los cuentos de Unamuno que sacaron el año pasado, doy con la solución de lucha particular contra el timo este del marketing editorial desfasado que nos llevan años metiendo por el culo a cucharadas y decido que, a partir de ahora (aquí mi manifiesto) cada vez que note que me entran ganas de comprar algún libro porque la gente que hará pasta con él me diga que se parece mucho a la Woolf , a Faulkner o a Joyce, voy a ir directa a comprarme un woolf, un faulkner o un joyce de verdad.
Y a la Rico, que la den pol culo.
dimarts, 28 de febrer del 2012
dilluns, 27 de febrer del 2012
Cada vez que alguien le dice a un escritor "escribes muy bien", se produce un holocausto gatuno.
... es como si al final de la última contrarreloj, en la que hubiera doblado a los tres ciclistas que habían salido antes que él, Induráin llegara a la meta, se bajara de la bici, se le acercara un aficionado de aquellos que saltan a la carretera y empujan al ciclista, le diera unas palmaditas en la espalda y le dijera: "andas muy bien en bici".
... es como si al final de la última contrarreloj, en la que hubiera doblado a los tres ciclistas que habían salido antes que él, Induráin llegara a la meta, se bajara de la bici, se le acercara un aficionado de aquellos que saltan a la carretera y empujan al ciclista, le diera unas palmaditas en la espalda y le dijera: "andas muy bien en bici".
dimecres, 22 de febrer del 2012
Tengo el día cruzao: ya había oído antes la anécdota de Marsé sobre
el fondo y la forma, ya me había enamorado un par de veces como cuenta
Auster y las dos se acabaron yendo al garete, la discusión sobre si los
críticos elitistas se mueven por el miedo a coincidir con los que no lo
son me parece de primero de preescolar, que Jordi Pujol haya dicho que
su único argumento en contra de los independentistas es que España no
querrá me suena a buf, no creo que mi madre me deje y, encima, la
canción nueva de Mishima me parece un truño.
Y encima este, que no se ha leído "Escenas de Londres por Boz", intentando ponerle marcos históricos a Dickens, diciendo que simplemente retrataba fielmente una época, pasándose por el forro la universalidad de la Literatura, que es lo que hace Literatura a la Literatura, y cobrando de La Vanguardia por ello, cuando lo único que ha hecho ha sido leer mal.
Tengo el día cruzao desde por la mañana.
Voy a tener que inventarme algo.
Y encima este, que no se ha leído "Escenas de Londres por Boz", intentando ponerle marcos históricos a Dickens, diciendo que simplemente retrataba fielmente una época, pasándose por el forro la universalidad de la Literatura, que es lo que hace Literatura a la Literatura, y cobrando de La Vanguardia por ello, cuando lo único que ha hecho ha sido leer mal.
Tengo el día cruzao desde por la mañana.
Voy a tener que inventarme algo.
dimarts, 21 de febrer del 2012
Teníamos quince y dieciséis años y salíamos todos los recreos a Pío XII, la avenida, una de las pocas que hay en Pamplona, que pasa por delante del colegio, y nos sentábamos en el suelo para cortar el tráfico pidiendo la supresión de la mili.
Había corrupción, en aquella época en Pamplona, y opresión también: había gente que no podía estudiar en su idioma materno. También había mucho paro, eran los ochenta. El fantasma de la Otan flotaba por ahí. Y droga había también. Y ETA, había mucha ETA, en aquella época. Pero nosotros salíamos a cortar Pío XII por la mili, porque teníamos quince y dieciséis años y eso quería decir que en un par o tres de años más, los chicos iban a tener que dejar todo lo que estaban haciendo y se iban a tener que ir a un sitio, raparse la cabeza y pasar frío, dormir poco y aguantar las órdenes de un sargento chusquero empeñado en enseñarles disciplina porque sí, en beneficio de nadie, sumisión por la mera sumisión.
Se esgrimían en los medios los motivos políticos de estas protestas: que si oposición al estado, que si nacionalismos, que si manipulación de la juventud por parte de grupos radicales. No me jodáis: teníamos quince y dieciséis años y lo que queríamos era no tener que pasar un año fuera de casa, en una especie del internado del horror. Y los barracones. Y el frío y los madrugones.
Mira que hay motivos hoy para montarla gorda y los chicos de Valencia han acabado saliendo a la calle por el frío, que hace que el colegio, que siempre ha sido madrugón, acabe teniendo pinta de barracón. Y veo que hay columnistas que claman en nombre de la historia porque la protesta ha empezado por ahí y no por lo gordo. ¿Qué esperaban? Una revolución empieza por el pájaro en mano, por el sufrimiento en la propia carne, y no por los cientos de noticias volando; por los diez euros que me han robado del bolsillo y no por los cientos de miles volando en maletines más o menos discretos. ¿Qué se creen? Que Franco, por decir uno, no sabía que era ahí, en lo privado, donde precisamente no podía fallar para que, décadas después, hubiera gente que aún dijera 'pues nosotros con Franco no vivíamos mal'?
Es el principio, lo privado, lo que afecta directamente a la persona, lo que finalmente acaba haciendo saltar lo público, que es en lo que hasta ahora nos estábamos entreteniendo.
Ahí, no lo busquen en los grandes titulares, tienen lo que marca el peso de la historia.
Había corrupción, en aquella época en Pamplona, y opresión también: había gente que no podía estudiar en su idioma materno. También había mucho paro, eran los ochenta. El fantasma de la Otan flotaba por ahí. Y droga había también. Y ETA, había mucha ETA, en aquella época. Pero nosotros salíamos a cortar Pío XII por la mili, porque teníamos quince y dieciséis años y eso quería decir que en un par o tres de años más, los chicos iban a tener que dejar todo lo que estaban haciendo y se iban a tener que ir a un sitio, raparse la cabeza y pasar frío, dormir poco y aguantar las órdenes de un sargento chusquero empeñado en enseñarles disciplina porque sí, en beneficio de nadie, sumisión por la mera sumisión.
Se esgrimían en los medios los motivos políticos de estas protestas: que si oposición al estado, que si nacionalismos, que si manipulación de la juventud por parte de grupos radicales. No me jodáis: teníamos quince y dieciséis años y lo que queríamos era no tener que pasar un año fuera de casa, en una especie del internado del horror. Y los barracones. Y el frío y los madrugones.
Mira que hay motivos hoy para montarla gorda y los chicos de Valencia han acabado saliendo a la calle por el frío, que hace que el colegio, que siempre ha sido madrugón, acabe teniendo pinta de barracón. Y veo que hay columnistas que claman en nombre de la historia porque la protesta ha empezado por ahí y no por lo gordo. ¿Qué esperaban? Una revolución empieza por el pájaro en mano, por el sufrimiento en la propia carne, y no por los cientos de noticias volando; por los diez euros que me han robado del bolsillo y no por los cientos de miles volando en maletines más o menos discretos. ¿Qué se creen? Que Franco, por decir uno, no sabía que era ahí, en lo privado, donde precisamente no podía fallar para que, décadas después, hubiera gente que aún dijera 'pues nosotros con Franco no vivíamos mal'?
Es el principio, lo privado, lo que afecta directamente a la persona, lo que finalmente acaba haciendo saltar lo público, que es en lo que hasta ahora nos estábamos entreteniendo.
Ahí, no lo busquen en los grandes titulares, tienen lo que marca el peso de la historia.
dilluns, 20 de febrer del 2012
Situación: noche, exterior de un bar, servidora, el amigo A, que está a punto de irse a vivir con su novia, el amigo B, que lo dejó con la suya en el momento en que se plantearon tener un crío (ella quería, él no) y yo. Los tres a punto de cumplir los cuarenta.
Amigo B: ¿Y qué? ¿Habláis de tener críos?
Amigo A: Sí, pero yo creo que es pronto.
Amigo B: ¿Y ella quiere ya?
Amigo A: Bueno, mejor antes que después.
Yo: Bueno, eso ya lo decidiréis vosotros...
Escucho y miro, veo que el amigo B pone cara de buf, vaya agobio, y que el amigo A le quita importancia al asunto y casi parece que quiere hablar de otra cosa.
Yo pienso en la época en la que tuve una relación estable, les cuento que me lo planteé entonces pero que era, más que una cosa que me muriera de ganas por hacer, una cosa que estaba segura de que acabaría pasando si seguía con aquella persona: como un proceso lógico, como uno más en la secuencia de actos que forman una relación (irse a vivir juntos, quedarse embarazada, preparar la habitación, tener un crío, pintarle el número de teléfono en el brazo, colgárselo del cuello y llevárselo a la siguiente manifestación masiva a favor de l'Estatut... Esas cosas).
Pienso en lo habituales que son este tipo de conversaciones en la puerta de un bar, cuando estás a punto de cumplir los cuarenta; pienso también que si la cosa se vuelve más intensa en un momento determinado por la edad, que es algo que pasa más que que se hace, no habrá un fuerte componente social en esto de decidir si tener hijos o no. Vale, que sí: hay el instinto de perpetuar la especie, animalicos somos, pero no me nieguen que el componente social, el 'a una cierta edad se supone que hay que hacer una cosa' (y más si una vez pasada esa edad ya no se podrá hacer esa cosa), también está ahí. Si no, ya me dirán por qué entre ellos, entre los hombres, que tienen un margen de años más amplio para tomar esta decisión, existe la tendencia generalizada a ir posponiendo la fecha; si no, ya me dirán por qué yo estoy viviendo esto de acercarme a la cuarentena ergo a la imposibilidad de tener críos, como una especie de liberación. Porque señores, el año pasado, con 38, un día pensé: o me pongo a reproducirme ya o no lo haré nunca. E, inmediatamente, me sorprendí pensado también: De aquí a poco, ya nadie esperará de mí que tenga un crío. Y sentí como si me quitara un peso de encima.
Si no, ya me dirán por qué pensar esto último que les he contado me hace sentir como una mujer un poco 'mala', una especie de traidora al género entero que ahora va por la vida con más libertad que otras, sin tener que tirarme de cabeza a la primera posibilidad de relación que me pase por delante y respondiendo cuando me preguntan, como me preguntaron una vez en la cama: ¿Tienes prisa por tener una relación estable? (subtítulos: ¿Vas a pedirme que te deje embarazada a la de ya?) Respondiendo, digo: ¿Cuanto suele vivir la gente? ¿Ochenta años? Si esto prospera, nos quedan cuarenta de relación. ¿De qué prisa hablas?
Amigo B: ¿Y qué? ¿Habláis de tener críos?
Amigo A: Sí, pero yo creo que es pronto.
Amigo B: ¿Y ella quiere ya?
Amigo A: Bueno, mejor antes que después.
Yo: Bueno, eso ya lo decidiréis vosotros...
Escucho y miro, veo que el amigo B pone cara de buf, vaya agobio, y que el amigo A le quita importancia al asunto y casi parece que quiere hablar de otra cosa.
Yo pienso en la época en la que tuve una relación estable, les cuento que me lo planteé entonces pero que era, más que una cosa que me muriera de ganas por hacer, una cosa que estaba segura de que acabaría pasando si seguía con aquella persona: como un proceso lógico, como uno más en la secuencia de actos que forman una relación (irse a vivir juntos, quedarse embarazada, preparar la habitación, tener un crío, pintarle el número de teléfono en el brazo, colgárselo del cuello y llevárselo a la siguiente manifestación masiva a favor de l'Estatut... Esas cosas).
Pienso en lo habituales que son este tipo de conversaciones en la puerta de un bar, cuando estás a punto de cumplir los cuarenta; pienso también que si la cosa se vuelve más intensa en un momento determinado por la edad, que es algo que pasa más que que se hace, no habrá un fuerte componente social en esto de decidir si tener hijos o no. Vale, que sí: hay el instinto de perpetuar la especie, animalicos somos, pero no me nieguen que el componente social, el 'a una cierta edad se supone que hay que hacer una cosa' (y más si una vez pasada esa edad ya no se podrá hacer esa cosa), también está ahí. Si no, ya me dirán por qué entre ellos, entre los hombres, que tienen un margen de años más amplio para tomar esta decisión, existe la tendencia generalizada a ir posponiendo la fecha; si no, ya me dirán por qué yo estoy viviendo esto de acercarme a la cuarentena ergo a la imposibilidad de tener críos, como una especie de liberación. Porque señores, el año pasado, con 38, un día pensé: o me pongo a reproducirme ya o no lo haré nunca. E, inmediatamente, me sorprendí pensado también: De aquí a poco, ya nadie esperará de mí que tenga un crío. Y sentí como si me quitara un peso de encima.
Si no, ya me dirán por qué pensar esto último que les he contado me hace sentir como una mujer un poco 'mala', una especie de traidora al género entero que ahora va por la vida con más libertad que otras, sin tener que tirarme de cabeza a la primera posibilidad de relación que me pase por delante y respondiendo cuando me preguntan, como me preguntaron una vez en la cama: ¿Tienes prisa por tener una relación estable? (subtítulos: ¿Vas a pedirme que te deje embarazada a la de ya?) Respondiendo, digo: ¿Cuanto suele vivir la gente? ¿Ochenta años? Si esto prospera, nos quedan cuarenta de relación. ¿De qué prisa hablas?
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