Veo en este vídeo a los niños de Doble Pletina
y la imagen de ellos con sus guitarras se me junta en el bancal que es mi cabeza con otra calabaza que crece ahí últimamente: la imagen de los guerreros con sus escudos que aparecen en el álbum para colorear de uniformes militares históricos para el cual estoy escribiendo los textos.
Y todo, como siempre, acaba en súplica: por Dios, que no me cierren youtube, que no me cierren wikipedia ahora.
dissabte, 21 de gener del 2012
divendres, 20 de gener del 2012
Me acaban de contar una de esas historias de parejas que se separan después de que uno de ellos descubriera todo el tinglado que el otro tenía montado a sus espaldas.
La gente hace unas cosas tan complicadas...
El tío, sin que ella lo supiera -o precisamente porque ella no lo supiera-, se había metido en un follón de tres pares de narices de esos que, si se le plantean a uno en frío, no escogería nunca. Al hipotético planteamiento de 'mira, puedes llevar tu vida por aquí o la puedes llevar por allí', cualquier persona en su sano juicio respondería: 'por aquí, por aquí.. Por allí, ni loco', pero la cosa es que, sin planteamientos a priori, sin pararse a pensar y haciendo día a día, uno acaba metido hasta las cejas en el por allí (y loco, claro).
No es difícil acabar pensando que, si sin pensar y en muchísimas ocasiones uno acaba en semejantes berenjenales, debe de ser que la naturaleza humana tira para la berenjena. La siguiente pregunta lógica es: ¿por qué nos empeñamos entonces en hacer como que no y en creernos lo contrario para acabar casi invariablemente llevándonos tales soponcios cuando se descubre el pastel?
Y es justo en el momento de preguntarme eso cuando me creo muy lista y magnánima: lista por haber descubierto el verdadero carácter humano, tan bien enterrado bajo tantas capas de cine y de canción romántica; y magnánima porque habiéndolo descubierto, me siento capaz de perdonarlo todo a la voz de 'animalicos...'.
Pero en seguida vuelvo en mí y pienso que ahí está la cosa, que ya basta de animalicos, que alguien con dos dedos de frente y con la cabeza más o menos en su sitio no haría todo el camino hasta el berenjenal: o cortaría por lo sano o intentaría dejarse por un momentito de pasiones y echarle cerebro -¡y pasión también!- a lo que tiene en casa.
Qué harta estoy de estas historias. Desde que vi claro que no quería una parecida para mí, casi no soporto ni que me las cuenten.
La gente hace unas cosas tan complicadas...
El tío, sin que ella lo supiera -o precisamente porque ella no lo supiera-, se había metido en un follón de tres pares de narices de esos que, si se le plantean a uno en frío, no escogería nunca. Al hipotético planteamiento de 'mira, puedes llevar tu vida por aquí o la puedes llevar por allí', cualquier persona en su sano juicio respondería: 'por aquí, por aquí.. Por allí, ni loco', pero la cosa es que, sin planteamientos a priori, sin pararse a pensar y haciendo día a día, uno acaba metido hasta las cejas en el por allí (y loco, claro).
No es difícil acabar pensando que, si sin pensar y en muchísimas ocasiones uno acaba en semejantes berenjenales, debe de ser que la naturaleza humana tira para la berenjena. La siguiente pregunta lógica es: ¿por qué nos empeñamos entonces en hacer como que no y en creernos lo contrario para acabar casi invariablemente llevándonos tales soponcios cuando se descubre el pastel?
Y es justo en el momento de preguntarme eso cuando me creo muy lista y magnánima: lista por haber descubierto el verdadero carácter humano, tan bien enterrado bajo tantas capas de cine y de canción romántica; y magnánima porque habiéndolo descubierto, me siento capaz de perdonarlo todo a la voz de 'animalicos...'.
Pero en seguida vuelvo en mí y pienso que ahí está la cosa, que ya basta de animalicos, que alguien con dos dedos de frente y con la cabeza más o menos en su sitio no haría todo el camino hasta el berenjenal: o cortaría por lo sano o intentaría dejarse por un momentito de pasiones y echarle cerebro -¡y pasión también!- a lo que tiene en casa.
Qué harta estoy de estas historias. Desde que vi claro que no quería una parecida para mí, casi no soporto ni que me las cuenten.
dijous, 19 de gener del 2012
¿Saben el día en que, inesperadamente, dejas de procrastinar y, cuando acabas, piensas 'pues no era para tanto'? Suele acabar siendo un día feliz cuando en realidad simplemente estás recuperando el tiempo perdido de manera vanal y cuando, además, hay un paso previo al meterse en faena: el de darse uno cuenta de que está solo.
Vamos llorando por los rincones por la cosa esta de la soledad, cuando, desde bien pequeños aprendemos a decir 'yo solita, yo solita'. Mis sobrinas de uno para dos y tres para cuatro lo hacen: la de uno para dos, estas Navidades se empeñaba, después de cenar, en ayudarme a llevar los cubiertos de la mesa del salón al fregadero de la cocina.
El fregadero de la cocina cae dos palmos por encima de su cabeza. Si ella estira los brazos, le llegan como mucho un palmo por debajo del fregadero. Pero 'yo solita', decía repitiendo el estribillo que mi hermana le va soltando cuando tiene que subir un escalón, cuando le pide que la coja en brazos y ella va cargada con las bolsas de la compra.
Y mi sobrina estiraba el brazo, estiraba el cuello también, hacía nyyyyy y yo lo hacía también para arrancarle un segundo después el tenedor de la mano, dejarlo sobre la encimera y ponerme a aplaudir al grito de ¡bieeeeen!
Y ella aplaudía también su momento de solo con tenedor y gran esfuerzo de puntillas, pero daba un par de palmas nada más y salía corriendo hacia el salón a por otro tenedor.
Y así hasta ocho.
Y luego las cucharas- Los cuchillos -que eran los de carne, que tienen punta- no.
Dieciséis viajes -los críos son inagotables- y acabó aplaudiendo toda la familia. Toda la familia diciendo ¡bieeeeen! porque María está cada vez más preparada, le falta solo crecer unos cuantos palmos, para estar sola y empezar a preocuparse porque está sola y empezar a procrastinar e invertir el orden del ritual: acabar un día teniendo todos los tenedores sucios encima de la mesa, sentarse en el sofá, leer un rato, fumarse un cigarro, ir a tomar una cerveza con un amigo que te ha dicho que está en el bar de abajo, volver a casa, ponerse el pijama, volver al sofá, leer un rato más, lavarse los dientes, llevar los tenedores al fregadero, fregarlos y dejarlos en el escurridor para, finalmente y solo finalmente, como conclusión y no como condición, soltar: Yo solita. Y no era para tanto. Bien.
Vamos llorando por los rincones por la cosa esta de la soledad, cuando, desde bien pequeños aprendemos a decir 'yo solita, yo solita'. Mis sobrinas de uno para dos y tres para cuatro lo hacen: la de uno para dos, estas Navidades se empeñaba, después de cenar, en ayudarme a llevar los cubiertos de la mesa del salón al fregadero de la cocina.
El fregadero de la cocina cae dos palmos por encima de su cabeza. Si ella estira los brazos, le llegan como mucho un palmo por debajo del fregadero. Pero 'yo solita', decía repitiendo el estribillo que mi hermana le va soltando cuando tiene que subir un escalón, cuando le pide que la coja en brazos y ella va cargada con las bolsas de la compra.
Y mi sobrina estiraba el brazo, estiraba el cuello también, hacía nyyyyy y yo lo hacía también para arrancarle un segundo después el tenedor de la mano, dejarlo sobre la encimera y ponerme a aplaudir al grito de ¡bieeeeen!
Y ella aplaudía también su momento de solo con tenedor y gran esfuerzo de puntillas, pero daba un par de palmas nada más y salía corriendo hacia el salón a por otro tenedor.
Y así hasta ocho.
Y luego las cucharas- Los cuchillos -que eran los de carne, que tienen punta- no.
Dieciséis viajes -los críos son inagotables- y acabó aplaudiendo toda la familia. Toda la familia diciendo ¡bieeeeen! porque María está cada vez más preparada, le falta solo crecer unos cuantos palmos, para estar sola y empezar a preocuparse porque está sola y empezar a procrastinar e invertir el orden del ritual: acabar un día teniendo todos los tenedores sucios encima de la mesa, sentarse en el sofá, leer un rato, fumarse un cigarro, ir a tomar una cerveza con un amigo que te ha dicho que está en el bar de abajo, volver a casa, ponerse el pijama, volver al sofá, leer un rato más, lavarse los dientes, llevar los tenedores al fregadero, fregarlos y dejarlos en el escurridor para, finalmente y solo finalmente, como conclusión y no como condición, soltar: Yo solita. Y no era para tanto. Bien.
Mientras unos van y vienen por el pasillo, coquetean con la política, buscan espejos europeos o de ultramar, y se van a vivir a sitios de plazas enormes, con árboles asegurados por el Ajuntament, a ver si encuentran la ciudad que buscan, sin darse cuenta de que se han ido precisamente a donde la ciudad acaba y que esa ciudad que acaba es un quiero y no puedo que no será nunca y no solo no existe sino que se la han inventado..., va Javier y escribe el libro de Barcelona.
Ayer Tina Gil le decía a Isabel Andújar: los Einstürzende Neubauten son unos tíos alemanes que cogían un martillo se ponían a dar golpes en un bidón y te grababan un disco. E Isabel Andújar pasaba del disco, se quedaba con lo del martillo y, después de hacer un chiste con la hoz, contestaba: Yo toco la zambomba y mis nietos, tantos juguetes que tienen, son felices chocando dos tapas de cacerola
Paseos con mi madre es la memoria en futuro -porque tiempo es lo último que tiene la memoria- del chocar constante de las tapas de cacerola.
Yo ayer estuve hablando un rato con Tina Gil e Isabel Andújar, dos de las zambombas que más y mejor ruido hacen en el libro de Javier.
Tener suerte en la vida era esto. He dormido planchada.
Ayer Tina Gil le decía a Isabel Andújar: los Einstürzende Neubauten son unos tíos alemanes que cogían un martillo se ponían a dar golpes en un bidón y te grababan un disco. E Isabel Andújar pasaba del disco, se quedaba con lo del martillo y, después de hacer un chiste con la hoz, contestaba: Yo toco la zambomba y mis nietos, tantos juguetes que tienen, son felices chocando dos tapas de cacerola
Paseos con mi madre es la memoria en futuro -porque tiempo es lo último que tiene la memoria- del chocar constante de las tapas de cacerola.
Yo ayer estuve hablando un rato con Tina Gil e Isabel Andújar, dos de las zambombas que más y mejor ruido hacen en el libro de Javier.
Tener suerte en la vida era esto. He dormido planchada.
dimarts, 17 de gener del 2012
Esto es como broma, ¿no?
Dos empresas piden voluntarios para trabajar para ellos 'de gratis', que es lo que hacen los voluntarios.
Pero a ver, ¿qué pasa aquí? ¿Qué son estas pobrecitas empresas de telecomunciaciones? ¿Entidades sin ánimo de lucro que han venido para salvarnos a nosotros, pobrecitos catalanoparlantes, de no tener a nadie, persona o cosa, que nos hable en nuestro idioma?
He recuperado la sensación que tuve aquel año que hice de voluntaria por la lengua, que quedaba con mi catalanoberri asignada en la Ovella Negra del Raval, una hora a la semana y las birras nos las pagábamos nosotras. Me pasé el año pensando 'manda huevos que haya tenido que venir yo desde Pamplona a salvar el idioma hablando un ratito cada jueves de lo lejos que está Soria con esta otra señora que acaba de llegar de allá'. Pero ya ven, yo era joven y eixerida y me hacía ilu sentirme un poco parte del plan, me hacía sentir que había entrado un paso más allá de la habitación de invitados, por la que Pérez Andújar dice que pasamos todos los que venimos de fuera. Pero ¿volver a estas alturas -en las que se va diciendo por ahí que no tenemos el aeropuerto más importante de Europa porque no nos dejan, que, si nos dejaran, seríamos algo así como una especie de potencia mundial, que, ahora que nos dejan, vamos a hablar en català en el Parlament Europeu-, volver a estas alturas, digo, a los tiempos de la ikastola en la bajera de la Rotxa pero peor, engañándonos a nostros mismos a golpe de 'yo, por mi Catalunya en català, mato' sabiendo que en realidad lo estamos haciendo en beneficio de dos compañías de teléfono? Vamos, hombre: ¿no hay traductores y locutores profesionales en tot l'Estat? A mi no em donis 'té dos missatges nous' grabado con la alegría ilusa de quien se piensa que le está haciendo un servicio a la Patria; dame un 'el mòbil està apagat o fora de cobertura' de alguien que se está ganando la vida y cobrando a fin de mes.
Hace unos días, en el mismo Ara, Eva Piquer alertaba (y muy bien alertado) de la desaparición del periodismo como oficio por la tendencia esta fantástica y tan de moda ahora a no pagar a quien escribe con la excusa de 'te harás un nombre, ¿te parece poca renumeración?'. Pasa lo mismo con diseñadores, ilutradores y artistas de todo pelo. ¿No hay gente haciendo negocio detrás de todo arte? ¿No hay un comprador potencial detrás de todo smartphone en catalán? Pues que paguen, que se dejen de voluntarios.
Joder, y aquí estoy yo siendo otra vez más papista que el Papa. Manda huevos que haya tenido que venir desde Pamplona para esto.
Dos empresas piden voluntarios para trabajar para ellos 'de gratis', que es lo que hacen los voluntarios.
Pero a ver, ¿qué pasa aquí? ¿Qué son estas pobrecitas empresas de telecomunciaciones? ¿Entidades sin ánimo de lucro que han venido para salvarnos a nosotros, pobrecitos catalanoparlantes, de no tener a nadie, persona o cosa, que nos hable en nuestro idioma?
He recuperado la sensación que tuve aquel año que hice de voluntaria por la lengua, que quedaba con mi catalanoberri asignada en la Ovella Negra del Raval, una hora a la semana y las birras nos las pagábamos nosotras. Me pasé el año pensando 'manda huevos que haya tenido que venir yo desde Pamplona a salvar el idioma hablando un ratito cada jueves de lo lejos que está Soria con esta otra señora que acaba de llegar de allá'. Pero ya ven, yo era joven y eixerida y me hacía ilu sentirme un poco parte del plan, me hacía sentir que había entrado un paso más allá de la habitación de invitados, por la que Pérez Andújar dice que pasamos todos los que venimos de fuera. Pero ¿volver a estas alturas -en las que se va diciendo por ahí que no tenemos el aeropuerto más importante de Europa porque no nos dejan, que, si nos dejaran, seríamos algo así como una especie de potencia mundial, que, ahora que nos dejan, vamos a hablar en català en el Parlament Europeu-, volver a estas alturas, digo, a los tiempos de la ikastola en la bajera de la Rotxa pero peor, engañándonos a nostros mismos a golpe de 'yo, por mi Catalunya en català, mato' sabiendo que en realidad lo estamos haciendo en beneficio de dos compañías de teléfono? Vamos, hombre: ¿no hay traductores y locutores profesionales en tot l'Estat? A mi no em donis 'té dos missatges nous' grabado con la alegría ilusa de quien se piensa que le está haciendo un servicio a la Patria; dame un 'el mòbil està apagat o fora de cobertura' de alguien que se está ganando la vida y cobrando a fin de mes.
Hace unos días, en el mismo Ara, Eva Piquer alertaba (y muy bien alertado) de la desaparición del periodismo como oficio por la tendencia esta fantástica y tan de moda ahora a no pagar a quien escribe con la excusa de 'te harás un nombre, ¿te parece poca renumeración?'. Pasa lo mismo con diseñadores, ilutradores y artistas de todo pelo. ¿No hay gente haciendo negocio detrás de todo arte? ¿No hay un comprador potencial detrás de todo smartphone en catalán? Pues que paguen, que se dejen de voluntarios.
Joder, y aquí estoy yo siendo otra vez más papista que el Papa. Manda huevos que haya tenido que venir desde Pamplona para esto.
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