2011, el año que aprendimos, por fin y que ya era hora, a quitarnos de enmedio.
(Hey, es un arte, el step aside).
divendres, 23 de desembre del 2011
El Govern és humà.
(Ay, nos hemos confundido, pero ya lo hemos arreglao).
A Mas&co. se les ha ido la tijera. Es que es vicioso, yo lo entiendo, que se lo pregunten a las peluqueras; córtame las puntas, y ¡toma! los sueldos de los funcionarios al suelo de la peluquería, pero bueno, no pasa nada, que esto vuelve a crecer, sí pero es que yo lo quería llevar recogido estas Navidades y ahora no me da para la coleta, bueno, pues ponte un gorro que hace frío y ya está. ¿Te echo producto, que te dará mucho más volumen y te quedará un peinado espectacular y de paso yo no pierdo mi credibilidad como peluquero? Pero, a ver, ¿cómo me vas a echar producto para darme volumen y luego ponerme un gorro encima para taparlo sin perder credibilidad? Mejor echa, pero a la calle, a la peluquera en prácticas, que ha sido quien me lo ha cortado y, de paso, dimite tú, que le has dicho que sí, que adelante, cuando ha metido la tijera. Y el gorro, me lo regaláis entre los dos.
Además, ¿qué quiere decir que os habéis confundido? ¿Que os pensábais que había más pelo del que realmente hay y me lo podíais dejar largo? ¿Que habéis cortado por cortar a ver si colaba? ¿Que estáis cortando, en fin, sin necesidad?
Mira, ¿sabes qué? cierra la peluquería entera, esto es una tomadura de pelo como una catedral.
(Ay, nos hemos confundido, pero ya lo hemos arreglao).
A Mas&co. se les ha ido la tijera. Es que es vicioso, yo lo entiendo, que se lo pregunten a las peluqueras; córtame las puntas, y ¡toma! los sueldos de los funcionarios al suelo de la peluquería, pero bueno, no pasa nada, que esto vuelve a crecer, sí pero es que yo lo quería llevar recogido estas Navidades y ahora no me da para la coleta, bueno, pues ponte un gorro que hace frío y ya está. ¿Te echo producto, que te dará mucho más volumen y te quedará un peinado espectacular y de paso yo no pierdo mi credibilidad como peluquero? Pero, a ver, ¿cómo me vas a echar producto para darme volumen y luego ponerme un gorro encima para taparlo sin perder credibilidad? Mejor echa, pero a la calle, a la peluquera en prácticas, que ha sido quien me lo ha cortado y, de paso, dimite tú, que le has dicho que sí, que adelante, cuando ha metido la tijera. Y el gorro, me lo regaláis entre los dos.
Además, ¿qué quiere decir que os habéis confundido? ¿Que os pensábais que había más pelo del que realmente hay y me lo podíais dejar largo? ¿Que habéis cortado por cortar a ver si colaba? ¿Que estáis cortando, en fin, sin necesidad?
Mira, ¿sabes qué? cierra la peluquería entera, esto es una tomadura de pelo como una catedral.
dijous, 22 de desembre del 2011
Dietario de la tienda. Día 7.
He trabajado muchos más días que siete en la tienda, a mis pies pongo por testigo. Lo que pasa es que he llegado al punto ese tan guay en el que escribo cuando me da la gana, cuando me provoca hacerlo y por gusto, que es básicamente en lo que consiste la libertad del escritor -no hay yugo más pesado que el tener que entregar algo para el viernes- y el motivo por el que un escritor no puede, repito, no puede vivir de escribir, Lucía, no puede, ¿entiendes, Lucía? Esto no es una fábrica de salchichas, esto no se paga por horas, esto no tiene horario ni fecha en el calendario, que es como el amor esto. Búscate un trabajo para pagarte el alquiler, que decías que tenías que hacerlo como si fuera un castigo, tía, y después escribe. O pide una subvención, si no te importa vivir del Estado como si fueras una minusválida o una familia numerosa toda en ti misma. Y para de lloriquear porque no has nacido de una saga de ricos, coño, que lo siguiente que vas a decir es que qué fácil que lo tiene el Cayetanito para meterse con los jornaleros andaluces.
Cada vez me parezco más a Sostres pero sin pasta.
Dietario de la tienda. Día 7, decía: de los regalos.
Fíjense que en su momento no me hizo demasiada gracia pero ahora digo bien alto: el mejor regalo que me han hecho nunca ha sido un cursillo de reparación de bicicletas. ¿Por qué? Pues primero: porque quien me lo regaló se había fijado en que yo acababa de comprarme una bicicleta y sabía que yo era una manitas que no me asustaba de un destornillador así como así. Segundo, porque quien me lo regaló, vino a buscarme al trabajo e hizo el cursillo conmigo. Y tercero, porque luego me llevó a cenar, bien, no me llevó: fuimos los dos en bici hasta un restaurante, en el que acabamos la velada entre risas, hablando de bicis y de mil cosas, como siempre hacemos, y, como siempre, seguramente, hablé yo más que él (ya suele pasarme esto), y él se rió y él probablemente me dijera, no me acuerdo, o pensara 'piensas demasiado', y yo probablemente, no me acuerdo, le dijera 'pues habla tú, cuénta algo, cuéntame de tu trabajo, por ejemplo, que no me cuentas nunca de tu trabajo', y él: 'es que es aburrido', y yo: '¿estás de broma? ¡Pero si te dedicas a salvar el mundo!. Y cosas así.Y por eso y porque ahora sé poner parches en ruedas pinchadas y equilibrar los frenos de una bici, es el mejor regalo de mi historia.
Y no crean que es que haya gente que sea mejor que otra haciendo regalos, es porque hay gente que quiere de una manera, fijándose, y gente que más que querer, va con el calendario, igual que los escritores que no quieren buscarse un trabajo si hace falta, Lucía, ¿ves?
Entra una chica en la tienda. Viene a pagar dos bufandas que ni siquiera ha desdoblado. Me dice: mira, he decidido que, a mis hermanos, lo mismo para los dos, si no les gusta, que lo cambien. Ahora me faltan mis hermanas, ¿se te ocurre algo?
Esta tiene entrega el sábado. Esta no tiene ni idea de que sus hermanos, a lo mejor, se acaban de comprar una bicicleta ni que sus hermanas, igual, están a punto de regalarles un cursillo de reparación.
¿Les he dicho que ha entrado en la tienda a las 20: 40? Cerramos a las 20.30. A las 20:40, ha entrado la tía.
He trabajado muchos más días que siete en la tienda, a mis pies pongo por testigo. Lo que pasa es que he llegado al punto ese tan guay en el que escribo cuando me da la gana, cuando me provoca hacerlo y por gusto, que es básicamente en lo que consiste la libertad del escritor -no hay yugo más pesado que el tener que entregar algo para el viernes- y el motivo por el que un escritor no puede, repito, no puede vivir de escribir, Lucía, no puede, ¿entiendes, Lucía? Esto no es una fábrica de salchichas, esto no se paga por horas, esto no tiene horario ni fecha en el calendario, que es como el amor esto. Búscate un trabajo para pagarte el alquiler, que decías que tenías que hacerlo como si fuera un castigo, tía, y después escribe. O pide una subvención, si no te importa vivir del Estado como si fueras una minusválida o una familia numerosa toda en ti misma. Y para de lloriquear porque no has nacido de una saga de ricos, coño, que lo siguiente que vas a decir es que qué fácil que lo tiene el Cayetanito para meterse con los jornaleros andaluces.
Cada vez me parezco más a Sostres pero sin pasta.
Dietario de la tienda. Día 7, decía: de los regalos.
Fíjense que en su momento no me hizo demasiada gracia pero ahora digo bien alto: el mejor regalo que me han hecho nunca ha sido un cursillo de reparación de bicicletas. ¿Por qué? Pues primero: porque quien me lo regaló se había fijado en que yo acababa de comprarme una bicicleta y sabía que yo era una manitas que no me asustaba de un destornillador así como así. Segundo, porque quien me lo regaló, vino a buscarme al trabajo e hizo el cursillo conmigo. Y tercero, porque luego me llevó a cenar, bien, no me llevó: fuimos los dos en bici hasta un restaurante, en el que acabamos la velada entre risas, hablando de bicis y de mil cosas, como siempre hacemos, y, como siempre, seguramente, hablé yo más que él (ya suele pasarme esto), y él se rió y él probablemente me dijera, no me acuerdo, o pensara 'piensas demasiado', y yo probablemente, no me acuerdo, le dijera 'pues habla tú, cuénta algo, cuéntame de tu trabajo, por ejemplo, que no me cuentas nunca de tu trabajo', y él: 'es que es aburrido', y yo: '¿estás de broma? ¡Pero si te dedicas a salvar el mundo!. Y cosas así.Y por eso y porque ahora sé poner parches en ruedas pinchadas y equilibrar los frenos de una bici, es el mejor regalo de mi historia.
Y no crean que es que haya gente que sea mejor que otra haciendo regalos, es porque hay gente que quiere de una manera, fijándose, y gente que más que querer, va con el calendario, igual que los escritores que no quieren buscarse un trabajo si hace falta, Lucía, ¿ves?
Entra una chica en la tienda. Viene a pagar dos bufandas que ni siquiera ha desdoblado. Me dice: mira, he decidido que, a mis hermanos, lo mismo para los dos, si no les gusta, que lo cambien. Ahora me faltan mis hermanas, ¿se te ocurre algo?
Esta tiene entrega el sábado. Esta no tiene ni idea de que sus hermanos, a lo mejor, se acaban de comprar una bicicleta ni que sus hermanas, igual, están a punto de regalarles un cursillo de reparación.
¿Les he dicho que ha entrado en la tienda a las 20: 40? Cerramos a las 20.30. A las 20:40, ha entrado la tía.
Miren, estamos en un impass parecido, pero a gran escala, mucho más bestia y mucho más salvaje, del que debió producirse con la popularización del teléfono y con la de la televisión.
A gran escala, porque tanto uno (el teléfono) como la otra (la televisión), en un primer estadio estuvieron reservados a gente de alto poder adquisitivo, o sea, a gente en el poder, o sea, pasaron primero por la manos de quienes podían controlarlos, luego controlar la información que por ellos se difundía. El teléfono, además, no era tan peligroso: establecía una comunicación interpersonas conocidas, así que tenía algo de no validez oficial lo que por este se decía: algo de cotilleo que viaja más rápido, pero cotilleo al fin y al cabo. La tele, en cambio, y antes la radio, aun en su calidad de transmisoras de información de masas, tenían restringido el emisor a unos pocos con posibles, a unos pocos que podían tener la información, más más que menos, controlada.
Ahora, con internet, los móviles inteligentes y la cosa esta de llevar cada uno una camarita encima (dios, qué anticuados han quedado el zapatófono del Superagente 86 o de Mortadelo y la camarita escondida en el boli de Bond, James Bond), todo el mundo puede ser emisor de información. No estoy diciendo nada nuevo, creo que en el CCCB se han inventado una cátedra sobre esto.
¿A quién ha dejado turulato esto, en pleno impass de por dónde tiramos ahora? Al poder, claro, que se encuentra con que saca una lista de ministros y al día siguiente todo el mundo sabe que el de medio ambiente dijo hace un tiempo que el plan hidrológico se aplicaba por sus cojones, que el de economía estaba en Lehman, que la de sanidad se apellida Mato y que ha puesto a una andaluza en trabajo, justo después de la entrevista con Cayetanito, que también llegó al inmenso receptor por banda ancha, casi en tiempo real.
¿Que hace el poder mientras no encuentra la manera de controlar todo esto? Mirar para otro lado, hacer como que la cosa no existe, meter a los mossos en la universidad y confiar en que, a mayor información y mayor rapidez en la propagación de sus infamias de otro tiempo (que ahora se conocen y antes no), la gente vaya de cabreo en cabreo pero, al cuarto cabreo, ya no se acuerde del primero ni del segundo y el tercero esté en vías de ser olvidado también.
Ahora metemos a los indignados en la cárcel (y la gente: OOOH!!!), ahora montamos una pista de patinaje en pça. Catalunya (y la gente: ARG!!!), ahora metemos a los Mossos en la universidad (y la gente: NOOO!!!) y ahora montamos una ministrada como de tebeo (y la gente: HALA!!!). ¿Os acordáis de que metimos a los indignados en la cárcel? (y la gente: sí, sí, pero no despistes el tema: Arias Cañete estuvo con Fraga en Alianza Popular: qué bestia!!!!). Y así. Y como si nada. Y ellos con sus métodos de siempre y nosotros cada vez más cabreados por todo y por nada y sin acabar de saber muy bien por qué, bueno sí: por todo, que es como si no fuera por nada y que es como no saber muy bien por qué.
Y así. Nada ha cambiado y la turulatez del poder ante esto se queda en el sustito de que todo el mundo te mire un rato hasta que en seguida empiece a mirar para otro lado. Yo soy un poco pesimista: yo no veo la manera de encauzar toda esta información hacia una práctica efectiva de cambio provechoso para la sociedad. Somos muchos y cada uno de una madre, a ver quién es el guapo que organiza todo esto cuando la capacidad de organizar siempre queda restringida también a los pocos que andan en el poder.
Estem venuts, nois.
A gran escala, porque tanto uno (el teléfono) como la otra (la televisión), en un primer estadio estuvieron reservados a gente de alto poder adquisitivo, o sea, a gente en el poder, o sea, pasaron primero por la manos de quienes podían controlarlos, luego controlar la información que por ellos se difundía. El teléfono, además, no era tan peligroso: establecía una comunicación interpersonas conocidas, así que tenía algo de no validez oficial lo que por este se decía: algo de cotilleo que viaja más rápido, pero cotilleo al fin y al cabo. La tele, en cambio, y antes la radio, aun en su calidad de transmisoras de información de masas, tenían restringido el emisor a unos pocos con posibles, a unos pocos que podían tener la información, más más que menos, controlada.
Ahora, con internet, los móviles inteligentes y la cosa esta de llevar cada uno una camarita encima (dios, qué anticuados han quedado el zapatófono del Superagente 86 o de Mortadelo y la camarita escondida en el boli de Bond, James Bond), todo el mundo puede ser emisor de información. No estoy diciendo nada nuevo, creo que en el CCCB se han inventado una cátedra sobre esto.
¿A quién ha dejado turulato esto, en pleno impass de por dónde tiramos ahora? Al poder, claro, que se encuentra con que saca una lista de ministros y al día siguiente todo el mundo sabe que el de medio ambiente dijo hace un tiempo que el plan hidrológico se aplicaba por sus cojones, que el de economía estaba en Lehman, que la de sanidad se apellida Mato y que ha puesto a una andaluza en trabajo, justo después de la entrevista con Cayetanito, que también llegó al inmenso receptor por banda ancha, casi en tiempo real.
¿Que hace el poder mientras no encuentra la manera de controlar todo esto? Mirar para otro lado, hacer como que la cosa no existe, meter a los mossos en la universidad y confiar en que, a mayor información y mayor rapidez en la propagación de sus infamias de otro tiempo (que ahora se conocen y antes no), la gente vaya de cabreo en cabreo pero, al cuarto cabreo, ya no se acuerde del primero ni del segundo y el tercero esté en vías de ser olvidado también.
Ahora metemos a los indignados en la cárcel (y la gente: OOOH!!!), ahora montamos una pista de patinaje en pça. Catalunya (y la gente: ARG!!!), ahora metemos a los Mossos en la universidad (y la gente: NOOO!!!) y ahora montamos una ministrada como de tebeo (y la gente: HALA!!!). ¿Os acordáis de que metimos a los indignados en la cárcel? (y la gente: sí, sí, pero no despistes el tema: Arias Cañete estuvo con Fraga en Alianza Popular: qué bestia!!!!). Y así. Y como si nada. Y ellos con sus métodos de siempre y nosotros cada vez más cabreados por todo y por nada y sin acabar de saber muy bien por qué, bueno sí: por todo, que es como si no fuera por nada y que es como no saber muy bien por qué.
Y así. Nada ha cambiado y la turulatez del poder ante esto se queda en el sustito de que todo el mundo te mire un rato hasta que en seguida empiece a mirar para otro lado. Yo soy un poco pesimista: yo no veo la manera de encauzar toda esta información hacia una práctica efectiva de cambio provechoso para la sociedad. Somos muchos y cada uno de una madre, a ver quién es el guapo que organiza todo esto cuando la capacidad de organizar siempre queda restringida también a los pocos que andan en el poder.
Estem venuts, nois.
dimecres, 21 de desembre del 2011
Miren al Salao:
¿Ustedes se creen que a esto se llega pensándose a sí mismo? ¿pensando en la gente que está mirando?
A esto se llega dando toda la vuelta: habiéndose metido dentro muuuuuchos años de mundo y habiendo ido un paso más allá, habiendo creado el concepto que no existía después de haberse quitado todo lo demás de encima, hasta al Puchero, que se queda mirando, se lo sacude de encima cuando canta.
Si el Salao, mientras canta, por un momento se mirara a sí mismo, se desmoronaría y tendría que volver a empezar. Pero no se mira. Cierra los ojos, frunce el ceño y tensa los brazos para que solo salga lo que tiene que salir. Ese es el arte del Salao: el olvidarse de sí mismo mientras todos los demás no nos podemos quitar de la cabeza lo que hace pero nos olvidamos también de él mientras lo hace. Luego calla, se levanta, le vuelve al rostro su miedo y nos entra a todos también un poco de miedo -el miedo de la admiración- porque ese chico callado, tímido, haya sido capaz de hacer lo que acaba de hacer, haya sido capaz de salirse así. Y cuanto más amplio el decalage, cuanto más se haya salido el cantaor de la persona para entrarse en esa cosa sobrehumana que es su arte, más entiendo yo el aura de chamán que Javier cuenta que desprendía Morente, más entiendo yo la felicidad que me produce ir del bracito del Carrete por el Raval.
En el hueco entre quien uno parece que se es y lo que uno hace está parte de la clave del arte, de la clave de la genialidad. Qué idiotas aquellos que se empeñan en llevar escrito 'genio' en la frente hasta cuando van a comprar el pan. Qué falsos ante la vida, qué derroche de energía, qué esclavos de la televisión y del pop.
¿Qué coño de necesidad hay en anunciar chocolate? ¿No ven que el arte, si lo hay, se sostiene solo, que todo lo demás es impostura, es imagen pensada?
Dalí empeñándose en ser Dalí fulltime. Qué pesao.
Intenten ser artistas fulltime. Piénsense todo el rato. Vivan porque los otros les reconozcan. Lloren a los treinta porque nadie les hace caso por mucho que vayan diciendo en su facebook 'estoy escribiendo' cada diez minutos. Lloren a los cuarenta porque la gente piratea sus libros, para después llorar un poco más porque la gente se ríe de ustedes cuando amenazan con que van a dejar de escribir o de cantar. ¿No ven que no cuela? ¿No ven que no tienen otro sitio a donde ir? ¿No ven que esta cosa de la genialidad que se habían montado era absolutamente falsa?
¿Ustedes se creen que a esto se llega pensándose a sí mismo? ¿pensando en la gente que está mirando?
A esto se llega dando toda la vuelta: habiéndose metido dentro muuuuuchos años de mundo y habiendo ido un paso más allá, habiendo creado el concepto que no existía después de haberse quitado todo lo demás de encima, hasta al Puchero, que se queda mirando, se lo sacude de encima cuando canta.
Si el Salao, mientras canta, por un momento se mirara a sí mismo, se desmoronaría y tendría que volver a empezar. Pero no se mira. Cierra los ojos, frunce el ceño y tensa los brazos para que solo salga lo que tiene que salir. Ese es el arte del Salao: el olvidarse de sí mismo mientras todos los demás no nos podemos quitar de la cabeza lo que hace pero nos olvidamos también de él mientras lo hace. Luego calla, se levanta, le vuelve al rostro su miedo y nos entra a todos también un poco de miedo -el miedo de la admiración- porque ese chico callado, tímido, haya sido capaz de hacer lo que acaba de hacer, haya sido capaz de salirse así. Y cuanto más amplio el decalage, cuanto más se haya salido el cantaor de la persona para entrarse en esa cosa sobrehumana que es su arte, más entiendo yo el aura de chamán que Javier cuenta que desprendía Morente, más entiendo yo la felicidad que me produce ir del bracito del Carrete por el Raval.
En el hueco entre quien uno parece que se es y lo que uno hace está parte de la clave del arte, de la clave de la genialidad. Qué idiotas aquellos que se empeñan en llevar escrito 'genio' en la frente hasta cuando van a comprar el pan. Qué falsos ante la vida, qué derroche de energía, qué esclavos de la televisión y del pop.
¿Qué coño de necesidad hay en anunciar chocolate? ¿No ven que el arte, si lo hay, se sostiene solo, que todo lo demás es impostura, es imagen pensada?
Dalí empeñándose en ser Dalí fulltime. Qué pesao.
Intenten ser artistas fulltime. Piénsense todo el rato. Vivan porque los otros les reconozcan. Lloren a los treinta porque nadie les hace caso por mucho que vayan diciendo en su facebook 'estoy escribiendo' cada diez minutos. Lloren a los cuarenta porque la gente piratea sus libros, para después llorar un poco más porque la gente se ríe de ustedes cuando amenazan con que van a dejar de escribir o de cantar. ¿No ven que no cuela? ¿No ven que no tienen otro sitio a donde ir? ¿No ven que esta cosa de la genialidad que se habían montado era absolutamente falsa?
dimarts, 20 de desembre del 2011
Hay una manchita en la pantalla de mi ordenador que, cada vez que entro en la página de estadísticas del blog, queda, en el mapamundi de ubicación de los visitantes, justo encima del Tíbet haciendo parecer que todos los tibetanos están enganchadísimos al firstswimming. No la limpio porque me produce una cosa así como de internacionalidad bastante graciosa.
dilluns, 19 de desembre del 2011
Dietario de la tienda. Día 6.
La música es mala, mala de maldad: no solo es como los olores, que por desagradables que sean, al cabo de un rato de olerlos una se acostumbra a ellos, sino que además de eso se te mete en la cabeza aunque tú no quieras y se queda ahí agazapada para salir cuando menos te lo esperas. Díganme si no por qué vuelvo de la tienda todos los días en el tren tarareando "The One You Love" -de Paulina Rubio-, no estando yo enamorada ni nada de eso, o "Let it Rain Down on Me" -de Pitbull ft. Marc Anthony- no teniendo yo preferencia especial por este tipo de prácticas-.
Hoy han pasado dos cosas: (primero) Ha entrado un chico con muchas prisas, ha ido hasta la balda de los jerseys de pico, ha cogido uno marrón, ha mirado la talla y, sin desdoblarlo, ha venido hasta la caja y me lo ha dado junto con su visa. Mientras le cobraba me ha dicho: perdona las prisas pero no soporto la música de las tiendas. Le he dicho que yo tampoco, me ha respondido que qué tortura, le he dicho que sí, me ha arrancado la bolsa de las manos y se ha ido como alma que lleva el diablo. Me he quedado en babia pensando simultáneamente qué simpático/llévame contigo, por favor.
Entonces Manoli, que lo estaba oyendo todo, ha dicho: qué raro, si era joven... pues que no se le ocurra ir a una discoteca... Y a mí me ha pasado algo que me pasa a menudo y que me inquieta bastante: pienso que hay otro mundo. Que hay otro mundo que es mucho más grande que el mío, del que no tengo ni idea. Que la rara soy yo por oír
Perdona mi ángel
el daño que te he hecho,
sabes mejor que nadie
lo mucho que te quiero.
El teléfono no suena, no.
Seguro que eres tú.
(de Melendi)
y pensar mientras pongo pantalones en perchas (y obvio la cuestión de que, si le ha hecho tanto daño, ella tenga que saber que la quiere mucho): ¿cómo va a ser ella, si el teléfono no suena? Ni es ella ni es nadie. Es absurdo esto que está cantando este tío, y quedarme esperando a que dé toda la vuelta el loop de canciones hasta que vuelva a sonar esta para fijarme bien, porque no puede ser que alguien se casque estribillo semejante y cuele entre los miles de personas que van a las discotecas porque son jóvenes y les gusta esta música. Y vuelve a sonar y, sí, he oído bien: el teléfono no suena, seguro que eres tú. Y pregunto: Manoli, ¿a ti te gusta esta canción? Y me responde: Sííí, es romántica, ¿no? Pero Manoli, ¿cómo va a NO sonar el teléfono y ser ella? si no suena, no será nadie, ¿no? Y, ah, ¿dice eso?, me pregunta Manoli, pues no me había fijado. Pero ¿no dices que te gusta? Sí, porque es lenta y así...
(Segundo) Ha llamado el de merchandising y escaparatismo (el de merchand, vaya). He contestado yo. ¿Está Javier? No, soy su hermana. Ah, soy Álex, el de merchand, llamaba para felicitarle las fiestas. Pues no está, está resfriado y tiene fiebre, ya le diré que has llamado. No, le volveré a llamar, que yo soy un tío educao, jaja, bueno, felices fiestas. Fel... espera, tú eres el que manda la música. Sí. Oye, ¿esa de Melendi...? ¿De quién? Nada, es igual, hasta luego.
Un rato más tarde, ha llamado mi hermano. Le he dicho: Javier, mira qué me ha dicho un tío que se ha llevado un jersey, y le he explicado lo del horror que pueden llegar a producir las músicas de las tiendas, de la suya, en concreto. Se ha reído. No, no, le he dicho yo, esto es serio, ¿alguna vez te ha felicitado alguien por la música? No. Pues ahí lo tienes: nadie te ha felicitado en cambio ya ha habido una queja y, con la mía, dos.
Jaja, mira, ya has encontrado a otro raro como tú, jajaja.
...
Jajaja.
... y que me pongas una estufa al lado de la caja.
La música es mala, mala de maldad: no solo es como los olores, que por desagradables que sean, al cabo de un rato de olerlos una se acostumbra a ellos, sino que además de eso se te mete en la cabeza aunque tú no quieras y se queda ahí agazapada para salir cuando menos te lo esperas. Díganme si no por qué vuelvo de la tienda todos los días en el tren tarareando "The One You Love" -de Paulina Rubio-, no estando yo enamorada ni nada de eso, o "Let it Rain Down on Me" -de Pitbull ft. Marc Anthony- no teniendo yo preferencia especial por este tipo de prácticas-.
Hoy han pasado dos cosas: (primero) Ha entrado un chico con muchas prisas, ha ido hasta la balda de los jerseys de pico, ha cogido uno marrón, ha mirado la talla y, sin desdoblarlo, ha venido hasta la caja y me lo ha dado junto con su visa. Mientras le cobraba me ha dicho: perdona las prisas pero no soporto la música de las tiendas. Le he dicho que yo tampoco, me ha respondido que qué tortura, le he dicho que sí, me ha arrancado la bolsa de las manos y se ha ido como alma que lleva el diablo. Me he quedado en babia pensando simultáneamente qué simpático/llévame contigo, por favor.
Entonces Manoli, que lo estaba oyendo todo, ha dicho: qué raro, si era joven... pues que no se le ocurra ir a una discoteca... Y a mí me ha pasado algo que me pasa a menudo y que me inquieta bastante: pienso que hay otro mundo. Que hay otro mundo que es mucho más grande que el mío, del que no tengo ni idea. Que la rara soy yo por oír
Perdona mi ángel
el daño que te he hecho,
sabes mejor que nadie
lo mucho que te quiero.
El teléfono no suena, no.
Seguro que eres tú.
(de Melendi)
y pensar mientras pongo pantalones en perchas (y obvio la cuestión de que, si le ha hecho tanto daño, ella tenga que saber que la quiere mucho): ¿cómo va a ser ella, si el teléfono no suena? Ni es ella ni es nadie. Es absurdo esto que está cantando este tío, y quedarme esperando a que dé toda la vuelta el loop de canciones hasta que vuelva a sonar esta para fijarme bien, porque no puede ser que alguien se casque estribillo semejante y cuele entre los miles de personas que van a las discotecas porque son jóvenes y les gusta esta música. Y vuelve a sonar y, sí, he oído bien: el teléfono no suena, seguro que eres tú. Y pregunto: Manoli, ¿a ti te gusta esta canción? Y me responde: Sííí, es romántica, ¿no? Pero Manoli, ¿cómo va a NO sonar el teléfono y ser ella? si no suena, no será nadie, ¿no? Y, ah, ¿dice eso?, me pregunta Manoli, pues no me había fijado. Pero ¿no dices que te gusta? Sí, porque es lenta y así...
(Segundo) Ha llamado el de merchandising y escaparatismo (el de merchand, vaya). He contestado yo. ¿Está Javier? No, soy su hermana. Ah, soy Álex, el de merchand, llamaba para felicitarle las fiestas. Pues no está, está resfriado y tiene fiebre, ya le diré que has llamado. No, le volveré a llamar, que yo soy un tío educao, jaja, bueno, felices fiestas. Fel... espera, tú eres el que manda la música. Sí. Oye, ¿esa de Melendi...? ¿De quién? Nada, es igual, hasta luego.
Un rato más tarde, ha llamado mi hermano. Le he dicho: Javier, mira qué me ha dicho un tío que se ha llevado un jersey, y le he explicado lo del horror que pueden llegar a producir las músicas de las tiendas, de la suya, en concreto. Se ha reído. No, no, le he dicho yo, esto es serio, ¿alguna vez te ha felicitado alguien por la música? No. Pues ahí lo tienes: nadie te ha felicitado en cambio ya ha habido una queja y, con la mía, dos.
Jaja, mira, ya has encontrado a otro raro como tú, jajaja.
...
Jajaja.
... y que me pongas una estufa al lado de la caja.
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