dimarts, 11 d’octubre del 2011
diumenge, 9 d’octubre del 2011
Hay una cosa con la que no puedo: que alguien que va de superintelectual un día vaya y haga un comentario supertontito y lo apuntille con una coletilla, un tag, un guiño de ojo, de aquellos que suelen querer decir 'qué normal soy, ¿eh?'
Me chirría porque me parece de una autoconciencia desproporcionada, de un 'puedo ser como vosotros también en cuanto a que soy capaz de reconocer los comentarios tontitos que vosotros sabéis hacer y no tengo problema en hacerlos yo también, aunque yo sea capaz de hablar muy por encima de lo que vosotros nunca seréis capaces de hablar.
Me toca las pelotas que la gente que va de superintelectual tenga Twitter, eso es.
Me chirría porque me parece de una autoconciencia desproporcionada, de un 'puedo ser como vosotros también en cuanto a que soy capaz de reconocer los comentarios tontitos que vosotros sabéis hacer y no tengo problema en hacerlos yo también, aunque yo sea capaz de hablar muy por encima de lo que vosotros nunca seréis capaces de hablar.
Me toca las pelotas que la gente que va de superintelectual tenga Twitter, eso es.
Hay un episodio de Los Soprano demoledor pero feliz, que es lo que son las cosas cuando son Verdad.
Es el episodio en el que Tony Soprano hace con su hija Mead la ruta de las universidades para decidir en cuál estudiará ella a partir del curso próximo. El episodio comienza con otra línea argumental: Tony Junior, el hijo pequeño, ha quedado con otro chaval para pegarse después de clase. Tony Junior espera a que llegue el otro, quien, cuando llega, se mete la mano en el bolsillo, saca cuarenta dólares(entre otras cosas, Tony Junior le reclamaba los cuarenta dólares que costaba la camisa que le había destrozado en otra pelea), se los da y se va. Tony se queda de piedra, con el dinero en la mano, preguntándose por qué no quiere pelearse con él (el otro chaval le saca la cabeza). Un mirón dice 'es porque te tiene miedo'.
Cuando Tony llega a casa, le cuenta la historia a su hermana Mead. Su hermana le dice 'claro que te tiene miedo, ¿no sabes qué hace papá?' y le enseña en internet una web dedicada a la mafia. Tony Junior vuelve a quedarse de piedra.
Tony padre y Mead cogen por fin el coche y se van a hacer la ruta de las universidades. Entre una y otra, los dos solos en el coche, Mead, le pregunta a bocajarro si está metido en la mafia, nunca ha hablado con él de esto. Él intenta darle largas, le dice que la mafia no existe, que él gana el dinero de forma honrada, que le enfada que le pregunte eso... pero cede y acaba reconociendo que sí que hay algo -a lo que no llama mafia en ningún momento- que hace para ganarse un dinero extra. '¿Tony Junior lo sabe?', pregunta Tony Soprano, 'creo que sí', responde Mead, silencio y 'te quiero', añade Mead.
Mientras están fuera, Carmela Soprano reconoce en confesión que sabe que su marido hace cosas horribles y que ella lo ha permitido durante todo este tiempo porque sabe que, a pesar de todo, es un buen hombre.
Al final del episodio, que acaba en un entierro de un tío que no es tío de verdad sino, como dice Mead, 'le llamamos tío porque es de la otra 'familia' de papá', toda la familia intercambia miradas de complicidad. El espectador acaba sabiendo que todo el mundo lo sabe todo y todo el mundo sabe que todos lo saben todo y que están dispuestos a guardarse el secreto y a seguir respetándose y queriéndose igual.
Hay un momento en el episodio en el que Tony Soprano está en el pasillo de una universidad, esperando a que su hija salga de la oficina de admisiones, y ve una cita del escritor Nathaniel Hawthorne grabada en la pared. Dice:
Ningún hombre puede usar un rostro para sí mismo y otro para la multitud sin acabar confundido respecto a cuál es el verdadero.
Ahí está la verdad que viene a completar este episodio de Los Soprano. Ahí deberían empezar todas las inquisiciones del porqué de ciertos lazos que parecen indisolubles con la familia o con ciertos amigos. Miren, la familia y ciertos amigos les han visto como eran desde antes incluso de que ustedes fueran conscientes de cómo eran, sin máscaras, y no es que les hayan seguido queriendo a pesar de todo, es que les quieren precisamente por eso: no porque ustedes sean más guapos sin máscara sino porque ante ellos, a veces, se la quitan, así que ellos, aunque la lleven puesta, conocen bien la cara que hay detrás.
Piensen en cómo ustedes, como reza la cita que Tony Soprano lee en la universidad, de tanto utilizar la máscara, corren el peligro de hacerse un lío y olvidarse de la cara que hay detrás, la suya propia. Piensen en cómo la familia y esos pocos amigos nunca la olvidarán y estarán ahí para recordarles el gran descanso que es a veces quitarse un ratito la careta.
Si no pueden pensar esto último, es que ustedes se han olvidado ya de quienes son. Es igual, su familia y amigos no lo han hecho. Solo les queda ahora soprenderse, flipar, incluso enfadarse porque esos idiotas aún les siguen queriendo. Yo lo hago cada día: alucino pepinillos.
Es el episodio en el que Tony Soprano hace con su hija Mead la ruta de las universidades para decidir en cuál estudiará ella a partir del curso próximo. El episodio comienza con otra línea argumental: Tony Junior, el hijo pequeño, ha quedado con otro chaval para pegarse después de clase. Tony Junior espera a que llegue el otro, quien, cuando llega, se mete la mano en el bolsillo, saca cuarenta dólares(entre otras cosas, Tony Junior le reclamaba los cuarenta dólares que costaba la camisa que le había destrozado en otra pelea), se los da y se va. Tony se queda de piedra, con el dinero en la mano, preguntándose por qué no quiere pelearse con él (el otro chaval le saca la cabeza). Un mirón dice 'es porque te tiene miedo'.
Cuando Tony llega a casa, le cuenta la historia a su hermana Mead. Su hermana le dice 'claro que te tiene miedo, ¿no sabes qué hace papá?' y le enseña en internet una web dedicada a la mafia. Tony Junior vuelve a quedarse de piedra.
Tony padre y Mead cogen por fin el coche y se van a hacer la ruta de las universidades. Entre una y otra, los dos solos en el coche, Mead, le pregunta a bocajarro si está metido en la mafia, nunca ha hablado con él de esto. Él intenta darle largas, le dice que la mafia no existe, que él gana el dinero de forma honrada, que le enfada que le pregunte eso... pero cede y acaba reconociendo que sí que hay algo -a lo que no llama mafia en ningún momento- que hace para ganarse un dinero extra. '¿Tony Junior lo sabe?', pregunta Tony Soprano, 'creo que sí', responde Mead, silencio y 'te quiero', añade Mead.
Mientras están fuera, Carmela Soprano reconoce en confesión que sabe que su marido hace cosas horribles y que ella lo ha permitido durante todo este tiempo porque sabe que, a pesar de todo, es un buen hombre.
Al final del episodio, que acaba en un entierro de un tío que no es tío de verdad sino, como dice Mead, 'le llamamos tío porque es de la otra 'familia' de papá', toda la familia intercambia miradas de complicidad. El espectador acaba sabiendo que todo el mundo lo sabe todo y todo el mundo sabe que todos lo saben todo y que están dispuestos a guardarse el secreto y a seguir respetándose y queriéndose igual.
Hay un momento en el episodio en el que Tony Soprano está en el pasillo de una universidad, esperando a que su hija salga de la oficina de admisiones, y ve una cita del escritor Nathaniel Hawthorne grabada en la pared. Dice:
Ningún hombre puede usar un rostro para sí mismo y otro para la multitud sin acabar confundido respecto a cuál es el verdadero.
Ahí está la verdad que viene a completar este episodio de Los Soprano. Ahí deberían empezar todas las inquisiciones del porqué de ciertos lazos que parecen indisolubles con la familia o con ciertos amigos. Miren, la familia y ciertos amigos les han visto como eran desde antes incluso de que ustedes fueran conscientes de cómo eran, sin máscaras, y no es que les hayan seguido queriendo a pesar de todo, es que les quieren precisamente por eso: no porque ustedes sean más guapos sin máscara sino porque ante ellos, a veces, se la quitan, así que ellos, aunque la lleven puesta, conocen bien la cara que hay detrás.
Piensen en cómo ustedes, como reza la cita que Tony Soprano lee en la universidad, de tanto utilizar la máscara, corren el peligro de hacerse un lío y olvidarse de la cara que hay detrás, la suya propia. Piensen en cómo la familia y esos pocos amigos nunca la olvidarán y estarán ahí para recordarles el gran descanso que es a veces quitarse un ratito la careta.
Si no pueden pensar esto último, es que ustedes se han olvidado ya de quienes son. Es igual, su familia y amigos no lo han hecho. Solo les queda ahora soprenderse, flipar, incluso enfadarse porque esos idiotas aún les siguen queriendo. Yo lo hago cada día: alucino pepinillos.
dijous, 6 d’octubre del 2011
Claro, la solución, como siempre, habría sido no estar: si no se está, no se acaba cobrando. Pero es que no estar es de cobardes que por no tener lo malo se pierden todo lo bueno. Y ¿quién quiere perderse lo bueno?
No me tachen de críptica aún: hablo de algo concreto.
Aquí viene una versión de una cosa que ha pasado: la de mi yo condescendiente y justificador (pobrecica):
(Aviso: Mientras vayan leyendo, pensaran que soy idiota: les perdono y, para que no se asusten demasiado, al final les pongo la versión más realista del asunto).
Tengo un amigo (o tenía, yo qué sé) que está convencido de que puede hacer que todo aparezca y desaparezca según a él le venga bien. Está tan convencido de ello que lleva tiempo HACIENDO que todo aparezca o desaparezca según a él le viene bien. Y cuando digo todo, digo cosas como digo personas, ciudades o lo que sea.
Hacer desaparecer una cosa o hacer desaparecer una ciudad es fácil: basta con llevar la cosa o irse uno a otro lado. Hacer desaparecer a una persona suele requerir, sin embargo, algo más: una patada bien dada, una pérdida de respeto, una situación desagradable... Todo esto conlleva un cierto dolor para la persona a desaparecer en cuestión, esto es así, se lo digo yo, que soy la persona a desaparecer en este caso: duele. Y duele más si no es la primera vez y más aún si se pensaba que este tema estaba ya solucionado y todavía muchísimo más si conociéndonos como nos conocemos mi amigo y yo, veo que él no se da cuenta de que todo esto no era necesario: que cuando está en este plan, yo soy la primera en desaparecer. Es algo así como mi forma de protegerme de él: no quedarme a mirar.
No creo que mi amigo haga esto porque sea mala persona o porque lleve mala intención: es su manera de avanzar hacia algo en lo que lleva muchísimo tiempo trabajando. Hace un par de días, por mail, le dije que todo esto suyo me suena a un gran 'el fin justifica los medios' y que me parecía muy bien pero que estaba convencida de que él era mucho más inteligente que todo eso -sí, creo que lo que más me duele es que pensaba que era más inteligente: jode mucho ver que alguien a quien quieres se equivoca-, que debería haber aprendido ya a seguir avanzando conservando algunas cosas que valían la pena. Fui un poco chulita aquí, claro, lo dije pensando que una de las cosas que valía la pena era yo, y lo pienso, ¿qué pasa? a fin de cuentas, yo sé qué nos hemos dado el uno al otro mi amigo y yo.
Además esto de 'el fin justifica los medios' es una cosa que siempre me ha hecho sufrir: ¿y si tú piensas que sí pero resulta que no? ¿Y si llegas al fin y te encuentras con que has sacrificado demasiado, con que te tienes que apañar con lo que ha sobrevivido a todo el camino, que resulta que es poco y para nada suficiente? Pero bueno, no es asunto mío, al final, cada uno se salva a sí mismo y bastante tengo yo y blablabá.
No sé en qué acabará esto. No sé en qué punto nos encontraremos si nos volvemos a encontrar. No tengo ni idea, pero seremos otros seguro, como ya éramos otros esta última vez, aunque él parece que ni siquiera se había dado cuenta, aunque él diga que mejor nos distanciamos porque estábamos volviendo a ser los mismos, que es una manera -decir esto- como otra cualquiera de justificar aquella última patada bien dada, como si hiciera falta justificación, como si no fuera cierto aquello que dice siempre otro amigo: cuando alguien te deja, ya puede darte todas las explicaciones que quiera: la única verdad es que en ese momento ya no te quiere. Y ya está.
Cada uno hace lo que puede.
Ahora prefiero no ver a mi amigo en una temporada: yo también he aprendido a hacerlo desaparecer cuando no me va bien que esté, ya lo he hecho otras veces.
Sí, cada uno hace lo que puede.
La otra versión, mucho más sencilla, sería esta otra: la de mi yo realista:
Tengo un amigo (o tenía, yo qué sé) a quien una noche le cogió un calentón, vio que lo último que que le interesaba en ese momento era tenerme a su lado, actuó de la forma más bestia y, una vez hubo acabado, decidió que lo que sobraba no eran ni sus calentones ni su manera ruin de actuar, claro, eso sería como decidir que quien sobraba era él cuando era mucho más fácil decidir que era yo: yo sobraba. Y ahí quedó ventilada y desaprovechada o, en el mejor de los casos, aplazada una oportunidad de haberse convertido en una persona mejor. ¡Plop!
Mi conclusión, que al final es lo que a mí me importa, sigue siendo la misma:
Yo también he decidido que lo último que me interesa en este momento es tenerlo a mi lado y, no es mi estilo, pero él mismo me ha enseñado a hacerlo desaparecer: ahora prefiero no verlo en una temporada.
Cada uno hace lo que puede.
Y con el rato que he tardado escribiendo esto más el rato que empleé el otro día en salvar un poco la situación a base de mails, creo que ya he perdido más tiempo del que me hubiera gustado perder. Ya hace unos años que aprendí lo inútil y frustrante que puede resultar intentar arreglar las cosas con alguien cuando este alguien no tiene ni puta intención de arreglarlas.
Ya nos volveremos a encontrar si nos volvemos a encontrar. Y seremos otros otra vez. Seguro. Ya lo somos, otros.
FIN
No me tachen de críptica aún: hablo de algo concreto.
Aquí viene una versión de una cosa que ha pasado: la de mi yo condescendiente y justificador (pobrecica):
(Aviso: Mientras vayan leyendo, pensaran que soy idiota: les perdono y, para que no se asusten demasiado, al final les pongo la versión más realista del asunto).
Tengo un amigo (o tenía, yo qué sé) que está convencido de que puede hacer que todo aparezca y desaparezca según a él le venga bien. Está tan convencido de ello que lleva tiempo HACIENDO que todo aparezca o desaparezca según a él le viene bien. Y cuando digo todo, digo cosas como digo personas, ciudades o lo que sea.
Hacer desaparecer una cosa o hacer desaparecer una ciudad es fácil: basta con llevar la cosa o irse uno a otro lado. Hacer desaparecer a una persona suele requerir, sin embargo, algo más: una patada bien dada, una pérdida de respeto, una situación desagradable... Todo esto conlleva un cierto dolor para la persona a desaparecer en cuestión, esto es así, se lo digo yo, que soy la persona a desaparecer en este caso: duele. Y duele más si no es la primera vez y más aún si se pensaba que este tema estaba ya solucionado y todavía muchísimo más si conociéndonos como nos conocemos mi amigo y yo, veo que él no se da cuenta de que todo esto no era necesario: que cuando está en este plan, yo soy la primera en desaparecer. Es algo así como mi forma de protegerme de él: no quedarme a mirar.
No creo que mi amigo haga esto porque sea mala persona o porque lleve mala intención: es su manera de avanzar hacia algo en lo que lleva muchísimo tiempo trabajando. Hace un par de días, por mail, le dije que todo esto suyo me suena a un gran 'el fin justifica los medios' y que me parecía muy bien pero que estaba convencida de que él era mucho más inteligente que todo eso -sí, creo que lo que más me duele es que pensaba que era más inteligente: jode mucho ver que alguien a quien quieres se equivoca-, que debería haber aprendido ya a seguir avanzando conservando algunas cosas que valían la pena. Fui un poco chulita aquí, claro, lo dije pensando que una de las cosas que valía la pena era yo, y lo pienso, ¿qué pasa? a fin de cuentas, yo sé qué nos hemos dado el uno al otro mi amigo y yo.
Además esto de 'el fin justifica los medios' es una cosa que siempre me ha hecho sufrir: ¿y si tú piensas que sí pero resulta que no? ¿Y si llegas al fin y te encuentras con que has sacrificado demasiado, con que te tienes que apañar con lo que ha sobrevivido a todo el camino, que resulta que es poco y para nada suficiente? Pero bueno, no es asunto mío, al final, cada uno se salva a sí mismo y bastante tengo yo y blablabá.
No sé en qué acabará esto. No sé en qué punto nos encontraremos si nos volvemos a encontrar. No tengo ni idea, pero seremos otros seguro, como ya éramos otros esta última vez, aunque él parece que ni siquiera se había dado cuenta, aunque él diga que mejor nos distanciamos porque estábamos volviendo a ser los mismos, que es una manera -decir esto- como otra cualquiera de justificar aquella última patada bien dada, como si hiciera falta justificación, como si no fuera cierto aquello que dice siempre otro amigo: cuando alguien te deja, ya puede darte todas las explicaciones que quiera: la única verdad es que en ese momento ya no te quiere. Y ya está.
Cada uno hace lo que puede.
Ahora prefiero no ver a mi amigo en una temporada: yo también he aprendido a hacerlo desaparecer cuando no me va bien que esté, ya lo he hecho otras veces.
Sí, cada uno hace lo que puede.
La otra versión, mucho más sencilla, sería esta otra: la de mi yo realista:
Tengo un amigo (o tenía, yo qué sé) a quien una noche le cogió un calentón, vio que lo último que que le interesaba en ese momento era tenerme a su lado, actuó de la forma más bestia y, una vez hubo acabado, decidió que lo que sobraba no eran ni sus calentones ni su manera ruin de actuar, claro, eso sería como decidir que quien sobraba era él cuando era mucho más fácil decidir que era yo: yo sobraba. Y ahí quedó ventilada y desaprovechada o, en el mejor de los casos, aplazada una oportunidad de haberse convertido en una persona mejor. ¡Plop!
Mi conclusión, que al final es lo que a mí me importa, sigue siendo la misma:
Yo también he decidido que lo último que me interesa en este momento es tenerlo a mi lado y, no es mi estilo, pero él mismo me ha enseñado a hacerlo desaparecer: ahora prefiero no verlo en una temporada.
Cada uno hace lo que puede.
Y con el rato que he tardado escribiendo esto más el rato que empleé el otro día en salvar un poco la situación a base de mails, creo que ya he perdido más tiempo del que me hubiera gustado perder. Ya hace unos años que aprendí lo inútil y frustrante que puede resultar intentar arreglar las cosas con alguien cuando este alguien no tiene ni puta intención de arreglarlas.
Ya nos volveremos a encontrar si nos volvemos a encontrar. Y seremos otros otra vez. Seguro. Ya lo somos, otros.
FIN
dimarts, 4 d’octubre del 2011
Yo, en el fondo, leo al Vila por las citas de Pla que mete de vez en cuando (incluso por las no publicadas):
"En el ámbito de nuestras amistades -deia- han aparecido nuevas fieras. Algunas zonas de la consciencia individual se han corrompido. Y esto es grave porque se puede recuperar casi todo en la vida menos los impulsos de bondad. Estas zonas infectadas podrán quedar con el tiempo relegadas a la inmovilidad pero llegará otro momento favorable y reaparecerán con toda su fría e implacable maldad. Muchos se han enriquecido caprichosamente sin esfuerzo alguno. Es igual. Por las mismas absurdas razones por las que se han hecho ricos, caerán. Muchos se han vuelto malos y éstos -y aquí está el drama- permanecerán." Originalmente, de 'Viaje en autobús'. La censura la cortó.
"En el ámbito de nuestras amistades -deia- han aparecido nuevas fieras. Algunas zonas de la consciencia individual se han corrompido. Y esto es grave porque se puede recuperar casi todo en la vida menos los impulsos de bondad. Estas zonas infectadas podrán quedar con el tiempo relegadas a la inmovilidad pero llegará otro momento favorable y reaparecerán con toda su fría e implacable maldad. Muchos se han enriquecido caprichosamente sin esfuerzo alguno. Es igual. Por las mismas absurdas razones por las que se han hecho ricos, caerán. Muchos se han vuelto malos y éstos -y aquí está el drama- permanecerán." Originalmente, de 'Viaje en autobús'. La censura la cortó.
dilluns, 3 d’octubre del 2011
Tenía que pasar:
Talk about fanatism
Mateo 5: 27-29 Oísteis que fue: No adulterarás: Mas yo os digo, que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón. Por tanto, si tu ojo derecho te fuere ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti: que mejor te es que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea echado al infierno.
Joder, lo raro es que no hubiera pasado antes. Piénsenlo: aquí todo el mundo se apunta a todo: los seguidores de unos aprenden a hablar en élfico, los de otros, se cortan el flequillo a ras de frente, saludan con los dedos separados y chapurrean el klingon por iniciativa propia y simple afición. ¿Cómo no iba a acabar pasando con la Biblia, que cuenta con miles y miles de seguidores organizados y cuyas enseñanzas y mandatos se proclaman todos los domingos en horario de invierno y de verano con posibilidad de saltártelo si te va mejor ir el sábado por la tarde o de hacer créditos extra si vas entresemana antes de trabajar?
¿Que has visto una churri y te has puesto a babear? Ojos fuera.
Aquí ahora debería salir el Papa o así y decir, ¡joder, que lo de arrancarse los ojos cada vez que uno mira a la mujer del prójimo no es para que todos acabemos ciegos!, igual que dije yo aquella vez, cuando compartía piso: ¡joder, que lo de poner cinco euros cada vez que alguien se salta el turno de limpieza no es para que todos pongamos cinco euros y nos quedemos tan tranquilos con el piso hecho una mierda!
Bueno, es lo que pasa cuando se piden cosas imposibles.
Talk about fanatism
Mateo 5: 27-29 Oísteis que fue: No adulterarás: Mas yo os digo, que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón. Por tanto, si tu ojo derecho te fuere ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti: que mejor te es que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea echado al infierno.
Joder, lo raro es que no hubiera pasado antes. Piénsenlo: aquí todo el mundo se apunta a todo: los seguidores de unos aprenden a hablar en élfico, los de otros, se cortan el flequillo a ras de frente, saludan con los dedos separados y chapurrean el klingon por iniciativa propia y simple afición. ¿Cómo no iba a acabar pasando con la Biblia, que cuenta con miles y miles de seguidores organizados y cuyas enseñanzas y mandatos se proclaman todos los domingos en horario de invierno y de verano con posibilidad de saltártelo si te va mejor ir el sábado por la tarde o de hacer créditos extra si vas entresemana antes de trabajar?
¿Que has visto una churri y te has puesto a babear? Ojos fuera.
Aquí ahora debería salir el Papa o así y decir, ¡joder, que lo de arrancarse los ojos cada vez que uno mira a la mujer del prójimo no es para que todos acabemos ciegos!, igual que dije yo aquella vez, cuando compartía piso: ¡joder, que lo de poner cinco euros cada vez que alguien se salta el turno de limpieza no es para que todos pongamos cinco euros y nos quedemos tan tranquilos con el piso hecho una mierda!
Bueno, es lo que pasa cuando se piden cosas imposibles.
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