Me apuesto lo que sea a que Sarkozy, por vías inescrutables, le ha enviado un sms a Gadafi diciéndole algo así como que espera que esté bien en medio de todo este jaleo y que lamenta no poder ponerse en contacto más directo y extenso por motivos evidentes de imagen, pero que piensa mucho en él.
Sería una cosa muy francesa y tal.
Estoy siguiendo la caza y captura como si de un serial se tratara: me tiene entretenidísima. La intervenvión de Obama diciendo a los rebeldes que no obvien los derechos humanos -muy en su papel de premionobeldelapaz- ha sido sublime, fantástica de fantasía, de guión de serie de polis: el "Tengan cuidado ahí fuera" que debería dar pistoletazo de salida a todas y cada una de las acciones de la usarmy. "A por él y, no lo olviden: respeten los derechos humanos". Y si encima hubiera mirado fijamente a cámara y hubiera soltado un "y esta vez lo quiero vivo", la cosa le habría quedado mucho más de serie; de Callejeros en Trípoli por lo menos.
América ha vuelto a chupar plano para ponerse del lado de los buenos y lo que venga a partir de aquí será esa colateralidad inevitable que a ellos, aunque no lo crean, les duele más que a nadie, of course, of course, yes, yes, yes.
diumenge, 21 d’agost del 2011
Si ayer, cuando la policía llamó a la puerta, yo hubiera abierto y hubiera salido corriendo escaleras abajo, seguramente, a sus ojos, me habría convertido en sospechosa de algo gordo. Pero no lo hice.
Llevo todo el domingo escuchando música y viendo series tumbada en la cama. Está siendo una buena manera de acabar la semana en la que han terminado unas cuantas cosas, no siendo yo sospechosa ni de la responsabilidad de estos finales ni de prácticamente nada más.
Llevo todo el domingo escuchando música y viendo series tumbada en la cama. Está siendo una buena manera de acabar la semana en la que han terminado unas cuantas cosas, no siendo yo sospechosa ni de la responsabilidad de estos finales ni de prácticamente nada más.
dijous, 18 d’agost del 2011
La cita: "No es justo que habiendo cosas en el mundo a potrollón nos quedemos con esas que son las menos quedonas". Chico y chica.
Ayer soñé que estaba con un montón de gente que, por lo visto, en el sueño, eran amigos míos, en una habitación. Entraba un tipo que me sonaba muchísimo, sacaba una escopeta y empezaba a disparar contra todos. Yo me tiraba al suelo en un rincón. Tenía muy cerca, también tirados en el suelo, a otros dos que, por lo visto, ya digo, eran muy amigos míos (aunque no recuerdo sus caras), y les decía muy bajito: esto me recuerda mucho a aquello de Noruega y, además, ese tío que dispara es amigo mío. El tipo se acercaba a nuestro rincón. Me miraba y me decía: ¡¡¡hombreeeee!!! Se agachaba y me metía el dedo en el ojo, pero hasta el fondo; yo notaba que chocaba el dedo contra el fondo de la cuenca. Luego se incorporaba y me disparaba en el hombro, y yo notaba cómo la bala entraba también; no era dolor, era como un empujón, y les decía a los dos que tenía a lado y lado: Llamad a una ambulancia.
Y me despertaba.
Y claro, hoy he visto la foto de Mourinho metiéndole el dedo en el ojo a otro señor y me ha hecho gracia. Hacía tiempo que no veía a nadie meterle el dedo en el ojo a otra persona en sentido literal, que es una agresión tontorrona, como muy de vodevil, muy de acompañarla con un ñiñiñi, de poner estrellitas y un ay alrededor de la cabeza del agredido, y un ¡toma! al lado de la boca del agresor. Y va y, sin ton ni son, una noche lo sueño y la noche siguiente Mourinho lo ejecuta.
Me hace gracia Mourinho. Es el malote de la comedia. El monigote de guiñol que cuando sale por la izquierda, hace que todos los niños griten: ¡Mourinho! ¡Mourinho! para avisar al bueno, que estaba mirando hacia la derecha, de que lo tiene detrás; el personaje oscuro del drama cuyo contrapunto exagerado hace que los personajes buenos queden también ridiculizados; el hombre-anuncio que lleva el cartel enorme que avisa de que todo esto no es otra cosa que un circo; y ayer, desde mi cama, con el balcón abierto, el ruido que llegaba desde la calle era de circo total, de circo romano más bien. Mourinho tiene razón. Háganle caso, quédense con él, en serio.
Ayer soñé que estaba con un montón de gente que, por lo visto, en el sueño, eran amigos míos, en una habitación. Entraba un tipo que me sonaba muchísimo, sacaba una escopeta y empezaba a disparar contra todos. Yo me tiraba al suelo en un rincón. Tenía muy cerca, también tirados en el suelo, a otros dos que, por lo visto, ya digo, eran muy amigos míos (aunque no recuerdo sus caras), y les decía muy bajito: esto me recuerda mucho a aquello de Noruega y, además, ese tío que dispara es amigo mío. El tipo se acercaba a nuestro rincón. Me miraba y me decía: ¡¡¡hombreeeee!!! Se agachaba y me metía el dedo en el ojo, pero hasta el fondo; yo notaba que chocaba el dedo contra el fondo de la cuenca. Luego se incorporaba y me disparaba en el hombro, y yo notaba cómo la bala entraba también; no era dolor, era como un empujón, y les decía a los dos que tenía a lado y lado: Llamad a una ambulancia.
Y me despertaba.
Y claro, hoy he visto la foto de Mourinho metiéndole el dedo en el ojo a otro señor y me ha hecho gracia. Hacía tiempo que no veía a nadie meterle el dedo en el ojo a otra persona en sentido literal, que es una agresión tontorrona, como muy de vodevil, muy de acompañarla con un ñiñiñi, de poner estrellitas y un ay alrededor de la cabeza del agredido, y un ¡toma! al lado de la boca del agresor. Y va y, sin ton ni son, una noche lo sueño y la noche siguiente Mourinho lo ejecuta.
Me hace gracia Mourinho. Es el malote de la comedia. El monigote de guiñol que cuando sale por la izquierda, hace que todos los niños griten: ¡Mourinho! ¡Mourinho! para avisar al bueno, que estaba mirando hacia la derecha, de que lo tiene detrás; el personaje oscuro del drama cuyo contrapunto exagerado hace que los personajes buenos queden también ridiculizados; el hombre-anuncio que lleva el cartel enorme que avisa de que todo esto no es otra cosa que un circo; y ayer, desde mi cama, con el balcón abierto, el ruido que llegaba desde la calle era de circo total, de circo romano más bien. Mourinho tiene razón. Háganle caso, quédense con él, en serio.
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