dijous, 16 de gener del 2025

Tildar de victimista (de victimista contagiosa, además) a quien denuncia una agresión, hace un daño transversal que, para las que hemos sido educadas en la idea de que lo mejor en el momento de una agresión es defenderte como puedas y después callar, no aporta nada. Pero para las que son más jóvenes, ahora que por fin se cuestiona lo de quedarse callada (lo de defenderte como puedas siempre ha sido una obviedad), que alguien les venga a decir que hacer público, hablar, llorar o buscar apoyo sobra, que tendrían que ser valientes, duras, pegar un rodillazo en el momento, soltar un métete el trabajo (que necesitan, seguramente) por el culo e irse a casa en plan este cabrón no ha podido conmigo, me parece de un egoísmo brutal; me parece como de querer perpetuar la idea de la mujer como fuerza de la naturaleza, sufriendo y defendiéndose ella sola como pueda, no quejándose, no intentando cambiar nada.

En resumen: decir que aguantar estoicamente los embates de esos señores (que son muchos) es lo que procede me parece del todo inútil para las de antes y muy egoísta para las que vienen después.

dijous, 4 de maig del 2017

Un piano dentro de una librería se pone no se sabe muy bien por qué; por si acaso, seguramente, o porque se da la casualidad (que ya es mucha) de que una, en el momento en que está montando una librería (que es un momento muy de chamarilero, de 'esto lo cojo y me lo llevo para allá, que nunca se sabe'), se acuerde de que tiene un piano disponible que puede aprovechar.
El piano de la Calders es el piano que nos compraron mis padres a mis hermanos y a mí cuando éramos pequeños y ellos querían darnos una educación así como enciclopédica, muy ilustrada, como de que lo supiéramos todo o al menos haber probado muchas cosas para después poder descartar, o sea, decidir.
Tendríamos entonces mis hermanos y yo unos 10-12 años y éramos zotes perdidos; lo que nos tocaba ser con aquella edad. Que el piano era un rollo, vaya. Que ninguno de los tres habíamos salido por ahí.
Pasó el tiempo, mis hermanos y yo nos fuimos de casa y el piano se quedó.

Recuerdo que un día, de hace no llega a cuatro años comiendo allá, en casalspadres, hablando de cómo iba con lo del proyecto de librería, mi padre me preguntó: "¿necesitas algo que yo te pueda dar?", a lo que yo, apuntando al armatoste con el tenedor, respondí: "mira, pues igual el piano lo podríamos aprovechar". No tengo ni idea de por qué dije eso pero pocos días después tenía en la puerta de allá y luego en la puerta de aquí una furgoneta de unos tipos especializados en transportes de estas cosas cargando primero y descargando después el dichoso piano negro.

El piano lleva ahí desde el primer verano que abrimos la librería. Lo ha tocado mucha gente y lo han tocado muy bien y lo han tocado muy mal. Y algunas veces yo ya intuía, pero no había llegado a definir bien, lo que por fin creo que puedo explicar hoy.

Han pasado dos cosas esta semana.
Primero: ha venido Lulú Martorell un par de veces a ensayar para un bolo que tenía esta noche en otra parte. Pasa que si pregunta Lulú si puede venir a practicar, yo le digo que sí sin preguntarle ni para qué. Segundo: ha venido Joaquín Fernández, el traductor, a presentar un libro de Tolstoi.
Las dos veces que ha venido Lulú, ha tocado "El bosc", de Pepe Sales. Las dos veces, cuando la ha tocado, yo estaba en el ordenador haciendo vete a saber qué de mails, qué facturas o qué cosas, que he tenido que parar y quedarme muy quieta y pensar: "ostras, ostras, ostras" y cerrar los ojos para que no me cayera el lagrimón. O sea, Lulú, la que fuera la gran compañera de Sales, tocando "El bosc", ahí mismo, en mi piano, para mí (bueno, y para algún cliente que había en ese momento en la librería).
La vez que ha venido Joaquín, traductor de Tolstoi, en ese mismo piano, también para mí (bueno, para todo el mundo que ha venido a la presentación), ha tocado el único vals que compuso el escritor. Diréis "vale, bonita curiosidad", pero es que cuando ha acabado, Selma Ancira, la otra traductora que lo acompañaba, ha explicado cómo el mismo Joaquín, hace un año, había intepretado ese mismo vals en el mismísimo piano de la casa del autor: esos dedos que han pulsado hoy las teclas de ese piano habían pulsado antes las mismas teclas que pulsó Tolstoi en el suyo, tocando su única composición.

Total que ¿sabéis lo difícil que es de explicar qué es la Cultura o la Literatura o la Música? Pues la respuesta a esa pregunta, ahora mismo, ya la tenéis los que os habéis emocionado un poquito leyendo esto, que sois los mismos que la próxima vez que entréis en la librería, miraréis el piano y pensaréis en Lulú tocando "El bosc" y en Joaquín tocando el vals de Tolstoi y entenderéis por fin, como me ha pasado hoy a mí, no solo qué hace ahí el piano sino qué hacemos nosotros y vosotros con él, con todos esos libros, con lo que leemos, con lo que escuchamos y con cómo lo acabamos juntando todo después.

divendres, 28 d’abril del 2017


Per què la Calders no participarà en aquesta nova edició de la campanya “Fas 6 anys, tria un llibre”

Dimarts 2 de maig es posa en marxa de nou la campanya de Cultura de la Generalitat “Fas 6 anys, tria un llibre”, per la qual les famílies amb nens de 6 anys reben a casa un cupó que poden bescanviar a una llibreria per un llibre d'un màxim de preu de 13 €. Si totes les famílies hi responguessin, això li suposaria al Departament de Cultura una despesa d'un total d'un milió d'euros.

La Llibreria Calders no hi participem per diversos motius:

  1. Fa poc més de sis mesos, diverses llibreries ens vam reunir amb el Conseller, qui ens va explicar la intenció de posar en marxa la primera edició d'aquesta campanya. Molts dels allà presents (tots llibreters) vam expressar els nostres dubtes sobre l'efectivitat de la iniciativa, alguns dels punts que van quedar clars van ser que la franja d'edat dels 6 anys no era la més necessitada de cap campanya; on realment s'aprecia un descens en l'interès per la lectura és en l'adolescència.
    Vam dir també que de totes maneres, regalar un llibre no garanteix que aquest s'acabi llegint ni que després en aquella casa es continuï motivant a l'infant per a seguir llegint.
  2. La campanya es va portar a terme llavors tal qual ens l'havia presentat el Conseller, sense fer cas de les nostres observacions.
  3. Passats quatre mesos, l'única dada que tenim del funcionament d'aquella edició, és la dels llibres que es van repartir: van ser 31.914 exactament, és a dir, la iniciativa va suposar una despesa de 416.000€ del pressupost públic destinat a la cultura. No hi ha hagut cap seguiment posterior ni cap feedback (tampoc no hi han estat consultades) per part de les famílies que en van fer ús del cupó, tot i disposar la Generalitat de les dades necessàries per poder contactar-les a posteriori.
  4. Ara la Generalitat juntament amb el Gremi de Llibreters torna a convocar la mateixa campanya exactament en els mateixos termes. Igual que no vam participar en la primera edició, tampoc no ho farem en aquesta segona que suposarà de nou una despesa a fons perdut de diners públics.

Tot i que sabem que aquesta campanya, en termes de participació, tornarà a ser un èxit rotund igual que seria un èxit rotund qualsevol campanya que consistís a repartir entre els ciutadans qualsevol cosa de manera gratuïta, creiem que aquesta no és la manera de promocionar la lectura.
Sabem que hi ha gent molt preparada -escoles, biblioteques, llibreries especialitzades- a qui les institucions culturals poden acudir per a dissenyar una bona acció, una campanya molt més efectiva, en què invertir el pressupost de manera molt més assenyada.

Si passeu per la Calders amb el cupó, us facilitarem la llista de llibreries que sí que hi participen, en les quals sí que us donaran el vostre llibre.
Disculpeu les molèsties, ens agradarà atendre-us millor en pròximes edicions si finalment us podem oferir una campanya de promoció amb cara i ulls.

diumenge, 2 d’abril del 2017


Acabemos con el discurso del sofá, libro y manta en los días de lluvia. Si llueve, es el día de ir a la librería, porque si llueve, a la librería sólo vienen los buenos; los que salen de casa buscando el sitio para estar tranquilos dando vueltas mirando y remirando libros, preguntándole al librero si este o mejor este otro y por qué. Y vienen a discutir y a explicar que ese autor como que no, por esto y esto y lo de más allá, en cambio aquel otro sí, y que si tienes más. Y que ojalá tuvieran más tiempo para leerse aquel de allá también, te cuentan, pero que, bueno, que se lo van a llevar igual que ya verán cómo se lo montan.

No hay día que se venda mejor que un día de lluvia en la librería. No que se venda más, decir eso sería mentira, pero mejor sí: mejor pensado en el momento de la compra y mejor leído seguramente después también.

Ha sido un fin de semana fantástico en la librería. Sólo he tenido que fregar un charco que me dejaron cuatro pedorras que sólo habían salido a pasear y que se tomaron la librería como un sitio de paseo también; el resto del tiempo hemos tenido el sitio lleno de gente que entraba corriendo porque llovía y luego no se querían ir porque llovía también; que se habían metido aquí como refugio, pero no porque les hubiera sorprendido la lluvia sino porque habían salido de casa pensando que aquí iban a estar mejor porque iban a poder comprar libros que debajo de la manta, en el sofá, no habrían encontrado.

Los libros son para los valientes, para los que saben que llegar hasta ellos les va a costar mojarse, pero que luego, tras leerlos, se van a quedar más limpios y con ganas de mojarse otra vez para poder limpiarse aún más.

Los libros son, por ejemplo, también para los valientes que hoy se han ido hasta Bolonia para defender esa cosa tan aparentemente extraña que es la literatura infantil y juvenil. ¿Extraña? Todo el mundo leía de pequeño, hasta los que de mayores ya no leen; porque ¿por qué nos hemos tenido que inventar el género infantil y juvenil cuando lo que molaba cuando este prácticamente no existía o no se practicaba tanto era ver todos esos libros que leían tus padres e imaginarte el día en que tú pudieras leerlos también? Era entonces cuando tú, pequeño, por impaciente (todos los niños lo son), te ponías de puntillas y alcanzabas hasta el estante en el que encontrabas un Delibes, ¡un Delibes!, y empezabas a leer y alucinabas porque el protagonista era un niño como tú. Y no entendías nada porque ese niño como tú vivía en una guerra, pero a la vez lo entendías todo y, sobre todo, lo que entendías, sorpresa, era que en los libros los niños eran importantes también, así que ¿por qué no iban a ser importantes los libros para ti por muy arriba que estuvieran en la biblioteca? Y es que al final lo importante era crecer.

La etiqueta de infantil y juvenil se ha tenido que inventar porque muchos padres ya no leen, y hasta que no se solucione eso va a hacer mucha falta que existan cosas como la feria de Bolonia, la librería La Petita, la Caixa de Eines y la biblioteca móvil de El Culturista también.

Hoy ha venido una familia a la librería: padre, madre, hijo e hija. Los padres han entrado hasta el fondo y se han puesto a mirar las estanterías. Los hijos se han quedado sentados en las escaleras, mirándolos, hasta que han acabado; han salido los dos, los padres, con un par de libros en las manos y les han dicho: "¿no vais a buscar uno vosotros?". El niño en seguida ha cogido un "Super Patata", la niña miraba las mesas y ha dicho "es que no sé", a lo que la madre le ha respondido míratelos bien y tranquila ahí, hasta que encuentres uno", y los tres, padre, madre e hijo, se han quedado esperando mientras ella cogía uno, lo hojeaba, lo dejaba, cogía otro... Al final la niña, diciendo "este", le ha tendido un "Marcelín" su madre mientras le explicaba que lo quería porque le gustaban mucho los dibujos y porque los dos niños protagonistas eran muy amigos; se lo había mirado de cabo a rabo antes de decidir que se lo quería llevar.

A la librería, los días de lluvia, sólo vienen los buenos, los que leen sin manta, los que leen hasta sin sofá e incluso bajo el sol.

Vamos a currarnos mucho Bolonia hasta que lo de los libros sea normal, para los padres también.

dilluns, 9 de gener del 2017


Breve reflexión sobre la cosa de la cultura en los medios tras visitar ayer la exposición "Jardins de cooperació" de Alexander Kluge en La Virreina

 
Acabo de leer el último artículo de Saül Gordillo en el Portal català del sector de la comunicació. Va sobre el 2016 de Catalunya Ràdio, es triunfalista y ya sólo en la primera frase incluye términos google-friendly, por decirlo en el lenguaje ganador, del tipo 'sinergies' y 'viralitzar'.

Los mensajes repetidos a lo largo de las dos páginas de word que debe de hacer de largo el texto es que todo va sobre ruedas, que la emisora no sólo supera a todas las demás en el ranking de audiencias sino que bate su propia marca del año anterior.

Habla de la audiencia también como sujeto, no sólo como objeto, pero sólo para mencionar cómo todos los imputs que han recibido de los oyentes durante todo 2016 han sido positivos: Catalunya Ràdio, según su director, sólo ha recibido mensajes halagadores este año que acaba de terminar; no hay ni una sola mención a la crítica negativa, ni un motivo que justifique la creación, por ejempo, del hashtag #CatRàdioÉsCultura, que él mismo creó para justificarse ante la denuncia del grueso del sector cultural por el maltrato que sufrieron los ahora inexistentes programas íntegramente culturales que un día incluyó la casa en su parrilla.

Gordillo sólo menciona la cultura en su artículo para reafirmarse en su posición (adoptada de la nada, por lo visto) que defiende un contenido cultural simplemente transversal, o sea disperso e indefinido, en la emisora. Y al reafirmarse nos envía el mensaje de que esto va a seguir así, que no va a cambiar nada.



A Alexander Kluge (escritor y cineasta comprometidísimo con la cosa pública) los colegas se le tiraron un poco a la yugular cuando se pasó a la tele. Él sin embargo siguió haciendo allí sus programas de un contenido que no rompía en absoluto con su forma de hacer anterior ni con su mensaje. Si Kluge pudo hacer eso fue porque algunos directores de algunos medios de comunicación (los programas se emitían por la tele, pero él contó también con la producción de medios escritos) le hicieron un hueco en la parrilla.

Estos días, extractos de aquellos programas pueden verse en un centro de arte de la ciudad (en La Virreina). Los vídeos van perfectamente referenciados con el nombre del programa y los canales de televisión que los emitían. Lo que hacía (lo que aún hace) Kluge es arte, así que los espacios de televisión que contuvieron lo que hacía Kluge ahora se ven elevados a la categoría de arte también.

El día que los medios se den cuenta de que es la cultura la que les hace (les haría, si se dejaran) el favor a ellos y no al revés, ese día, el país será un poco menos idiota. Y lo mejor es que el mérito será en parte de los medios también y no sólo del artista.

Yo aún tengo la esperanza de que un día algún director de alguna tele o alguna radio públicas de aquí de señales de tener este tipo de sensibilidad.


 
Folleto de la exposición 'Jardins de cooperació' de Alexander Kluge.

dimecres, 7 de desembre del 2016


Aprovecho que han colgado en Núvol la crónica de la mesa redonda en la que participé hace unos días para explicar alguna de las cosas que quise decir aquel día.

(Nota: yo siempre hablo de libros, pero aplíquese todo a cine, teatro, danza, arte, tecnología, ciencia... qué se yo.)

Bernat Ruiz empezó contando cómo los medios se gastaban los medios (juas) en dar informaciones irrelevantes del tipo: el Barça se ha subido a un avión. Y efectivamente, en las imágenes retransmitidas por una unidad móvil que habían enviado al aeropuerto (cosa que cuesta un pastón in-de-cen-te) se veía con toda nitidez cómo unos cuantos señores se subían a un avión. Como veía que el discurso iba a tirar de nuevo por la eterna contraposición libros-fútbol en los medios, esperé mi turno de palabra para decir que no, que por ahí no; que ya estaba ese tema; que sí, que el fútbol domina en la tele a saco, pero creo que repetir sin parar que en la tele hay mucho fútbol es como decir que unos señores se están subiendo a un avión y meter imágenes que enseñan cómo los señores se suben al avión.

Yo, desde que hace unos meses petó la cosa de la falta de cultura en los medios, le llevo dando vueltas a la idea de que (ya lo decía hace un par de entradas en este blog) una de las maneras de que las cosas estén en la cabeza de la gente es que las cosas salgan por la tele o por la radio; así, en este orden: lo que sale en los medios acaba en las cabezas. Parece en cambio que, en la carrera por conseguir audiencia, la tortilla se ha dado la vuelta y ahora los medios funcionan al revés: vamos a darle a la gente más de eso que ya tiene en la cabeza, esto es, vamos a seguir el camino fácil, a explotar la veta, sin darse cuenta de que fueron ellos, los medios, los que crearon esa veta. Por eso dije en la mesa redonda que parecía que los que deciden los contenidos ya no eran conscientes de su responsabilidad primera que, dicho sea de paso, también es su poder.

Conté que la gente funciona, se mueve, por aficiones y que nadie nace con una afición programada; que si alguien, en su vida, no tiene ninguna referencia de que existe la ornitología, aunque vea de vez en cuando un pajarito, es muy poco probable que se aficione a prestarles interés; que tiene que haber un contacto directo con alguien que le explique cuatro cosas con un poco de profundidad sobre el pajarito en cuestión para que en su cabeza se despierte la curiosidad. Dije que lo mismo pasaba con el fútbol: si uno nace en una casa sin tele en la que nadie habla de fútbol y, por lo que sea, va a parar a un grupo de amigos cero aficionados, es muy difícil que le surjan de la nada las ganas de ver un partido, de saber qué es un penalty o de enterarse del nombre del seleccionador nacional. Pasa que en las casas propias hay teles y en las de los amigos también. Y que en las teles hablan de fútbol, hablan de fútbol sin parar, de hecho; y es éste y no otro el motivo por el que se cuentan por miles las personas que sin haber jugado al fúbol en su vida ni tener ninguna intención de hacerlo, te pueden recitar de memoria los últimos cuatro goles del Barça, decirte de dónde es tal jugador que acaban de fichar o contarte cómo han quedado distribuidos los equipos en el último sorteo de la Eurocopa.

Fue después de decir más o menos todo esto cuando planteé en la mesa redonda que si sabíamos que tanto fútbol en la tele había provocado todo este conocimiento y toda esta afición, no podríamos plantear esto como un punto de partida para los libros; que si no era lógico pensar que aumentando el tiempo que los medios les dedican a los libros acabaríamos teniendo una sociedad llena de gente que, a lo mejor no leía tanto pero que sabría perfectamente quién es Hemingway, cómo escribía, sobre qué temas, de dónde era, por qué fue importante, con qué otros escritores se relacionó; y que llegado el momento, cuando tuvieran un hijo, igual que ahora cogen y le compran un balón, le comprarían también un libro.

Mi intención, no sé si lo conseguí, era recordar que tienen que ser los medios los generadores de audiencias y denunciar que lo que están haciendo ahora es simplemente ir detrás de una audiencia ya generada hace años, o sea, que no están haciendo su trabajo, que están eludiendo una responsabilidad.

Era eso, sí: una denuncia como una casa, la que estaba haciendo yo ahí en la mesa redonda. Y no había ningún representante de los medios entre el público para escucharla; ¿se necesita alguna prueba más para ver a qué nivel está eludiendo esta gente su responsabilidad?

dissabte, 3 de desembre del 2016


Estaba fregando los platos en la librería y una señora ha venido hasta el fregadero y se ha esperado a que me secara las manos para que le mirara si teníamos un libro. No teníamos el libro.

Analicemos la situación:
  1. Fregar los platos en horario de atención al público.
  2. Clienta que tiene que venir a buscarme.
  3. Clienta que espera.
  4. No tener el libro.
En el mundo de las auditorías suspenderíamos rotundamente en el camino de la consecución del sello de calidad.

Pero:
  1. El libro que buscaba la señora era ESTO.
Una auditoría técnica no tiene manera de valorar qué libros no tenemos ni los motivos por los que no los tenemos ni si nuestro fondo está integrado o no por libros de calidad literaria, científica o técnica ni la aptitud de los libreros para recomendar sobre la marcha libros que cumplan estos criterios de calidad o para programar actividades de calidad también.

Todo esto es lo que algunos libreros les estamos intentando explicar al Gremi de Llibreters y al Departament de Cultura de la Generalitat; ambas instituciones están dispuestas a gastarse dinero público en implantar estas auditorías inútiles, cuando hay tantas otras cosas por hacer.

dimecres, 30 de novembre del 2016

(Poniendo un poco de orden en las ideas para mi intervención de mañana en la mesa redonda sobre la escasez de contenidos culturales en los medios de comunicación.)

Tengo una librería. Obviamente me interesa vender libros, que la gente compre muchos, cuantos más mejor; esto es en primera instancia por una cuestión de supervivencia: hay que vender muchos libros para vivir de ellos, tened en cuenta que un librero se queda con el 30 por ciento del precio del libro, esto es, de un libro de 20 euros, nos corresponden solo 6,6. Sabiendo que la mayoría de libros valen menos de 20 euros, que hay ediciones de bolsillo que a penas llegan a los 8 euros de precio, de los que nos corresponderían a nosotros menos de dos, calculad cuántos libros tenemos que vender al mes para sobrevivir, o sea, sólo para poder pagar alquileres y sueldos.
 
De las muchas maneras que hay para vender libros, hay una que es imbatible: consiste en que la gente piense en libros; que los tenga en la cabeza, que estén en sus conversaciones, que figuren entre sus referencias. Hay un camino muy claro para conseguir que las cosas estén en la cabeza de la gente, es el camino de los medios: las cosas que salen en los medios con una cierta intensidad acaban formando parte del imaginario del espectador, y hoy día todo el mundo es espectador; explicadme si no porqué gastaríamos un solo minuto de nuestras vidas pensando en la última de Belén Esteban, por decir una que estoy convencida que todos vosotros tenéis en la cabeza. ¿Por qué la tenéis? Ahí lo tenéis.
 
No llevo hablando ni cinco minutos y ya podríais reprocharme como mínimo dos cosas de todo lo que llevo dicho: una, que sabiendo todo esto del poquísimo margen para el negocio que da la venta de libros, si quisiera ganarme bien la vida, me podría haber metido en cualquier otro negocio; y dos, que qué tiene que ver Belén Esteban o cualquier otro de su condición con los libros, con la literatura. La respuesta a los dos reproches sería la misma: me he metido en lo de los libros porque no son Belén Esteban.
 
Explicándolo muy básicamente, yo creo que hay dos cosas en la vida: una es lo que de verdad nos interesa y otra lo que hacemos para pasar el rato, aunque puede que no nos demos ni cuenta de cualquiera de estas dos cosas en el momento en el que están pasando; puede que nos parezca que estamos pasando el rato viendo la tele u oyendo la radio y puede que nos parezca que nos interesa mucho la última bronca que haya tenido fulanito con menganita de tal o descubrir que tal escritor escribe en zapatillas, por ejemplo; la cosa es que si nos paramos pensarlo, una vez nos hemos enterado de la bronca o de lo de las zapatillas, ahí se acaba el tema; puede que la historia nos dé para un par de conclusiones del tipo "qué mala persona es fulanito" o "este escritor es tan bueno que, si escribe en zapatillas, yo lo voy a hacer todo en zapatillas también", pero ya está. Una vez hemos hecho algo que nos interesa de verdad en cambio, eso perdura y de alguna manera acaba viéndose reflejado en la realidad; en lo que nos rodea primero y, a base de círculos concéntricos, en la sociedad después. Un ejemplo que parece muy tontuelo pero del que estoy convencida es que si la gente leyera libros bien escritos o viera o escuchara programas de televisión o de radio bien estructurados, independientemente de su ideología, nunca, jamás, votaría para presidente a alguien que no supiera construir bien las frases o que no supiera enlazar las ideas a base de silogismos con un cierto grado de complejidad o que no tuviera recursos para responder a preguntas que no estaban en el guión.
 
Por eso me dedico a vender libros aunque me den tan poco margen y no cualquier otra cosa: porque creo que los libros buenos inciden de esta última manera que acabo de explicar en la sociedad.
Entonces, ¿por qué los medios dan prioridad a lo que no?
 
No estoy diciendo que todo lo otro tenga que desaparecer de los medios: sería un aburrimiento. Lo que digo es que los libros no tendrían que ser arrinconados ni transversalizados de la manera en que lo están siendo últimamente; que deberían estar a la par de todo lo otro en cuanto a minutaje de contenidos.
 
Hay otro motivo además por el cual los medios deberían replantearse todo esto: ahora mismo hay un montón de editores, escritores, traductores, correctores y libreros que estamos apostando por aquello que decía antes que era lo importante frente a lo que supone una simple manera de pasar el tiempo; es más, hay un montón de lectores que se están apuntando a comprarlo, si no no insistiríamos tanto ni seríamos tantos tampoco. Si los medios quieren estar a la altura de esto que está pasando, deberían dedicar espacios a este público que acabo de describir; es una apuesta de futuro, creedme; es que está muy ciego quien no lo haya visto ya.
 
Ya está. No voy a dar ninguna conferencia mañana: es una mesa redonda donde voy a participar, pero creo que todas las ideas que suelte van a ir por aquí.

dijous, 1 de setembre del 2016

Llevamos una semana buscando y sumando minutos dedicados a la cultura en la radio pública como quien busca monedas debajo de los cojines del sofá a ver si sumadas dan para comprar un libro, un disco o una entrada para el teatro con descuento del TresC. O sea, llevamos unos días haciendo bastante el pena.

De un simple vistazo a la programación de Catalunya Ràdio que se acaba de presentar, uno, si busca la cultura, se encuentra con que está dispersa, que es lo mismo que estar por todo sin estar en ningún sitio. Saül Gordillo, el director de la casa, lo llama transversalidad; yo lo llamo dispersión y mi madre me daría un guantazo por tener la habitación hecha una leonera.

En realidad, lo que le ha pasado a la radio es lo mismo que le ha pasado al sector editorial: ¿recuerdan cuando Edicions 62 era una empresa con entidad propia? Pues ahora lo que queda de 62 son sellitos dispersos por todo el edificio de Planeta de la avenida Diagonal; tan dispersos que un día yo llamé preguntando por uno de ellos y la telefonista me contestó que ese sello no era de la casa; tuve que convencerla de que preguntara, que ya iba a ver como sí; indagó un poco, lo encontró y por fin me pasó con el editor.

Pasa con la transversalidad que siempre amenaza disolución. El sector editorial ha reaccionado alucinantemente rápido a todo esto; prácticamente al mismo tiempo que la literatura se 'transversalizaba' dentro del grande, fuera empezaron a salir un montón de pequeños que, publicando libros de calidad, en relativamente poco tiempo se han hecho con un trozo del pastel o sea del público lector (que, para que me entiendan allá, vendría a ser lo mismo que el oyente). Hablo de editoriales como L'Altra (le llueven los premios últimamente), Raig Verd (publica a la última premio Nobel), Les Males Herbes (hay gente que viene a la librería pidiéndonos "el último de Males Herbes", sin saber cuál es. Y se lo compran).

Estoy hablando de iniciativa privada, lo sé, pero ¿no dicen que el gran error de la radio pública es acabar copiando los contenidos y formas más salchicheros de la privada? ¿No podrían tener el acierto de aprender de sus errores también?

Una de las cosas que apuntaba en mi ristra de tuits inicial era que Catalunya Ràdio tiene en plantilla a gente muy capacitada para hacer buenos programas culturales; el delito es que a muchos los tienen arrinconados haciendo de redactores, colaboradores o ni eso en programas que no tienen nada que ver; que los han transversalizado también, o sea, atomizado y dispersado con la excusa de que no daban las audiencias que tenían que dar. Lo que pasó en el sector editorial privado es que tenían allá dentro editores de mucha calidad a quienes se les empezaron a imponer títulos y a coartar por aquí y por allá en pos de unos resultados de ventas absolutamente desproporcionados, que es exactamente lo mismo que se hace en la radio cuando a un programa cultural se le impone un colaborador famosete con el único objetivo de aumentar la audiencia a un nivel que, de todas maneras, nunca se alcanzará. Algunos de los mejores editores optaron por irse de la casa grande y montarse el chiringuito por su cuenta: ellos han demostrado que esta iniciativa funciona. Sabiendo esto, ¿no es tonto que una entidad con gente preparada dentro opte por ir por el mismo camino equivocado expulsando los buenos contenidos? Por los contenidos, no pasa nada: ahora cualquiera en casa se monta un podcast; la poca vista de Catalunya Ràdio es que alguno de esos podcasts lo petará y entonces ahí llegará cualquier privada, más rápida y con más pasta que ellos, para hacer una oferta e incorporarlo a su programación. Y luego, la pública ¿qué? Pues a seguir perdiendo oyentes y a ponerse a copiar otra vez, que, por lo que demuestra, últimamente viene a ser lo único que sabe hacer.

Llevamos ya unos cuantas temporadas de estrategia de "transversalidad". A lo mejor, como experimento, al principio de la transformación digital, de la aceleración de la sociedad, etc., etc., esto tuvo un poco de sentido. Ahora, habiéndose demostrado lo contrario en otros sectores, que se siga con esta práctica en los medios (sobre todo en los públicos) empieza a ser simplemente pura negligencia.

dilluns, 29 d’agost del 2016

De lo de la radio: un buen resumen de la gravedad del asunto es este que hace Anna Punsoda hoy mismo en Nació Digital.

Ayer, por mail, le explicaba a Laura Borràs, directora del Institut de les Lletres Catalanes (que me escribió porque todo esto a ella también le preocupa), que no era una pataleta esta que hice por twitter hace unos días para recuperar mi sección: cuando Albert Miralles, director de Els Experts, vino a hablar conmigo para decirme que esta temporada tampoco tenían dinero para pagarme y yo le dije que entonces no me interesaba seguir colaborando, también le dije que total, mi sección, tal como estaba, para lo único que servía era para demostrar que sé leer muy rápido y luego hablar de los libros también muy rápido; ya lo explico en el hilo: aunque había hecho alguna propuesta para que mi tiempo en el programa no fuera simplemente un resumen de libro tras otro, me la habían echado atrás con los argumentos de "no vas a tener tiempo para hacer eso" o "eso es demasiado profundo".

Lo que decía: el asunto es grave no porque me hayan echado a mí de Els Experts sino porque ahora, en Els Experts (programa que se hará de 7 a 9 de la mañana cada día en iCat -emisora pública-) no se sabe si va a haber una sección de libros (nota: yo hablo de libros todo el rato, pero trasladen todo esto a música, teatro, arte, cine...); el asunto es grave también porque ahora mismo, en toda la parrilla de programación de Catalunya Ràdio y iCat no hay un solo programa dedicado por entero a la cultura, aquí, en Catalunya, con una capital recientemente nombrada Ciudad Literària de la UNESCO, sede del Museu Picasso, del Grec, del Sonar, del Primavera Sound, de la editorial Planeta (y por tanto del Grup 62), de una acadèmia del cinema muy comprometida con el país, de Barcelona Plató, del Institut Ramon Llull y de la madre que los va parir a tots y de todas las personas que religiosamente compran sus libros, visitan sus instalaciones, van a sus funciones y a sus conciertos y a sus salas de proyección.

Si nos ponemos prosaicos y monetarios, la excusa para arrinconar los contenidos que todo este público consume, siempre es la misma: que este público no existe.

Ahora me pongo personal y subjetiva: yo tengo una librería desde hace dos años y medio. No vendemos, en general, best sellers, no acogemos partidos de fútbol ni proyectamos los últimos grandes estrenos de Hollywood. Tenemos las mesas llenas de libros de editoriales pequeñas. El criterio de selección a la hora de comprar los libros que luego vamos a vender a los lectores, aunque siempre esté dominado por la calidad literaria, va llenito de matices y de momentos: no es el mismo criterio -ni de volumen ni de calidad (tenemos más manga ancha y no nos ponemos tan estupendos) justo antes de Sant Jordi ni de Navidad, porque no somos idiotas, que el resto del año. Cuando explicábamos lo que pensábamos ofrecer en la librería y aún ahora cuando les hacemos los pedidos a los comerciales y ven que no les compramos las montañas de los libros hechos en serie que ellos intentan vendernos con el argumento de "ésta es la gran apuesta de la editorial", nos encontramos invariablemente con gente que nos dice que no sabemos lo que hacemos, que eso se va a vender mucho y nosotros nos lo vamos a perder.

Llevamos dos años y medio siguiendo este criterio, ya digo, y en todo este tiempo no hemos parado de crecer. Prácticamente todas las semanas hay clientes que nos dicen que vienen a la librería precisamente por eso; clientes que nos preguntan por un autor y se sorprenden de que lo conozcamos y lo tengamos, por ejemplo, o clientes que vienen preguntando si este autor del que hablan todos los medios es REALMENTE tan bueno como dicen (no solemos mordernos la lengua si no lo es). En las redes sociales (otra cosa que les preocupa mucho últimamente allá en los medios de comunicación), campañas que han triunfado por encima incluso de nuestras posibilidades de respuesta, son por ejemplo "Curra't el Sant Jordi: tu coneixes la persona que estimes millor que els mitjans i les editorials" o la de recomendaciones hechas a través de consultas a los lectores que hicimos antes de este último verano en Twitter. La respuesta a las dos fue tan masiva que tuvimos que quedarnos horas extra en la librería para responder y no llegamos a responder a todo el mundo. Hemos hecho presentaciones que nos han reventado el aforo también; incluso la caja, por qué no decirlo, ya que a algunos les preocupa tanto.

Lo que quiero decir es que la excusa para que no haya un programa cultural en condiciones en la radio ahora mismo (que no lo hay) no es que no haya público: el público está ahí y es el más fiel que os vais a poder encontrar nunca si el programa es de calidad (que esa es otra). Lo que agrava además el caso es que en la radio, dentro mismo, en plantilla, hay profesionales que pueden hacerlo y que ya lo han hecho, además, pero que los tienen relegados a secciones idiotas de otros programas porque cuando tuvieron su programa cultural no llegaron a los índices de audiencia que marcaba el Barça, por ejemplo.

Eso último es lo más chungo y no que yo ya no esté en Els Experts o que Eduard Márquez ya no esté en El Suplement o que tengan colaboradores culturales trabajando allá sin cobrar o incluso (que los hay) pagando por hacer su sección.

Los medios públicos tienen que servir para otra cosa además de para hacer caja. Y eso es lo que ahora se está haciendo mal.

dimarts, 12 de juliol del 2016

Venimos de donde venimos y a muchas nos educaron en la idea de que el sexo era malo. Digo muchas y no muchos porque con los chicos era distinto: para ellos, siendo una cosa en principio igual de baja, de instintiva, de animal, era también (o precisamente por eso) un impulso normal de sentir hasta el punto que aparecía, se comentaba en voz alta y se acababa compartiendo con los amigos, palmaditas en la espalda y gestos obscenos incluidos, el día que, por fin, acababa siendo satisfecho. ¿Satisfecho por quién? Satisfecho por una chica que inmediatamente acababa siendo etiquetada de fácil; la que se va con cualquiera, la guarra, la puta, la que se encarga de todo hasta que al final ellos sientan la cabeza y acaban con la amita de casa discreta y formal. Gran premio para esta última, sí señor.

Según esta distinción de percepción del sexo de carácter únicamente de género, no sería tan descabellado pensar que, en esta sociedad, podría estar bien arraigada la idea consciente o no de que una parte del trabajo del hombre en materia sexual sería "convencer" a la mujer de que tener relaciones con ellos no es tan mala cosa.
Ahora vienen las deducciones fáciles: es más fácil "convencer" de lo que sea a alguien que está borracho que a alguien que no lo está; es más fácil "convencer" a una persona que se niega en redondo entre cinco que en un tête à tête; es más fácil "convencer" a alguien desde un puesto de superioridad, cuando a ese alguien le va el sueldo en ello, por ejemplo, que partiendo de una situación de igual a igual; es más fácil "convencer" a alguien que pesa treinta kilos menos que tú y que sabe que si bajas el brazo le saltas tres dientes de un golpe; es fácil creer que si a alguien ya le has "convencido" una vez, ya lo tienes convencido para siempre.

Así que sí: tenemos en parte construido todo esto, la sociedad, en base a unos roles sexuales que históricamente han fundamentado el abuso y la violación. Y no es que la cosa vaya a más, es que la cosa viene de lejos. Lo que pasa es que ahora nosotras, ya era hora, estamos empezando a hablar.

diumenge, 14 de febrer del 2016

Justo ayer le soltaba al socio un discurso sobre cómo a veces quien se pasa la vida preocupándose por tenerlo todo bajo control es quien más sufre cuando le pasa algo inesperado. Y justo ayer también saltaba la noticia (antes de tiempo) de la muerte de Muriel Casals.
No tengo ni idea de cómo era Muriel Casals con sus cosas; si era previsora, si era responsable, si lo hacía todo según la norma... Pero sí sé que esa manera de morirse le puede pasar a cualquiera, incluso a las personas previsoras, responsables i com cal.
Yo cuento como mi gran momento de caída del guindo el día en que me di cuenta de que no por hacer las cosas bien, me iba a ir bien en la vida; fue mi gran crisis de fe; me pillé una pataleta morrocotuda de aquellas que una se pilla sólo en la adolescencia, que dirige contra sus padres, contra los maestros y contra cualquiera de quien esté aprendiendo en ese momento, que es todo el mundo porque a esa edad lo único que tiene que hacer una -lo único que está haciendo aunque no quiera y aunque no lo reconozca porque ya se cree muy lista- es aprender.
Aquella rabieta en caliente al entender que un A responsable no necesariamente traía un B feliz, no me dejó ver en un primer momento que entender aquello comportaba un par de buenas dosis de liberación y de responsabilidad: de repente las normas me las ponía yo; e inauguraba para ponérmelas, para saber cuáles servían y cuáles no, para saber hasta dónde daba la máquina que era mi persona, una etapa de experimentación que aún no ha terminado.
Guardo también en la memoria como otro empujoncito valiosísimo hacia la libertad personal una cosa que un día me dijo mi padre: "A ti ahora te parece que todo es muy importante y te afecta un montón, pero ya verás cómo a lo largo de la vida se toman poquísimas decisiones realmente fundamentales; una o dos, como mucho". Pues tenía razón. Y a lo mejor ni siquiera nos enteramos de que las hemos tomado, añado yo.
Total, que ya puedes tener tu hipotequita, tu trabajo fijo en tu empresa de siempre; ya puedes no saltarte una cita con el médico, hacer deporte, comer sano, ser amable con todo el mundo, ser discreta, no meterte en líos, no arriesgar en nada, perdonarlo todo, conformarte con lo que tienes y no moverte de ahí por si acaso... Lo que quieras, que un día te atropella una bici y al siguiente te mueres. O se te muere alguien así. O alguien te hace una tremenda putada. O de repente te paras a pensar y te descubres absolutamente aburrida y, lo que es peor, aburriendo terriblemente a quien tienes al lado. Y entonces ¿qué? ¿Qué vas a contar? O, peor: ¿qué te vas a contar a ti misma? ¿cómo vas a justificarte todo este tiempo que has perdido?

Han pasado los años y creo que una de aquellas dos decisiones importantes que uno toma en la vida tiene que ser ésta precisamente: la de sacar fuerzas de donde sea para no llevar una vida gris; para, el día que me atropelle la bicicleta, por lo menos poder quedarme ahí tirada pensando: buah, qué bien me lo he pasado; que me quiten lo bailao.

dimarts, 26 de gener del 2016

Unos meses antes del primer día del Watusi en la Calders Xavi Moyano y yo fuimos al Heliogàbal a ver a Martí Sales tocar con Maria Rodés y Ramon Rodríguez. Yo salí de allá emocionada perdida porque era de las primeras veces que Martí, que por aquel entonces andaba pegándose sesiones maratonianas con Abel Cutillas y conmigo fichando los libros que luego irían en las estanterías de la librería, volvía a actuar después de que muriera el Uri, que había tocado con él en los Surfing Sirles.
Ésta es parte del concierto que fuimos a ver Xavi Moyano y yo al Helio aquella noche:



Tres meses después de este concierto abrimos la librería. Y cuatro meses después de abrirla celebramos la primera fiesta del Watusi. Martí cantó en aquella fiesta, en vivo, en la librería. Le acompañaron Gerard Segura, Pol Serrahima (los Vàlius) y Jordi Garrigós (Parlament).
Estos son los Vàlius en el Heliogàbal:



Cuando los Vàlius acabaron de tocar en la Calders aquella noche, subieron escopeteados hasta Gràcia porque también tenían que tocar en directo en la Festa Major. Martí y yo nos quedamos a cerrar la librería y tiramos para Gràcia también a ver a los Vàlius tocar en la calle. Aquella noche nos emborrachamos un poco y acabamos subiendo a casa de Martí, que vivía entonces con Núria Martínez Vernis, la poeta.
Ésta es Núria Martínez Vernis en el Heliogàbal:




Núria Martínez Vernis ha pasado por la librería a hablar y a leer poesía de la más diversa, la suya incluida. De poesía rusa no; cuando toca hablar de poesía, o de lo que sea, rusa, uno al que siempre llamamos es a Miquel Cabal; y a Ricardo San Vicente, claro.
Estos son Miquel Cabal y Ricardo San Vicente en el Heliogàbal:



Miquel Cabal ha pasado también por la librería a hacer música en vivo: toca en un grupo que se llama Sot.
Éstos son Sot tocando con Martí Sales (otra vez) hace un par de meses en un sitio que ya no era el Heliogàbal:



Cuando el año pasado por la Festa Major de Gràcia leí en algún lado que a los del Helio no les dejaban hacer el Festigàbal en su plaza de siempre por un problema de patrocinio de cervezas o no sé de qué leches, les mandé un mensaje diciendo que si yo tuviera la librería en Gràcia y no en Sant Antoni, se la dejaría para que montaran el festival allí mismo, pero como la tengo en Sant Antoni y no en Gràcia, lo único que se me ocurría era decirles que contaran conmigo para hacer de camarera o de lo que fuera en el sitio en que acabaran haciendo el festival.
Es que en el Heliogàbal pasan cosas cuando hay música en vivo allá. Se hablan cosas, se celebran libros, se traducen libros, se escucha a grupos que luego quieres que vengan a tocar a tu casa, se descubre a escritores, se raja de escritores, se brinda con poetas, se canta con poetas. Yo conocí a Joan Colomo allá y mientras veía tocar a Fernando Alfaro allá, se me ocurrió que podría invitarlo a la librería a presentar un libro de Ezequiel Martínez que acababa de publicar la editorial Morsa; y vino.
Es que el Heliogàbal es referente. Yo tengo un vídeo de Supergrupo tocando en el Heliogàbal tan visto que si YouTube se pudiera rayar, este vídeo estaría rayado por mi culpa.
Éste es el vídeo de Supergrupo en el Heliogàbal:



En supergrupo tocan Miqui Otero y Kiko Amat, dos escritores que dentro de tres días estarán en la librería celebrando otra vez el día del Watusi.

Hay muchas cosas y mucha gente que van y vienen del Heliogàbal a la Calders.
Si nos cerráis el Helio ahora, nos buscaremos otro sitio porque nosotros somos así: si nos paramos, nos morimos; pero veis la línea de corte que va a haber en la historia literaria y musical de la ciudad, ¿no? Pues esa es la que va a  quedar ahí, bien marcada, sobre vuestras conciencias, jefes.

dissabte, 16 de gener del 2016

 

Nos estamos reinventando la fórmula presentación de libro.
Hemos dado con un formato efectivísimo que aúna contenido de rigor y diversión, que -no es casualidad- son las dos cosas que también reúnen los libros buenos.
Ayer en la Calders, nueve profesionales del sector -entre periodistas, escritores, editoras y una traductora- repasaron la obra de Shirley Jackson. Fue una jam session, como la definió una de las editoras participantes. Hubo lecturas, experiencias lectoras, de traducción y de edición; se hicieron bromas y literatura comparada; se leyó un cuento y el principio y uno de los diálogos de una de sus novelas; el público asistente, entre el que había editores, escritores, traductores y lectores de a pie también, al final se apuntó sin dudar a comentar y a hacer preguntas.
Encima acabamos vendiendo unos cuantos libros de los que se había hablado.

Esta que escribe se fue a dormir pensando: era això, companys; era això.

Aquí y aquí, los tres libros de Shirley Jackson que ahora mismo pueden encontrarse en el mercado.
Aquí y aquí, algunas de las fotos de lo que pasó ayer en la Calders.

Visca la Jackson!
Visca tot!


dijous, 14 de gener del 2016

Hoy he conocido a una persona que había estado un tiempo trabajando en el norte de México. Estábamos cenando un grupo de amigos y ella iba explicando cómo había visto que allá el código de la violencia y del abuso de la mujer era distinto; que básicamente tenían otro umbral de tolerancia para estas cosas, que todo estaba más desmadrado allá, hasta unos niveles que nosotros no podríamos entender.
Yo pensaba que entonces iba a seguir explicando alguna barbaridad desquiciada, sang i fetge, cosa criminal, pero simplemente ha puesto como ejemplo cómo un día, en un bar, un tío se le había acercado de manera bastante violenta y le había pedido que se fuera con ella a casa, y cómo ella se había zafado de él y cuando después le había explicado el episodio a una amiga suya, ésta le había dicho: "bueno, es que eres muy guapa".
Y no me ha parecido tan terrible la historia.
Y se lo he dicho, que no me había parecido tan terrible, porque no me ha parecido tampoco que aquello que acababa de explicar fuera una cosa que no pasara aquí.
Y ella me ha dicho que tenía razón.

Y ahora, dos horas después, ya no sólo esa historia sino yo misma pensando que esa historia no es tan terrible es lo más terrible que me puedo imaginar.



dissabte, 2 de gener del 2016

Hoy he desayunado una ensaimada de cabello de ángel en el idò Balear, he comido menestra con espárragos y jamón, y un rape en salsa con gambas buenísimo de segundo, he merendado dos mandarinas -aquí me he quedado corta- y acabo de cenar un bocata de txistorra, todo el rato pensando en compensar el karma inútil que estaban creando los setenta y pico tipos aquellos que se han encerrado para destrozar el concepto 'huelga de hambre', que es su manera de pedir que Mas sea presidente. Me parecen unos imbéciles estos tipos; me lo parecen tanto que me he tomado muy a pecho la responsabilidad de devolver al mundo yo sola un cierto equilibrio alimenticio&calórico.

Y ahora llego a casa y me encuentro con este artículo de Gregorio Luri, que encima habla de este otro artículo de Carles Capdevila que, cuando lo leí, me puso al borde de escribir aquí otra entrada explicando cómo algunos blindan su ingenuidad y su bonachonismo, que son en realidad tapaderas para asegurar su inmovilismo, a base de acusar de cínicos a quienes se los señalan.

 Luri dice: Jo no tinc gens clar que la veritat crua sigui un bé social.
Y yo añado: No és ni bé social ni individual la veritat crua: m'he quedat sense els tuppers de menjar que la meva mare havia fet per als àpats de Nadal, sense part de la txistorra que puntualment em porta sempre que ve de Pamplona, i tota aquesta gentola seguirà fent la seva pantomima per sempre, n'estic segura. Menuda merda.

dijous, 17 de desembre del 2015



EL TORERO PUJA A CASA SHAKE IT UP BABY (Making of.)

Contes. Amb Miquel Adam, Jordi Nopca i Víctor Garcia Tur.
Avui, a les 19.30h. Llibreria Calders.

-Khefa, fem presentació del torero.
-Quan?
-Aquesta setmana no puc, que la faig a la Setmana del Llibre en Català, la vinent tampoc, que la faig a l'Horiginal, la següent.
-Hosti, tu, tres presentacions seguides... a la tercera no vindrà ningú i acabarem tu i jo sols a la llibreria plorant i bevent cerveza.
-Però jo en vull fer una a la Calders.
-No.
-Sí.
-No.
-Sí.
-No. Mira, esperem que passin unes setmanes i ens inventem una altra cosa per a abans de Nadal.


-T'has llegit el llibre del Miquel?
-Sí, m'ho he passat molt bé, és molt Miquel. En volia fer una presentació aquí però ja en farà dues de seguides i li he dit que ens esperem a uns dies abans de Nadal i ens inventem un 'lectures de...' i ajuntem tot de gent que ja se l'hagi llegit. O fem una sessió de contes amb més escriptors i muntem sarauet.
-Ei, jo vindria amb el 'Puja a casa'.
-Perfecte, muntem-ho.

-Ei khefa, que hem de fer lo dels contes.
-Ah, sí: l'altre dia amb el Nopca parlàvem del torero i de fer amb tu una cosa de contes i deia que ell vindria.
-Oh! Ja tinc el títol: El torero puja a casa.
-Perfecte. Busquem algú altre i ja ho tenim.

-Khefa, hem pensat algú altre?
-Què tal aquest?
-Pfff, sempre som els mateixos.
-I aquest?
-Deixa-m'ho pensar.

-Ei, ja sé qui: l'Empar Moliner. Es titularía: El torero puja a casa si ha begut. I ara què, eh? Què me'n dieu? Hi ha ous?  Com se us queda el cos?
-Per mi, ok.
-Per mi també.

Hola, Empar,
El dia 17 de desembre, dijous, vindran el Miquel Adam i el Jordi Nopca a parlar dels seus llibres de contes i d'altres autors. T'hi apuntaries?
Isabel

Hola, Isabel,
Hosti, vindria, però el dia 17 no puc: tinc una altra presentació. Vaig de cul, tia.
En una altra ocasió; no ho deixem pasar.
Empar.

-La Moliner no pot.
-I el Víctor Garcia Tur?
-Ostres, sí! A més treu novetat al gener. Li escric!

Hola, Víctor,
El dia 17 de desembre blablablà, blablablà.
Isabel.

Hola, Isabel,
Vaig de cul però et dic que sí.
Víctor.

-Tius, el Víctor diu que sí. Es dirà El torero puja a casa shake it up baby now.
-Guai. Que ens posareu un moderador, per caritat?

Hola, Tina i Guillem,
Us escric amb poc temps i entendré perfectament que em digueu que no.
El dia 17 fem un d'aquells 'lectures de...' dedicat als contes. Vindran el Miquel Adam, el Jordi Nopca i el Víctor Garcia Tur. Em demanen un moderador i he pensat en algun de vosaltres, que teniu el gènere molt per la mà, així, a més, aprofitaríem per donar-li una mica de visibilitat al Paper de Vidre.
La idea seria que els presentessiu a tots tres molt breument i després us quedessiu a la tarima a fer de moderador mínim; a tallar al Miquel si es posa molt pesat amb el Saunders, per exemple.
Si no pot ser, no patiu, els presentaré jo mateixa i els deixaré fer després.
Isabel.

Hola, Isabel,
Jo ja et dic que no puc perquè he de ser a una altra llibreria, i el Guillem crec que tampoc perquè viu fora i té nens i li és molt difícil desplaçar-se.
Isabel.

Hola, Isabel,
Gràcies per la invitació, però em serà impossible venir aquell dia. Tinc nens, visc fora i m'és molt difícil desplaçar-me.
Guillem.

-Els Paper de Vidre no poden venir demà; els he avisat amb poquíssim temps, pobres. Us presentaré jo i us deixaré sols. He convidat de públic a tot d'editors i escriptors de contes; la gràcia seria que tot acabés en debat entre tots.
-Vale. Jo llegiré una cosa, res, molt curta, una página de res, del Saunders.
-Ja m'ho imaginava. Ens veiem demà.






diumenge, 13 de desembre del 2015

Pasa con Yorgos Lanthimos que agarra una serie de convenciones tan arraigadas en la sociedad que nadie, sólo él, se las replantea, y las presenta como un libro de normas impuestas que un grupo de personajes tienen que seguir a rajatabla en contra de su voluntad si quieren seguir viviendo.

En "Langosta" ("The Lobster") le da en pleno centro a las convenciones del amor. Y cómo.
El marco: una sociedad que no acepta al individuo solo, sin pareja. Gente aleccionada a base de micro escenas teatrales que demuestran que cenar solo, pasear solo, tiene siempre consecuencias catastróficas; hacerlo acompañado, en cambio, no.
El resultado: individuos forzándose a buscar la empatía con otros, eligiendo una vida condenada a mantener esa empatía a todo coste con tal de no acabar solos, autoconvenciéndose de que van a ser capaces de manerla a largo plazo, dispuestos a quitar de en medio a quien venga a decirles lo contrario, reafirmándose siempre con argumentos del tipo:  "¿Qué es peor? ¿Darse golpes en la nariz de vez en cuando hasta sangrar o acabar muriendo solo?" Lanthimos desmonta convenciones complejas a base de ejemplos casi pueriles: el caso del personaje que se golpea la nariz hasta hacerse sangrar, porque busca la manera de enamorar a una mujer que habitualmente padece de hemorragias nasales espontáneas, inevitablemente trae a la cabeza del espectador casos reales de conocidos que cambian el discurso y se adaptan a quien en ese momento tengan delante si ven que con ellos podrían tener una vida compartida que igual, al menos eso nos dice constantemente la sociedad, hasta podría ser una vida mejor. Todos somos casi todos los días testigos de casos así. Y sería de muy burros pensar que todo esto solo le pasa al vecino: las pelis de Lanthimos incomodan porque habla de una sociedad integrada por el propio espectador también.

Es imposible salir de ver la peli sintiéndote bastante idiota, sintiéndote bastante como si te hubieran señalado algo que haces mal y, lo peor -y aquí está lo demoledor de la segunda mitad de la película-, sintiendo que esa cosa que acabas de descubrir que haces -que hacemos- tan mal está tan arraigada, forma ya tanto parte de tu identidad, de la de la sociedad, que nunca, nunca la vamos a poder cambiar.

dimarts, 8 de desembre del 2015


¿Qué pasa con Rhodes?

Instrumental salió hace un mes -¿ya dos?- escaso y ya nos hemos quedado tres o cuatro veces sin ejemplares en la librería. ¿Qué pasa con este libro? Tiene una contra de lo menos atrayente: han decidido tirar por el impacto, supongo, y han reducido la sinopsis, el gancho de venta que se suele poner ahí, a lo más escabroso del contenido -que si violaciones, que si psiquiátricos...-, sin olvidar, eso sí, el punto de luz que recorre todo el libro por dentro: la música, el piano. Pero no se ha vendido por la contra Instrumental; se ha vendido -se está vendiendo- porque, por suerte, unos cuantos decidieron leérselo a pesar de esa contra; dentro se encontraron lo que realmente quería explicar Rhodes y, alehop, hicieron correr la voz.

Y ¿qué explica Rhodes? Rhodes se explica a sí mismo. ¿Que le violaron de pequeño? Sí, pero también que aquél fue el punto de partida de su particular visión del mundo y de su manera de enfrentarse a él.

Descubriréis en Instrumental a un individuo que vio desde bien pequeño que el mundo estaba lleno de hijos de puta y decidió serlo él mismo también: no como venganza, sino porque pensaba que esa era la manera normal de de hacer las cosas. Aquel profe que a la tierna edad de seis añitos lo violó repetidamente hasta destrozarle la espalda, también le enseñó a no tener ningún tipo de respeto por su cuerpo, por el sexo, por los demás. Rhodes tuvo que reaprender después todo lo que un niño aprende a la primera sin verse obligado a dar toda una vuelta por el mal para volver después al amor, a la vida. Y le cuesta un trabajo terrible a Rhodes; le cuesta la salud, un matrimonio, casi un hijo y no sé cuántas cosas más, todo el recorrido que tiene que hacer, no para librarse de aquel trauma infantil sino para librarse de sí mismo, de todo aquello en lo que lo acabó convirtiendo aquella aberración. Yo aplaudí leyendo el momento del libro en el que explica cómo tiene que reprimirse cada vez que tiene a alguien delante que él sabe que conoce su historia; "sé que podría manipular a cualquiera a mi antojo", confiesa, dibujando así el retrato terrible del poder de la víctima sobre el mundo; ese retrato que sólo la víctima puede hacer sin que le caiga encima una abanico de acusaciones que recorrerían todo el rango desde el 'mala persona' hasta el 'neonazi', pasando por el 'hater', el 'amargado' y el 'cabrón'.

La historia de Rhodes no es una historia de superación, es una historia de autodominio y sublimación, que no es lo mismo. Rhodes no piensa que se haya curado; Rhodes sabe que tiene aún todo aquello dentro, pero también que gracias a todo aquello tiene un cierto poder que, ansiolíticos, química y música mediante, ha conseguido dominar y volvérselo a favor.

¿Habéis entrado al Instagram de Rhodes? Hacedlo: veréis que tiene una novia perfecta, que vive en una casa perfecta también; que se pega unos viajes de lujo, que se codea con todas las celebrités, que ha diseñado una línea de bambas que vende una colega suya por no menos de doscientos euros, que encima es solidario, que si viene a Barcelona hace fotos de patios cuquis de hotel, que le abren las puertas de la escuela del Liceu para que dé entrevistas y toque un ratito el piano. Y lo adoraréis. E iréis corriendo al Spotify a poneros a escuchar la música que os dice él. Y entraréis en la web de su amiga zapatera y os plantearéis seriamente si compraros sus bambas por Navidad.

Y veréis que tenía razón cuando explicaba aquello del poder de las víctimas y no podréis sino agradecerle que haya decidido utilizar el suyo para darnos a nosotros -y darse de paso a sí mismo- una vida mejor.

Así que seguid leyendo Instrumental y seguid sucumbiendo a Rhodes. Hacedlo. Entenderéis muchas cosas del mundo, de las personas, de vosotros mismos, de todo lo que podáis imaginar.

dimecres, 25 de novembre del 2015

Nuestra educación ha sido tan, tan retorcida que estoy harta de ver a chicas que aun poniendo ellas el piso, la decisión y hasta la organización de la cosa doméstica, trabajando además fuera de casa tantas horas o más que sus parejas, aún siguen jugando al ay, ay, ay, soy más delicada que tú con sus respectivos.

Cada dos por tres soy testigo de cómo mujeres afinan la voz hasta tonos ridículos cuando su interlocutor es su compañero, le piden por favor que les lleven el bolso -diminuto, el bolso- o le ponen morritos y arrugan la frente antes que decirles que no, que el plan que les están proponiendo no les convence y que prefieren hacer otra cosa.

También estoy bastante cansada de ver a hombres que entran en el juego: que aun siendo el piso, la decisión y la organización de la casa de sus parejas, las miran realmente como si ellas fueran más frágiles y se sienten en su papel cuando ellas les hacen sentir que son fuertes y que les necesitan casi a un nivel de supervivencia.

No hace falta que os explique tampoco que aún hay mucha gente que mira mal a una mujer que va de autosuficiente, por mucho que lo sea.

Tanto unas como otros hemos recibido una educación de mierda en este sentido.
Todos tenemos un trabajón que hacer para arreglar esto.